Yoo Young-Chul ha pasado a convertirse en el mayor asesino serial de Corea del Sur con sus recientes asesinatos cometidos en el 2003 y el 2004. No mataba para robar, violar o torturar: mataba para vengarse. Nacido en la pobreza, Yoo odió y mató primero a los ricos, pasando después a matar prostitutas tras tener una decepción amorosa.
Nacido en la pobreza
Yoo (arriba) nació en una familia pobre de la clase obrera y fue un hijo indeseado que hasta los seis años se crió con su abuela
Yoo Young-Chul (también conocido como “Yoo Young-Cheol”) nació un 18 de abril de 1970 en medio de una familia de clase obrera (por ende, con escasos recursos económicos), en el pueblo de Waha, dentro del condado Gochang de Corea del Sur. El nacimiento de Yoo fue algo no programado por sus padres, quienes vieron en el bebé otra carga más que se sumaba a todos los problemas con que tenían que lidiar por vivir en la pobreza. Tan grande fue ese rechazo inicial que, no muchos años después cuando vivía con su abuela, Yoo le dijo a su abuela que su madre había considerado matarlo.
Poco después del nacimiento de Yoo sus padres se separaron, por lo que Yoo fue a vivir con su abuela, criándose con ella hasta que tuvo seis años, momento en el cual Yoo se mudó a vivir con su padre en Seúl (capital de Corea del Sur). Aquello fue en parte posible ya que el padre de Yoo había regresado hace poco en condición de veterano de la Guerra de Vietnam (terminada en 1975), trayendo consigo un buen capital obtenido en su servicio militar. Dicho capital pudo haber rendido grandes frutos, pero el padre de Yoo lo invirtió malamente en especulaciones comerciales, aunque destinó otra parte del mismo para un local de cómics que había montado.
Aparentemente la vida de Yoo no sería tan mala, puesto que la tienda de cómics de su padre sí tenía clientela, mas la realidad era otra: Yoo no era la única boca que alimentar en el hogar, estaban también sus dos hermanos mayores y su hermana menor, además vivían en el distrito de Mapo, una zona tan pobre que no tenía ni electricidad ni agua potable, de modo que la gente se veía obligada a sacar agua de un pozo público. Sumado a eso, la madrastra de Yoo, una mujer cruel y abusiva que golpeaba salvajemente a su hermanita menor. Los hermanos de Yoo se salvaban de los golpes porque la mujer veía algo arriesgado golpearlos, ya que estos eran mayores y podían defenderse; y en cuanto a Yoo, si éste no recibía golpes de su madrastra era porque ella le tenía cierto recelo ya que él solía mirarla con odio y desprecio, fija, largamente y sin temor alguno.
A los seis años, Yoo fue a vivir con su padre, su madrastra, sus dos hermanos mayores y su pequeña hermana. Su padre tenía una tienda de cómics pero aún así el dinero era muy poco para la numerosa familia. Esta pobreza, sumada a una madrastra que maltrataba a su hermana pequeña, hicieron que Yoo terminase por huir con su hermana a casa de su madre, quien los recibió bien pero era aún más pobre y no tenía tiempo para las tareas domésticas, teniendo así Yoo que asumirlas casi por entero.
Poco fue el tiempo que Yoo aguantó la vida en casa de su padre. Anteriormente ya había escapado de casa uno de los hermanos mayores de Yoo, hecho que en parte ayudó a motivarlo para que a los ocho años se escapara con su hermana menor a vivir con su madre, lo cual era fácil dado que ésta también vivía en el distrito de Mapo.
Ya en casa de su madre, Yoo fue enviado a la Escuela Primaria Gongdeok, donde se comportó tranquila y educadamente, mostrándose además como un chico muy responsable y colaborador para su edad pues, al no tener mucho tiempo su madre, él asumió gran parte de las tareas domésticas.
Yoo fue siempre un estudiante responsable y un chico que colaboraba en casa, pero su pobreza era tal que solía llevar a la escuela un almuerzo aún más pobre que el de los otros chicos (también pobres). Un día llevó una bola de arroz con pasta de fréjol. Dicha comida, por parecer estiércol, hizo que desde ese día los niños se le burlasen diciéndose a la hora del almuerzo: “¡Te traje mierda para el almuerzo!”. Este hecho, junto a otros, contribuyó a la frustración y al resentimiento social que la pobreza causaba en Yoo.
Fue en esos días de estudiante de primaria cuando Yoo tuvo una de las experiencias tempranas que más habría de contribuir a la frustración por su pobreza y al resentimiento social que lo marcó de por vida. Puntualizando, a pesar de que en el distrito de Mapo existía mucha pobreza, en general los niños traían algo relativamente aceptable como comida. Sin embargo y debido en parte a las dificultades económicas y de tiempo que tenía su madre, un día Yoo aparece en la escuela portando como almuerzo un pegote de arroz pegajoso mezclado con masa de fríjoles (no fríjoles enteros, sino hechos una masa con apariencia de sopa espesa). Así, cuando los otros niños vieron lo que Yoo trajo para comer, pensaron inmediatamente en un pedazo de excremento y empezaron a burlarse de Yoo desde ese día, diciendo siempre y con tono burlón a la hora de la comida escolar: “¡Te traje mierda para el almuerzo!”. Hechos como estos fueron creando el Yoo que años después, estando arrestado, confesó que de niño solía ver con anhelo una casa grande (de gente adinerada) que estaba por donde él vivía, que se sentía inseguro por ser pobre y que al crecer llegó a pensar que los ricos tenían la culpa de su miseria y de la miseria de los pobres en general, llegando así a odiar profundamente a la gente adinerada.
Volviendo a la vida de Yoo en casa de su madre, algo importante es que el afecto de Yoo por su padre no se había desvanecido, ya que fue principalmente a causa de su madrastra que Yoo había escapado con su hermana. Por ello, Yoo tenía la costumbre de visitar a su padre, aunque las cosas dieron un giro cuando su madrastra lo dejó, pues esto sumió a su padre en el alcoholismo y, poco después, en una muerte ocasionada por accidente de tráfico.
Cuando su padre murió, el adolescente Yoo empezó (en parte para huir de su dolor) a centrarse en los estudios, convirtiéndose en uno de los mejores de la clase. Yoo amaba el Arte (música, pintura y dibujo, poesía) y tenía talento (para el manga, por ej.); pero, cuando intentó aplicar para especializar sus estudios de secundaria en el Arte, no logró el cupo y tuvo que resignarse a entrar en la secundaria técnica, aunque no pudo terminarla porque en 1988 lo detuvieron por robarle a un vecino una guitarra y una grabadora.
Tras la muerte de su padre, Yoo, tratando en cierta medida de escapar de su dolor, focalizó sus energías en el estudio hasta convertirse en uno de los mejores estudiantes de la clase.
En 1984 Yoo entró a la secundaria, sintiéndose desde un inicio atraído por las artes. Le gustaba leer poesía y, pese a ser daltónico (el daltonismo es un defecto genéticamente hereditario que impide distinguir bien los colores), amaba la pintura y el dibujo y no le faltaba talento (años después hallaron dibujos manga en su apartamento, hechos por él y dotados de gran calidad). Además adoraba la música, por lo que formó parte de un grupo de góspel en una iglesia y más tarde creó con sus amigos la banda musical Evergreen.
Las cosas parecían así estar relativamente bien para Yoo, aunque su pobreza lo seguía marcando y una muestra de eso eran los desmayos que le daban en atletismo por la poca energía que tenía a causa de lo mal que se alimentaba.
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Los primeros pasos criminales de un hombre frustrado
Como estudiante de secundaria, Yoo había aplicado para hacer su especialización en artes, pero no lo consiguió y tuvo que resignarse con ingresar a una secundaria técnica en 1987. Naturalmente esto contribuyó a aumentar su frustración y sus resentimientos, lo que a su vez incrementó la determinación que le llevó a cometer el primero de sus robos cuando en 1988 robó una guitarra y una grabadora Sony de la casa de un vecino que no era pobre como él. No era un simple robo, él amaba la música y la vida le había negado la posibilidad de fomentar esa vocación a través del bachillerato técnico, de modo que muy probablemente existía en él el sentimiento de ser una víctima y por tanto la idea de no estar actuando mal del todo… Pero su pequeño crimen le costó bastante, dado que lo atraparon, lo llevaron a un centro de detención juvenil y nunca pudo terminar la secundaria técnica…
En la navidad de 1991 Yoo conoció a quien sería (en 1993) su esposa: la Sra. Hwang. Pero poco duró su dicha porque, a fines de ese mes, le subieron el costo del alquiler y Yoo, indignado, entró a la oficina del propietario y le robó una cámara y 500 dólares. Por eso lo enviaron 1o meses a prisión y, cuando salió, su hijo ya había nacido. Sin escarmentar, Yoo intentó robar un auto en 1993, pasando por eso ocho meses. Luego falsificó documentos para robar en 1998, recibiendo dos años. Finalmente, en el 2000 violó a una quinceañera, recibiendo tres años y pico de condena, además del divorcio de su indignada esposa…
Tiempo después, en la navidad de 1991, Yoo conoció a la Sra. Hwang, una masajista con la que habría de emprender una relación sentimental para luego terminar casándose el 23 de junio de 1993. Poco duraron los felices días iniciales de Yoo con la Sra. Hwang, ya que ese mismo diciembre de 1991 la desgracia volvió a caer sobre él cuando el propietario del lugar que alquilaba para vivir subió la renta y Yoo, desesperado y con cierto ánimo revanchista de compensar el abuso sufrido, entró a la oficina del propietario y robó una cámara y más de 500 dólares en efectivo, siendo atrapado por un guardia de seguridad y posteriormente condenado a diez meses de prisión.
En la cárcel Yoo fue visitado por su madre y, entre las cosas que hablaron, Yoo contó su plan de formar un hogar y le pidió que por favor cuidara de quien sería su esposa y del hijo suyo que estaba por nacer y con el cual quería pasar mucho tiempo cuando por fin saliera de la prisión.
Tras salir de la cárcel, Yoo manejó su vida relativamente bien hasta que en 1993 cayó en la tentación del robo al ver un coche solo con las llaves puestas y en modo encendido. Otra vez la Policía lo atrapó y otra vez Yoo fue a parar a la cárcel, aunque con una suave condena de apenas ocho meses.
Al salir de la prisión, Yoo se metió en tratamiento psiquiátrico en el Hospital Mental Nacional del barrio Gok Joong. Su insania psicológica era evidente, pero además de lo que resultaba obvio se ha dicho que posiblemente (no se ha confirmado) Yoo tenía cierto grado de epilepsia y, casi con certeza según el autor Lee Eun-Young (quien escribió un libro sobre Yoo), un trastorno maníaco depresivo que, aunque acentuado por los estímulos negativos del entorno, parecía tener un origen genético ya que el segundo hermano de Yoo era maníaco depresivo al punto de que en 1994 se había suicidado (con 32 años) tras deprimirse y caer presa del alcohol.
Hasta 1995 Yoo estuvo en tratamiento psiquiátrico, mas ese mismo año fue detenido y multado por vender pornografía ilegal, y luego, otra vez más, en el año 1998 Yoo fue pillado en sus andanzas criminales. Esta vez no era simple robo: era robo posibilitado por la falsificación de documentos que le permitían hacerse pasar por funcionario del gobierno… La condena por eso fue de dos años.
Otros habrían escarmentado al pasar de condenas de ocho y diez meses a una condena de dos meses, pero ese no era el caso de Yoo. Así, en marzo del 2000 Yoo vio a una adolescente de 15 años que le resultó irresistible y, no pudiendo tenerla por las buenas, obedeció a su impulso criminal y la violó… Hasta ese momento la Sra. Hwang le había perdonado sus delitos y seguía casada (se habían casado en 1993) con él. Según dicen, esa tolerancia no era tanto un producto de la compasión sino por el típico interés económico, ya que los robos de Yoo les permitían salir de apuros económicos. Sea como sea, el punto es que la violación de la quinceañera resultó indignante para la Sra. Hwang, moviéndola así a emprender una separación que culminó en divorcio en el 2002.
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La liberación de un resentido social
Esta vez Yoo la estaba pasando muy mal en la cárcel, ya que además del divorcio él había sufrido porque tenía prohibidas las visitas de su querido hijo. Estaba solo y amargado. Sumado a eso, tras los barrotes Yoo había leído con gran atención un libro sobre la vida y los crímenes de Jeong Du-Young, un asesino en serie que acabó con nueve personas adineradas en la provincia de Gyeongnam durante junio de 1999 y abril del 2000. Jeong, al igual que lo haría Yoo después, había comenzado su epopeya de sangre tras ser liberado de la cárcel. La lectura de los crímenes de Jeong fue un ingrediente clave en la formación del veneno ideológico-emocional que convirtió a Yoo en un ser despiadado y brutal. En efecto, tras dicha lectura en Yoo se había fortalecido y desarrollado la idea y el sentimiento de que en la sociedad coreana los ricos eran los grandes culpables de la miseria de los pobres y por tanto de la miseria en que él había nacido y crecido. Eran explotadores, generadores de desigualdad social, acaparadores de una riqueza injustamente distribuida en virtud de su actitud de sanguijuelas. Por todo eso, para Yoo los ricos valían lo que un perro y como perros merecían morir.
Mientras Yoo estaba en prisión, la amargura y el resentimiento florecieron en él. Allí leyó sobre la vida de Jeong Du-Young, un asesino sur coreano que entre junio de 1999 y abril del 2000 acabó con 9 personas adineradas. Esa lectura afirmó y desarrolló en él la idea de que los ricos tenían la culpa de la miseria de los pobres en la sociedad sur coreana: por eso el debía hacerles pagar con sangre, pero antes debía practicar con perros, de modo que, al salir de prisión (en septiembre del 2003), comenzó a matar perros callejeros.
El odio ardía dentro de Yoo cuando en septiembre del 2003 las puertas de la cárcel se abrieron y él salió de nuevo al mundo aunque esta vez con la determinación de matar en la mirada. Pero, para llevar a cabo sus planes de venganza, hacía falta practicar. Él nunca había matado y carecía de la naturaleza psicópata en virtud de la cual Alexander Pichushkin arrojó súbitamente por la ventana a su primera víctima o Edmund Kemper inauguró su cadena de muertes disparándole inesperadamente a su abuela con un rifle. Tenía primero que acostumbrarse a la violencia, a la sangre y al súbito apagarse de la víctima tras el golpe letal. Para ese fin los perros resultaban perfectos. Así, Yoo empezó su entrenamiento apaleando perros callejeros, rompiéndoles las cabezas como luego, martillo en mano, haría con sus futuras víctimas humanas…
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Castigando a los ricos
Era una mañana —Yoo eligió la mañana porque en Corea del Sur la gente joven suele irse a trabajar de mañana, quedando por lo general solo la gente mayor en casa— del 24 de septiembre de 2003 cuandoYoo tomó el metro con destino a Apgujeong-dong, el distrito más adinerado de Seúl.
Ya en las calles del barrio Sinsa (dentro Apgujeong-dong), Yoo buscó una iglesia (50,6% de los surcoreanos son cristianos) y exploró los alrededores de la misma en busca de una casa de aspecto opulento.
No sería difícil encontrar una casa de ricos poco segura, ya que en Corea del Sur es común que las grandes casas de dos pisos cuenten con un recinto amurallado no muy alto (igual o un poco más alto que un hombre promedio) tras del cual yace un gran patio lleno de bonsáis, césped y otros elementos de jardinería. De ese modo, en poco tiempo Yoo encontró una casa aparentemente propicia.
