La propaganda de Hitler insistió en la importancia de mantenerse en forma y abstenerse de la bebida y el tabaco para mantener la raza aria pura y fuerte. Pero en realidad en sus unidades de élite los soldados estaban tomando sustancias químicas adictivas y dañinas para hacerlos pelear más y más intensamente.
Un estudio de los medicamentos utilizados por el III Reich expone cómo los médicos nazis daban a los reclutas píldoras para ayudar a luchar sin descanso. El fármaco que se eligió era Pervitin, unas píldoras a base de metanfetamina.
Cuando la invasión de la Unión Soviética se puso en marcha en 1941, cientos de miles de soldados fueron dopados con Pervitin. Documentos del archivo de la Wehrmacht, muestran que alrededor de 200 millones de píldoras Pervitin se distribuyeron a las tropas entre 1939 y 1945.
La investigación realizada por la Asociación Médica Alemana también mostró que los nazis desarrollaron un estimulante a base de cocaína para sus combatientes de primera línea. La droga, denominada D-IX, se puso a prueba en el campo de concentración de Sachsenhausen, donde los prisioneros cargados con más de 25 kilos marcharon durante más de 100 kilómetros sin descanso.
En el frente oriental, donde la lucha era el más salvaje de la guerra, los soldados lo usaban en cantidades masivas contra el ejército rojo.
En enero de 1942, un grupo de 500 soldados rodeados por los soviéticos estaban tratando de escapar con una temperatura de -30º. El médico de la unidad decido darles Pervitin cuando comenzaron a tumbarse en la nieve, derrotados y dejándose morir. Al cabo de menos de media hora, los hombres comenzaron espontáneamente a decir que sentían mejor y comenzaron a marchar en forma ordenada una vez más, su moral era alta, y se encontraban más alerta.




