La despenalización del aborto, el proyecto de legalización de la marihuana y la figura de José Mujica colocaron al país en la agenda internacional de forma inusitada
El viejo refrán anglosajón “Si no hay noticias, buenas noticias” (No news, good news) le ha funcionado bastante bien a Uruguay a los ojos de la comunidad internacional durante la mayor parte de su historia. Sin embargo, en los últimos meses el pequeño país acostumbrado a ser relegado de la agenda mundial por sus grandes y bulliciosos vecinos parece haber despertado de su modorra informativa con la aprobación de la despenalización del aborto y el proyecto de legalización y monopolio estatal de la producción y venta de marihuana. A un lado y al otro del planeta los medios no solo han comenzado a situar a Uruguay en el mapa sino que su imagen de país progresista se ha visto reforzada.
Pero así como Uruguay adquirió protagonismo, José Mujica pasó a convertirse en uno de los mandatarios más nombrados y alabados de los últimos tiempos. “El héroe político no reconocido de Sudamérica”, tituló la revista británica Monocle al artículo en el que se lo califica como el mejor presidente del mundo. No conformes con este reconocimiento, el gobernante fue elogiado en otra nota de la publicación por su forma de vestir. A su vez, el diario español El Mundo le dedicó un elogioso perfil titulado “Mujica: el presidente más pobre del mundo”, dando cuenta de que el gobernante dona el 90% de su sueldo y que posee como única propiedad un Volkswagen celeste. Como si fuera poco, figuras del espectáculo como Ricky Martin y Sean Penn manifestaron su apoyo al mandatario (ver nota aparte).
Sin embargo, mientras crece el optimismo hacia Uruguay en el exterior, dentro de las propias fronteras las cosas se observan con otro cristal. Así, por ejemplo, de acuerdo al Barómetro Iberoamericano 2011 Uruguay fue el país en el que un mayor porcentaje de personas sostuvieron que la “falta de seguridad” era el principal problema del país (60%), superando así a Estados donde la violencia es más acuciante. Por otro lado, en reiterados estudios se registró que la percepción sobre la situación personal y familiar que tienen los uruguayos suele ser mejor que la visión que se tiene del país, al que se lo considera de manera más pesimista.
El descreimiento ha minado también la popularidad de Mujica, quien pasó de tener un 66% de aceptación al comienzo de su mandato en 2010 a poseer el 39% a setiembre de 2012, según Equipos Mori, y 36% de acuerdo a Cifra, convirtiéndose así en el primer presidente del Frente Amplio que es desaprobado por la mayoría relativa de la población.
Esta distancia entre las percepciones del país con las del exterior plantea la pregunta sobre cuál es la imagen de Uruguay en el mundo, en qué medida coincide con la realidad y cuánto de la misma se ha visto reforzada por las últimas propuestas hechas por el gobierno y por la propia figura de Mujica.
Visión positiva
De acuerdo a los expertos internacionales consultados, pese al desconocimiento que suele haber en torno a Uruguay (al que todavía muchos en el extranjero confunden con Paraguay o lo conocen más que nada por su fútbol y sus deportistas, como sucede en Inglaterra con Luis Suárez), en general la imagen del país es la de una nación pacífica, donde las cosas funcionan bien.
Para Peter Hakim, presidente emérito del think-thank Interamerican Dialogue, con sede en Washington, EEUU, las nuevas reformas de tipo social que está impulsando Uruguay no son tan sorpresivas, sino que caben dentro de lo esperable para el país. “Mi primera reacción cuando se despenalizó el aborto es que ya había estado legalizado antes”, sostuvo el experto.
Por su parte, el politólogo chileno Patricio Navia consideró que la percepción de Uruguay como país liberal y progresista viene de mucho antes a la entrada en escena de Mujica. “Los aspectos más conservadores de la sociedad uruguaya aparecen bastante menos (en la prensa internacional) en buena medida porque estos también están presentes en otras sociedades de América Latina”, indicó.
Para el politólogo uruguayo Antonio Cardarello, Uruguay es reconocido, entre otras cosas, por la estabilidad de las instituciones, el respeto a las reglas de juego económicas y el pago de sus deudas, la buena relación entre gobierno y oposición y la transparencia de las cifras, aspectos en los que contrasta con Argentina, y cuya comparación lo beneficia. “El hecho de que haya actos protocolares donde aparecen todos los expresidentes juntos, como cuando se inauguró el aeropuerto de Carrasco, da una muy buena imagen de tolerancia y convivencia democrática en el país”, reflexionó.
Otra imagen que benefició a Uruguay en el plano informativo internacional fue el conflicto con Argentina por la instalación de Botnia en Fray Bentos. De acuerdo a Hakim y al periodista colombiano Andrés Hoyos, fundador de la revista El Malpensante, la prensa internacional identificó al vecino país como la potencia abusadora y agresiva y Uruguay quedó en el papel de víctima.
Hakim evidenció cómo esta visión positiva también permea en los costados más oscuros del país. “Uruguay ha estado doce años bajo una dictadura, pero de cierta forma se piensa en Argentina, Brasil y Chile cuando se habla de las dictaduras de América del Sur”, concluyó .
Pero incluso en áreas sobre las que no se dispone de mucha información sobre Uruguay, como las de seguridad y educación (el conocimiento sobre el Plan Ceibal no es tan extendido como podría pensarse), estas se tiñen de una pátina positiva. En lo educativo, sostuvo Hakim, no existe una imagen definida y la expectativa es que Uruguay pueda ser uno de los países mejor posicionados de la región en este aspecto, algo que coincide con los análisis internacionales que comparan América Latina, pero que no tiene en cuenta los procesos de deterioro que se vienen registrando en el país.
Lo mismo pasa con la seguridad. Que Mujica saliera en los medios internacionales hablando sobre la necesidad de legalizar la marihuana como forma de combatir el narcotráfico y la violencia, agregó Hakim, resultó sorpresivo, porque este tipo de problemas generalmente se asocian a otros Estados como Brasil y México, pero no al “país más europeo de América Latina”.
La lupa se acerca
Otro aspecto que ha ayudado a cimentar la buena imagen de Uruguay en el exterior ha sido la gestión de la crisis de 2002, situación que, de nuevo, contrapuso al país con Argentina. El año pasado, por ejemplo, la prestigiosa revista británica The Economist recomendó a Grecia “una salida a la uruguaya”, mediante el canje de bonos y aplazamiento de pagos.
De acuerdo a Cardarello, el país ha sido tomado como un modelo en este aspecto: “Mientras que Argentina anunció el default, Uruguay la negoció, y hubo una salida mucho más creíble que hizo que la economía rápidamente se recuperara”.
Otro aspecto destacable, señaló el politólogo, ha sido el uso de las consultas populares, algo que no es común en América Latina. “Uruguay es uno de los países que más ha utilizado recursos de democracia directa para zanjar temas, como el plebiscito de derechos humanos, el voto en el exterior o el histórico de la transición a la democracia. Eso connota cómo dirimen los temas los uruguayos”, indicó.
No obstante estos hitos - y pese al “We are fantastic” de Jorge Batlle en 2002- fueron la despenalización del aborto, el proyecto sobre la marihuana y la figura de Mujica (como gestor de estas propuestas) los que más han ayudado a posicionar a Uruguay en el mundo como sinónimo de progresismo, coincidieron mayormente los expertos consultados. Estos temas, afirmaron, no solo han transformado al país en un referente internacional, sino que lo ha acercado a las naciones desarrolladas.
Cuando la lupa se acerca, como es lógico, los defectos comienzan a ser más visibles. De acuerdo a Eliane Cantanhêde, columnista del periódico brasileño Folha de São Paulo y periodista de Globonews, si bien Uruguay goza de muy buena imagen en el vecino país y también Mujica como mediador frente a la “autoritaria y belicosa” Cristina Fernández de Kirchner, Uruguay es percibido como un Estado “económicamente frágil”, demasiado centrado en la exportación de carne y con poco desarrollo industrial.
De menor alcance pero igualmente presente está la idea de que “Mujica habla una cosa y el vicepresidente dice otra” y de que existen problemas internos dentro del gobierno. Para el argentino Mario Riorda, analista y experto en marketing político, aunque el secularismo uruguayo a priori significaría una fuerte impronta liberal y progresista, esta no es del todo masiva, pese a que tenga presencia histórica desde hace más de un siglo.
“Las expresiones de los partidos de oposición y su fuerza actual relativa (potencialmente sumando electoralmente más que el oficialismo) me permiten afirmar esto. Hoy con la seguridad se está rompiendo el consenso progresista”, dijo Riorda.
Un reciente artículo de BBC Mundo cuestionó el ideal liberal asociado a Uruguay, poniendo como ejemplo la recolección de firmas de los partidos Blanco y Colorado para bajar al edad de imputabilidad o el plan de internación compulsiva de los adictos a la pasta base, una propuesta del propio Mujica. No obstante, esta idea o la del envío obligatorio de médicos al interior del país quedan relegadas del imaginario progresista sobre el país y su actual presidente en el exterior. Así también posiblemente conciten menos interés los intentos de que la aprobación de la despenalización del aborto de marcha atrás.
Aunque la distancia que existe entre la percepción de los ciudadanos de una nación con la que se posee a nivel internacional siempre es notoria, Cardarello calificó la visión de los uruguayos sobre su país como negativa. “Siempre hemos sido más pesimistas, por lo menos desde la década del cincuenta”, sostuvo el politólogo, quien relacionó esta actitud con el envejecimiento poblacional. Algo de esta tendencia habría cambiado en los últimos tiempos con el crecimiento económico y los –ahora un tanto distantes- triunfos futbolísticos. No obstante, agregó Cardarello, “la frase de que todo pasado fue mejor, era una de las frases favoritas de los uruguayos”.
“Uruguay se desmarca en un continente donde el aborto es peor que la violación”, tituló un reciente artículo la revista Time y elogió la decisión del Parlamento de despenalizarlo. En la nota se contrapuso el caso uruguayo con el de Argentina, en el que el fallo de una jueza contradijo otro de la Corte Suprema que permitía la interrupción del embarazo a una mujer que había sido violada. “Uruguay esta semana se convirtió en un país mucho más grande de lo que parece en el mapa”, concluyó el artículo.
Más honesto que Jesucristo
Desde hace meses que la popularidad de José Mujica en el exterior no para de crecer. Decenas de perfiles en la prensa internacional, un discurso calificado de “histórico” en Río + 20, reconocimientos como el Honoris Causa que recibió en Argentina y hasta una encuesta del vecino país en la que el presidente le ganó en honestidad a Jesús, son solo algunos ejemplos.
Ante un panorama internacional sesgado por la crisis europea y la corrupción política, las formas austeras y moderadas de Mujica lo transforman en un modelo de mandatario, afirmaron los expertos internacionales consultados. Para el politólogo uruguayo radicado en Londres Francisco Panizza, la atención que ha recibido Mujica se debe en parte a su “biografía de exguerrillero que gana la presidencia con un mensaje de reconciliación, pero fundamentalmente a su estilo de vida austero”. El analista argentino Mario Riorda lo definió como a “un líder espontáneo, empático, auténtico, que se destaca por la simpleza y la cotidianeidad de sus actos y afirmaciones, de su verba particular, como nacida desde la experiencia, los años y la intensidad de lo vivido”.
Para el politólogo chileno Patricio Navia, hechos como el accidente que sufrió ayudando a un vecino durante la tormenta de hace unas semanas, hacen que la gente lo perciba como un líder muy horizontal. “La gente tiende a admirar eso en Mujica pero también en Tabaré Vázquez, que atendía a pacientes pese a ser presidente”, sostuvo.
Pero más allá de las características propias de Mujica, su figura adquiere peso cuando se lo compara con otros líderes de izquierda de la región, analizó el politólogo español Ismael Crespo. “Nosotros dividimos a América Latina entre el grupo bolivariano, con (Hugo) Chávez, (Rafael) Correa, (Evo) Morales y Cristina Fernández de Kirchner y el de los que están luchando por mejorar la igualdad de sus países pero que no rompen lazos con la comunidad internacional”, como los presidentes de Brasil y Uruguay. “La fascinación no es solo por el personaje, sino por lo que encarna en un momento de clara diferenciación con el discurso nacional popular de Argentina”, indicó.
Para Crespo, detrás del éxito de Mujica se encuentra una estrategia clara de comunicación y un intento por posicionar noticias. Riorda definió a Mujica como un comunicador único. “Ha generado una marca personal que no tiene parangón y seguramente sería la envidia de muchos. Pero también la marca país es inseparable de la imagen de sus líderes”, agregó.
El viejo refrán anglosajón “Si no hay noticias, buenas noticias” (No news, good news) le ha funcionado bastante bien a Uruguay a los ojos de la comunidad internacional durante la mayor parte de su historia. Sin embargo, en los últimos meses el pequeño país acostumbrado a ser relegado de la agenda mundial por sus grandes y bulliciosos vecinos parece haber despertado de su modorra informativa con la aprobación de la despenalización del aborto y el proyecto de legalización y monopolio estatal de la producción y venta de marihuana. A un lado y al otro del planeta los medios no solo han comenzado a situar a Uruguay en el mapa sino que su imagen de país progresista se ha visto reforzada.
Pero así como Uruguay adquirió protagonismo, José Mujica pasó a convertirse en uno de los mandatarios más nombrados y alabados de los últimos tiempos. “El héroe político no reconocido de Sudamérica”, tituló la revista británica Monocle al artículo en el que se lo califica como el mejor presidente del mundo. No conformes con este reconocimiento, el gobernante fue elogiado en otra nota de la publicación por su forma de vestir. A su vez, el diario español El Mundo le dedicó un elogioso perfil titulado “Mujica: el presidente más pobre del mundo”, dando cuenta de que el gobernante dona el 90% de su sueldo y que posee como única propiedad un Volkswagen celeste. Como si fuera poco, figuras del espectáculo como Ricky Martin y Sean Penn manifestaron su apoyo al mandatario (ver nota aparte).
Sin embargo, mientras crece el optimismo hacia Uruguay en el exterior, dentro de las propias fronteras las cosas se observan con otro cristal. Así, por ejemplo, de acuerdo al Barómetro Iberoamericano 2011 Uruguay fue el país en el que un mayor porcentaje de personas sostuvieron que la “falta de seguridad” era el principal problema del país (60%), superando así a Estados donde la violencia es más acuciante. Por otro lado, en reiterados estudios se registró que la percepción sobre la situación personal y familiar que tienen los uruguayos suele ser mejor que la visión que se tiene del país, al que se lo considera de manera más pesimista.
El descreimiento ha minado también la popularidad de Mujica, quien pasó de tener un 66% de aceptación al comienzo de su mandato en 2010 a poseer el 39% a setiembre de 2012, según Equipos Mori, y 36% de acuerdo a Cifra, convirtiéndose así en el primer presidente del Frente Amplio que es desaprobado por la mayoría relativa de la población.
Esta distancia entre las percepciones del país con las del exterior plantea la pregunta sobre cuál es la imagen de Uruguay en el mundo, en qué medida coincide con la realidad y cuánto de la misma se ha visto reforzada por las últimas propuestas hechas por el gobierno y por la propia figura de Mujica.
Visión positiva
De acuerdo a los expertos internacionales consultados, pese al desconocimiento que suele haber en torno a Uruguay (al que todavía muchos en el extranjero confunden con Paraguay o lo conocen más que nada por su fútbol y sus deportistas, como sucede en Inglaterra con Luis Suárez), en general la imagen del país es la de una nación pacífica, donde las cosas funcionan bien.
Para Peter Hakim, presidente emérito del think-thank Interamerican Dialogue, con sede en Washington, EEUU, las nuevas reformas de tipo social que está impulsando Uruguay no son tan sorpresivas, sino que caben dentro de lo esperable para el país. “Mi primera reacción cuando se despenalizó el aborto es que ya había estado legalizado antes”, sostuvo el experto.
Por su parte, el politólogo chileno Patricio Navia consideró que la percepción de Uruguay como país liberal y progresista viene de mucho antes a la entrada en escena de Mujica. “Los aspectos más conservadores de la sociedad uruguaya aparecen bastante menos (en la prensa internacional) en buena medida porque estos también están presentes en otras sociedades de América Latina”, indicó.
Para el politólogo uruguayo Antonio Cardarello, Uruguay es reconocido, entre otras cosas, por la estabilidad de las instituciones, el respeto a las reglas de juego económicas y el pago de sus deudas, la buena relación entre gobierno y oposición y la transparencia de las cifras, aspectos en los que contrasta con Argentina, y cuya comparación lo beneficia. “El hecho de que haya actos protocolares donde aparecen todos los expresidentes juntos, como cuando se inauguró el aeropuerto de Carrasco, da una muy buena imagen de tolerancia y convivencia democrática en el país”, reflexionó.
Otra imagen que benefició a Uruguay en el plano informativo internacional fue el conflicto con Argentina por la instalación de Botnia en Fray Bentos. De acuerdo a Hakim y al periodista colombiano Andrés Hoyos, fundador de la revista El Malpensante, la prensa internacional identificó al vecino país como la potencia abusadora y agresiva y Uruguay quedó en el papel de víctima.
Hakim evidenció cómo esta visión positiva también permea en los costados más oscuros del país. “Uruguay ha estado doce años bajo una dictadura, pero de cierta forma se piensa en Argentina, Brasil y Chile cuando se habla de las dictaduras de América del Sur”, concluyó .
Pero incluso en áreas sobre las que no se dispone de mucha información sobre Uruguay, como las de seguridad y educación (el conocimiento sobre el Plan Ceibal no es tan extendido como podría pensarse), estas se tiñen de una pátina positiva. En lo educativo, sostuvo Hakim, no existe una imagen definida y la expectativa es que Uruguay pueda ser uno de los países mejor posicionados de la región en este aspecto, algo que coincide con los análisis internacionales que comparan América Latina, pero que no tiene en cuenta los procesos de deterioro que se vienen registrando en el país.
Lo mismo pasa con la seguridad. Que Mujica saliera en los medios internacionales hablando sobre la necesidad de legalizar la marihuana como forma de combatir el narcotráfico y la violencia, agregó Hakim, resultó sorpresivo, porque este tipo de problemas generalmente se asocian a otros Estados como Brasil y México, pero no al “país más europeo de América Latina”.
La lupa se acerca
Otro aspecto que ha ayudado a cimentar la buena imagen de Uruguay en el exterior ha sido la gestión de la crisis de 2002, situación que, de nuevo, contrapuso al país con Argentina. El año pasado, por ejemplo, la prestigiosa revista británica The Economist recomendó a Grecia “una salida a la uruguaya”, mediante el canje de bonos y aplazamiento de pagos.
De acuerdo a Cardarello, el país ha sido tomado como un modelo en este aspecto: “Mientras que Argentina anunció el default, Uruguay la negoció, y hubo una salida mucho más creíble que hizo que la economía rápidamente se recuperara”.
Otro aspecto destacable, señaló el politólogo, ha sido el uso de las consultas populares, algo que no es común en América Latina. “Uruguay es uno de los países que más ha utilizado recursos de democracia directa para zanjar temas, como el plebiscito de derechos humanos, el voto en el exterior o el histórico de la transición a la democracia. Eso connota cómo dirimen los temas los uruguayos”, indicó.
No obstante estos hitos - y pese al “We are fantastic” de Jorge Batlle en 2002- fueron la despenalización del aborto, el proyecto sobre la marihuana y la figura de Mujica (como gestor de estas propuestas) los que más han ayudado a posicionar a Uruguay en el mundo como sinónimo de progresismo, coincidieron mayormente los expertos consultados. Estos temas, afirmaron, no solo han transformado al país en un referente internacional, sino que lo ha acercado a las naciones desarrolladas.
Cuando la lupa se acerca, como es lógico, los defectos comienzan a ser más visibles. De acuerdo a Eliane Cantanhêde, columnista del periódico brasileño Folha de São Paulo y periodista de Globonews, si bien Uruguay goza de muy buena imagen en el vecino país y también Mujica como mediador frente a la “autoritaria y belicosa” Cristina Fernández de Kirchner, Uruguay es percibido como un Estado “económicamente frágil”, demasiado centrado en la exportación de carne y con poco desarrollo industrial.
De menor alcance pero igualmente presente está la idea de que “Mujica habla una cosa y el vicepresidente dice otra” y de que existen problemas internos dentro del gobierno. Para el argentino Mario Riorda, analista y experto en marketing político, aunque el secularismo uruguayo a priori significaría una fuerte impronta liberal y progresista, esta no es del todo masiva, pese a que tenga presencia histórica desde hace más de un siglo.
“Las expresiones de los partidos de oposición y su fuerza actual relativa (potencialmente sumando electoralmente más que el oficialismo) me permiten afirmar esto. Hoy con la seguridad se está rompiendo el consenso progresista”, dijo Riorda.
Un reciente artículo de BBC Mundo cuestionó el ideal liberal asociado a Uruguay, poniendo como ejemplo la recolección de firmas de los partidos Blanco y Colorado para bajar al edad de imputabilidad o el plan de internación compulsiva de los adictos a la pasta base, una propuesta del propio Mujica. No obstante, esta idea o la del envío obligatorio de médicos al interior del país quedan relegadas del imaginario progresista sobre el país y su actual presidente en el exterior. Así también posiblemente conciten menos interés los intentos de que la aprobación de la despenalización del aborto de marcha atrás.
Aunque la distancia que existe entre la percepción de los ciudadanos de una nación con la que se posee a nivel internacional siempre es notoria, Cardarello calificó la visión de los uruguayos sobre su país como negativa. “Siempre hemos sido más pesimistas, por lo menos desde la década del cincuenta”, sostuvo el politólogo, quien relacionó esta actitud con el envejecimiento poblacional. Algo de esta tendencia habría cambiado en los últimos tiempos con el crecimiento económico y los –ahora un tanto distantes- triunfos futbolísticos. No obstante, agregó Cardarello, “la frase de que todo pasado fue mejor, era una de las frases favoritas de los uruguayos”.
“Uruguay se desmarca en un continente donde el aborto es peor que la violación”, tituló un reciente artículo la revista Time y elogió la decisión del Parlamento de despenalizarlo. En la nota se contrapuso el caso uruguayo con el de Argentina, en el que el fallo de una jueza contradijo otro de la Corte Suprema que permitía la interrupción del embarazo a una mujer que había sido violada. “Uruguay esta semana se convirtió en un país mucho más grande de lo que parece en el mapa”, concluyó el artículo.
Más honesto que Jesucristo
Desde hace meses que la popularidad de José Mujica en el exterior no para de crecer. Decenas de perfiles en la prensa internacional, un discurso calificado de “histórico” en Río + 20, reconocimientos como el Honoris Causa que recibió en Argentina y hasta una encuesta del vecino país en la que el presidente le ganó en honestidad a Jesús, son solo algunos ejemplos.
Ante un panorama internacional sesgado por la crisis europea y la corrupción política, las formas austeras y moderadas de Mujica lo transforman en un modelo de mandatario, afirmaron los expertos internacionales consultados. Para el politólogo uruguayo radicado en Londres Francisco Panizza, la atención que ha recibido Mujica se debe en parte a su “biografía de exguerrillero que gana la presidencia con un mensaje de reconciliación, pero fundamentalmente a su estilo de vida austero”. El analista argentino Mario Riorda lo definió como a “un líder espontáneo, empático, auténtico, que se destaca por la simpleza y la cotidianeidad de sus actos y afirmaciones, de su verba particular, como nacida desde la experiencia, los años y la intensidad de lo vivido”.
Para el politólogo chileno Patricio Navia, hechos como el accidente que sufrió ayudando a un vecino durante la tormenta de hace unas semanas, hacen que la gente lo perciba como un líder muy horizontal. “La gente tiende a admirar eso en Mujica pero también en Tabaré Vázquez, que atendía a pacientes pese a ser presidente”, sostuvo.
Pero más allá de las características propias de Mujica, su figura adquiere peso cuando se lo compara con otros líderes de izquierda de la región, analizó el politólogo español Ismael Crespo. “Nosotros dividimos a América Latina entre el grupo bolivariano, con (Hugo) Chávez, (Rafael) Correa, (Evo) Morales y Cristina Fernández de Kirchner y el de los que están luchando por mejorar la igualdad de sus países pero que no rompen lazos con la comunidad internacional”, como los presidentes de Brasil y Uruguay. “La fascinación no es solo por el personaje, sino por lo que encarna en un momento de clara diferenciación con el discurso nacional popular de Argentina”, indicó.
Para Crespo, detrás del éxito de Mujica se encuentra una estrategia clara de comunicación y un intento por posicionar noticias. Riorda definió a Mujica como un comunicador único. “Ha generado una marca personal que no tiene parangón y seguramente sería la envidia de muchos. Pero también la marca país es inseparable de la imagen de sus líderes”, agregó.