Hola, queridos lectores. Bueno, antes que nada quisiera decirles que el siguiente post es nada más la primera parte del prólogo de una gran y emocionante historia. La historia sigue en proceso y apenas acabo de terminar el prólogo. Espero que les guste leerlo tanto como a mí me gusto hacerla. Manténganse actualizados para leer cada semana una nueva parte de esta historia. Honestamente lo que leerán será nada más la versión resumida de la historia. Pienso hacer un libro. Y sin nada más que decir aquí está la primera parte del prólogo.
La historia de un soldado. Prólogo. Capítulo 1.
Nombre: John Jacks.
Rango: Cabo.
Edad: 24 años.
Fecha: 10 de mayo de 1945.
Hemos vuelto de Francia. Ya acabada la guerra en Europa, nos han ordenado retirarnos del país. Hemos sido avisados cuando hacíamos vigilancia por la frontera entre Francia y Alemania. Estaba con mi amigo sargento Alex Kennedy (Edad: 26 años) y nuestro líder: el teniente Frank Miller (Edad: 32 años). Durante la guerra nosotros tres siempre hemos estado juntos. Nos conocimos todos en Pearl Harbor cuando los japoneses atacaron, después fuimos trasladados a Europa, vivimos el Día D y así terminamos aquí. Cuando recogíamos el campamento a lo lejos divisamos algo. Eran un grupo de soldados soviéticos, como buenos estadounidenses que éramos les dimos alimento y cobijo. Dijeron que estuvieron en Berlín y que se les encargo una misión secreta de investigar unos laboratorios subterráneos a las afueras de la ciudad, al bajar dijeron que había sangre y cadáveres por todas partes. Cuando llegaron al laboratorio principal encontraron un virus que reanimaba las células y provocaba el canibalismo, su infección era transmitida a través del contacto de fluidos corporales, dígase morder. De repente escucharon algo y varios muertos vivientes venían hacía ellos. Recogieron los informes y una muestra del virus, (Nombre: Virus EAA-3945) y salieron corriendo disparando. Según ellos la única manera efectiva de eliminar a los zombis era mediante un tiro a la cabeza, que al parecer inhabilitaba el cerebro. Con pocas bajas, salieron y plantaron bombas por todo el complejo y lo hicieron explotar. Les entregaron los informes y el virus a sus superiores, pero como sabían demasiado, el alto mando soviético se les ordenó ejecutarlos por su conocimiento, por suerte escucharon la conversación y escaparon. Desde hace 2 días venían huyendo de Berlín, siendo perseguidos por sus ejecutores. Cuando terminaron de hablar a lo lejos escuchamos algo, alrededor de 9 soldados soviéticos venían hacía nosotros, nosotros éramos 7. Nos pusimos a cubierto y el tiroteo empezó, fue corto duro apenas 30 minutos. Cuando terminó nuestros aliados, todos murieron, también los atacantes. Pero Frank estaba muy malherido, recibió un tiro en el centro del pecho. Se estaba desangrando. A los cinco minutos ya había muerto. Un poco antes me dio su pistola Colt M1911, a la que llamaba “Sally”. La mía, del mismo modelo, se llamaba “Moon”. Juré desde ese día que me vengaría de los que provocaron la muerte de Frank, los encontraría y los mataría. Ya acabado todo decidimos hacerles un entierro digno a Frank y a nuestros aliados soviéticos. Hicimos cinco tumbas, con la de Frank al centro. Sin embargo a los malditos de nuestros atacantes los dejamos pudrirse ahí y que fueran comida para los buitres.
La historia de un soldado. Prólogo. Capítulo 1.
Nombre: John Jacks.
Rango: Cabo.
Edad: 24 años.
Fecha: 10 de mayo de 1945.
Hemos vuelto de Francia. Ya acabada la guerra en Europa, nos han ordenado retirarnos del país. Hemos sido avisados cuando hacíamos vigilancia por la frontera entre Francia y Alemania. Estaba con mi amigo sargento Alex Kennedy (Edad: 26 años) y nuestro líder: el teniente Frank Miller (Edad: 32 años). Durante la guerra nosotros tres siempre hemos estado juntos. Nos conocimos todos en Pearl Harbor cuando los japoneses atacaron, después fuimos trasladados a Europa, vivimos el Día D y así terminamos aquí. Cuando recogíamos el campamento a lo lejos divisamos algo. Eran un grupo de soldados soviéticos, como buenos estadounidenses que éramos les dimos alimento y cobijo. Dijeron que estuvieron en Berlín y que se les encargo una misión secreta de investigar unos laboratorios subterráneos a las afueras de la ciudad, al bajar dijeron que había sangre y cadáveres por todas partes. Cuando llegaron al laboratorio principal encontraron un virus que reanimaba las células y provocaba el canibalismo, su infección era transmitida a través del contacto de fluidos corporales, dígase morder. De repente escucharon algo y varios muertos vivientes venían hacía ellos. Recogieron los informes y una muestra del virus, (Nombre: Virus EAA-3945) y salieron corriendo disparando. Según ellos la única manera efectiva de eliminar a los zombis era mediante un tiro a la cabeza, que al parecer inhabilitaba el cerebro. Con pocas bajas, salieron y plantaron bombas por todo el complejo y lo hicieron explotar. Les entregaron los informes y el virus a sus superiores, pero como sabían demasiado, el alto mando soviético se les ordenó ejecutarlos por su conocimiento, por suerte escucharon la conversación y escaparon. Desde hace 2 días venían huyendo de Berlín, siendo perseguidos por sus ejecutores. Cuando terminaron de hablar a lo lejos escuchamos algo, alrededor de 9 soldados soviéticos venían hacía nosotros, nosotros éramos 7. Nos pusimos a cubierto y el tiroteo empezó, fue corto duro apenas 30 minutos. Cuando terminó nuestros aliados, todos murieron, también los atacantes. Pero Frank estaba muy malherido, recibió un tiro en el centro del pecho. Se estaba desangrando. A los cinco minutos ya había muerto. Un poco antes me dio su pistola Colt M1911, a la que llamaba “Sally”. La mía, del mismo modelo, se llamaba “Moon”. Juré desde ese día que me vengaría de los que provocaron la muerte de Frank, los encontraría y los mataría. Ya acabado todo decidimos hacerles un entierro digno a Frank y a nuestros aliados soviéticos. Hicimos cinco tumbas, con la de Frank al centro. Sin embargo a los malditos de nuestros atacantes los dejamos pudrirse ahí y que fueran comida para los buitres.