Siempre rodeado de polémica, siempre en boca de la industria del videojuego y siempre en lo más alto de los rankings de ventas. Es la saga Call of Duty, que se enfrenta a un nuevo giro de tuerca a la altura del que supuso el primer Modern Warfare en su momento. Black Ops II, contra todo pronóstico, recicla al soldado contemporáneo y lo lleva al futuro en una maniobra que pretende cambiar el rostro de la guerra.
La indiferencia es una palabra imposible de ligar con la franquicia Call of Duty. Su sola mención provoca reacciones encontradas, con el amor incondicional de unos y con el odio más visceral y salvaje de otros. Lo que es indiscutible es su capacidad para llegar al gran público ya desde los trabajos iniciales de Infinity Ward en la Segunda Guerra Mundial, y con su absoluta eclosión de su popularidad con el salto a los conflictos contemporáneos de Modern Warfare. Batallas épicas y totales para una franquicia que ha brillado tradicionalmente en un multijugador realmente adictivo.
La indiferencia es una palabra imposible de ligar con la franquicia Call of Duty. Su sola mención provoca reacciones encontradas, con el amor incondicional de unos y con el odio más visceral y salvaje de otros. Lo que es indiscutible es su capacidad para llegar al gran público ya desde los trabajos iniciales de Infinity Ward en la Segunda Guerra Mundial, y con su absoluta eclosión de su popularidad con el salto a los conflictos contemporáneos de Modern Warfare. Batallas épicas y totales para una franquicia que ha brillado tradicionalmente en un multijugador realmente adictivo.