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la historia de un juez con honor y huevos

Info8/10/2012
Recordando al Juez Giovanni Falcone “Cualquiera que se tome en serio su trabajo acaba asesinado antes o después” Antonino Ninni Cassarà, oficial de la brigada móvil y amigo personal de Falcone, asesinado por la mafia el 5 de agosto de 1985. Giovanni Falcone, fue un juez italiano quien se destacó por su labor contra la mafia italiana, quien el 23 de mayo de 1992 fue asesinado mediante un atentado en el cual hicieron estallar mil kilogramos de explosivos colocados bajo la autopista que une el aeropuerto de Palermo, a solo 20 kms de la ciudad de Sicilia. Dos meses después, el 19 de julio de ese mismo año, feu asesinado con 100 kilos de dinamita, su amigo y también Juez, Paolo Borselino, junto con 5 policías de su escolta. El 23 de mayo de 1992 a las 17 horas, 56 minutos y 48 segundos de la tarde, los sismógrafos del Instituto Nacional de Geofísica de Monte Cammarata, en Sicilia, registraron un temblor de tierra. Pero no se trataba de un terremoto: era una bomba compuesta por 150 kilos de trinitrotolueno que hizo saltar por los aires un trozo entero de la autopista A29 de Palermo y que excavó en el suelo un gigantesco cráter de casi cuatro metros de profundidad. El explosivo, oculto bajo el asfalto, fue detonado justo en el momento en el que pasaba el coche blindado en que viajaba el juez Giovanni Falcone, de 54 años, y su mujer, la también magistrado Francesca Morvillo, escoltados por dos coches de la policía. La pareja acababa de aterrizar en el aeopuerto de Palermo procedente de Roma. La explosión, planificada por cincointegrantes de la Cosa Nostra que cumplían las órdenes del gran capo Toto Riina, provocó la muerte de Falcone, su mujer y de tres de sus escoltas (los agentes Rocco Di Cillo, Antonio Montinaro y Vito Schifani). Además dejó heridas a nueve personas, cinco de ellas ciudadanos normales y corrientes. Este brutal asesinato, fue en venganza al Juez Falcone, quien logró sentar en el banquillo a 400 mafiosos de la cosa nostra y dictar alrededor de 360 sentencias por un total de 2.665 años de cárcel. El juez Falcone es un ejemplo de quien en su afán de librar a su país de la mafia, trabajó arduamente para condenar a los capos más peligrosos de la cosa nostra, siendo consciente del peligro que representaba para el y su familia, sin embargo, su muerte y la del juez Borselino fue un despertar en la sociedad italiana puesto que se creó la Dirección de Investigaciones Antimafia, encargados de coordinar a jueces y policías respaldados por el Estado. Giovanni Falcone y Paolo Borsellino Paolo Emanuele Borsellino (Palermo, Sicilia, 19 de enero de 1940 - Palermo, 19 de julio de 1992) fue un abogado siciliano. Como magistrado y conjuntamente con el juez Giovanni Falcone, llevó a cabo los procesos judiciales contra Cosa Nostra. Comenzó su trabajo bajo las órdenes del también asesinado Jefe de Fiscales Rocco Chinnici. Finalmente falleció en un atentado perpetrado por la mafia siciliana el 19 de julio de 1992, en la via d'Amelio, en Palermo En el tramo de tiempo comprendido desde que Giovanni Falcone llega al Palacio de Justicia en 1978 hasta su muerte en 1992, hay varios acontecimientos que van a marcar un antes y un después no sólo en la lucha contra la mafia, sino también en la propia concepción que de la mafia tenía la sociedad civil, pero sobre todo los jueces que se enfrentaban con ella. link: http://www.youtube.com/watch?v=-myqjIL0Qck El llamado maxiproceso se inició el 10 de febrero de 1986 en la cárcel de Ucciardone, en una sala búnquer creada para tal fin, y estuvo presidido por el juez Alfonso Giordano, con Giuseppe Ayala y Domenico Signorino como fiscales. Durante los casi dos años que duró el proceso, cientos de mafiosos fueron sentados en el banquillo, y cuando por fin se anunció la sentencia el 16 de diciembre de 1987, se impusieron 28 cadenas perpetuas y miles de años de cárcel para más de 300 imputados, aunque también 114 mafiosos fueron absueltos por falta de pruebas, entre ellos algunos de los más famosos criminales, como Luciano Liggio. Sea como fuere, el macrojuicio a la Mafia se vivió como un gran logro de la antimafia, y durante un tiempo pareció que renacía la adormecida sociedad civil italiana. Durante esos años hubo innumerables manifestaciones contra la Cosa Nostra, en las escuelas públicas se abrían debates sobre la mafia, existía una creciente voluntad de saber y entender qué era por fin eso de la mafiosidad siciliana, incluso en Palermo parecía que empezaban a cambiar las cosas; en 1985 se había alzado con la alcaldía Leoluca Orlando, un abierto adversario de la Mafia que hizo que el ayuntamiento de la ciudad estuviese representado como acusación particular en el macrojuicio. Sin embargo, no todo fueron elogios y parabienes. A la vez que despertaba la sociedad civil, se fue creando también una corriente de escépticos y detractores del macrojuicio y de los jueces antimafia. El propio Giovanni Falcone y su compañero Paolo Borsellino fueron dos de los más castigados por esta nueva corriente crítica. A Borsellino se le llegó a acusar de arribista, y sobre el juez Falcone pesó la acusación de que alrededor de su figura se había iniciado un “culto a la personalidad” que en nada favorecía la lucha contra la criminalidad. Sorprendentemente, los años que siguieron al maxiproceso fueron de una gran incertidumbre. De repente pareció que todo el edificio construido por el pool antimafia se venía abajo. El juez Caponnetto, al que ya en 1983 sólo le faltaban dos meses para jubilarse, decidió que había llegado la hora de su retiro. Abandonó su puesto como jefe de la oficina de instrucción en el Palacio de Justicia y regresó a su Florencia natal. Todo parecía indicar que Giovanni Falcone sería su sucesor, pero increíblemente el elegido fue Antonino Meli, un juez ajeno a la lucha contra la mafia que en los años que siguieron, sin duda por ignorancia y no por connivencia con la Cosa Nostra, prácticamente acabó con el proyecto iniciado por Chinnici y Caponneto. Para terminar de rematar la faena, desde su puesto de presidente del Tribunal de Casación, el juez Corrado Carnevale, esta vez sí en completa connivencia con la Mafia, se dedicó a absolver a los mafiosos en el proceso de las apelaciones, alegando defectos técnicos. Como él mismo diría en más de una ocasión, quizá aplicaba la ley de una manera excesivamente puntillosa. Por ese motivo ha pasado a la historia como “el Matasentencias”. De modo muy significativo, el juez Paolo Borsellino acertó de pleno en su diagnóstico cuando se atrevió a hacer pública su preocupación por lo que estaba ocurriendo: “Tengo la desagradable sensación”, dijo, “de que alguien desea que el reloj ande hacia atrás”. Sin duda los dos últimos años de la década de 1980 fueron años muy críticos para Giovanni Falcone. De repente se había convertido en un personaje vulnerable, tal y como él mismo llegaría a confesarle a algunos de sus amigos. El problema no radicaba en que hubiera sido humillado y arrinconado en el Palacio de Justicia, sino en el hecho de que la Cosa Nostra, al advertir que el Estado no respaldaba las iniciativas de Falcone, tenía la vía libre para acabar con su vida. Y efectivamente, como luego han declarado algunos pentiti, la Mafia de Totò Riina barajó distintas posibilidades para eliminar de la partida de juego a un adversario tan peligroso como Falcone. Una de estas posibilidades, que no llegó a materializarse, consistía en utilizar a un hombre-bomba tal y como hacía el terrorismo islámico. Incluso disponían del candidato, el padre de un mafioso gravemente enfermo de cáncer. La idea pasaba por crear la situación para que el anciano, cargado de tritol, pudiera acercarse a Falcone y abrazarlo, momento que aprovecharían para que los dos saltaran por los aires en pedazos. Pero finalmente este plan fue desechado. Sin embargo, en 1989 sí hubo una intentona que acabó en fracaso. El atentado fue confiado a Antonino Madonia, que utilizó una bolsa de deporte llena de explosivos que dejó junto a un chalet que Falcone y su esposa habían alquilado para pasar unas breves vacaciones en la playa. Por fortuna, la bolsa, colocada entre unas piedras, despertó los recelos de Falcone y todo quedó en nada. En esta ocasión, Giovanni Falcone llegaría a declarar abiertamente su sospecha de que había políticos implicados en la planificación de aquel atentado. No obstante, las cosas cambiarían radicalmente en 1991. Aquel año, el nuevo ministro de Justicia le hizo a Falcone una oferta que no pudo rechazar. Le propuso ocupar el cargo de director de Asuntos Penales en el ministerio de Justicia, lo que significaba disponer de plenos poderes desde Roma para coordinar la lucha contra el crimen organizado en todo el país. Y es a partir de entonces cuando comienzan a sucederse los grandes logros en la lucha contra la Mafia, con el definitivo apoyo por parte del Estado italiano, que por primera vez en toda su historia se situó abiertamente en el lado de la Antimafia. Entre esos logros se encuentra la creación de dos organismos fundamentales de la lucha contra el crimen organizado; la Dirección de Investigación Antimafia (DIA) y la Dirección Nacional Antimafia (DNA). link: http://www.youtube.com/watch?v=DZO1W5WHQSU&feature=player_embedded#! Pero también en el campo judicial se impuso el sentido común y finalmente se apartó al juez Carnevale, más conocido como “el Matasentencias”, de la dirección del Tribunal de Casación. Como consecuencia de esta fundamental maniobra, el 31 de enero de 1992, la Corte de Casación revocaría el veredicto del Tribunal de Apelación sobre el macrojuicio y muchos de los condenados que habían sido absueltos regresaron a prisión. Eso sí, con estas medidas Giovanni Falcone se convirtió definitivamente en el objetivo número uno de la Cosa Nostra de Totò Riina, que estaba empeñado en acabar con su vida. Ocurrió poco antes de las seis de la tarde del 23 de mayo de 1992 en un tramo de la autopista que une el aeropuerto de Punta Raisi con Palermo, justo antes del desvío a la población de Capaci, hacia donde se dirigía para pasar unos días de descanso con su esposa. Cuatrocientos kilos de tritol fueron colocados en unas tuberías de desagüe situadas bajo el asfalto y accionados con un detonador a distancia al paso del convoy en el que iba el juez Falcone. A consecuencia de la explosión murieron cinco personas: Giovanni Falcone; su esposa, la también magistrada Francesca Morvillo; y tres miembros de su escolta, los agentes Rocco Di Cillo, Antonio Montinari y Vito Schifani. Cinco años más tarde, el 26 de septiembre de 1997, la Sala de lo Penal de Caltanisetta condenaría a los implicados en la matanza imponiendo 24 cadenas perpetuas; entre ellas las de Totò Riina, Pietro Aglieri, Bernardo Brusca, Leoluca Bagarella y Filippo Graviano. A Giovanni Brusca, que fue quien accionó el detonador, le cayeron tan sólo 26 años de cárcel porque se había prestado a colaborar con la justicia.
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