Acá les dejo un anécdota sobre Churchill durante la Segunda Guerra Mundial (vi un post de su biografía y me acorde)
Ciudad-hospital para los heridos.
Cuando los bombarderos de las zonas residenciales alemanas estaban en su apogeo y dejaban heridos a miles de mujeres y niños, el Papa Pío XII pidió que las potencias aliadas designaran una ciudad alemana como "ciudad-hospital" en la que se pudiera atender a los heridos y quedara al abrigo de los bombardeos.
(se bombardeaban ciudades a pesar de que no tuvieran algún objetivo estrategico)
Churchill no se dignó contestar.
En contraste, en el año 452 el temible Atila, rey de los hunos, se aproximaba amenazante sobre Roma, y el Papa León I (llamado El Grande) salió a su encuentro y algo le dijo. No se sabe qué, pero Atila se retiró sin causar daño.
Visiblemente más intratable que Atila, el "civilizado" Winston Churchill tomaba decisiones sin el menor rasgo de humanidad;
Por ejemplo, al saber que hidroaviones de la Cruz Roja alemana rescataban pilotos que flotaban en las aguas del Canal de la Mancha, ordenó que se les hiciera fuego. El rescate era de pilotos alemanes y británicos. Pero Churchill consideraba que los aviadores alemanes podían volver a combatir. ¿Y en cuanto a los ingleses? Si eran salvados quedarían prisioneros, de tal manera que ya no le servirían a Inglaterra. Su vida no importaba.
La guerra salvaje también se libraba en el mar. Basta un ejemplo: el submarino alemán U-156, al mando del capitán Werner Hartenstein, hundió al crucero mercante armado "Laconia", de 20,000 toneladas y de bandera británica. AI darse cuenta Hartenstein de que había muchos náufragos, más de doscientos ingleses, incluso civiles, empezó a rescatarlos y llamó a dos submarinos más para que lo ayudaran. A la vez, radió en frecuencia marina, y en inglés, la posición en que se encontraba, a fin de que acudiera ayuda de la marina británica. Los tres submarinos no harían fuego y se identificaban como de la Cruz Roja.
Entretanto, los náufragos seguían aumentando y abarrotaban el interior y la cubierta de los submarinos, además de que éstos remolcaban varias lanchas salvavidas.
Cuando los submarinos se hallaban en apuros por atender a los náufragos, aparecieron —al fin— varios tetramotores americanos, pero grande fue la sorpresa al ver que lanzaban bombas contra los tres submarinos, que se vieron forzados a sumergirse.
¿Acaso en Londres pensaban que era más "rentable" hundir un submarino que salvar a sus propios náufragos? De los 811 ingleses que en total llevaba el Laconia, fueron salvados 800. Y de 1,800 prisioneros italianos que iban a bordo, sólo se pudo salvara 450.
Ciudad-hospital para los heridos.
Cuando los bombarderos de las zonas residenciales alemanas estaban en su apogeo y dejaban heridos a miles de mujeres y niños, el Papa Pío XII pidió que las potencias aliadas designaran una ciudad alemana como "ciudad-hospital" en la que se pudiera atender a los heridos y quedara al abrigo de los bombardeos.
(se bombardeaban ciudades a pesar de que no tuvieran algún objetivo estrategico)
Churchill no se dignó contestar.
En contraste, en el año 452 el temible Atila, rey de los hunos, se aproximaba amenazante sobre Roma, y el Papa León I (llamado El Grande) salió a su encuentro y algo le dijo. No se sabe qué, pero Atila se retiró sin causar daño.
Visiblemente más intratable que Atila, el "civilizado" Winston Churchill tomaba decisiones sin el menor rasgo de humanidad;
Por ejemplo, al saber que hidroaviones de la Cruz Roja alemana rescataban pilotos que flotaban en las aguas del Canal de la Mancha, ordenó que se les hiciera fuego. El rescate era de pilotos alemanes y británicos. Pero Churchill consideraba que los aviadores alemanes podían volver a combatir. ¿Y en cuanto a los ingleses? Si eran salvados quedarían prisioneros, de tal manera que ya no le servirían a Inglaterra. Su vida no importaba.
La guerra salvaje también se libraba en el mar. Basta un ejemplo: el submarino alemán U-156, al mando del capitán Werner Hartenstein, hundió al crucero mercante armado "Laconia", de 20,000 toneladas y de bandera británica. AI darse cuenta Hartenstein de que había muchos náufragos, más de doscientos ingleses, incluso civiles, empezó a rescatarlos y llamó a dos submarinos más para que lo ayudaran. A la vez, radió en frecuencia marina, y en inglés, la posición en que se encontraba, a fin de que acudiera ayuda de la marina británica. Los tres submarinos no harían fuego y se identificaban como de la Cruz Roja.
Entretanto, los náufragos seguían aumentando y abarrotaban el interior y la cubierta de los submarinos, además de que éstos remolcaban varias lanchas salvavidas.
Cuando los submarinos se hallaban en apuros por atender a los náufragos, aparecieron —al fin— varios tetramotores americanos, pero grande fue la sorpresa al ver que lanzaban bombas contra los tres submarinos, que se vieron forzados a sumergirse.
¿Acaso en Londres pensaban que era más "rentable" hundir un submarino que salvar a sus propios náufragos? De los 811 ingleses que en total llevaba el Laconia, fueron salvados 800. Y de 1,800 prisioneros italianos que iban a bordo, sólo se pudo salvara 450.

