Río Paraná, amenazas, peligros y contaminación
Delta del Paraná
A 27 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires y tras un recorrido de 320 kilómetros se encuentra la desembocadura del Delta del Paraná en el estuario del Río de la Plata, que ocupa un total de 17.500 kilómetros cuadrados que involucran a las provincias de Entre Ríos, Santa Fe y Buenos Aires.
Delta es la cuarta letra del alfabeto griego que tiene forma de triángulo y la palabra se aplica en geografía por semejanza al terreno comprendido entre los brazos de un río. Curiosamente, hablamos del único delta en el mundo que no desemboca en el mar.
El río Paraná: características, caudal, biodiversidad
Las aguas acarrean toneladas de sedimento y la depositan en los estuarios del Río de la Plata, donde juncos, ceibos, pajonales y especies varias echan raíces y afirman las islas. Los terrenos bajos, los sistemas de humedales y la dinámica de los numerosos ríos y arroyos que confluyen en el Delta del Paraná, han creado el hábitat ideal para la proliferación de una flora y fauna riquísimas, cuya naturaleza lucha por imponerse a la depredación del hombre.
No hay más que recordar las palmeras de la especie pindó, taladas hasta casi su desaparición, los ejemplares de yaguaretés, cazados hasta su extinción, o los cisnes y papagayos que abundaban y hoy se hace difícil verlos, para tomar conciencia de la pérdida alarmante de la biodiversidad. No por casualidad internarse en sitios de difícil acceso humano permite encontrar a salvo ciervos de los pantanos, carpinchos, coipos, lobitos de río y gatos monteses.
Delta del Paraná, reserva de la biosfera
A la tala y caza indiscriminada han sucedido la deforestación por quemazones para siembra de soja o cría de ganado, el arrase de plantaciones forestales nativas y reemplazo por otras de crecimiento rápido, excavaciones, rellenados y terraplenes en sus costas destinados a obras de infraestructura no siempre adecuadas por el alto impacto ambiental. A su vez, embarcaciones motorizadas que navegan a velocidad excesiva generan oleajes que degradan las riberas en forma progresiva.
Otro de los peligros latentes que sufre el Delta del Paraná en toda su extensión es la contaminación de sus aguas por agroquímicos, vertido de aguas servidas y deshechos industriales, que perjudica la vida de peces y la provisión de agua potable en las poblaciones que se asientan desde Rosario pasando por Buenos Aires hasta La Plata, trayecto donde se concentra un tercio de la población total de la Argentina. La contaminación la provocan industrias petroleras, petroquímicas y químicas, ingenios, frigoríficos, papeleras, curtiembres, cerealeras, que si bien deben poseer plantas de tratamiento de efluentes industriales no siempre cumplen todos los requisitos.
Hay quienes destruyen aunque como contrapartida están quienes bregan por preservar el Delta del Paraná, que muchas veces conforman organizaciones sociales que con sus persistentes reclamos han logrado resultados positivos. Asimismo, en 1992 nació el Parque Nacional Pre-Delta, de 2.458 hectáreas, cercano a la ciudad entrerriana de Diamante.
Y en 2000 la UNESCO declaró Reserva de Biosfera Delta del Paraná, una superficie de 10.500 hectáreas en las islas de San Fernando del Delta bonaerense, que realiza tareas conservacionistas y promueve investigaciones y proyectos de crecimiento sustentable.
Graciela Ullán.Guillermo Schoenfeld.
Delta del Paraná
A 27 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires y tras un recorrido de 320 kilómetros se encuentra la desembocadura del Delta del Paraná en el estuario del Río de la Plata, que ocupa un total de 17.500 kilómetros cuadrados que involucran a las provincias de Entre Ríos, Santa Fe y Buenos Aires.
Delta es la cuarta letra del alfabeto griego que tiene forma de triángulo y la palabra se aplica en geografía por semejanza al terreno comprendido entre los brazos de un río. Curiosamente, hablamos del único delta en el mundo que no desemboca en el mar.
El río Paraná: características, caudal, biodiversidad
Las aguas acarrean toneladas de sedimento y la depositan en los estuarios del Río de la Plata, donde juncos, ceibos, pajonales y especies varias echan raíces y afirman las islas. Los terrenos bajos, los sistemas de humedales y la dinámica de los numerosos ríos y arroyos que confluyen en el Delta del Paraná, han creado el hábitat ideal para la proliferación de una flora y fauna riquísimas, cuya naturaleza lucha por imponerse a la depredación del hombre.
No hay más que recordar las palmeras de la especie pindó, taladas hasta casi su desaparición, los ejemplares de yaguaretés, cazados hasta su extinción, o los cisnes y papagayos que abundaban y hoy se hace difícil verlos, para tomar conciencia de la pérdida alarmante de la biodiversidad. No por casualidad internarse en sitios de difícil acceso humano permite encontrar a salvo ciervos de los pantanos, carpinchos, coipos, lobitos de río y gatos monteses.
Delta del Paraná, reserva de la biosfera
A la tala y caza indiscriminada han sucedido la deforestación por quemazones para siembra de soja o cría de ganado, el arrase de plantaciones forestales nativas y reemplazo por otras de crecimiento rápido, excavaciones, rellenados y terraplenes en sus costas destinados a obras de infraestructura no siempre adecuadas por el alto impacto ambiental. A su vez, embarcaciones motorizadas que navegan a velocidad excesiva generan oleajes que degradan las riberas en forma progresiva.
Otro de los peligros latentes que sufre el Delta del Paraná en toda su extensión es la contaminación de sus aguas por agroquímicos, vertido de aguas servidas y deshechos industriales, que perjudica la vida de peces y la provisión de agua potable en las poblaciones que se asientan desde Rosario pasando por Buenos Aires hasta La Plata, trayecto donde se concentra un tercio de la población total de la Argentina. La contaminación la provocan industrias petroleras, petroquímicas y químicas, ingenios, frigoríficos, papeleras, curtiembres, cerealeras, que si bien deben poseer plantas de tratamiento de efluentes industriales no siempre cumplen todos los requisitos.
Hay quienes destruyen aunque como contrapartida están quienes bregan por preservar el Delta del Paraná, que muchas veces conforman organizaciones sociales que con sus persistentes reclamos han logrado resultados positivos. Asimismo, en 1992 nació el Parque Nacional Pre-Delta, de 2.458 hectáreas, cercano a la ciudad entrerriana de Diamante.
Y en 2000 la UNESCO declaró Reserva de Biosfera Delta del Paraná, una superficie de 10.500 hectáreas en las islas de San Fernando del Delta bonaerense, que realiza tareas conservacionistas y promueve investigaciones y proyectos de crecimiento sustentable.
Graciela Ullán.Guillermo Schoenfeld.

