InicioInfoBach y Händel, un río que se bifurca, parte I
Por Mariano Díaz Barbosa Introducción: Los personajes 1685 es un año agridulce para la música. En él sucedió que nacieron tres de los músicos que más influyeron en el desarrollo posterior de este arte, Domenico Scarlatti, Georg Friederich Händel y Johann Sebastian Bach. De los últimos dos nos ocuparemos. Digo que es agridulce porque si bien pocas veces se da que en un año nazcan tres maestros de una disciplina, su nacimiento también puede representar el último resplandor de toda una época del arte, el barroco, que ya había durado casi un siglo y llegaría a la mitad del próximo. La decadencia nunca fue tan espléndida. Bach y Händel son personajes que se retroalimentan, lo hacían en vida (al menos sabemos de la admiración del primero por el segundo, y cabe suponer, por testimonios que vamos a tratar, que el segundo conocía al primero), y lo siguen haciendo en los personajes que la historia de la crítica musical construyó con ellos. Uno era cosmopolita, el otro apenas salió en su vida de un radio de 500km.; uno era agraciado y von vivant, el otro era tozudo y provinciano; uno no se casó nunca, el otro dos veces y tuvo veinte hijos; uno fue empleado por varias cortes y la casa Real Británica, el otro por nobles de segundo orden y el consejo educativo de una iglesia; uno era un compositor venerado en todo el mundo, el otro fue más recordado como maestro de música, de uno sobreviven varios retratos y hasta una estatua de mármol hecha en vida, del otro un cuadro mediocre y varios apócrifos; uno fue la primera gran superestrella de la música, el otro murió casi desconocido y fue enterrado sin lápida. Las diferencias son varias, aunque el genio de ambos no está en duda. Son pocas cosas las que tienen en común: el virtuosismo reconocido de ambos en los instrumentos de tecla, la contextura física generosa y el gusto por el vino y la comida. Nunca se conocieron, aunque tuvieron la oportunidad de hacerlo dos veces, y en ambos casos la cosa naufragó. Al respecto, se publicó anónimamente en 1788 una nota que Christoph Wolff no duda en asignar al segundo hijo de Bach, Carl Philipp Emmanuel, recuerda con algo de sorna: “Händel vino en tres oportunidades desde Inglaterra a Halle: la primera hacia 1719, la segunda en la década de 1730, y la tercera en 1750 o 1753. En la primera ocasión Bach (…) se enteró de la presencia de Händel en el último momento e inmediatamente salió hacia Halle en la diligencia. El mismo día que llegó Händel había partido. En la segunda ocasión Bach estaba enfermo (…) y envió a su hijo mayor, Wilhelm Friedemann para que le presentara una cortés invitación a Händel (…) y recibió por respuesta que Händel no podía ir a Leipzig y que lo lamentaba mucho. En la tercera ocasión Bach ya Había muerto. De modo que Händel no tenía tanto interés como Bach. J.S.B sintió mucho no conocer a Händel, aquel hombre verdaderamente grande a quien respetaba particularmente.” Único retrato de Johann Sebastian Bach, por Elias Haussmann en 1747. La única parte de este testimonio que parece no estar llena de ironía es la valoración que hace C.P.E de Händel, a quién muchas veces en su famosa correspondencia llama “grande”, y de hecho, por casi un siglo Händel sería canonizado mientras el recuerdo de Bach languidecía hasta el punto en que el primero aparece en la Enciclopedia de Música de Charles Burney como uno de los más geniales compositores y el segundo como padre de Johann Christian Bach. Los comienzos Händel nació el 23 de Febrero en Halle, Magdeburgo. Era hijo de un famoso cirujano que no tenía relación alguna con la música. Georg Friederich mostró una precocidad alarmante en ese terreno, aunque su padre hizo todo lo posible por desalentarlo. Se dice que ante la prohibición paterna, el niño logró llevar un clavicordio portátil a su cuarto y estudiaba durante las noches. El niño ya era un prodigio del clave y el órgano en su preadolescencia y durante un viaje, el duque Johann Adolf I de Weissenfels lo escucha y queda fascinado, convenciendo al padre de dejarlo seguir su vocación (recordemos que era fines del siglo XVII y el consejo de un alto noble no era rechazado así como así). Händel estudia con el organista Zachow y ya a los trece años toca para nada menos que el rey Federico I de Prusia (su hijo aparecerá más tarde en este texto para seguir tendiendo puentes entre ambas biografías). Un joven Händel al clavicordio Bach nació el 31 de Marzo en Eisenach, Turingia, y su fe Luterana estaba signada por la ciudad que estaba a la sombra del castillo donde Lutero tradujo el Nuevo Testamento al Alemán. Fue bautizado en una Iglesia en cuyo frente estaba el primer verso del himno combativo del padre de la reforma “Una poderosa ciudadela es nuestro Dios”, que Bach transformaría en su cantata BWV 80. Los Bach eran la dinastía de músicos más importantes de Turingia, más de cuarenta Bach se habían ganado la vida como compositores o instrumentistas, así que si bien no se sabe mucho de la formación musical de Johann Sebastian en sus primeros años, no cabe duda de que hizo sus primeros palotes con su padre violinista y flautista de la orquesta municipal y sobre todo de su tío Johann Christoph, notable organista a quién Sebastián recordará siempre como “el profundo compositor”. A los diez años Bach queda huérfano y debe ir a vivir con su hermano mayor, también llamado Johann Christoph, en Ohrdruf. A partir de ese momento se sabe que Bach recibe una enseñanza musical sistemática de su hermano, organista formado por Johann Pachelbel. Ahora vuelve a entrar ese toque romántico que suelen agregar los primeros biógrafos a la hora de vender a sus personajes: J. N. Forkel, el primero de Bach, cuenta la historia de que Christoph tenía un cuaderno con piezas especialmente complejas y valiosas de grandes maestros del teclado. Durante semanas, el joven Sebastián robaba el cuaderno y, encerrado en un armario a luz de vela, copiaba las obras. En un momento fue descubierto por Christoph que le quitó tanto las partituras como las copias. Sin embargo el hermano mayor no era, ni mucho menos, un tirano, y fue sustancial en ayudar a Sebastián a dar el próximo paso en su formación. Primeros pasos en la música En 1703, Händel comienza su relación de toda una vida con el género que Bach nunca cultivó, la ópera. Se convierte en violinista y cembalista de la ópera de Hamburgo, y produce sus primeras obras para la escena, Almira y Nerón. Conoce a otros compositores y gente importante como Gian Gastone de Médici, que quería recuperar el nombre de capa caída de su familia y volver a brillar como gran mecenas de Florencia como sus antepasados. Händel llega por primera vez a Italia en 1706. Bach se embarca en la mayor aventura de su vida a los catorce años. Por consejo de su hermano, viaja a pie hasta Lüneborg, a más de 500 km de Ohrdruf. El viaje lo realizará con George Erdemann, tres años mayor, a quién Sebastián siempre llamará en sus cartas “compañero de viaje”. Era un viaje peligroso para dos adolescentes. Ambos se inscriben en la Escuela de San Miguel, un liceo prestigioso en donde estudian tanto hijos de nobles como gente del estado llano. Para pagar sus estudios, Bach canta en el coro y toca el órgano en los servicios. Es interesante para entender la imposibilidad que tenemos hoy para restaurar la música de entonces como sonó originalmente que Bach cantaba como soprano, ya que en esos siglos el cambio de voz llegaba más tarde, muchas veces se oían sopranos de hasta 16 años. Se supone (como todo en la biografía de Sebastián) que llegó a improvisar variaciones para el anciano compositor Adam Reinken, quien le dijo que pensaba que ese arte estaba muerto y que lo veía renacer en el joven. Fue el primero en una larga lista, que dura hasta hoy, en acusar a Bach de hacer música arcaica. En Italia, Händel llega primero a Roma, donde se encuentra que su sueño de triunfar en la ópera se ve impedido por la prohibición que el Papa dicta sobre este género en los estados Papales. Ahora surge uno de los rasgos que se mantendrán a lo largo de la vida de este compositor: se adapta. Escribe música religiosa, oratorios, salmos y cantatas. Llega a ser un preferido en los palacios de los Cardenales. Poco después llega a Florencia y a lo que fue a Italia, su ópera Rodrigo triunfa. Luego toma por acecho nada menos que Venecia: su primer gran ópera, Agripina está veintisiete semanas en cartel. Para este momento, Händel será apodado Caro Sassone (el sajón querido). También se cuenta de una famosa competencia de virtuosos con Scarlatti y Vivaldi, que Alejo Carpentier plasma en Concierto barroco. Händel compone para grandes sopranos y se le asignan amoríos varios. Bach se gradúa en 1703 y luego es contratado para la orquesta ducal en Weimar. Unos meses después recibe el puesto de organista en Arnstadt, donde tiene la oportunidad de componer sus primeras cantatas. La época no fue feliz. El pastor prefiere los corales tradicionales (homofónicos y cuadrados) y se brota cuando Bach improvisa variaciones y fugas durante el servicio. La cosa escala, Bach es acusado de bajar a la bodega de la Iglesia a tomar vino (producto de lujo) durante el sermón (tan cuadrado como la música que quiere el pastor) y peor que peor, ante la pésima calidad de los músicos y la exigencia de las obras, Johann Sebastián hace que cante una mujer, cosa prohibida en las iglesias. Phillip Spitta dice que la joven en cuestión es su prima y futura esposa, María Bárbara. Una tarde, Bach se refiere en términos no muy agradables a la forma de tocar de un fagotista. El aludido lo espera a la salida con una patota de amigos armados con palos. Bach saca un puñal. Todos terminan en la cárcel. Pero de alguna manera Sebastián sigue en el cargo. Lo que termina de definir el despido es el viaje que hace a pie (otra vez) hasta Lübeck para conocer a uno de sus ídolos, Dietrich Büxtehude, virtuoso organista danés que ha establecido la tradición de Abendmusiken antes de los servicios, presentaciones de grandes piezas vocales e instrumentales durante las tardes. Entre estas obras está la hermosa Membri jesu nostri, en donde se despedaza musicalmente a Cristo en varios números corales y airosos con preludios instrumentales de enorme belleza. Su música para tecla, tocatas, passacaglias, chaconnes y sobre todo, el uso del bajo ostinatto tienen una influencia enorme en Johann Sebastian, que es invitado por el maestro a ser su discípulo, pero a cambio tiene que casarse con su hija. Bach se niega y vuelve a casa, habiéndose tomado unas semanas más de licencia que lo convenido. Es interesante que al año siguiente Buxtehude le hace la misma proposición bizarra a un tal Georg Friederich Händel, que responde lo mismo. La joven no debía ser muy agraciada. Bach se libera de su trabajo en Arnstadt y pasa el año siguiente en Mülchausen. Dietrich Buxtehude (1637/9-1707) por Johannes Voorhout. Se puede decir que Händel llegó a la madurez como compositor primero. Su obra religiosa de 1707, Dixit Dominus (HWV 232) es una obra maestra desde todo punto de vista. Está escrita para un coro de cinco voces (SSATB) y cuerdas. Combina lo mejor de sus Arias con coros frenéticos y pasajes de enorme dificultad para las cuerdas. El anteúltimo número, De torrente in via bidet, para dos sopranos acompañadas por el coro es una obra de una madurez impresionante, una de las más bellas que jamás logró. Las voces actúan de manera repetitiva, pero en intervalos cada vez más ajustados y dolorosos, casi dos décadas antes del Stabat Mater de Pergolesi. link: http://www.youtube.com/watch?v=FvdvLmMHrxk Bach no produce obras menores, sobre todo dos cantatas, Actus Tragicus (BWV 106) y Aus der Tiefen (BWV 131), el segundo la versión alemana del Die Profundis. Son obras notables, obras maestras sin duda, sobre todo la segunda, pero no llegan a la perfección que logrará en años posteriores. Sin embargo, son de las más conmovedoras. El coro central de la 131 trabaja con entradas de las distintas voces en una increíble súplica ascendente sobre las palabras “Mi alma clama”. En un toque de genialidad, las voces en contrapunto del motivo ascendente aprovechan la sonoridad de la palabra hoffe (espera) para generar la sensación rítmica de puntuación, de insistencia en la súplica. Un trabajo de enorme conciencia en la capacidad física del sonido. link: http://www.youtube.com/watch?v=efovxTooW6U Los dolores del crecimiento Händel vuelve de Italia como un héroe, mientras Bach es contratado como organista y “Maestro de concierto” (un cargo inventado para no darle el de Kappelmeister que estaba en manos de un preferido de la corte) de los dos duques de Weimar. Es otro momento “puente”, porque la influencia de primera mano que había tenido Händel de la música italiana ahora Bach la tendrá por medios más humildes. El hermano menor de los duques es un virtuoso violinista-tecladista y suele ir de gira. Cuando vuelve de Utrecht trae consigo volúmenes de concertos italianos para que el Maestro de concierto transcriba al clave o al órgano. En el proceso de adaptar a Vivaldi, Marcello y Albinoni, Bach aprende del dramatismo y la melodía italianos, que luego combinará con su don para el contrapunto y el orden alemán. Es un momento decisivo. Händel es contratado como maestro de capilla (director musical) en Hannover, para quien luego será Jorge I de Inglaterra. No es su mejor momento, había aceptado el cargo con la expectativa de la ópera local, que termina siendo una decepción. Sin embargo, los contactos Reales lo convencen de cruzar el canal de la Mancha y establecerse en la que será su patria adoptiva, Inglaterra, en 1712. En unos años dejará de ser Georg Friederich Händel para ser George Frederic Handel, uno de los ídolos nacionales de Inglaterra. A diferencia de casa, la ópera italiana hace furor en Inglaterra, y el recién llegado se sabe todos los trucos. Un éxito tras otro, Handel compone óperas pensadas para el legendario Castratto Senesino, lo que explica por que en Julio César en Egipto una voz de color femenino (muchas veces una contralto o un contratenor, en nuestros días) canta aguerrida: “Soy Julio César, señor de la guerra”. En 1717 ataca por dos frentes causando una sensación, Acis y Galatea rompe todos los récords de presentaciones (aún hoy es de las más interpretadas) y en una excursión por el Támesis, el Rey pide que repitan dos veces cierta Música Acuática, con la habilidad que el ahora Handel tiene para combinar danzas francesas agradables con melodías italianas y un contrapunto hábilmente trabajado para no aterrar al público. Bach, en cambio, combate el aburrimiento provincial produciendo para la Capilla ducal sus obras más famosas para órgano, como su Passacaglia y fuga en do menor, una obra maestra de la arquitectura musical de todos los tiempos. Sobre un tema que tocan los pedales (bajos) se construye una serie de casi treinta variaciones. En ese momento, las notas de los pedales solían servir como sustento armónico, la forma de escribir variaciones en Passacaglia era similar a como se improvisa en el jazz, se toca un tema y contrabajo con piano toman los acordes sobre los cuales luego se florean los solistas. Bach, en un punto de las variaciones, decide pasar base a los teclados y empieza a someter al organista a una rutina de pedaleo frenética. Luego va más lejos, la fuga toma la nota de los pedales como sujeto, y el resultado es una auténtica catedral sonora. link: http://www.youtube.com/watch?v=F51uHpH3yQk También es la época de la Fantasía cromática en re menor para clave (BWV 903). Es una obra de una ferocidad juvenil. El gran Glenn Gould la odiaba, otros la aman, pero no se puede decir que sea “bella”, porque lo que hace el compositor es trabajar no las ocho notas de la escala diatónica (do-re-mi…) con alguna más para darle color. Lo que busca es usar sin ningún otra ancla que la tonalidad de re menor, las doce notas de la escala cromática (con todos los bemoles y sostenidos). A lo largo de arpegios monstruosos y escalas para quebrar dedos la armonía modula sin piedad (es decir, cambia de tonalidad, pasa por todos los puntos intermedios que hay entre el re menor y la dominante, abusa para desagrado de Gould de las séptimas, horror de los horrores en ese momento) en un trabajo de una modernidad pasmosa, muy anterior al Tristán de Wagner. Es una pieza que suena, todavía hoy, moderna, con todas las espinas de un Bartók o Stravinsky. Uno se imagina que de haber conocido el cuarteto de cuerdas Bach hubiera armado un desastre, y ése es el secreto que hay entre los dos compositores que nos convocan. Ambos son acusados de conservadores, se dice que no crearon nada nuevo, como Beethoven o Mozart; que, como Brahms, se dedicaron a llevar lo conocido a la perfección. Bach vendría a ser el gran sintetizador. Como en el caso de Brahms, semejante juicio es una locura para Bach. Ya diremos por qué, pero recordemos que ni Mozart ni Beethoven inventaron ni la sinfonía ni la sonata. Es lo que Bach hizo dentro de esas fugas que se crearon hacia el 1600 lo que importa. Entre la Música Acuática de uno, refinada y perfecta, y la Fantasía cromática, brutal y desmesurada, está la clave para entender a dónde irán nuestros muchachos. El Handel que había acercado tanto hasta la compresión semitonal a las sopranos en el De torrente del Dixit dominus ahora se cuidará (lo que no quiere decir que abandone) sus atrevimientos. Conoce a su público. A riesgo del terror de un Glenn Gould, Bach, en toda la desprolijidad en que se abandona entre cromatismos y modulaciones a base de arpegios, está listo para dar su salto de calidad. No fue un genio precoz, como tampoco lo fueron Wagner ni Beethoven. Eso no quiere decir que en sus años en Weimar (1708-1717) no manejara la perfección en la forma, y su Passacaglia en do menor lo deja claro, pero el momento en que sume sus atrevimientos en el área de cromatismo y modulación constante a su manejo de la forma será lo que lo elevará a lo más alto del arte occidental. Y al olvido más ignominioso. link: http://www.youtube.com/watch?v=CxjxYxmMVe8 Años de Prosperidad En 1719 Handel funda una compañía de ópera con numerosos músicos y cantantes traídos de la capital musical de Alemania, Dresde. Se llama nada menos que la Royal Academy of music, que llegaría a ser la escuela por excelencia de música en el Reino Unido, y no hace falta hacer un recuento de los nombres que han salido de allí. Sin embargo, cabe recordar eso, que en su origen era una compañía de ópera, no una escuela. Bach es de los dos el que más asociado quedó a la labor de la enseñanza. No es poco decir que cuatro de sus hijos y cuarenta (en serio, cuarenta) de sus discípulos llegarían a ser músicos de renombre. Es a sus alumnos a quienes debemos el recuerdo y la preservación de la obra de Sebastián, olvidada por todos los demás por casi un siglo. Bach, por temperamental que haya sido, fue un maestro de una generosidad y bondad increíbles. Alguna vez perdió los estribos, se cuenta que llegó a tirarle su peluquín a un miembro del coro que desafinaba, pero hay cosas que lo pintan como un hombre con la vocación más absoluta de enseñar. Por empezar, en la época, las partituras eran un producto muy caro y de lujo (no nos debe extrañar, porque no había registro de propiedad intelectual, y un compositor no copiaba nada de su obra a menos que supiera qué destino iba a tener) y los maestros cobraban grandes sumas por las copias que les permitían hacer a sus alumnos. Una de las razones por las cuales subsisten más copias de las obras pedagógicas de Bach es porque él mismo copiaba piezas en los cuadernos de sus alumnos sin cobrarles, no es poco, siendo que hoy son tesoros de la humanidad. link: http://www.youtube.com/watch?v=rXeHd7Ovgjo Los años de prosperidad de Handel en la ópera se ven alternados con la edición de su primer volumen de piezas para clave. Reúnen obras que van de los primeros años (algunas de 1703) hasta otras más recientes. J. N. Forkel, el promotor de la figura de Bach en 1802, dice que si bien la obra vocal de Handel había envejecido para el siglo XIX (dudoso) su obra para clave se mantenía moderna y “edificante” (ay Dios, qué adjetivos). La más conocida de estas piezas es la suite nº 5 en mi mayor (HWV 430), cuyo último movimiento es el set de Variaciones sobre el aria Harmonious Blacksmith (el Forjador Armónico). Una obra alegre y vertiginosa, que oculta una sabiduría en la construcción propia de un maestro, y necesita de otro para ser interpretada. Ambas manos del tecladista trabajan independientes, y los valores que tocan progresan de variación en variación en lo que se conoce como diminutionem, los valores bajan de semicorcheas a fusas (es decir, más rápidas) pasando por una alteración rítmica llamada tresillo (hacer entrar tres notas donde sólo pueden caber dos). Con respecto a Bach, Weimar trae consigo su primera colección de seis suites, las suites inglesas, llamadas así por Forkel porque se supone que fueron encargadas por un Gentilhombre inglés que nunca apareció en la historia fuera de la mención de Forkel. Es el primer gran milagro de la síntesis de estilos Bachiana. Irónicamente no tiene nada de inglesa, es la más “francesa” de las colecciones de Bach. Todas las suites comienzan con un largo preludio de contrapunto tumultuoso, en ese “tumulto” está la influencia de Vivaldi. Bach ha ganado en dramatismo Italiano, pero a diferencia de los maestros Italianos, que tienden a tener problemas en el desarrollo de sus ideas y recaen en un solista errante que llene la obra entre los maravillosos principios y finales, Bach desarrolla con fugattos brillantes basados en soggetti (melodía que se pasa de una voz a otra) italianos. Las danzas que continúan son propias del barroco francés. Las más sensuales y perturbadoras son las Sarabandes, lentas y en compás de ¾. Son ricas en acordes remotos y extraños, la sarabande de la suite inglesa nº 3 en sol menor tiene momentos dignos de Satie (gran resucitador de la Sarabande barroca), con salidas inesperadas y un bajo que se acelera o se vuelve en síncopas (acentuación en el tiempo débil, propia del jazz) en los momentos en que el oído pide calma. link: http://www.youtube.com/watch?v=z8dCDm2tzyc La época de Weimar termina con el escándalo más conocido en la vida de Bach. En una lucha de egos entre los dos duques, Bach, a quien se le había prometido, luego de nueve años de ser el virtual líder de la escena musical, el ansiado puesto de maestro de capilla se ve relegado por el preferido de uno de los dos egos en conflicto. Sebastián tiene una reacción algo peligrosa en tiempos de despotismo barroco, el acta de detención dice que “protestó demasiado airadamente”, una cortesía para un torrente de insultos (en fuga, como no podía ser de otra manera) a la divina autoridad del Duque. Bach pasa un mes en la cárcel y es despedido. Se cree que en ese tiempo empezó a pergeñar la obra que aún hoy sigue marcando las leyes del 90% de la música que escuchamos hoy, El clave bien temperado, que fijó la escala temperada occidental (el lenguaje en que habla la música) luego de siglos de armonizar de “oído”, y definió las 24 tonalidades. Jorge I y Händel de excursión en el Támesis. Otro gran triunfo para Handel ocurre en 1727. Es el momento de la coronación de Jorge II. El nuevo rey quiere la mejor música de su mejor músico, naturalizado, pero inglés al fin. Los cuatro himnos de coronación son de escala épica. Son Hollywood antes de que se inventara el cine. El más famoso, Zadok the Priest se ha tocado en cada coronación que ha habido en Inglaterra hasta hoy y seguirá siendo así. La obra es ultra conocida y amada por los british, y también ha dado como resultado los comentarios más crueles de compositores de las eras subsiguientes, sobre todo Berlioz. Es cierto que la arquitectura de Handel y el rico contrapunto son dejados de lado por los grandes golpes sonoros y la textura vertical de las intervenciones corales (la Misa de Coronación de Mozart le debe muchísimo). La razón no es “abandono mi credo para quedar bien”, porque Handel nunca se adaptó dejando sus creencias. Su música acuática, sus concerto Grossi (a ver después) son tan perfectos en el contrapunto como agradables a todos. Lo que no podía conocer Berlioz eran las condiciones de interpretación de la obra. Handel disponía para sus óperas en Covent Garden o sus Oratorios de un coro de cerca de cinco cantantes por sección, y una masa similar de violinistas o violistas. Eso es más de lo que Bach hubiera soñado jamás. La cuestión es que en la enorme catedral llena de público, era necesario disponer de mayor cantidad de gente para que la música se pudiera escuchar. Recordemos que en esa época la música se realizaba en salas de estar y teatros muy pequeños. Handel tuvo que recurrir a algo más parecido a un coro neoclásico, y como tal, el contrapunto no puede ser tan fluido como cuando se dispone de fuerzas menores, se pierde agilidad en post de la sonoridad. El resultado es más “rústico”, pero de una potencia devastadora. Esplendor y Gloria. God save the King. link: http://www.youtube.com/watch?v=CUXPTmQ9Fxo Bach alcanza por primera vez en su vida el cargo de Maestro de Capilla en 1717. Es contratado por el Príncipe Leopoldo del modesto Anhalt-Cöthen, de menos de tres mil habitantes. No resulta prometedor así dicho, pero Leopoldo es un melómano y buen violista de gamba, invierte mucho dinero en música y Bach recibirá el sueldo más grande que cobrará en toda su vida. Además, está la calidad de los músicos. Leopoldo estudió en la Ritteracademie de Berlín justo cuando Federico I deshace la orquesta real. Muchos de esos músicos son llevados a Cöthen y se ponen a las órdenes del virtuoso Johan Sebastián Bach, que dirá, entre las amarguras de sus años en Leipzig (con el visto bueno de la nostalgia) que es Cöthen fue la época más feliz de su vida. El Príncipe Leopoldo de Anhalt-Cöthen Por primera vez, la música profana se le demanda más que la sagrada (el Príncipe es calvinista). El Margrave de Brandenburgo (amigo de Leopoldo) se hospeda allí y disfruta de la música de los virtuosos locales. Bach le manda seis conciertos de sabor italiano especiado con algunas de las decisiones más subversivas de la música de entonces. La popularidad que tienen hoy quizás no nos lo hace pensar, pero tienen cosas nunca antes vistas en el Concerto Grosso, de hecho está a medio camino de la música de cámara y la concertante. Requiere de grandes virtuosos, pero al mismo tiempo son solistas al servicio de un fin común, en fin, dejan de ser solistas. Por primera vez se separa al violonchelo del contrabajo en la línea de continuo. Exploran texturas: en el segundo concierto todos los instrumentos están forzados a sus extremos más agudos, hay una flauta de pico y una trompeta que toca en una tonalidad inaccesible para la trompeta de entonces, el fa mayor. En el sexto concerto todo se vuelca a la sonoridad baja, no hay violines, el protagonismo es de las violas y el violonchelo, y para rellenar la textura dolce y melancólica están dos violas de gamba. Pero la desmesura más genial está en el quinto concierto en re mayor. Hay flauta traversa y violín, pero lo que irrumpe por primera vez en la historia de la música es el clavicémbalo como instrumento concertante. La cadenza es un salto de fe, una tormenta sonora de virtuosismo en medio de un clima alegre, la forma en que se incorpora y se encadena al resto del movimiento es milagrosa. Bach ya había resuelto un problema que los escritores de conciertos para piano tardarían décadas en lograr. link: http://www.youtube.com/watch?v=XBw6wwa7eC8 Hago un salto de tiempo para comparar concerto grossi con concerto grossi. Los Op. 6 de Handel son de 1739. Son obras maestras de la música también, sin embargo siguen las líneas de lo conocido, están escritos para dos secciones de violines, viola y continuo. Ya dijimos que hay que desconfiar del conservadurismo de la forma. Handel prefiere los cinco movimientos estilo Corelli a los tres impuestos por Vivaldi y Geminiani. La variedad es notable y el contrapunto es perfecto. Uno escucha una obra musical completamente cerrada y redonda. Sin embargo ya no es la sorpresa del joven Händel, es la comodidad del viejo Handel. Los concertos de Brandenburgo y los op. 6 son una prueba obligada para toda agrupación de cámara, y son dos caras de la moneda de estos genios, de estos ríos que se bifurcan cada vez más. Otra vez, la forma los hace parecer conservadores, gente que no busca más que perfeccionar lo conocido. Uno lo hace, el otro da varios saltos al vacío, pero esta vez, a diferencia de la Fantasía Cromática en re menor, sabe que siempre habrá una red de seguridad abajo, Bach ha aprendido a administrar sus dones con su aprendizaje. Tampoco sorprende que la edición de los concertos Op. 6 genere una ganancia en miles de libras, mientras que las partituras autógrafas de los Brandenburgo son guardadas en la biblioteca real de Berlín sin que el Margrave las haya ni tocado, y se quedan ahí hasta el siglo XIX. link: http://www.youtube.com/watch?v=m9UBqmZntfk En la poca obra que sobrevive a los años de Cöthen (mucha se perdió en un incendio a fines del siglo XVIII) quedan las Suites Francesas pero sobre todo las colecciones de sonatas y partitas para violín y las suites para violonchelo, ambas sin acompañamiento. Son la meca para violinistas y sobre todo para violonchelistas. Debemos recordar que hasta Zoltan Kodaly no vuelve a haber una sonata entera para violonchelo sólo. Lo que Bach hace por este instrumento es prácticamente instalarlo como solista al nivel del violín. Todos conocen el hermoso preludio de la primera suite en sol mayor, está en celulares y en miles de películas, y con justicia. La número seis fue calificada por Rostropovich como “sinfonía para violonchelo”. La cinco incluye una sarabande morbosamente sensual, que acompaña las caricias de las dos hermanas en gritos y susurros de Bergman. Esa pieza está constituida por una melodía hecha de casi toda de semitonos (otra vez, las doce notas), el pentagrama está lleno de bemoles y becuadros, el mi bemol se usa tanto como el mi natural. link: http://www.youtube.com/watch?v=l3dgACCAzwM En el caso del violín, nos remitimos al milagro con que termina la segunda partita en re menor, una Chaconne. Sobre un bajo de apenas unas notas, se elevan 29 variaciones, un cambio a la relativa mayor, pasajes neuróticos y desesperados desembocan en una lágrima en la tonalidad mayor que en vez de traer alivio es todavía más triste y desesperante. Bach hace lo que sus antepasados hacían en el órgano en un instrumento de cuatro cuerdas. El arco taladra acordes tan complejos que ante la presencia de sólo cuatro cuerdas el violinista debe desplegar haciendo parecer que toca un bloque unificado cuando en realidad toca varios. Es tan impresionante que cuando Ferruccio Busoni la transcribió para piano, resultó ser una pieza igual de difícil que suele estar presente en los concursos de piano. Otra vez, la forma, la encarnación material no es un obstáculo para el ideal armónico-arquitectónico de Bach. No era un hombre que limitaría su construcción musical a los medios, forzaría a los medios a adaptarse a ella, pero lo haría de modo que todo violinista que quiera llegar a la cima puede intentarlo. link: http://www.youtube.com/watch?v=yv5HmKomT7Y Como nota de color, una copia manuscrita de la Chaconne apareció envolviendo pescado en San Petersburgo a comienzos del siglo XIX. Las suites para violonchelo fueron recuperadas para el mundo cuando el legendario Pablo Casals encontró una edición en un negocio de libros usados en Barcelona, en 1894. Y está el primer volumen del Clave bien temperado, del cual ya hablé alguna vez y no hay lugar para desarrollar (tres siglos de música no se pueden contar con tanta facilidad). Händel hacia 1727, por Balthasar Denner Handel está por dar el gran salto que le falataba: director musical del Covent Garden, que aún hoy es una de las salas más importantes del mundo. Es el año 1733 y ya ha elevado la vara de calidad de la ópera italiana a un grado que ni su rival, otro naturalizado pero italiano de pura cepa, Geminiani, puede alcanzar. Acis y Galata, Rodelinda, Giulo Cesare in Egipto, Tamerlano y Xerxes, al cual pertenece el inoxidable Largo que está siempre en las colecciones de greatest hits del barroco. Tiene a Senesino, a la bailarina Marie Salle, a un socio en los negocios que se llama nada menos que “rico” (John Rich), pero lo que no puede manejar es el gusto voluble del público. Logra enormes éxitos, pero para el fin de la década, la ópera italiana y sus arias maravillosas ya no interesan al público inglés. Handel no sabe qué ocurrió para que Aridonte fuera un fracaso. Alcina es su última maravilla, y no fracasa, pero no puede hacer nada para cambiar el rumbo de las cosas. En 1739 sufre un colapso nervioso y pierde la movilidad de tres dedos en una mano. Handel irá a reponerse a Aquisgrán, muchos lo dan por muerto, pero el viejo sabio tiene una carta debajo de sus puños de oro y broquel. link: http://www.youtube.com/watch?v=N7XH-58eB8c Continúa en Parte II: http://www.taringa.net/posts/info/15529327/Bach-y-H-ndel-un-rio-que-se-bifurca-Parte-II.htmll Por Mariano Díaz Barbosa Me he basado para este texto en los libros: "Vida y obra de J.S. Bach" de J.N.Forkel "Johann Sebatian Bach" de Philipp Spitta "Bach el músico sabio" de Christoph Wolff "Vida de Händel" de Christopher Hogwood
Datos archivados del Taringa! original
51puntos
0visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
3visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

s
staffatore🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts39
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.