InicioInfoAnarquistas Argentinos
Hay episodios de la historia que parecen cruzarse con los más elaborados relatos de ficción, esta es una de esas historias. Pocas veces tuve esa sensación, una la tuve leyendo la historia de Sandino, un episodio en que las tropas yankees les habían sacado los fusiles y las mujeres los recuperaron prostituyendose y pidiendo a cambio armas y las municiones. Otro está en un documental sobre Montoneros, Montoneros una historia, dónde la protagonista del documental cuenta que a los que lograban salir vivos de los centros de detención clandestina, bajo el título de recuperado para los torturadores, les era muy difícil restablecer contacto con la organización. Desde la organización se los denominaba "los leprosos", ya que nadie se les quería acercar, y los ex presos torturados quedaban solos, bajo la sospecha de trabajar para las Fuerzas Armadas como contrainteligencia. Sin duda, la historia que más logra liberarse de los límites de la realidad es la dos anarquistas a principios del siglo XX. Uno de ellos es Kurt Gustav Wilckens, su historia empieza en la huelga de Santa Cruz, un 23 de Octube de 1921. La patronal no respetó los convenios celebrados en 1920, esa patronal eran tres familias que controlaban todo lo que pasaba y se producía en Santa Cruz. Se convoca a huelga y el entonces gobierno de Yrigoyen envía sus fuerzas represivas. El brazo armado se pone en marcha y encarcela y deporta a los dirigentes gremiales. El 30 de Octubre la huelga se extendió por todo Santa Cruz. Interviene el Ejército con el Regimiento 10° de Caballería al mando del Teniente Coronoel Héctor Benigno Varela. Santa Cruz contaba con 9480 extranjeros y 8445 argentinos, muchos de ellos italianos y polacos. El ejército interviene por orden del Poder Ejecutivo Nacional y del Gobernador de la provincia. Los huelguistas esperan a Héctor Beningno Varela porque en los convenios de 1920 él había sido el intercesor entre huelguistas y la patronal. Esta vez lejos de proponer el diálogo terminan fusilando a 1500 trabajadores, del ejército muere uno solo, el conscripto Fischer, en el conflito entre Facón Font y Varela, en Tuhuelche. Los huelguistas son obligados a cavar sus fosas, algunos de los más diestros en su oficio son seleccionados por la patronal y se salvan de ser fusilados. Acá es dónde aparece Wilckens. Un 27 de enero de 1923 el anarquista ha estado siguiendo por días la rutina del General Varela. Suele salir a caminar por su casa, pero acompañado de una niña lo que hace que Wilckens desista en sus intentos. Finalmente sale solo. Wilckens está armado con una bomba casera, y un révolver. Sabe que Varela acostumbraba decir que "al enemigo se lo mata de cuatro balasos". Wilckens le mete cuatro balasos y la bomba. Una niña pasa por el lugar de los hechos en el momento en que la bomba va a explotar, Wilckens la cubre y recibe las esquirlas de la bomba, sus piernas están heridas, sangrando, permanece al lado del cadáver de Varela hasta que llega la policía. La Liga Patriótica Argentina no iba a dejar las cosas tal como estaban. Le ordenan a uno de sus matones, Millán Temperley que se disfrace de policía y entre en la comisaria donde se encuentra alojado Kurt Wilckens. Lo mata atado a una cama. La Liga Patriótica tenía todo perfectamente organizado, sus matones eran enviados a una manicomio, a un ala especial donde permanecían recluidos un tiempo, a modo de hotel, separados de los insanos. Millan Temperley permanece alojado ahí. Acá es donde la historia se despega de lo real, sin dejar de serlo, y se envuelve en lo fantástico. En la prisión de Usuahia se encuentra detenido Boris Wladimirovich, también anarquista, preso por sus prácticas ideológicas. Por suerte Boris se entera de la historia de Wilckens y traza un plan. Finge demencia durante meses hasta que logra ser trasladado al manicomio de Buenos Aires. Una vez allí entiende que no puede acceder al ala donde se encuentran los asesinos de la Liga. Casi sin esperanzas se encuentra con uno de los trabajadores de la institución con acceso a todo el edificio. Lo hace de los suyos, de su lucha. Esteban Lucich, mucamo yugoslavo, pasa a ser parte de la historia y de la venganza. El final de la historia es Esteban Lucich diciéndole a Millán Temperley: "esto te lo manda Wilckens", y lo asesina de un tiro en el pecho. Los huleguistas de Santa Cruz reclamaban no mas de cuatro por casilla, un día de aseo, colchones, ropa de trabajo que fuera provista por la patronal, agua corriente...
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