Mossos d’esquadra, la madre patria de la tortura en democracia. Tras el asesinato de Juan Pablo Torroija, argentino, okupa y “militante indignado”, a manos de la policía política catalana, más conocida como mossos d’esquadra, se reactualizan los conceptos de sistematicidad y política de estado, que convierten a la tortura en herramienta disciplinadora de los estados donde imperan la división y los privilegios de clase. El argentino había sido detenido en Girona por esa fuerza policial, y “misteriosamente” apareció muerto en su celda. La versión oficial fue la del suicidio y por eso apuraron el archivo de la causa. Nada diferente a lo que solemos ver por estas tierras. Pero la autopsia reveló golpes en las costillas y en los brazos, lo que indica claramente la existencia de un proceso previo de aplicación de torturas, sesión que incluyó prácticas como submarino seco o estrangulamiento, lo que habría derivado en la asfixia que determinó la muerte del militante. Otra vez, nada distinto a la versión criolla. Los Mossos d’Esquadra, la policía catalana, fue creada en el siglo 18. Contiene una rigurosa formación militar y está abocada a tareas de “protección del orden público, seguridad ciudadana y tráfico”. Desmintiendo a quienes, desde el progresismo de todas partes, imaginan que con una formación “democrática” la policía dejará de ser perro guardián de los ricos, estos “mossos de mierda” (como los llama el pueblo) tienen en su carrera de casi un año de formación, la materia derechos humanos como obstáculo indispensable para acceder al cargo activo. Sin embargo, registran el índice más alto de violencia institucional de Europa. Es por eso que aquí en la Argentina, en distintas épocas, bajo diferentes gobiernos, esta policía catalana fue tomada como modelo a la hora de diseñar las estrategias represivas locales. Decíamos en las páginas de este mismo boletín, en el número 496 de 2008, que Macri la eligió para espejar a la Metropolitana. Y aún antes, en el 2006, en plena euforia del gobierno autodenominado “de los derechos humanos” encontramos la más clara adhesión a sus prácticas. En la provincia de Buenos Aires, el modelo catalán para el disciplinamiento social fue tomado como referencia a la hora de dictar el Curso de Planificación Estratégica en Materia de Formación Policial. El curso tuvo una orientación que henchía de orgullo la autoestima y la currícula de los progresistas de estas latitudes: Nada mejor que una policía torturadora y asesina “para reafirmar las políticas de seguridad ciudadana y consolidar una sociedad democrática, productiva y con inclusión social”, decíamos en el Boletín nº 398 de 2006. Nuevamente nos encontramos frente a un caso de represión policial en un barrio. Se dio a conocer la semana pasada la noticia de una joven asesinada por un policía bonaerense y, en las noticias, apareció como un caso trágico por lo poco común. Nosotros sabemos que la muerte de todo ser humano es terrible, sobre todo en manos de asesinos a sueldo, pero así como no deja de indignarnos, tampoco nos sorprende, ya que sabemos que es moneda corriente la violencia por parte de la policía hacia el pueblo trabajador.
Mossos d’esquadra, el modelo de la represión y la tortura
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