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El genocida que mató a mas personas

Info11/26/2012
Mao Zedong Mao Zedong (Pronunciación) (?·i) (chino simplificado: 毛泽东, chino tradicional: 毛澤東, pinyin: Máo Zédōng, Wade-Giles: Mao Tse-Tung); (Shaoshan, Hunan, 26 de diciembre de 1893 – Pekín, 9 de septiembre de 1976) fue el máximo dirigente del Partido Comunista de China (PCCh) y de la República Popular China. Bajo su liderazgo, el Partido Comunista se hizo con el poder en la China continental en 1949, cuando se proclamó la nueva República Popular, tras la victoria en la Guerra Civil contra las fuerzas de la República de China. La victoria comunista provocó la huida de Chiang Kai-shek y sus seguidores del Kuomintang a Taiwán y convirtió a Mao en el líder máximo de China hasta su muerte en 1976. En el plano ideológico, Mao asumió los planteamientos del marxismo-leninismo pero con matices propios basados en las características de la sociedad china, muy diferente de la europea. En particular, el comunismo de Mao otorga un papel central a la clase campesina como motor de la revolución, planteamiento que difiere de la visión tradicional marxista-leninista de la Unión Soviética, que veía a los campesinos como una clase con escasa capacidad de movilización y adjudicaba a los trabajadores urbanos el papel central en la lucha de clases. La etapa de gobierno de Mao estuvo caracterizada por intensas campañas de reafirmación ideológica, que provocarían grandes conmociones sociales y políticas en China, como el Gran Salto Adelante y especialmente la Revolución Cultural, momento en el que su poder alcanzó las cotas máximas al desarrollarse un intenso culto a la personalidad en torno a su figura. Aún hoy en día, el papel histórico de Mao está rodeado de una gran controversia. Años después de su muerte, en 1981, el Partido Comunista de China publicó un análisis oficial sobre la responsabilidad de Mao en los problemas sociales y económicos derivados de sus políticas, en el que se le achacaban errores graves, aún cuando se reconocía su papel como gran líder revolucionario y artífice de la subida al poder del Partido Comunista. Desde entonces, el Partido Comunista de China ha mantenido esta valoración histórica de Mao como un gran líder, fuente de legitimidad del propio partido, que sin embargo habría cometido algunos errores graves. Fuera de la República Popular, las valoraciones de Mao han variado desde la visión amable que lo mostraba como un líder popular1 hasta la percepción de su etapa en el poder como un ejemplo de autoritarismo tiránico y brutal.2 3 4 La mayor discrepancia entre estas visiones contrapuestas de la figura de Mao se refiere a cuál habría sido su nivel de responsabilidad en el fracaso de muchas de las políticas radicales que se adoptaron durante su liderazgo, así como a las cifras de muertos como consecuencia, directa o indirecta, de esas campañas políticas (los más alcistas hablan de 70 millones, los más bajistas dan 10 millones). Por otro lado entre 1949 y 1975 la esperanza de vida se duplicó: de 32 a 65 años. A comienzos de los años 1970, Shanghái tenía una tasa de mortalidad infantil menor que Nueva York.5 En una generación, la tasa de alfabetización subió de 15% en 1949 a 80-90% a mediados de los años 70.6 Entre 1949 y 1976 China, el "enfermo de Asia", se transformó en una potencia industrial importante, con una tasa de desarrollo igualada solamente por los grandes auges de crecimiento de la historia. LA GRAN REVOLUCIÓN CULTURAL PROLETARIA Lo que se conoce como "Revolución Cultural" ni fue una revolución, ni tuvo nada que ver con la cultura, más bien al contrario. Se trató simplemente de un ajuste de cuestas entre bandas rivales, dentro del Partido Comunista, y por supuesto, ganó el más canalla: Mao Zedong. En aquella extraña "revolución" en la que un guardia rojo dijo "porque somos rebeldes, obedecemos" .. a Mao, más de 700.000 personas fueron asesinadas sin piedad. Los alumnos apaleaban a sus profesores, los torturadores eran más tarde torturados ... nadie salvo el vicioso Gran Timonel estaba a salvo. El Gran Líder del proletariado, siniestro como el primer emperador Qin o los soberanos de la breve dinastía Sui, tuvo grandes proyectos, y se empeñó en poner en práctica sus ensoñaciones en materia económica, El Gran Salto Adelante, con el resultado de una hambruna como jamás existió en China: 42 millones de muertos. Durante la Revolución Cultural, el poder estuvo en manos de los personajes más desquiciados, como la camarada Jian Qin, la señora Mao. Esta mujer, antigua actriz de nulo éxito, acudió en los años de su juventud a una farmacia de Shanghai porque se encontraba enferma. Explicó a la boticaria sus dolencias y ésta le dio un fármaco. Jian, enojada le exclamó "si no eres médico ¿por qué me ofreces esta medicina?" Pasaron 30 años, pero la boticaria, en los aciagos días de la Revolución Cultural, pagó muy cara su ofensa. Por su parte, Lin Biao, sólo podía descargar el vientre cubierto con una manta. La biografía de Mao que escribió Jonathan Spence (Mao Zedong, a life) teniendo un notable interés carece , sin embargo, de algo fundamental como es la cercanía al personaje. Y precisamente, la proximidad a Mao, es lo que hace que otra obra, concretamente la del doctor Li Zhisui (médico personal del dictador) tenga características que hacen de ella un análisis mucho más certero sobre la personalidad auténtica del Gran Timonel. Mao, fue la encarnación del Partido y China, y cuando creyó que su supremacía política y valores podían ser desplazados por “revisionistas” desencadenó la Revolución Cultural, una ola de violencia ciega que acabó con las vidas de más de 700.000 personas. Mao, fue ante todo una persona despiadada, de origen no exactamente humilde como una buena parte de los mandos del Partido que “controlaba los cuidados médicos de algunos dirigentes, negándose a que recibieran en algunos casos un tratamiento para curar el cáncer que padecían, porque estaba convencido de que esta enfermedad era incurable, y quería que siguieran trabajando para él todo el tiempo que pudiesen , para Mao, el sufrimiento humano era sobre todo una manera de dominar a la gente”. Muchos autores están convencidos de que la Campaña de las Cien Flores, tuvo para Mao unos resultados no esperados, pero lo cierto es que “ le encantaban las historias tradicionales de argucias y engaños. Sabía perfectamente cuándo esperar, cuándo urdir una treta y cuándo retirarse, y también era un experto en atacar oblicuamente. Le gustaba sacar “las serpientes de sus agujeros” , animando a los demás a tratarle con una franqueza que luego utilizaba contra ellos. Mao era un espléndido actor. Era capaz de enviar al exilio a uno de sus seguidores con una historia tan convincente que hasta la víctima se retiraba haciendo reverencias y dándole las gracias”. Todo en Mao, era falso, salvo su crueldad y sus extraordinarias dotes de manipulación masiva. Su régimen proclamaba la austeridad y una moral rigurosa, sin embargo, “tanto el Partido como las secciones políticas del ejército , ambos celosos guardianes de la moralidad nacional, se encargaban de reclutar a jóvenes con un pasado proletario intachable y un excelente aspecto físico, aparentemente para bailar con el presidente, pero también para prestarle un servicio en la cama..”. Como sucede en muchas ocasiones, ver de cerca al mito, lo destruye, y eso le ocurrió al doctor Li: “Yo le veneré hasta 1959. Aunque me encontraba a su lado casi todo el tiempo, lo cierto es que nos separaba una pared mística e inexpugnable. Esta pared me impedía ver cómo era su vida en realidad. Después de 1959 fui penetrando poco a poco esta barrera invisible. Al igual que un actor, Mao salía al escenario con un maquillaje muy elaborado, pero entre bastidores su cara era completamente diferente”. Pero si en el aspecto político el proceder de Mao, animado por un desmedido afán de poder absoluto, sólo puede describirse con los tonos más negros, también es posible afirmar que :”La vida privada de Mao era detestable. En público se mostraba sosegado, digno, cordial y atractivo, dando la imagen de un caballero respetado y ya mayor, pero en realidad era un mujeriego convencido. A medida que envejecía, sus aventuras sexuales se fueron haciendo cada vez más escandalosas y caprichosas”. Termina el doctor Li su libro afirmando:”Quiero que sirva (su libro) para que nunca se olviden las terribles consecuencias que causó la dictadura de Mao y para recordar cuántas buenas personas y de gran valía tuvieron que vivir bajo este régimen obligados a traicionar sus propias conciencias y a sacrificar sus ideales sólo para poder sobrevivir”. Y es que nadie como Li, pudo conocer los peligros que acechaban a todas las personas que vivieron en aquéllas décadas siniestras:”Después de veintisiete años en Zhongnanhai, había aprendido el poco valor que la vida podía tener en aquel lugar. Después de ocuparme durante veintidós años de la salud de Mao, de sus enfermedades y finalmente de su muerte, sabía muy bien que nunca más volvería a sentirme seguro”. Estas palabras, para algunos resultaron ser proféticas, pues en febrero de 1995, el doctor Li moría de un “aparente” ataque al corazón. 7.730.000 personas fueron asesinadas en linchamientos y ejecuciones públicas. Hasta 100.000 millones, una décima parte del total de la población, se vio afectada, expulsada de sus casas, enviadas al campo o internadas en campos de trabajo. El asesino compulsivo Mao Zedong recibió el culto de un dios viviente. Durante la Revolución Cultural –un decaimiento absoluto en la barbarie relativista- se exigió a todo el pueblo chino que practicara rituales pseudoreligiosos de culto a la personalidad. “Pedir instrucciones al Partido por la mañana y rendirle cuentas por la noche”, recordar al líder Mao varias veces por día y desearle longevidad ilimitada y pronunciar consignas políticas al levantarse y al acostarse. Se citaba a Mao todo el tiempo, con axiomas como ‘Combate ferozmente cualquier pensamiento egoísta’ y ‘ejecuta las instrucciones recibidas las entiendas o no; profundiza el entendimiento durante la ejecución’. Sólo se permitía leer su libro y el endiosamiento llegó al punto de que no se vendía comida en los locales gastronómicos a la gente que no pronunciara alguna cita de Mao. Aún hoy en día en la China del partido único, heredero de esa tradición genocida, se venera a Mao, el asesino en serie, el gran sádico, el maldito canalla. Gracias al pensamiento del Presidente Mao, los niñor sordos, puede oír. link: http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=p63xt5AlahY link: http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=UzFmw3A3Rok link: http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=I7pHJvaowj0 Como se puede observar en uno de los vídeos, los japoneses no eran precisamente mancos a la hora de asesinar. A los chinos, los británicos les impusieron como consecuencia de la Guerra del Opio, la libre circulacion de esta sustancia por toda la nación .Sus efectos fueron devastadores. Y es que Gran Bretaña, fue la primera potencia-narco del mundo. La rebelión de los taiping provocó entre 20 y 30 millones de muertos (siglo XIX). Los japoneses cometieron las peores aberraciones durante la guerra de ocupación, pero nada fue comparable a la dominación maoísta. Eso fue todo, saludos
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