El animal merodeaba su propiedad y al atacarla, tuvo que enfrentarlo a mano limpia. Luego, gracias a un hacha pudo matarlo.
Una anciana en Rusia luchó a mano limpia y luego con un hacha, contra un lobo que amenazaba su casa y a sus animales domésticos.
Los hechos ocurrieron la semana pasada en el pequeño poblado de Novo Biryuzyak, en Dagestán, una república de la Federación Rusia colindante con el Mar Caspio y la zona norte del Cáucaso, en las inmediaciones de Chechenia.
Allí, Aishat Maksudova, de 56 años, vive en compañía de su hermana, dedicada al campo y las actividades rurales. Una mañana, sin embargo, la mujer descubrió a un lobo que merodeaba su propiedad.
Ante el ataque del animal, Maksudova no tuvo otra opción más que defenderse a mano limpia, aunque ya el lobo la había mordido un brazo y una pierna, manteniéndola contra el suelo.
Llorando y sin que nadie escuchara sus gritos de auxilio, Maksudova pudo alcanzar el hacha que llevaba consigo para reparar la cerca y, reuniendo fuerzas, asestó varios golpes en la cabeza del lobo hasta que vio que este perdía algunos dientes. Todo ocurría mientras una de sus manos seguía entre las mandíbulas del animal.
Ya en el hospital, la mujer aseguró que nunca tuvo miedo de su agresor.
Una anciana en Rusia luchó a mano limpia y luego con un hacha, contra un lobo que amenazaba su casa y a sus animales domésticos.
Los hechos ocurrieron la semana pasada en el pequeño poblado de Novo Biryuzyak, en Dagestán, una república de la Federación Rusia colindante con el Mar Caspio y la zona norte del Cáucaso, en las inmediaciones de Chechenia.
Allí, Aishat Maksudova, de 56 años, vive en compañía de su hermana, dedicada al campo y las actividades rurales. Una mañana, sin embargo, la mujer descubrió a un lobo que merodeaba su propiedad.
Ante el ataque del animal, Maksudova no tuvo otra opción más que defenderse a mano limpia, aunque ya el lobo la había mordido un brazo y una pierna, manteniéndola contra el suelo.
Llorando y sin que nadie escuchara sus gritos de auxilio, Maksudova pudo alcanzar el hacha que llevaba consigo para reparar la cerca y, reuniendo fuerzas, asestó varios golpes en la cabeza del lobo hasta que vio que este perdía algunos dientes. Todo ocurría mientras una de sus manos seguía entre las mandíbulas del animal.
Ya en el hospital, la mujer aseguró que nunca tuvo miedo de su agresor.