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Regresa el Periódico de la Liga Comunista 23 de Septiembre:, "Madera Periódico Clandestino" ¡¡A leer y difundir Madera y organizarse en torno a sus planteamientos!! http://periodicomadera.mx/ Rafael de la Torre García: El nombre de Madera, siempre lo asocié a un nivel político superior, a la guía ideológica, práctica y de organización de la lucha armada y por supuesto a la actividad político militar de nuestra organización: la Liga Comunista 23 de Septiembre. Madera era sinónimo de clandestinaje, de riesgo, pero también de información, de guía, de dirección. Contar con un ejemplar, pero sobre todo compartirlo en algún círculo de estudio o alguna discusión de grupo, tenía que hacerse con especial sigilo. Cargar uno o varios ejemplares era prácticamente acreditar una ideología, una militancia, al final una pertenencia. Era en todo caso declararse enemigo del régimen, de la desigualdad y de la explotación capitalista, era declararse a favor del socialismo marxista y de la vía de la lucha armada para alcanzarlo. Hacer esto a mediados de la década de los “70 era sinónimo de subversión y por tanto ser considerado como un enemigo del estado. Esto en los tiempos de un régimen priísta anquilosado, denso, absolutamente demagógico y por demás represor. Observando en retrospectiva, la fuerza político militar de las organizaciones revolucionarias de los 60 y 70, nunca fue suficiente para desafiar la capacidad armada del ejército y las incontables corporaciones, regulares e irregulares, con que contaba el gobierno y la burguesía dominante. La fuerza militar no hacía mella, lo que más horadaba en el putrefacto sistema político mexicano era el cuestionar su legitimidad, su abuso, su corrupción, su inconsistencia y sobre todo su desprecio por las mayorías proletarias. Ahí es donde Madera, a pesar de su irregular publicación, de los tirajes limitados, de lo artesanal de su edición y lo riesgoso de su distribución, era fundamental, diría emblemático. Madera era un medio de denuncia, de reflexión, de llamado a la organización y a la lucha armada, en un país en donde los medios de comunicación estaban absolutamente dominados y puestos al servicio de los intereses oligarcas y de su gobierno, en donde ni siquiera simular oposición o apertura era permitido. Recuerdo bien que cuando llegaba a mis manos un ejemplar de nuestro Periódico Clandestino, la emoción y el nerviosismo se hacían patentes, la sonrisa cómplice se iluminaba, la esperanza crecía. Daba un especial gusto saber que la lucha continuaba, que la organización avanzaba y que el mensaje se iba multiplicando en Guerrero, en Sinaloa, en Oaxaca o en la capital del país. Madera transmitía ese ánimoque, a pesar de nuestros rigores como organización clandestina que limitaban el contacto por razones de seguridad, existía un vínculo que nos hacía encontrarnos, que nos acuerpaba, que nos arropaba en un seno común. La aparición de un número más de Madera era en aquellos días una pequeña pero significativa victoria contra nuestros enemigos de clase. En 1977, me invitaron por primera vez a escribir para Madera. Los compas de la organización, mayores en edad y experiencia, nos encargaron a otro compañero y a mí un análisis de los procesos electorales en varias entidades del país; del papel de los partidos políticos; de la vía reformista o revolucionaria para alcanzar el socialismo, y de lo patético que resultaba la democracia burguesa con un partido que obtenía entre 75 y 90% de los votos en elecciones amañadas, autoritariamente fraudulentas y en donde los incipientes partidos de oposición solo eran comparsas testimoniales. Nuestro llamado en ese entonces era justamente a resaltar la ilegitimidad del régimen, a denunciar lo inútil de los procesos electorales, a convocar a la organización proletaria, campesina y estudiantil para derrocar un régimen autoritario disfrazado con piel demócrata – burguesa. Madera daba cuenta con puntualidad de los llamados a no mantener la pasividad, a actuar organizada y decididamente contra la explotación obrera. ¡Huelga política nacional! ¡A formar comités de lucha clandestinos y armados! ¡Viva la Liga Comunista 23 de septiembre! Eran las consignas que animaban nuestro artículo. En este 2010, a casi 33 años de aquella primera incursión en las páginas de Madera, recibo una especial invitación para revivir nuestro órgano de difusión. Me evocan múltiples sentimientos volver a ver las portadas de aquellos periódicos clandestinos de mi época juvenil y revolucionaria, pero mi primerareflexión al recibir esta invitación fue: ¿a qué vamos a llamar hoy a la nación? ¿a qué vamos a llamar hoy al proletariado, a los campesinos, a los estudiantes, a los pobres, a los sectores revolucionarios de México y el mundo? ¿Cuál es la función, en la segunda década del siglo XXI, de un diario revolucionario mexicano?. El mundo cambia en 33 años. Ha pasado prácticamente el mismo tiempo desde mi incursión con la Liga Comunista 23 de Septiembre al día de hoy, que el transcurrido desde el fin de la segunda guerra mundial a mis primeros días de militante de la organización. El planeta de la posguerra era uno. El México post 68 era otro y el mundo global del 2010 otro muy distinto. Muchas cosas han pasado. Países en Europa oriental que nacieron, crecieron, se dividieron y murieron. Modelos de desarrollo como el socialista prosoviético que mostraron sus limitaciones, sus contradicciones internas, su sostenimiento artificial y su inviabilidad. Un capitalismo desencajado que hoy vive gracias a las muletas, el suero y el oxígeno que le prestaron su siempre odiada intervención gubernamental. Una tecnología de comunicación que nos acerca más y más rápido, que derrumba muros en muchos sitios, aunque nuestros camaradas chinos se empecinen en seguir levantándolos para no crear una nueva revolución campesina y proletaria que les desdibuje su plan de posicionamiento estratégico dentro del mundo unipolar capitalista. Una Cuba que pasó de ser progresista y revolucionaria a retrógrada, conservadora y dictatorial y que cumple 50 años bajo el liderazgo familiar de los hermanos Castro. Un México que pasó de ser demagógico, ilegítimo, cerrado, unipartidista y represor, a rehén de la lucha armada de los criminales mafiosos que lo mismo controlan el narcotráfico, el secuestro, la piratería, la prostitución y el comercio callejero y que además son los verdaderos dueños de las corporaciones policiacas del país. Mientras el sistema económiconacional convierte a empresarios locales en los hombres más ricos del planeta, expoliando familia por familia, por segundo o por minuto, generando rentas y negocios que solo propician una mayor desigualdad y esquemas insultantesde concentración del ingreso. México que antes era la nación de un solo hombre, semidiós, el presidente de la república, pasó a ser una nación en donde el presidente es el encargado de un changarro de segunda, ineficiente, caro, muy repartidor de favores, cuya única preocupación es la siguiente elección y cumplirle a sus patrocinadores de la anterior. Pasamos en estas últimas tres décadas por experiencias organizativas y de lucha social diversas. El levantamiento zapatista de 1994, las escisiones de EPR y movimientos locales reivindicadores. Lo que en particular ha quedado claro, es que no existen las condiciones, ni el liderazgo, ni el ánimo social nacional propicio para erigir a la vía armada como ruta del cambio social. Más aún, no existe un modelo de nación, económico y social que se plantee como alternativo al capitalismo dependiente en que vive México. La ruta electoral a la que se han sumado viejos y nuevos luchadores sociales no ha propiciado mejores condiciones de vida a nuestros compatriotas. La democracia mexicana es hoy una de las más endebles y menos efectiva. La desigualdad crece cada día y el modelo económico es altamente concentrador. Las corporaciones internacionales tienen de rehén a nuestro país y lo expolian día a día en el comercio, la industria y las actividades agropecuarias. México no es mejor que hace 30 años, es distinto, pero sus bases estructurales siguen siendo las mismas. Beneficios crecientes para pocos, pobreza, marginación y desprecio para la mayoría. La tenue diferencia es que en los 70 luchábamos por evitar la explotación, es decir, apropiarse del trabajo de otros, hoy en el 2010 nos expolian sin siquiera ofrecer trabajo, nos han hecho rehenes del consumo y ya no necesitan darnos empleo para saquearnos. Un obrero explotado en una fábrica hace 30 o 40 años parecería un trabajador privilegiado en nuestros días. Primero porque tiene trabajo y un ingreso mínimo pero seguro, segundo porque tenía acceso a una base de prestaciones sociales inexistentes hoy, y tercero porque el riesgo de perder el trabajo y no encontrar uno nuevo era bajo. Hoy hablar de luchar contra la explotación tiene una connotación diferente, la economía se mueve en grandes bloques globales que afectan ramas industriales enteras y que desprecian los efectos sociales de sus decisiones. El capitalismo se volvió tan voraz que se consume a sí mismo y hoy vive, paradojas aparte, gracias al apoyo de recursos públicos que le dio una horas extras de vida en lo que se reorganiza el sistema financiero y reconoce sus nuevos límites de expansión. En este contexto ¿Cuál es el nuevo llamado de Madera? Desde mi perspectiva debemos recuperar en el nuevo Madera, su esencia de ser un medio de comunicación, de acuerpamiento, de identificación. De seguir siendo un medio de crítica, de denuncia pero sobre todo de reflexión y análisis de alternativas. ¿Cuál es el modelo de desarrollo para México en un mundo global como el de la segunda década del siglo XXI? ¿Qué estrategia social y política debemos implementar para luchar contra la desigualdad, la pobreza y las nuevas formas de explotación? ¿Es hoy nuestra lucha, una lucha de clases?, ¿Es la organización clandestina y armada una vía de lucha para la reivindicación de la sociedad marginada?, ¿Es la competencia político electoral una vía para impulsar los cambios y transformaciones que nos acerquen a una sociedad menos desigual?. Estas son solo algunas de las muchas interrogantes que deberíamos ir dando cuenta y debatiendo en la nueva época de Madera, pero no como un hecho fundacional, sino como continuidad de las reflexiones y propuestas que se han venido articulando ininterrumpidamente desde diferentes frentes a lo largo de ya muchos años. El nuevo llamado de Madera, debe, sin duda, incorporar la experiencia de los movimientos clandestinos y armados que han existido desde hace décadas en nuestro país en las luchas sociales y políticas actuales, y hacer una reflexión crítica de sus expresiones contemporáneas como el EPR, ERPI y demás derivaciones y sus similares en Latinoamérica como las FARC. La lucha sigue, eso es indudable. ¿Pero cómo darle un sentido de mayor unidad, cohesión y dirección?, ¿Qué objetivos, que medios, que metas y que tiempos tiene hoy nuestra nueva revolución?. La idea es justamente que construyamos colectivamente estas respuestas y demos cauce a la energía y experiencia de los luchadores sociales, de las comunidades, las organizaciones obreras, campesinas y estudiantiles en la conformación de un nuevo y amplio movimiento social transformador. ¡¡En alto la bandera de la lucha revolucionaria!! ¡¡A leer y difundir Madera y organizarse en torno a sus planteamientos!! ¡¡Proletarios de todos los países: Uníos!!
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