La Crisis de los Misiles en Cuba tuvo al mundo en vilo durante 13 días en octubre de 1962, con EE. UU. y la Unión Soviética al borde del conflicto nuclear. La crisis se gestó durante varios meses y se cerró definitivamente a comienzos de noviembre con la retirada de los misiles soviéticos. La instalación de bases militares en Cuba había empezado en julio y los estadounidenses habían descubierto las primeras pruebas en agosto de 1962. Los días más tensos fueron a partir del 14 de octubre. Aviones espías estadounidenses U-2 fotografiaron ese día rampas para misiles de medio y largo alcances SS-4 y SS-5 cerca a San Cristóbal, en la provincia de Pinar del Río (occidente de Cuba). La primera vez que ese 16 de octubre de 1962 tuvo ante sus ojos las fotos que desataron la Crisis de los Misiles en Cuba, el presidente de EE.UU., John F. Kennedy, pensó que lo que veía no parecía más que un "campo de fútbol". Pero su equipo de Inteligencia no tardó en desengañarle: la CIA estaba segura de que las fotos mostraban rampas para SS-4, misiles rusos de alcance medio capaces de llevar una cabeza nuclear. Y estaban en Cuba. A tan solo 140 kilómetros de Estados Unidos, con capacidad para destruir buena parte de las ciudades de EE.UU., incluido Washington, en cuestión de minutos.
Fidel Castro creía que era inevitable el conflicto y estaba decidido a aceptar ese riesgo. Según el, por entonces presidente de EE.UU., J.F. Kennedy la guerra total no tienía sentido en una era en la que las grandes potencias pueden mantener grandes y relativamente invulnerables fuerzas nucleares y se niegan a rendirse sin recurrir a esas fuerzas. Ambas partes demostraron que si el deseo de evitar una guerra es lo suficientemente fuerte, incluso la disputa más apremiante puede ser resuelta con un compromiso. El mundo, ajeno a estas disputas de poder, veía cómo la vida en el plante estaba a punto de ser finalizada. Si bien Kennedy optó por el bloqueo marítimo en lugar de operaciones militares, en los siguientes días se multiplicaron de nuevo potenciales detonantes de la tan temida guerra nuclear. El momento más peligroso fue el 27 de octubre. Un día que comenzó con el derribo por las fuerzas cubanas de un U-2 que provocó la muerte del piloto estadounidense Rudolf Anderson, para gran enfado de Jruschov, como se constata en una serie de mensajes entre Castro y Jruschov.
Kennedy optó por no contraatacar. Desoía a los no pocos generales que pretendían la guerra. Casi a la vez, un submarino soviético B-59 que había perdido contacto con Moscú se veía obligado a emerger a causa de una granada lanzada por un destructor de EE. UU. en aguas cubanas. Su capitán, Valentin Savitsky, quería lanzar un torpedo nuclear, pero su comandante Vassili Arkhipov lo prohibió y le convenció para emerger. Trece días después, Castro fue excluido de las negociaciones y por ello estallaba en ira.
Las autoridades estadounidenses han divulgado unas 2.700 páginas de documentos relacionados con la crisis de los misiles en Cuba de 1962, de la que se cumple en estos días el 50 aniversario, en los que se desvelan detalles de un esfuerzo diplomático secreto con el régimen castrista para retirar los misiles soviéticos de la isla.
El centro de investigación independiente National Security Archive (NSA, en inglés) ha difundido en su web los documentos desclasificados el día anterior, incluyendo apuntes hechos por Robert F. Kennedy, entonces fiscal general y hermano del presidente John F. Kennedy, durante reuniones sobre seguridad nacional.
Entre los documentos, facilitados por la Biblioteca Kennedy, figura el borrador de una carta dirigida a Fidel Castro, identificado como el "señor F.C.", día después de que el presidente Kennedy se enterase de la existencia de los misiles.
La misiva incluía una advertencia a Castro de que al desplegar los misiles balísticos en la isla, los soviéticos "habían generado asuntos graves para Cuba" y que si los misiles permanecían sobre territorio cubano provocaría que EE.UU. tomara "medidas de vital importancia para el futuro de Cuba".