El Equeco es una leyenda, basada en una deidad de origen colla, que representa al dios de la fortuna. En el altiplano andino se le presta culto, y se realiza anualmente, en el solsticio de verano, la feria de la Alasita, dedicada al Equeco.
Se lo representa generalmente mediante una pequeña figura de cerámica, de un hombrecito, parecido a un geniecillo o un duende, bien vestido y cargado de paquetes. Los paquetes representan la abundancia, gracia que todos le piden con devoción.
El culto al Equeco exige que se le dejen ofrendas: alcohol y cigarrillos. De hecho, las figurillas del Equeco suelen tener una hendidura en los dientes, donde se le deja un cigarrillo para que la deidad lo “fume”.
La existencia del Equeco data de muchos siglos antes de la conquista de América por parte de los Españoles, y, a pesar de la agresiva evangelización que se implementó sobre el continente, ésta, como muchas otras tradiciones precolombinas, logró persistir.
El origen se sitúa en la cultura Tiwanacu. Esta tribu fue conquistada primero por los Aymara y luego por los Incas, pero la tradición se mantuvo. Todavía se conservan antiquísimas estatuillas de la cultura Inca que lo representan como un enano jorobado, provisto de un gran falo. El estar desnudo era símbolo de la fertilidad.
Actualmente en el norte de Argentina, ciertas zonas de Perú y Bolivia se continúa practicando el culto del Equeco. Se le debe dejar dinero a un costado, para que lo haga multiplicar. También hay que tener cuidado que el cigarrillo que se le ofrende solo sea consumido hasta la mitad. Se le deben dejar reproducciones en miniatura de lo que se desea, por ejemplo un automóvil, o una casa. Si lo que se desea es amor, se le deberán dejar miniaturas de gallos y gallinas.
El Equeco tomó una relevancia especial para el pueblo de argentina, durante la década de los ochenta, en un período en el que el país fue azotado por una hiperinflación devastadora para la economía y la actividad del país. Durante este período se hizo extensivo el culto del Equeco, ya que las personas compraban la estatuilla y le ponían dólares, moneda que parecía no tener techo en cuanto a su precio, en detrimento de la golpeada economía nacional.e