Había una vez
un apuesto joven
que le preguntó
a la bella muchacha:
- ¿Te querés casar conmigo?
Y ella,
dulcemente,
le respondió:
- No.
Y el príncipe vivió feliz por muchos, muchos años yendo a pescar, a cazar
y a boludear todos los días con sus amigos.
Y tomaba mucha cerveza, whisky, vino y champaña.
Se ponía en pedo
cuantas veces quería.
Jugaba al golf y comía caviar porque le alcanzaba la guita para eso y para mucho más.
Dejaba el saco tirado en la silla del comedor.
Tenia sexo con mujeres de la noche, con vecinas, con compañeras de trabajo y con amigas.
Jamás fue cornudo.
No tenía que competir con vecinos y amigos por el mejor auto, el mejor lugar de vacaciones, etc.
No tenía que pelearse en su trabajo por pasar por encima de sus compañeros para ganar más que ellos.
Y se tiraba pedos a dos manos.
Iba al baño con la puerta abierta.
Y al mear salpicaba la tabla del hinodoro.
Y cagaba leyendodiarios, libros y revistassin límite de tiempo.
Y cantaba eructando.
Y se recontra-rascaba, pero bien rascados los huevos.
Y miraba películas porno y películas de terror y fútbol y deportes de todo el mundo todo el fin de semana.
Y nadie, nadie pero nadie, le rompía las pelotas.
Y vivió muchos años.
Pero...
¿Fue feliz?
¡Por supuesto!
Fin
un apuesto joven
que le preguntó
a la bella muchacha:
- ¿Te querés casar conmigo?
Y ella,
dulcemente,
le respondió:
- No.
Y el príncipe vivió feliz por muchos, muchos años yendo a pescar, a cazar
y a boludear todos los días con sus amigos.
Y tomaba mucha cerveza, whisky, vino y champaña.
Se ponía en pedo
cuantas veces quería.
Jugaba al golf y comía caviar porque le alcanzaba la guita para eso y para mucho más.
Dejaba el saco tirado en la silla del comedor.
Tenia sexo con mujeres de la noche, con vecinas, con compañeras de trabajo y con amigas.
Jamás fue cornudo.
No tenía que competir con vecinos y amigos por el mejor auto, el mejor lugar de vacaciones, etc.
No tenía que pelearse en su trabajo por pasar por encima de sus compañeros para ganar más que ellos.
Y se tiraba pedos a dos manos.
Iba al baño con la puerta abierta.
Y al mear salpicaba la tabla del hinodoro.
Y cagaba leyendodiarios, libros y revistassin límite de tiempo.
Y cantaba eructando.
Y se recontra-rascaba, pero bien rascados los huevos.
Y miraba películas porno y películas de terror y fútbol y deportes de todo el mundo todo el fin de semana.
Y nadie, nadie pero nadie, le rompía las pelotas.
Y vivió muchos años.
Pero...
¿Fue feliz?
¡Por supuesto!
Fin