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La Chica del Mar

Info8/22/2012
Starr Faithfull: "La Chica del Mar"



“La vida es bella cuando a uno sólo le quedan veinticuatro horas”.
Starr Faithfull en su carta final


En la familia Faithfull nada era como aparentaba, especialmente en el caso de Starr, la hija mayor. Starr Wyman nació el 27 de enero de 1906. Era hija de Frank Wyman II, un hombre de negocios oriundo de Chicago y educado en Harvard, y de Helen MacGregor Pierce, perteneciente a una prestigiosa familia de Boston que se declaraba emparentada con un presidente estadounidense del siglo XIX. Cinco años más tarde la pareja tuvo otra hija, Tucker; pero el matrimonio fracasó y Helen y las niñas comenzaron a pasar largas temporadas con su acaudalada familia. En 1918, Wyman consiguió un empleo en París y Helen depositó toda su confianza en una prima segunda, Martha, casada con el alcalde de Boston, Andrew Peters.



Starr Faithfull cuando era niña, corriendo en la playa con su perro


Andrew Peters tenía cincuenta y nueve años y aspiraba a coronar su triunfal carrera política con el cargo de gobernador de Massachusetts. Peters, un rico abogado miembro de una de las familias más antiguas del estado (el primer Andrew Peters llegó en 1657 procedente de Inglaterra), trabajó como subsecretario del Tesoro durante el mandato del presidente Woodrow Wilson y de 1917 a 1921 fue alcalde de Boston, cargo para el cual tuvo que vencer al abuelo del presidente Kennedy. Fue en el transcurso de la campaña para alcalde cuando comenzó a sentir un interés malsano por Starr, a quien acostumbró a considerarlo como padre sustituto. Entonces Peters contaba cuarenta y cinco años y ella once; y continuó ejerciendo su dominante influencia a lo largo de toda la adolescencia de la joven. Andrew Peters había hecho un buen matrimonio y tenía seis hijos, todos ellos varones. Le gustaba divertirse en sus ratos de ocio y se había equipado para ello con una granja de caballos, una lujosa casa de veraneo en una isla próxima a la costa de Maine y un magnífico yate.



Starr Faithfull escuchando caracolas, obsesionada con el mar


Starr era una preciosa jovencita de once años cuando Peters comenzó a sentir un vivo interés por “Bamby”, como la llamaba, y se dedicó con entusiasmo a ejercer el papel de padre. Fue por aquella época cuando la niña se convirtió en una preocupación para sus profesores: se volvió huraña, sensible y reservada; leía libros poco apropiados para su edad y confiaba sus sentimientos a un diario. En 1921, con el dinero de Peters, enviaron a Starr a Rogers Hall, una distinguida escuela para señoritas del norte de Boston. Después de pasar el verano de 1923 en Maine, invitada por los Peters a su casa de veraneo, la joven comenzó a mostrar súbitos cambios de carácter: unas veces se maquillaba en exceso y otras se vestía con ropa de hombre. En ocasiones tenía una rara expresión en los ojos, como si estuviera drogada. Los Wyman se divorciaron en 1924 y el 7 de febrero de 1925 Helen se casó con el viudo Stanley Faithfull. La recién inaugurada familia se instaló en West Orange, una población de Nueva Jersey, al otro lado de Hudson; entretanto, Stanley trataba de involucrar en sus negocios a los inversionistas neoyorquinos. Dichos inversores parecían poco dispuestos a secundar sus planes y los Faithfull estaban pasando serios apuros económicos cuando la ayuda les llegó de un modo bastante peculiar.



La familia Faithfull: los padres y la hermana de Starr


De acuerdo con la versión de los Faithfull, el 26 de junio de 1926 Andrew Peters, que se encontraba en Nueva York, recogió a Starr, quien entonces tenía veinte años, para llevarla a ver un espectáculo de Broadway. Al rato llamó por teléfono a la casa de West Orange y comentó que, como se estaba haciendo tarde y amenazaba tormenta, se las iba a arreglar para que “Bamby” pasara la noche en el hotel Biltmore. A la mañana siguiente, cuando la joven regresó a su casa, aturdida y con la mirada perdida, se refugió inmediatamente en su cuarto. Veinticuatro horas más tarde mantuvo una íntima conversación con su madre, en la que le contó una escalofriante historia de corrupción de menores con el alcalde de Boston como protagonista. Andrew Peters había empezado instruyéndola acerca de “las cosas de la vida”, haciéndole leer en voz alta algunos párrafos de los libros de Havelock Ellis, uno de los pioneros de la sexología y abogado del amor libre. Luego, gradualmente, pasó a “pervertidos actos sexuales” cuyos detalles nunca se hicieron públicos. Aquellas relaciones llegaron a su punto culminante la noche del 26 de junio, cuando Peters emborrachó a Starr, se registró con ella en el hotel Astor, de Times Square, como padre e hija, y por primera vez mantuvieron una relación “normal”; al menos así lo aseguraron los Faithfull. La madre de la joven, angustiada, comentó todo aquello con una de sus amigas de Boston; ésta se puso en contacto con un abogado, quien presionó al alcalde para que contribuyera a sufragar los gastos de la rehabilitación emocional de Starr.



Andrew Peters


En agosto de 1927, Andrew Peters pagó $25,000.00 dólares, de los cuales $5,000.00 fueron a parar al abogado. Lo que quedó después de atender las deudas más urgentes de la familia se empleó en un psiquiatra para Starr y en una serie de viajes transoceánicos. Según declaró su padrastro a los detectives, eran lo único capaz de proporcionar a la joven “placer y reposo mental”. Starr satisfizo su afición a la buena ropa y asistió a una escuela de pintura. La joven visitó Londres y París, el Mediterráneo y las Indias Occidentales. Lo que más le gustaba de todo era Londres, especialmente Chelsea, y entre 1927 y 1930 viajó en cinco ocasiones a la capital británica.



Starr Faithfull


Starr era adorable, pero nadie la quería; se hacía pasar por una niña bien, pero se dedicaba al chantaje; coqueteaba descaradamente, pero el sexo la aterraba. Sólo era una joven caprichosa, obsesionada con registrar cosas en su diario. El diario comenzaba el 1 de septiembre de 1926, el mismo día en que Starr regresó de su primer viaje al extranjero, y continuaba de forma esporádica hasta el 3 de junio de 1929, con enormes lagunas entre unas anotaciones y otras. La Starr del diario acababa de salir de la adolescencia y de la traumática experiencia sufrida con Peters: una joven huraña, desconcertada, a quien disgustaba su padrastro.“Stanley es HORRIBLE. ¡Cómo odio a Stanley!” Estos comentarios eran abundantes. La última anotación recogía un tema constante: “Dios maldiga esta casa”. Dos días después de la noche pasada en el Hotel Astor y apenas dos horas después de su supuesto derrumbamiento y de la confesión realizada ante su madre, Starr emprendió su primer viaje transoceánico: un crucero de nueve semanas por el Mediterráneo a bordo del California. Regresó del viaje perdidamente enamorada de un tal “H. M.”, a quien los Faithfull identificarían como Herbert Miller, uno de los directores del crucero. “Oh, Dios mío”, se lamentaba al segundo día de su vuelta. “Estoy locamente enamorada de H.M. y dispuesta a suicidarme si no lo vuelvo a ver”. Su madre actuó como intermediaria para arreglar una última y conmovedora entrevista con Miller, que estaba casado, antes de que el California zarpara hacia Inglaterra. Al poco tiempo, Starr centró su atención en otro hombre mayor que ella, Edwin Megargee, un pintor especializado en retratar perros. “Le he dicho que lo único que deseo en este mundo es amor”, escribió la joven en su diario. Según sus propias palabras, estaba “trastornada, deprimida, nerviosa y asustada”, cuando sus padres contrataron los servicios del doctor William Van Pelt Garretson, un psiquiatra de moda de la Quinta Avenida que prescribió una terapia bastante radical para borrar las heridas infligidas por Peters y recomendó a los Faithfull que a la paciente le convenían “unas relaciones sexuales normales”.



Para ello los Faithfull eligieron a Megargee, un cuarentón soltero que, al parecer, había vivido una breve aventura con la madre de Starr. Megargee cumplió su cometido y durante algún tiempo la joven estuvo inmersa en una especie de éxtasis, sin sospechar jamás que no se trataba de una “relación auténtica”, como su madre la describió despiadadamente. El álbum de recortes de Starr recogía algunos detalles de un viaje realizado con Andrew Peters en 1923, cuando no era más que una colegiala de diecisiete años. En su diario, durante el año 1927, Starr escribió: “2 de abril (sábado). He subido a la habitación de Edwin y no puedo repetir ni la finalidad ni el resultado de la llamada, porque temo que alguien pueda leer este diario. Sólo puedo decir que esperaré al jueves.

“3 de abril. Le he dicho a mamá lo que pasó el sábado. Edwin dijo: ‘De acuerdo, pequeña’ cuando le ofrecí pasar la noche en su estudio, y nunca se lo hubiera propuesto de haber sabido que lo tomaría en serio.

“6 de abril. Mañana es el día. Mañana por la noche es la cita con Edwin.

“8 de abril. Ahora me siento agotada, mareada y muy contenta. Mamá dice que está encantada de que sucediera y que fui una buena chica. Pienso constantemente en ello y estoy impaciente por ver a Edwin.

“14 de abril. Por fin Edwin está realmente enamorado de mí. Parecía ansioso por pasar otra noche de amor.

“20 de abril. Mamá y yo tuvimos una conversación acerca de los hijos y las precauciones que hay que tomar, y de un montón de cosas sobre las que no me gusta escribir.

“27 de abril. Hablé un poco con Tucker de lo mío con Edwin y ahora estoy furiosa por haberle dicho nada.

“9 de junio. Fui a ver al doctor Garretson y lloré, lo cual pareció afectarle mucho.

“10 de junio. Fui a comer, al cine y a un restaurante chino con mí querido Edwin, que quiere ir a un hotel conmigo”.



La “aventura” terminó, muy juiciosamente, con el primer viaje realizado por Starr a Gran Bretaña acompañada de una institutriz. No sólo el diario, sino también el drástico psiquiatra revelarían la estrategia pergeñada por Stanley para sacarle el dinero a Andrew Peters, el seductor de la joven, amenazándole con hacer públicos los hechos y demandarlo judicialmente. Todos los miembros de la familia participaron en el asunto y Starr, “completamente paralizada”, se vio obligada a testificar ante varios abogados, quienes cerraron un acuerdo económico a cambio de un documento firmado en el que se protegía al entonces alcalde de Boston de cualquier futura “reclamación” por parte de los Faithfull. El premio para Starr fue un nuevo viaje, el primero que hizo a Gran Bretaña. Su regreso a casa, el 1 de agosto de 1927, quedó alegremente registrado en su diario. “¡Dios mío, qué día tan extraordinario! Mamá y Stanley estaban esperándome en el muelle. Stanley tiene un aspecto tan bueno que no le reconocí. ¡Todo es increíblemente maravilloso! La estrategia de Stanley ha sido un éxito y hemos conseguido $20,000.00 dólares del viejo A. Tendremos un coche nuevo y una motora, y todo lo que queramos. ¡Estaba tan nerviosa y tan asustada! ¡Oh, Dios mío, cuánto quiero a Bill!”



George Jameson Carr


Biil era el doctor George Jameson Carr, médico del "Aurania", el barco que llevó a Starr hasta Glasgow en el trayecto de ida. La aventura con Megargee no sólo no había surtido el efecto deseado, sino que la volvió aún más maníaca. “Fui a dar una vuelta y compré más provisiones en una farmacia”, escribió en su diario el día que se embarcó. “Me he emborrachado con los chicos de Wright... terriblemente borracha”. El enamoramiento por el doctor Carr no tuvo un buen comienzo. Un día le avisaron para que atendiera un caso urgente en un camarote y encontró a Starr completamente borracha en compañía de un hombre. “Se hallaba en estado de coma; de hecho creí que había muerto”, declararía el médico. En el transcurso del viaje la joven confió todos sus secretos al atractivo doctor, especialmente la experiencia sufrida con Peters, y cómo el éter y los somníferos la reanimaban y ayudaban a olvidar el pasado. En agosto de 1928, cuando Carr llegó a Nueva York a bordo del "Aquitania", ella hizo cuanto pudo para despertar sus celos: se emborrachó en compañía del ayudante de Carr, el doctor Lancaster, y luego le contó que había pasado la noche con él en un hotel. Un mes más tarde, Carr estaba en Liverpool a punto de zarpar con destino a Boston cuando Starr, sin un solo penique, ni siquiera un bolso de mano, se presentó en el muelle. Le dijo que se había escapado de su casa y embarcado en el “Franconia” para ir a Londres en busca de Lancaster, pero se había quedado sin dinero. Carr le pagó el pasaje de vuelta a Estados Unidos, donde su comportamiento se volvió cada vez más autodestructivo. La noche del domingo 30 de marzo de 1930 la encontraron en la habitación de un hotel cerca de Central Park, en compañía de un hombre de mediana edad. Se habían registrado con el nombre de Joseph y Marie Collins. Starr yacía en el suelo, desnuda e inconsciente; le habían dado una paliza terrible y estaba completamente borracha. La trasladaron en una ambulancia al hospital Bellevue. El hombre consiguió escapar y nunca llegaron a identificarlo. Starr no se acordaba de nada; solamente dijo: “Estuve bebiendo ginebra hasta perder el conocimiento. Supongo que alguien me golpeó un poco”. Aquel mismo mes le sucedió algo parecido en el hotel Montclair, en Lexington Avenue, aunque esa vez no la hirieron. Ese verano, de regreso en Londres convenientemente acompañada por una institutriz e instalada en un tranquilo hotel de Kensington que eligió su padrastro, estuvo a punto de morir a causa de la ginebra y el Veronal (un barbitúrico). La institutriz, una tal señorita Little, relató las correrías nocturnas de la joven por las calles, descalza y en pijama. Pero sus escapadas en Nueva York no se quedaban atrás, de acuerdo con lo que tiempo después contaría Vivian Denton, propietaria de un bar clandestino, en el área de los clubes y bares de Greenwich Village, entre las que se incluía un striptease espontáneo efectuado por Starr ante la clientela masculina, mientras el pianista interpretaba la canción “Papá me mece con una dulce nana”.



El doctor Carr


Rex Fairbanks, un despilfarrador profesional, recordaría a Starr como “una campeona en el deporte del amor” y declaró haber sido su amante durante sus últimos meses de vida. Pero describió la actitud de la chica ante el sexo como“totalmente confusa” y opinaba que “vivía en un mundo ilusorio”. Por entonces Starr mantenía correspondencia con Rudolph Haybrook, un artista que había sido su mejor amigo en Londres (y que más tarde se convertiría en el prometido de su hermana). Sus cartas expresaban la nostalgia que sentía por Chelsea; por Cadogan Arms ("El verano pasado sí que bebimos cerveza..."); por un “buen whisky doble” en el Six Bells, o por las excursiones a la tienda de Woods. Haybrook conservó siempre la última carta que le envió Starr. “Ya tengo la reservación de mi pasaje en el ‘Franconia’, que zarpa de Nueva York el 30 de mayo. Uno de mis amigos viaja en este mismo barco, lo cual explica mi decisión. En cuanto el barco deje atrás la Estatua de la Libertad comenzaré a creer en Dios, en las hadas, en Santa Claus y en todo eso. ¿Sí? ¡Sí!”



Las cartas dirigidas por Starr a su madre en 1929 muestran un enorme entusiasmo que contrasta terriblemente con sus momentos de desesperación. Estos extractos están fechados poco tiempo después de un intento de suicidio: “En lo relativo a amoríos, ahora mismo no tengo ninguno: estoy pasando una fase platónica después de mi pelea con D. B. a causa de la sobredosis. La última vez que lo vi parecía un pájaro gordo con ojos grandes y alucinados. El resto de mis ‘amores’ no están aquí. D.B. es demasiado débil para suplicarme. R.H., el pintor, era demasiado brusco. Cuando una persona se comporta bruscamente yo hago lo mismo y el resultado es un ruido tan endemoniado, que hasta el casero se queja. Un hombre llamado lord Brendon quería que fuera con él a Budapest (¿cómo demonios llamarías tú a eso?). Como ya te dije, me he vuelto muy platónica. Y es un estado magnífico. ¡Ciao!”



Durante su última visita a Londres, que duró de junio a noviembre de 1930, su familia se trasladó a Greenwich Village. Los muelles de la naviera Cunard quedaban a unos pocos minutos en taxi y desde el apartamento de St. Luke's Place, en el último piso del edificio, se podían oír perfectamente las sirenas de los grandes trasatlánticos. Pero aquel verano de 1931 Starr no pudo disfrutar de un nuevo viaje de placer. Por aquella época la ruina de los Faithfull era más grave que nunca y Stanley intentaba ganarse la vida vendiendo colchones de hule. El 4 de mayo, una llamada urgente efectuada desde Boston volvió a desenterrar el pasado. El secreto del acuerdo con los Peters parecía haberse quebrado: alguien que decía ser periodista estaba haciendo investigaciones acerca del abogado de Peters. A medida que se aproximaba el mes de junio, Starr parecía más y más preocupada; desquiciada incluso. Las heridas que el largo aprendizaje en prácticas eróticas había dejado en ella eran mucho más profundas de lo que su propia familia estaba dispuesta a admitir.



El 29 de mayo, Starr subió al barco “Franconia” para despedirse del doctor George Jameson Carr, el médico del barco y, según diría después la señora Faithfull, buen amigo de la joven. Starr se había enfadado con Carr, quien bebió más de la cuenta y le dejó para reunirse con un director de cruceros llamado Francis Peabody Hamlin; también estuvo con dos “tipos maravillosos”: Bruce Winston y Jack Greenaway. Según le comentó a su hermana, este último era “alto, moreno y muy guapo”. Stanley Faithfull salió con destino a Boston a mediados de semana y entonces el ritmo de vida social de Starr se aceleró extraordinariamente. Al parecer, se vio varias veces con Hamlin y se encontró otras tantas con Winston y Greenaway, eventos que les contó a su madre y a su hermana. También les comentó que había acompañado a Hamlin al estudio del famoso pintor Harry Stoner y asistido a una fiesta celebrada en honor de Miriam Hopkins, la célebre actriz. La tarde del jueves 4 de junio, la joven volvió a casa completamente borracha y dijo que tenía una cita aquella misma noche con Hamlin. Cuando la madre mostró su desacuerdo, Starr se puso histérica; entonces su hermana intentó despejarla echándole agua encima y luego le tapó la boca con una toalla para que dejara de gritar. Lo cual no fue lo bastante eficaz, porque volvió a salir aquella noche. Regresó a casa alrededor de las 02:00 horas y contó que había estado en un bar clandestino (por primera vez en su vida, según la versión que brindaría su madre) y que había dado un largo y divertido paseo en coche en compañía de Greenaway y de Hamlin.



Continua: 2º Parte: VI
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