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Guion del Capitulo 05x03 de hora de aventura

Info11/11/2012
Capítulo 3: Suerte mortífera.


Me desperté atónito y muy confundido observando de donde provenía el ruido. Por un momento creí haber vuelto al pasado cercano, a horas atrás donde las personas no morían debido a una nevada mortal…

- ¿Un traje?... ¿Un traje para qué Jake? – Pregunté sin comprender a lo que se refería.

- ¡Para aislarnos de los copos Finn!... Esas cosas matan al solo contacto con tu piel, si esas cosas nos tocan, ¡Sería nuestro final! – Contestó mi hermano exageradamente agitando los brazos como si fueran serpentinas.

- Cierto… Tronquitos… - Suspiré resignado recordando la fatídica escena en donde Tronquitos se desplomó inerte sobre el suelo cubierto de copos fluorescentes.

- No es tiempo para deprimirse, vamos con los demás – Sentenció Jake alargando su brazo para abrazarme. De esta manera, caminamos para encontrarnos en la sala de estar con los demás.

- El traje esta totalmente hecho, nos quedaría crear un filtro para la casa y no tendremos más problemas para subsistir aquí adentro… Neptor, ¿Has terminado? – Le preguntó la Dulce Princesa al pequeño robot.

- Ya casi… ¡Hecho! – Confirmó con una mueca de felicidad en lo que parecería ser una boca mientras levantaba su mano intentando simular un pulgar.

En ese momento llegamos hasta la sala de estar, muchos de los presentes me dirigieron una mirada discreta que yo ignore; ninguno se atrevió a hablarme.

- Bonnibel, ahora me probaré el traje… - Comentó Marceline, la reina vampiro, con una media sonrisa indicando seguridad.

- Espera Marcy, ¿Y si tiene fallas? – Pregunté preocupado, realmente no quería que fuera ella la que tuviera que salir.

- Tranquilo, este traje está herméticamente sellado, ninguno de esos copos podría atravesarlo – Contestó sin perder los estribos, la reina vampiro.

- Pero… No esta bien, debería probármelo yo primero; tú eres mas necesaria para la sobrevivencia del grupo – Argumenté preocupado. Si bien era todo cierto, Marceline era muy importante para mí como para arriesgarme a perderla. En realidad, no dejaría que nadie se arriesgará aunque no fuera de mi agrado.

- Yo debería hacerlo, fui quién lo creo y si ocurriera alguna falla podría solucionarla sin que ocurriera ningún desastre – Comentó La Dulce Princesa en un fallido intento de mostrar valentía. Sin duda, ella no quería ser su propio conejillo de indias pero su responsabilidad le obligaba a fingir, por lo menos, interés.

- Es una verdadera pena, yo me pondría el traje si no fuera super sexy; ahora puedo llegar a ser uno de los últimos ejemplos de la belleza… ¡¿Qué sería el mundo sin belleza Finn?! – Añadió, sin mucho aporte, la princesa grumosa. Ni siquiera nos habíamos molestado en prestarle atención, el debate era serio en demasía.

- DP, eres tan necesaria como Marceline para que el grupo se mantenga con vida; insisto en que debo ir yo – Declaré con algo de rencor en mi voz, estaba muy enojado con ella por lo sucedido momentos atrás.

- Yo iré Finn, no tengo ningún problema en ponerme el traje y… - Comento mi hermano antes de terminar de hablar. Arcoiris interrumpió diciendo algo en coreano que tan solo él entendió - Mi caramelito dice que lo dejemos a la suerte con dados o algo así…

- Me parece perfecto… - Dijimos todos al unísono. Jake se estira hasta una mesa y agarra un dado.

- El que esté más cerca de seis, será el que se ponga el traje… ¿De acuerdo? – Propuso Jake, todos asentimos.

La primera en lanzar fue Bonnibel, a quién se le notaba muy nerviosa. El dado rodó hasta que se estancó en un tres. No era un número alto por lo que respiró tranquila aunque no mucho, su pelo permanecía enmarañado y varias gotas de sudor se pegoteaban con su dulce piel.

- Eso si que fue mala suerte… - Rió nerviosamente Bonnibel mientras se alejaba de la mesa.

Luego fue el turno de Jake, quién junto sus manos y las convirtió en una especie de cubo que contenía dentro al dado que fue agitado repetidamente.

- Aquí viene el seis damas y caballeros – Dijo Jake creando una abertura en el cubo dejando al dado escapar que terminó deteniéndose sobre el numero uno - ¡¿Qué?! ¿Un uno? No puede ser…

Después el turno se movió a Marceline quién agito violentamente el dado, con una expresión de extraña emoción no compartida con el resto de sus compañeros. El dado giro tempestuoso sobre la mesa hasta detenerse en un cinco.

- ¡Superen esto! Oh yeah… - Comentó Marceline sacudiendo su lengua como serpiente.

Finalmente, llegó mi turno. Tímidamente agarré el dado, lo mire fijo como esperando saber que es lo que sacaría hasta que comencé a agitarlo para terminar soltándolo; el dado giró hasta detenerse en un soberbio seis.

- Parece que yo gané… - Sonreí nerviosamente.

- ¡Maldición! – Maldijo Marceline por lo bajo.

A pesar de querer ser el primero en probar el traje, me había entrado la duda de su eficacia… ¿Y si tenía fallas y caía muerto como Tronquitos? Realmente tenía miedo pero no lo demostraría, no quería que Marceline se sintiera responsable por no haber tomado el traje.

Sin más suspenso, lo primero que hice fue comenzar a ponerme el traje sobre mi ropa; cada vez me recordaba más a la labor de un buzo pero esta vez no sería bajo el fondo del mar… Sería en el abismo de un mar de muerte; recuerdo que se me erizó la piel en aquel momento al comparar todo esta situación con el mayor de mis miedos.

Bonnibel se acerca antes de que me pusiera el casco y me regala un beso en la mejilla, muy cerca de los labios. Sentí ira por lo sucedido y a la vez una resurgente emoción antigua que creí olvidada tiempo atrás, tan solo me limité a mirarla con frialdad que pareció pesarle en el alma.

Ya vestido con mi traje observé a todos mis amigos que me miraban sonrientes y algo acongojados; ellos tenían tanto miedo como yo de que no volviera… Era entendible. Bonnibel apretó el botón de un control remoto y se abrió una escotilla de entre las hojas del techo que habían instalado mientras dormía. Subí por unas escaleras hasta ahí y entré en aquella "habitación". La dulce princesa vuelve a cerrar la escotilla y solo después de eso se abrió la escotilla principal que comunicaba con el exterior. Caminé lentamente hacia afuera y me asomé levemente.

- Aún sigo vivo – Fue lo único que atravesó mi mente, caminé hasta estar en la copa y observé el cielo. Era una especie de cielo nuboso cubierto por un resplandor azulado y verdoso del qué emergían copos fluorescentes… Sin duda, uno de los espectáculos más hermosos y mortíferos que pude haber presenciado.


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