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Nietzsche sobre la Decadencia y el Nihilismo

Info6/21/2013
EL MOVIMIENTO NIHILISTA COMO EXPRESIÓN DE LA DECADENCIA


Nietzsche sobre la Decadencia y el Nihilismo


por Friedrich Nietzsche

38.

Recientemente se han cometido muchos abusos con el empleo de una palabra de sentido relativo y en el fondo insuficiente; por todas parte se habla de "pesimismo"; se discute alrededor de la cuestión a la que hay que dar solución, la cuestión de quién es el que tiene más derecho: si el pesimismo o el optimismo.
No se ha comprendido lo que, sin embargo, es palpable: que el pesimismo no es un problema, sino un síntoma; y que esta palabra debía ser reemplazada por la de "nihilismo"; que la cuestión si el no ser es mejor que el ser, es ya de por sí una enfermedad, un indicio de decadencia, una idiosincrasia.
El movimiento nihilista es la mera expresión de una decadencia fisiológica.

39.

HAY QUE COMPRENDER.—Que toda especie de decadencia y de indisposición ha ayudado constantemente a crear evaluaciones generales; que en las evaluaciones que han predominado, la decadencia misma es la que ha vencido; que no tenemos que luchar solamente contra las condiciones creadas por la degeneración actual, sino que toda decadencia, tal como ha existido hasta aquí, se ha transmitido, y, por consiguiente, se ha conservado viva. Semejante aberración universal de la humanidad que se desvía de sus instintos fundamentales, semejante decadencia general de las evaluaciones es el problema "par excellence", el verdadero enigma que el "animal hombre" ofrece al filósofo.

40.

EL CONCEPTO "DECADENCE".—La defección, la descomposición, el perecimiento, no tienen nada de censurables en sí mismos; no son más que la consecuencia necesaria de la vida, del crecimiento vital. El fenómeno de la decadencia es tan necesario como el del florecimiento y progreso de la vida; pero no poseemos el medio de suprimir este fenómeno. Muy al contrario, la razón exige que le dejemos sus derechos.
Es una vergüenza para todos los teóricos del socialismo admitir que pueda haber circunstancias, combinaciones sociales en las que el vicio, la enfermedad, el crimen, la prostitución. la miseria no se desarrollen ya... Esto es condenar la vida... Una sociedad no es libre de conservarse joven. Y aun en el momento de su apogeo, deja excrecencias y detritus. Cuanto más audaz y enérgicamente progresa, más se multiplican sus errores, sus deformidades, más cerca está de su caída... No se puede suprimir la caducidad por medio de instituciones. Ni la enfermedad. Ni el vicio.

41.

IDEA FUNDAMENTAL DE LA DECADENCIA.—Lo que se ha considerado hasta aquí como su causa no es más que la consecuencia.
De este modo se transforma toda la perspectiva del "problema moral".
Toda la lucha moral contra el vicio, el lujo, el crimen y aun contra la enfermedad, aparece como una ingenuidad, como una cosa superflua; no hay "corrección" (contra el "remordimiento" ).
La decadencia misma no es cosa que se tenga que combatir; es absolutamente necesaria y propia de toda época, de todo pueblo. Lo que hay que combatir con todas nuestras fuerzas es la importación del contagio a las partes sanas del organismo.

¿Lo hacemos así? Hacemos todo lo "contrario". Precisamente en este punto se han dirigido los esfuerzos del lado de la "humanidad".
¿En qué relación se encuentran con esta cuestión biológica fundamental, los que se ha considerado hasta el presente como valores superiores? La filosofía, la religión, el arte, etc.
(La cura: por ejemplo, militarismo, de Napoleón en adelante, que fue el que vió en la civilización su enemiga natural.)

42.

Lo que hasta ahora se ha considerado como causa de la degeneración son sus consecuencias.
Pero también lo que se ha considerado como remedio contra la degeneración no son más que paliativos contra ciertos efectos de ésta. Los "sanados" son sólo un tipo de los degenerados.
Consecuencias de la "decadence": El vicio, el temperamento vicioso, la enfermedad, la diátesis, el crimen, la criminalidad, el celibato, la esterilidad, el histerismo, la debilitación de la voluntad, el alcoholismo, el pesimismo, el anarquismo, el libertinaje (también el espiritual). Los calumniadores, los difamadores, los desesperados, los destructores.

43.
Para el concepto "decadence":
El escepticismo trae su origen de la decadencia; lo mismo que el libertinaje del espíritu.

2) La corrupción de las costumbres trae su origen de la decadencia (debilitamiento de la voluntad, necesidad de estimulantes violentos...).
3) Los métodos de tratamiento, psicológicos y morales, no cambian la marcha de la decadencia, no la dificultan, son fisiológicamente nulos.
Hacer comprender la gran utilidad de estas "reacciones" pretenciosas; son formas de la narcotización empleada contra ciertas consecuencias fatales; no llegan a expulsar el elemento morboso; son muchas veces tentativas heroicas para anular al hombre de la decadencia, para suprimir un mínimum de su malignidad.
4) El nihilismo no es una causa, sino sólo la lógica de la decadencia.
5) El "bueno" y el "malo" no son sino dos tipos de la decadencia; están de connivencia en todos los fenómenos fundamentales.
6) La cuestión social es un resultado de la decadencia.
7) Las enfermedades, ante todo las afecciones nerviosas y cerebrales, indican que la fuerza defensiva de la naturaleza vigorosa falta; lo mismo sucede con la irritabilidad, de suerte que el placer y el disgusto se convierten en problemas de primer término.

44.

Tipos más generales de la decadencia:
Con la idea de arbitrar remedios se escoge lo que acelera el agotamiento: éste es el caso del cristianismo (para citar el caso más general de extravío del instinto: éste es el caso del "progreso" ).
2) Se pierde la fuerza de resistencia contra las excitaciones—nos sometemos a las condiciones del acaso—, se abulta y se exagera hasta lo monstruoso el valor de los hechos...una supresión de la "personalidad", una disgregación de la voluntad; aquí hay que citar toda una categoría de la moral: la moral altruista, la que tiene constantemente en la boca la palabra "piedad"; en ella lo que hay de esencial es la debilidad de la personalidad, de suerte que vibra al unísono y tiembla sin cesar, como una cuerda demasiado sensible... una irritabilidad extremada...
3) Se confunde la causa con el efecto; no se entiende la decadencia en el sentido fisiológico y se ve en sus últimos resultados la verdadera causa del malestar; aquí hay que citar toda la moral religiosa...
4) Se desea un estado en el que no se sufriera. La vida es, efectivamente, considerada como la causa de todos los males; se aprecian los estados inconscientes, apáticos (el sueño, el síncope) para darles un valor muy superior al de los estados conscientes: de aquí un "método"....

45.

PARA LA HIGIENE DE LOS "DÉBILES".—Todo lo que se hace en estado de debilidad fracasa. Moral: no hacer nada. Pero lo que es peor es que, precisamente, el poder de suspender la acción, de no reaccionar, es el más gravemente afectado bajo la influencia de la debilidad: que no se reacciona nunca más de prisa, más ciegamente que cuando no se debía reaccionar...
El vigor de una naturaleza se manifiesta en el detener y retrasar la reacción; una cierta αδιαφορία le es tan característica como a la debilidad la necesidad del movimiento contrario; la improvisación, la imposibilidad de refrenar la acción. La voluntad es débil y el remedio para no hacer tonterías sería tener una voluntad fuerte y no hacer nada... "Contradictio"... especie de auto-destrucción; el instinto de conservación se ve comprometido... "El débil se hace daño a sí mismo"... Este es el tipo de la "decadence"...
De hecho, encontramos una colección considerable de prácticas que pueden "provocar" la impasibilidad.
El instinto sigue una buena pista en el sentido de que es más útil no hacer nada que hacer algo...
Todas las prácticas de las órdenes religiosas, de los filósofos solitarios, de los faquires, están inspiradas en una justa evaluación del mundo, según la cual una cierta especie de hombres es la más útil a sí misma cuando impide la acción en lo posible.
Medios para facilitar esto: la obediencia absoluta, la actividad mecánica, la separación de los hombres y de las cosas que exigirían una decisión y una acción inmediatas.



46.

DEBILITACIÓN DE LA VOLUNTAD.—Este es un símbolo que puede inducir a error. Pues no hay voluntad, y, por consiguiente, no hay ni voluntad fuerte ni voluntad débil. La multiplicidad y la disgregación de los instintos, la ausencia de un sistema que los regule uniéndolos y ordenándolos termina en "la debilitación de la voluntad"; la coordinación de estos instintos bajo la dominación de uno solo termina en la "voluntad fuerte"; en el primer caso, esto es oscilación y falta de equilibrio; en el segundo, la precisión y la claridad de la orientación.

47.

Lo que se hereda no es la enfermedad, sino la diátesis; la impotencia para resistir el peligro de las inmigraciones perniciosas, la fuerza de resistencia que se rompe, etc.; para expresar este mismo hecho desde el punto de vista moral: la resignación y la humildad frente al enemigo.
Me he preguntado si no podríamos comparar todos estos valores superiores de la filosofía, de la moral, de la religión, tales como han tenido curso hasta aquí, con los valores de los seres debilitados, de los alienados y de los neurasténicos; bajo una forma más benigna, representan "los mismos males"...
El valor de todos los estados morbosos consiste en que muestran, bajo un cristal de aumento, ciertas condiciones que, aunque normales, son difícilmente visibles en el estado normal...
Salud y enfermedad no son nada fundamentalmente distinto, como lo creía la medicina antigua, como lo creen aún ciertos practicones. No hay que hacer de ellas entidades distintas que se disputan el organismo vivo y le convierten en campo de batalla. Esas son tonterías y charlatanerías que no sirven para nada. En realidad, no hay entre estas dos maneras de ser más que diferencias de grado; la exageración, la desproporción, la falta de armonía de los fenómenos normales es lo que constituye el estado morboso (Claudio Bernard).
Así como "el mal" puede ser considerado como la exageración, la discordancia, la desproporción, igualmente "el bien" puede ser un régimen protector contra los peligros de la exageración, de la discordancia, de la desproporción.
"La debilidad hereditaria" como "sensación dominante", causa de los valores superiores.
La "debilitación" considerada como una "tarea"; la debilitación de los deseos, de las sensaciones de placer y desplacer, de la voluntad de poderío, del sentimiento de orgullo, del deseo de aumentar sus bienes; la debilitación considerada como una humillación; la debilitación considerada como creencia; la debilitación considerada como hastío y vergüenza de todo lo que es natural, negación de la vida, enfermedad y debilidad habituales; la debilitación que renuncia a la venganza, a la resistencia, a la enemistad y a la cólera.
El error en el tratamiento: no se quiere combatir la debilidad por un sistema fortalecedor, sino por una especie de justificación y de moralización, es decir, interpretándola...
Hay dos estados absolutamente diferentes que se toman el uno por el otro; por ejemplo, el reposo de la fuerza, que consiste esencialmente en abstenerse de la reacción (el prototipo de los dioses a los que nada conmueve) y el reposo del agotamiento, la rigidez que llega hasta la anestesia. Todos los métodos de filosofía ascética aspiran a esta última condición, pero entienden, en realidad, la primera, pues dan, al estado a que han llegado, atributos que harían pensar que es un estado divino el que se ha alcanzado.

48.

EL ERROR MAS PELIGROSO.—Hay una idea que no parece prestarse a confusión alguna, que no tiene carácter alguno equívoco, y es la idea de agotamiento. Pero el agotamiento puede ser adquirido, puede ser transmitido por herencia; en los dos casos transforma el aspecto de las cosas, el "valor de las cosas"...
A la inversa de aquel que por su misma plenitud, esa plenitud que él representa y siente y de una parte del cual se desprende voluntariamente para abandonarse a las cosas, para verlas más plenas, más poderosas, más ricas en porvenir; a la inversa de aquel que puede dar de cualquier manera, el agotado empequeñece y desfigura todo lo que ve, empobrece el valor, es nocivo...
Parece que en este punto no es posible el error; a pesar de esto la historia presenta el hecho espantoso de que los agotados han sido siempre confundidos con los que están en su mayor plenitud y éstos con los más nocivos.
El que es pobre en vitalidad, el débil, empobrece también la vida; el que es rico en vitalidad, el fuerte, la enriquece. El primero es el parásito del segundo; éste da por exceso... ¿Cómo sería posible la confusión?...
Cuando el agotado se presentaba con la actitud de la actividad y de la energía superiores (cuando la degeneración implicaba un exceso en la descarga intelectual o nerviosa), se le confundía con el rico... El despertaba el temor... El culto del loco es siempre también el culto del que es rico en vitalidad, del poderoso. El fanático, el poseído, el epiléptico religioso, todos los excéntricos han sido considerados como los tipos superiores del poder: como "divinos".
Esta clase de fuerza que provocaba el temor pasaba ante todo por divina; éste era el punto de partida de la autoridad; se quería ver la interpretación de la sabiduría, se oía la sabiduría, se buscaba la sabiduría... De esta impresión nacía casi siempre una voluntad de "divinización", es decir, el deseo de una degeneración típica del espíritu, del cuerpo y de los nervios: una tentativa para encontrar el camino de esta forma de existencia superior. Hacerse enfermo, volverse loco, provocar los síntomas de perturbación, esto era hacerse más fuerte, más sobrehumano, más terrible, más sabio. De este modo se creía llegar a ser tan rico en poderío que se pudiera ceder parte de éste. Por dondequiera que se adoraba se buscaba alguien que pudiese ceder alguna cosa.
Lo que aquí inducía a error era la experiencia de la "embriaguez". Esta aumenta en el más alto grado el sentimiento de poderío; por consiguiente, si se juzga con ingenuidad, el poderío de sí misma. En el grado más alto de poderío debía encontrarse el más "ebrio", es decir, el extático. (Hay dos puntos de partida de la embriaguez: la mayor plenitud vital y un estado de nutrición morbosa del cerebro.)

49.

Agotamiento "adquirido" y no transmitido por la herencia: 1) "Nutrición" insuficiente, muchas veces por ignorancia de la manera cómo nos debemos alimentar, por ejemplo, en los sabios. 2) La "precocidad" erótica: una calamidad, sobre todo en la juventud francesa (sobre todo en los parisienses); el que sale ya del colegio corrompido y manchado para entrar en el mundo y no puede ya desembarazarse de las cadenas de sus inclinaciones despreciables y se hace irónico y desdeñoso respecto de sí mismo: esclavos que poseen todos los refinamientos (por lo demás, ya en los casos más frecuentes, éste es un síntoma de decadencia de la raza y de la familia, como toda irritabilidad llevada al extremo; y también el contagio del medio; dejarse determinar por el ambiente es también prueba de decadencia). 3) El alcoholismo, no el instinto, sino el hábito; la imitación estúpida, la asimilación vanidosa o cobarde a un régimen dominante. Qué beneficio es un judío entre los alemanes. Mirad qué embrutecimiento: la cabeza cubierta de cáñamo, el ojo azul, la falta de "esprit" se manifiesta en el rostro, en la palabra, en la actitud; la perezosa manera de estirar los miembros; la necesidad de reposo en el alemán no procede de la fatiga del trabajo, sino de una repugnante excitación y sobreexcitación provocada por los alcoholes.


50.

TEORÍA DEL AGOTAMIENTO.—El vicio, los enfermos del espíritu (especialmente los artistas), los criminales, los anarquistas, éstos no son clases oprimidas, sino el detritus de todas las clases de la sociedad...
Habiendo echado de ver que todas nuestras clases están penetradas de estos elementos, hemos comprendido que la sociedad moderna no es "sociedad", no es un "organismo", sino un conglomerado enfermizo de Tschandalas, una sociedad que ya no tiene fuerza para excretar.
En qué medida se ha intensificado la enfermedad por la vida en común durante siglos :
Como formas morbosas.
-La espiritualidad moderna.
-La virtud moderna.
-Nuestra ciencia.

51.

EL ESTADO DE CORRUPCIÓN.—Comprender el lazo íntimo que une todas las formas de la corrupción y no olvidar la corrupción cristiana (Pascal es el tipo de ella), ni la corrupción socialista-comunista (consecuencia de la corrupción cristiana; la más alta concepción de la sociedad entre los socialistas es, desde le punto de vista científico, la más baja en la jerarquía de las sociedades); la corrupción del "más allá": como si fuera del mundo verdadero, el del devenir, hubiese otro, el del ser.
No podría aquí haber "armisticio"; aquí es preciso extirpar, destruir, hacer la guerra; es preciso arrancar de todas partes la medida cristiana nihilista y combatirla bajo todos sus disfraces..., por ejemplo, en la "sociología" actual, en la "música" actual, en el "pesimismo" actual (todas éstas no son más que formas del ideal cristiano).
O !o uno o lo otro es verdad; verdadero no quiere decir otra cosa sino que eleva el tipo humano...
El sacerdote, el pastor de almas, son malas formas de existencia. Toda la educación ha sido hasta ahora miserable, ha carecido de dirección y de punto de apoyo, está repleta de contradicciones respecto de los valores.

52.

No es la naturaleza, cuando se muestra despiadada con los degenerados, la que es inmoral; el desarrollo del mal psíquico y moral en la especie humana es, por el contrario, la "consecuencia de una moral enfermiza y antinatural". La sensibilidad de la mayoría de los hombres es enfermiza y antinatural.
¿De qué proviene que la humanidad esté corrompida bajo el aspecto moral y fisiológico? El cuerpo perece cuando un órgano está "alterado". No se puede reducir el derecho de altruismo a la fisiología, como el derecho a ser socorrido, la igualdad de la suerte; todo esto son primas para los degenerados y los mal nacidos (I).
No hay solidaridad en una sociedad en la que hay elementos estériles, improductivos y destructores que tendrán, por otra parte, descendientes más degenerados que ellos.

(I) Se refiere a los que creen en el pecado original. (Nota del traductor.)

53.

Hay un efecto de la decadencia, profundo y absolutamente inconsciente, que se ejerce también sobre el ideal de la ciencia; nuestra sociología toda entera demuestra esta afirmación. Hay que reprocharla que no conoce por experiencia más que los productos de disgregación de la sociedad, lo que le hace tomar inevitablemente como norma del juicio sociológico sus propios instintos de disgregación.
La vida decadente en la Europa actual vincula en ellos su ideal social; éste se parece, hasta casi confundirse, al ideal de las antiguas razas que se sobreviven...
El instinto de rebaño, por otra parte—poder que es hoy soberano—, es algo fundamentalmente distinto del instinto de una sociedad aristocrática: el valor de la totalidad depende del valor de las unidades... Nuestra sociología entera no conoce otro instinto que el de rebaño, es decir, el de todos los "ceros" totalizados, en el que cada "cero" tiene "iguales derechos", en el que ya es una virtud el ser "cero"...

La evaluación que sirve para juzgar hoy día las diferentes formas de la sociedad se identifica absolutamente con la que concede a la paz un valor superior a la guerra; pero semejante juicio es antibiológico y hasta es un producto de la decadencia en la vida... La vida es una consecuencia de la guerra, la sociedad misma es un medio para la guerra... Mr. Herbert Spencer, en cuanto biólogo, es un decadente; lo es también en cuanto moralista (ve en la "victoria" del altruismo algo deseable).

54.

He tenido la fortuna, después de miles de años pasados en la aberración y en la confusión, de haber vuelto a encontrar el camino que conduce a un "sí" y a un "no".
Yo enseño a decir "no" contra todo aquello que nos debilita, contra todo aquello que nos agota.
Yo enseño a decir "sí" frente a todo lo que fortalece, lo que acumula fuerzas y justifica el sentimiento de vigor.

Hasta el presente, no se ha enseñado ni lo uno ni lo otro; se ha enseñado la virtud, el desinterés, la piedad o también la negación de la vida. Todos estos son valores de los agotados.
Una larga reflexión sobre la fisiología del agotamiento me obligó a proponer la cuestión: ¿Hasta dónde los juicios de los agotados han penetrado en el mundo de los valores?
El resultado al cual he llegado ha sido tan sorprendente como es posible, aun para mí, que me sentía familiarizado ya con mundos bastante extraños; comprendía que todos los juicios superiores, todos esos juicios que se han adueñado de la humanidad, de la humanidad domesticada por lo menos, se podían reducir a juicios de agotados.
Tras los nombres más sagrados encontré las tendencias más destructoras; se ha llamado Dios a todo lo que debilita, a todo lo que predica la debilidad, a todo lo que contagia la debilidad...; comprendí que el "hombre bueno" era una autoafirmación de la "decadencia".
Esa virtud, que Schopenhauer decía ser la virtud superior y única, el fundamento de todas las virtudes, la "piedad", he reconocido que era más peligrosa que cualquier vicio. Dificultar por principio la elección en la especie, la purificación de ésta de todos los fracasados; esto es lo que se ha llamado hasta ahora virtud por excelencia...
Hay que guardar respeto a la "fatalidad"; la fatalidad que dice a los débiles " ¡ desapareced! "
Se ha llamado Dios a esto, cuando se resistía a la fatalidad, cuando se hacía perecer y se dejaba pudrir a la humanidad. No se debe pronunciar en vano el nombre de Dios.
La raza está corrompida, no por sus vicios, sino por su ignorancia; está corrompida porque no ha considerado el agotamiento como tal agotamiento; las confusiones fisiológicas son las causas de todo el mal...
La virtud es nuestra equivocación...
Problema: ¿ Cómo han llegado los agotados a hacer las leyes de los valores? ¿Cómo ha sido colocado cabeza abajo el instinto del animal hombre?
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