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Feliz Cumple a un grande de Argentina

Info9/2/2012
Feliz Cumple a un grande de Argentina

Esteban Echeverría vio la luz en Buenos Aires el 2 de septiembre de 1805. Era hijo de la argentina doña María Espinosa y del vasco español José Domingo Echeverría. Durante su primera infancia perdió a su madre.
Estudia varios años en el Colegio de Ciencias Morales; lo abandona a fines de 1823, a pesar de haber sido estudiante aplicado. Ingresa como dependiente en la fuerte casa comercial Lezica Hermanos. Como su primera juventud fue en extremo borrascosa y desarreglada, resuelve regenerarse moralmente y completar su educación en Europa.

Esa ausencia de la patria (1825-1830) le es muy provechosa. En París sigue los cursos más variados, se familiariza con las tendencias literarias ideológicas en boga, forma una sólida cultura de carácter enciclopédico y se asimila infinidad de obras en francés e inglés. Con ese importante bagaje retorna a la ciudad natal (junio de 1830) totalmente transformado. Introduce en el Plata el romanticismo literario, suscitando una fecunda renovación, y formula la doctrina del liberalismo político, impregnado de altas preocupaciones sociales y pedagógicas.

En 1831 publica sus primeros versos en diarios porteños, por más que en el viejo continente se ejercitara en escribirlos. En 1832 aparece anónimamente su poema Elvira. La indiferencia con que se le recibe contrasta con el desbordante entusiasmo y la cálida simpatía que suscitan después los Consuelos (1834) y sus Rimas (1837), donde inserta la Cautiva, su mejor obra en verso.

En 1837 -según las mejores averiguaciones- se abre el Salón Literario en la librería de don Marco Sastre, el futuro educacionista y autor de Tempe Argentino. En el Salón se leen trabajos, se diserta y discute. Echeverría es uno de sus grandes animadores. Como Rosas ordena la clausura del Salón, Echeverría funda en su reemplazo una sociedad secreta, la Asociación de Mayo, a la manera de la Joven Italia, de Mazzini. El propio Echeverría y otros miembros conspicuos señalan el año 1837 como el de la fundación de la nombrada sociedad, pero investigaciones recientes permites establecer que tal cosa acaece recién el 8 de julio de 1838. La Asociación tiene filiales en las provincias de Córdoba, Tucumán y San Juan. En sus filas militan la mayoría de los hombres que volvieron a organizar la República después de Caseros, sobre la base de los principios expuestos en su seno por Echeverría, y desarrollados en el Dogma Socialista obra publicada en el Indicador, de Montevideo, el 1° de enero de 1839, y tirada aparte, con algunas modificaciones, en 1846, en la capital uruguaya, precedida de la Ojeada Retrospectiva.

Durante algún tiempo Echeverría se dedica a las tareas rurales en su estancia "Los Talas", cerca de Luján. Era una temeridad quedarse por más tiempo en el país. Entonces emigra al Uruguay (fines de 1840). Inicia también en entre nosotros los estudios de sociología y economía americanas y los de estética literaria. Del resto de su producción cabe mencionar especialmente su espléndido cuanto realista "El matadero", el primero en su género escrito en el Plata, y su "Manual de Enseñanza Moral" para las escuelas primarias (1846).

Desde la adolescencia tiene que luchar contra la enfermedad. Sufre continuamente de los nervios y lo persigue su afección cardíaca. Su salud se agrava considerablemente en 1851. Una dolencia pulmonar lo lleva a la tumba en Montevideo el 19 de enero de dicho año.

Las obras completas de Echeverría fueron compiladas por su entrañable amigo, don Juan María Gutiérrez, en Buenos Aires (1870-1874), casa editorial Casavalle.




Aqui les dejo un poema

AL CORAZÓN

Quis det ut veniat petitio mea; & quod expecto,
tribuat mihi Deus?
JOB

¿Quién diese que se cumpliera mi petición; y que
Dios me concediera lo que espero?
JOB

¿Qué corazón es el mío?
¡Oh Dios que riges los mundos!
con la ley de tu albedrío,
cuyos designios profundos
¡no me es dado penetrar!
¿Qué misterio, arcano, abismo
es éste que ni yo mismo
me atrevo; ¡oh Dios! a sondar?

¿Cuándo su volcán se apaga?
¿Cuándo su hondura se llena?
¿Cuándo la tormenta aciaga
de sus pasiones serena
podré ver y no sufrir?
¿Cómo es que nada le sacia,
si ha perdido la eficacia
para gozar y sentir?

¿Cómo al cúmulo de males
que con porfía violenta
como furias infernales
le acosan, no se revienta
ni exhala un solo clamor?
¿Cómo no vierte siquiera
una lágrima ligera
para amortiguar su ardor?

¿Cómo cabe entre mi pecho,
cuando su vuelo atrevido
halla el universo estrecho,
desprecia lo conseguido,
y sin cesar pide más?
¿Cómo sufre, calla, anhela
se roe a sí mismo, y vela
sin fatigarse jamás?

Vuelvo la vista azorado
como náufrago en el puerto
al borrascoso pasado,
y encuentro todo desierto,
todo triste y funeral;
miro atónito delante,
y ni la luz vacilante
veo de astro divinal.

¿Qué quiere pues, ¡oh Dios mío!
mi corazón insaciable,
en su loco desvarío;
si en la sirte miserable
todo su caudal perdió?
¿Qué quiere si ya la tierra
nada en su extensión encierra
semejante a lo que vio?

¿Acaso en región luciente
guardas ¡oh Dios poderoso!
algo que el alma presiente,
algún tesoro precioso
que deba en vano desear;
y que la mía ambiciona,
como la excelsa corona
de su incansable afanar?

Parece que el hombre errante,
como triste peregrino,
marcha con pie vacilante,
sin saber por qué camino,
en pos de alguna visión;
de paso echa una mirada,
sin arraigar aquí a nada
su voluble corazón.

Pero ¡infeliz! marcha en vano,
tropieza, cae, se fatiga,
maldice su error insano,
y a veces su sed mitiga
con lágrimas de dolor;
hasta que una mano yerta
viene, lo toca, y despierta
despechado del sopor.

Mas yo continuo luchando
con un genio incontrastable,
con mi corazón, sudando,
al destino irrevocable
obedezco a mi pesar;
y no puedo en mi ansia fiera
ni una lágrima siquiera
para alivio derramar.

¿Qué es esto? ¡Oh Dios! ¿Por qué ha sido
para mí tu ley más dura?
¿Por qué hacerme habéis querido
blanco de la desventura
formándome un corazón
tan indómito y sediento,
que batallando violento
siempre está con mi razón?

Pero nada me respondes
Dios clemente y soberano:
¿por qué tu auxilio me escondes
y me dejas en oceano
de dudas siempre fluctuar?
¿Por qué un rayo de luz pura
no me abre senda segura
para poder descansar?

No te pido ¡oh Dios! riqueza,
felicidad, poderío
gloria, deleites, grandeza;-
manjares que dan hastío,
y nunca pueden saciar:
sólo quiero olvido eterno,
y algo que pueda el infierno
de mis pasiones calmar.

(Junio, 1835)


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