Casi 70 años del fin de la Segunda Guerra Mundial y todavía yacen ocultas bajo tierra decenas de miles de bombas. Los artefactos explosivos están muy deteriorados. Sin embargo, podrían detonar en cualquier momento.
Expertos estiman que en Alemania todavía yacen ocultas bajo tierra o en el agua alrededor de 100.000 bombas que fueron lanzadas sobre el país germano durante los seis años que duró la Segunda Guerra Mundial. La Liga Alemana para la Protección del Medio Ambiente y de la Naturaleza (BUND, según sus siglas en alemán) calcula que tan sólo en el Mar Báltico se encuentran todavía 40.000 toneladas de agentes químicos de municiones lanzadas al mar durante la Guerra Fría, después de 1945, por los Aliados y por la República Democrática Alemana (RDA).

El pasado 29 de agosto de 2012 se detonó controladamente una bomba aérea de 250 kilogramos, en Múnich, después de que expertos no lograran desactivarla. Un día antes, unos obreros habían encontrado el artefacto explosivo a un metro de profundidad en la tierra. La bomba tenía una espoleta química retardada, lo que la hizo más difícil de desactivar.
En noviembre del 2011, 45.000 personas tuvieron que ser evacuadas después de descubrirse una bomba de 1.400 kilogramos en la ciudad de Coblenza, a orillas del Rin. Es probable que en el estado de Renania del Norte-Westfalia todavía se encuentre la mayor cantidad de bombas, ya que en esa zona se encontraban las principales plantas industriales y de producción de armas durante el III Reich. Por ese motivo, casi la mitad de los ataques aéreos de las Fuerzas Aliadas se llevaron a cabo a lo largo del Rin.

También los barcos cargados con artefactos explosivos, que fueron hundidos, son bombas de relojería. Contienen materiales tóxicos como gas mostaza y gas sarín. Los agentes detonantes químicos empiezan a oxidarse cuando están a la intemperie y debido a la corrosión progresiva de las bombas existe el peligro de que se contaminen el agua y la tierra. Además, el explosivo puede conservar su fuerza destructiva, y eso lo hace cada vez más difícil y peligroso de desactivar.
La eliminación de los explosivos le compete a los Länder (estados federados alemanes). A diario se detectan pequeñas granadas y municiones sin que la población se entere.
Los expertos en desactivación de explosivos se tienen que acercar con cautela para averiguar de qué tipo de arma se trata, cómo se detona y en qué condiciones se encuentra. Después determinan la cantidad del explosivo. En la mayoría de los casos, los expertos desmontan los detonantes manualmente.

En 2010, tan sólo Renania del Norte-Westfalia se gastó 21 millones de euros en la eliminación de bombas y todavía pasarán décadas hasta que todos esos lastres explosivos de la guerra hayan sido detectados y eliminados.





