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Las rebeliones en China de 1900.

Info6/1/2013
La rebelión de los bóxers fue la expresión del descontento chino frente a las injerencias económicas y políticas de las potencias europeas, evidenciadas a través de las "guerras del opio" contra Gran Bretaña.

En 1840 estalló la Primera Guerra del Opio entre Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda y China .



Ésta y la Segunda Guerra del Opio fueron libradas debido a las disputas sobre el comercio del opio en China , en tanto la corte imperial de Pekín trataba de prohibir dicho tráfico.

Los comerciantes británicos no pensaban renunciar al negocio de esta droga, que era cultivada en grandes extensiones en la India y exportada más tarde a todo el sureste asiático contando con la complicidad de funcionarios chinos corruptos.





Tras la fácil derrota del mal equipado ejército chino, Gran Bretaña obligó al gobierno imperial a cederle la isla de Hong Kong a perpetuidad (a la que más tarde se agregaron la península e islas adyacentes), permitir las importaciones de opio y abrir una serie de puertos al comercio extranjero; todas estas condiciones eran manifiestamente agraviadoras para China y para la política de restricciones a los extranjeros que había seguido la Dinastía Qing.


Debido a su inferioridad económica y militar, la dinastía Qing fue obligada a firmar numerosos acuerdos humillantes que serían conocidos como Los Tratados Desiguales.

En el año 1895 China fue severamente derrotada en una guerra contra Japón.






El enfrentamiento, particularmente violento, se saldó con la pérdida de las islas Pescadores y Formosa, además del pago de fuertes indemnizaciones y concesiones comerciales a los vencedores.

Todo esto se tradujo en una importante crisis económica en todo el país, así como en una humillación nacional ante una nación vecina que se había occidentalizado velozmente.





La propia Dinastía Qing había alimentado durante décadas la idea de la «superioridad» del Imperio Chino frente a los foráneos, calificados despectivamente como «bárbaros», pero las graves derrotas de 1840 y de 1895, junto con la intervención militar de Francia y Reino Unido en 1854 (que llegó a invadir y saquear la propia Pekín) mostraban a muchos funcionarios que la ideología de la corte imperial estaba muy alejada de la realidad, y que el atraso tecnológico y económico de China la convertía en presa fácil de las ambiciones extranjeras.






Esto provoco el rechazo de algunos intelectuales a toda la cultura foránea y a la propia presencia de extranjeros en China , acusando a la corte imperial de debilidad ante esta situación.

La masiva llegada de misioneros cristianos occidentales tras la derrota china también causó fricciones con la Iglesia católica y con el protestantismo

Todas estas desconfianzas desembocaron en numerosos brotes de desobediencia civil en gran parte del país a finales del siglo XIX, registrándose agresiones contra extranjeros y contra chinos convertidos al cristianismo.





El levantamiento popular fue impulsado por un grupo conocido como los Yihetuan o ‘puños rectos y armoniosos’ llamados bóxers —‘boxeadores’— por los ingleses, en referencia al ritual de artes marciales que practicaban porque según ellos les hacía inmunes a las armas.
Los boxers constituían una sociedad secreta con connotaciones políticas

Su objetivo era expulsar a los extranjeros de China .

En 1899 emprendieron una campaña de terror por el norte del país donde las potencias europeas habían comenzado a exigir concesiones territoriales, ferroviarias y mineras.





Inicialmente las agresiones , se dirigieron contra misioneros cristianos.

En noviembre de 1897, el Imperio Alemán respondió a la muerte de dos misioneros en la provincia de Shandong apoderándose del puerto de Qingdao.

Al mes siguiente, una escuadra rusa tomó posesión de Lüshun, en el sur de Liaoning. Reino Unido y Francia les siguieron, tomando posesión de Weihai y Zhanjiang, respectivamen

En 1900 estalló la rebelión en Pekín contra los extranjeros y las legaciones internacionales.





La extensión de la rebelión coincidió con la llamada Reforma de los Cien Días (del 11 de junio al 21 de septiembre de 1898), impulsada por el emperador Guangxu con el fin de modernizar la administración, cosa a la que se oponía fuertemente su tía, la emperatriz Cixi que temía perder su poder omnímodo en la corte debido a estas innovaciones.

Tras una primera derrota de los bóxers a manos del ejército chino en el mes de octubre, los rebeldes proclamaron su obediencia fiel a la autoridad imperial o, con mayor exactitud, su lealtad a la emperatriz Cixi, quien decidió usarlos como instrumento para destruir toda influencia extranjera en China y asegurar su propio poder político frente a los funcionarios con ideas reformadoras.





En junio de ese año, los bóxers (a los que se habían sumado soldados imperiales) atacaron destacamentos de occidentales en Tianjin y Pekín.

Las embajadas extranjeras en la capital, a las que habían huido sus ciudadanos residentes en Pekín, se convirtieron pronto en objetivo de los bóxers, aunque la mayoría de las delegaciones, agrupadas en su propio barrio (Barrio de las Delegaciones de Pekin), se encontraban bien protegidas por sus propias murallas y la cercanía a la Ciudad Prohibida, donde, paradójicamente, habían sido construidas por orden del emperador con el fin de tenerlas bajo vigilancia permanente.



El día 20 fue asaltada la embajada alemana, que se hallaba separada de las otras.
Los bóxers, capturaron y ejecutaron al embajador alemán, Barón Klemens von Ketteler.

A resultas de ello, las potencias extranjeras declararon la guerra a China , y la emperatriz Cixi respondió aumentando las hostilidades .

El enfrentamiento fue ampliamente seguido por la prensa internacional, que describió toda clase de ataques violentos y atrocidades varias cometidos contra los extranjeros residentes en China , muchas de ellas enormemente exageradas.




Esto provocó un amplio sentimiento antichino en América del Norte, Europa y el Japón.
No obstante, los principales afectados fueron los cristianos chinos (de los que la prensa europea mayormente no se ocupó), que siendo mucho más numerosos y sin poder huir a ninguna parte fueron objeto de violaciones, torturas y asesinatos.

A pesar de sus esfuerzos, los bóxers no lograron superar las defensas del recinto.
En agosto, el asedio de las embajadas era levantado por las tropas enviadas por la llamada Alianza de las ocho naciones suscrita por los gobiernos de: Alemania, Austria-Hungría, Estados Unidos, Francia, Reino de Italia, Japón, Reino Unido y el Imperio ruso.





El ejército de rescate de los aliados se componía de unos 54.000 hombres a las órdenes del general británico Alfred Gaselee, de los cuales unos 5.000 eran chinos contrarios a los bóxers

En julio desembarcaron cerca de Tianjin y pusieron sitio a la ciudad, que cayó el día 14. También capturaron los fuertes de Taku, situados en el estuario del río Hai He, y cuatro destructores chinos

Tras asegurar la zona, el ejército de Gaselee partió hacia Pekín a 120 km de distancia el 4 de agosto.





La marcha fue rapida a pesar de que en el recorrido se encontraban estacionados unos 70.000 soldados imperiales y un número aproximado de rebeldes armados, que prefirieron evitar los enfrentamientos directos.

Sólo se produjo un combate de importancia en Yangcun, a unos 30 km de Tianjin .






Las tropas extranjeras soportaron el mal tiempo, la humedad y un calor de 40 grados.





El ejército entró finalmente en Pekín el 14 de agosto, donde levantó el asedio a las embajadas y posteriormente procedió a desplegarse por la ciudad con el fin de ocuparla, registrándose numerosos combates callejeros.

La familia imperial y su corte abandonaron entonces la Ciudad Prohibida y se refugiaron en Xi'an.




Tras la ocupación, las tropas extranjeras se entregaron al saqueo, la destrucción, los asesinatos sumarios y las violaciones.
La propia Ciudad Prohibida y otras dependencias imperiales fueron saqueadas, llegando a sacrificarse los animales de los Jardines Imperiales para servir de alimento a los soldados





Para agosto de 1900, cerca de 230 extranjeros, miles de chinos cristianos, un número desconocido (entre 50000 y 100 000) de rebeldes, sus simpatizantes y otros chinos habían muerto en la revuelta y su represión.

La Corona China , en manos de la emperatriz Ci Xi, alentó encubiertamente a los rebeldes; la derrota puso en tela de juicio el papel ejercido por la dinastía manchú y precipitó su caída en 1911, siendo proclamada la República China .




El tratado de paz establecía el compromiso del gobierno chino de ejecutar a 10 oficiales implicados en la revuelta, pagar 333 millones de dólares a los vencedores en concepto de reparaciones de guerra a lo largo de 40 años, conceder aún más ventajas comerciales a los extranjeros y permitir el estacionamiento de tropas por parte de éstos entre Pekín y el Mar Amarillo, con el fin de garantizar la seguridad de las embajadas extranjeras en la capital.





Existe cierta controversia en la China actual acerca de lo que fueron y significaron los disturbios de 1898–1901.
Mientras que algunas fuentes la consideran una «rebelión» o «desorden» , términos que poseen un sentido negativo en la lengua china , otros consideran que fue un movimiento patriótico en contra de las continuas ofensas extranjeras, por lo que prefieren el término «levantamiento» , de carácter más positivo.




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