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¿King kong murio en argentina?

Info•7/24/2012


¿ King kong murio en argentina?

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Año 1977, Argentina. El estreno cinematográfico más esperado del año por fin ha llegado. Una colosal adaptación del clásico entrañable y magistral cult-movie de 1933, ahora realizada en color, sonido estereofónico y una super-producción mastodóntica capaz de mandar a construir un simio de 17 metros que se mueve, para lucir gigantesco y espectacular.
Probablemente la construcción de este artefacto fue el mejor argumento de venta que esta nueva versión pudo tener. La expectativa generalizada por ver el asombroso simio era tal que la gente creía que King Kong caminaba y se movía maravillosamente gracias al fascinante mundo de la robótica. La información oficial acerca del film era escueta y hasta confusa. Carlo Rambaldi (creador entre otros del tiburón de “Jaws” que Spielberg tanto odiaba) especialista en efectos especiales y construcciones mecánicas, cada vez que daba notas a la prensa daba a entender que su gigantesca creación estaba presente en casi toda la película. Mirando hoy esta película me pregunto cuántas escenas filmadas con el armatoste habrán descartado del montaje final.
La decepción ocurría mientras veíamos la película y el simio tan vendido resultaba ser finalmente un hombre disfrazado en traje de gorila! (fantástico traje y movimientos por cierto), cortesía del especialista y futuro maestro de efectos de maquillaje Rick Baker).
Apenas unos cuantos primerísimos primeros planos, y sobre todo una escena de parado y cuerpo entero coronado como el rey de la jungla en la gran ciudad y frente a la muchedumbre donde los flashes lo ponían nervioso. En esa escena es donde el trabajo de Rambaldi y el presupuesto de 3.000.000 de dólares proveído por De Laurentiis aparecían en todo su esplendor. La realidad indicaba que el muñeco gigante durante todo el metraje no llega aparecer ni siquiera unos míseros 30 segundos.
Aún así el film, con un costo de 24 millones de dólares, fue un suceso de público, la crítica la despedazó y Laurentiis ya estaba pensando en una secuela…que vendría 10 años después con resultados mucho peores.


Nuestra anécdota comienza un año después del estreno del film en Argentina, 1978, año del mundial de fútbol que se celebraba precisamente aquí. El gobierno militar presidido por el General Videla era denunciado en todo el mundo por entidades de derechos humanos y periodistas de prestigiosos medios por las reiteradas torturas, abusos y desapariciones de miles de personas. El fabuloso torneo era el evento perfecto “…para demostrar al mundo que el pueblo argentino está feliz y aquí no se tortura a nadie” rezaba la prensa comprada de época.
Incluso las autoridades militares invitaron a la actriz Lindsay Wagner protagonista de la serie televisiva “La mujer Biònica” (Bionic Women) a abrir el Torneo de Fútbol pateando la pelota con una patada biónica, bastante fallida por cierto. Esto se vio en todo el mundo. Era evidente que al general Videla le interesaba el mundo de la fama y las luces de Hollywood, elementos de pantalla para tapar crímenes de lesa humanidad.


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Volvamos a Kong…
Con bombos y platillos se anunciaba que el gigantesco simio de la película de Dino de Laurentiis, King Kong , vendría a la Argentina y estaría en el predio de la Sociedad Rural Argentina. Una noticia increíble sobre todo para los niños , curiosos y gente en busca de nuevas emociones.
Resulta extraño que una empresa marítima del estado llamada ELMA fuera la encargada de transportar en las bodegas desde Montevideo, Uruguay (luego de ser embarcado en Los Angeles en los estudios Universal) los 20 enormes cajones con sumo cuidado y sofisticados elementos de seguridad previniendo cualquier inconveniente que pudiera suceder con el navío camino a Buenos Aires.


Mas extraño aún resulta que la rimbombante publicidad en medios oficiales de la llegada de King Kong a la Argentina fuera nota diaria en todos los medios. De hecho los cinco camiones y dos semirremolques que transportaban los cajones con el simio desarmado desde el puerto nuevo de Buenos Aires hasta el predio de “La Rural” se dirigían por la pintoresca y transitada Avda. Santa Fe de contramano y cortada al tráfico habitual especialmente para la ocasión, reservada exclusivamente a eventos notorios e importantes como la visita de su santidad Juan Pablo II en 1982.
Fue tal la expectativa, que la llegada de Kong fue televisada en vivo y en directo en el canal oficial (ATC). Para esto se contrató a la conductora Pinky (famosa por entrevistar a celebridades varias como Henry Kissinger, John F. Kennedy, Cassius Clay o Alain Delon) para que relate la llegada de King Kong y sirva de partenaire como una Jessica Lange del subdesarrollo.


muñeco

El espectáculo denominado “El show de King Kong , la octava maravilla” prometía, al menos en los avisos publicitarios,”… un gran elenco, luz, color, magia y titánicas luchas junto a la actuación de King Kong …”
“El show” consistía en algunos números circenses nada espectaculares y un locutor micrófono en mano, contando las peripecias de Kong cuando fue cazado por el “Capitán Drake” y haciéndonos saber cosas increíbles como que el enemigo número uno de Kong era Superman (en esa época la película protagonizada por Christopher Reeve estaba de moda y era un hit). El locutor iba creando climas de misterio acerca del mal carácter de Kong junto a un payaso de poca gracia que solía hacer bromas más bien lamentables. Hasta aquí el simio no se presentaba; sin embargo por encima de las cortinas se dejaba ver parte de su cabeza. Cuando los niños empezaban a aburrirse y corretear entre las butacas de la improvisada carpa, un potente grito gutural daba por comenzada su participación en el show.
Su imponente figura de 17 metros de largo lo mostraba con grilletes y cadenas.
Al instante se observaban sus limitados movimientos, abría su boca, sonreía, movía sus ojos, y se movían los brazos, sus manos y sus dedos. El brazo izquierdo no se elevaba como el derecho,”… era como un ascensor que no lograba subir…” diría años después Jorge Paccini, el locutor invitado; “…todo era muy improvisado y la gente solía enojarse…” El tosco y rígido artefacto comenzaba a mostrar signos de decadencia. Los niños invitados a formar cola por el infame payaso, le hacían preguntas y Kong las respondía (¡!!???) Así nos enteramos que King Kong hablaba y era hincha de Boca Juniors y amigo de “El Increíble Hulk”. Cuando ya habían pasado 15 minutos de comenzado este show el payaso hacía enojar a Kong hablándole del Capitán Drake y éste rompía las cadenas; el locutor advertía al público que corriera por su vida a la salida de emergencia y las cortinas tapaban rápidamente a Kong. Fin del espectáculo.15 minutos, 2 horas de cola, 1.500 pesos de la época.
Sobre la salida de la carpa, se observaba una mano suelta de Kong bastante menor en tamaño a la de la película lista para que los niños convencieran a sus padres de que les tomen una fotografía, bastante cara por cierto. También podían optar por pedir que les compren los globos de Kong, el cuento para pintar, el disco o los deprimentes muñecos mal pintados.
El ingeniero Eddie Surbin manejaba detrás del telón una consola que interpolaba las energías eléctricas e hidráulicas para posibilitar los movimientos de Kong. La voz del famoso gorila no provenía de sonidos programados, se trataba de deformaciones acústicas que generalmente hacía el mismo ingeniero.


Semana tras semana, el éxito de Kong se mantuvo por cuatro meses. Entrado el verano, en enero, la idea de los empresarios que trajeron a Kong era hacer una temporada veraniega en la ciudad más concurrida de las vacaciones: Mar del Plata. El plan era hacer esa temporada y luego partir rumbo a Río de Janeiro, luego Venezuela, Mexico y finalmente regresar a Los Angeles.
Corrían los primeros días de enero y los diarios locales y carteles anunciaban que King Kong estaba en Mar del Plata. Lo cierto es que debido a dificultades técnicas y de estructura debió atrasarse el estreno aproximadamente un mes. El lugar donde se desarrollaría el evento era el famoso estadio de Boxeo llamado Bristol. Fue necesario levantar muros de contención y realizar excavaciones para ganar la altura necesaria con el objetivo de que Kong, erguido, pudiera caber debajo de una enorme carpa inflable. Así el lugar se reconvirtió en una especie de anfiteatro; todo esto construido en tiempo record, apenas un mes, suficiente tiempo para augurar una pérdida importante de público, sobre todo porque se sabe que el mes de enero es el más importante en afluencia de gente de la temporada veraniega.
También aquí se complementó el show con números circenses de acróbatas y music hall ; el show ahora duraba un poco más de media hora y costaba más del doble de lo que había costado en Buenos Aires.


gorila

El turismo no acudió como se esperaba, se observaban muchos espacios vacíos entre las butacas y muchos en Buenos Aires ya lo habían visto así que no tenía sentido volver a ver un espectáculo tan pobre y tan caro.
En febrero continuó la merma y la temporada terminó.”El show de King Kong en Mar del Plata” fue uno de los fracasos más importantes en materia de espectáculos que se recuerde en Mar del Plata. Se perdió mucho dinero, y las demandas y las deudas millonarias comenzaron a pesar sobre los hombros de los responsables del asunto.
En marzo de ese mismo año la empresa que realizó y armó la carpa la retiró dejando a la intemperie al pobre Kong. El público se había ido y King Kong quedó solo con la mirada perdida puesta en el mar, quizás con esa esperanza de volver a Manhattan o Los Angeles o mejor aún a La isla Skull, su verdadera casa.
Abandonado como gigantesco desecho colocaron una lona sobre su cabeza para que nadie se diera cuenta de que King Kong permanecía inerte esperando resolver su futuro y viajar a Brasil.
Los meses transcurrían y Kong permanecía allí. La humedad, la lluvia otoñal y por último el frío invierno de la costa comenzaron a deteriorar el pelaje de crin original de 600 caballos argentinos. La consola de movimientos tapada con otra lona comenzaba a oxidarse. La muerte de Kong acechaba día tras día; ya nadie hablaba de Kong, ni siquiera los secuaces del aparato represor del General Videla. Ese mismo año (1979) visitaría el país traído por el canal oficial ATC, Lou Ferrigno, más conocido como “El Increíble Hulk”, justamente “el amigo de Kong”. Ahora le tocaba a otra bestia recibir al público Argentino.
La Sociedad de Derechos de Autor para la música Argentina –SADAIC- finalmente embargó al gigantesco muñeco solicitando una deuda con intereses por derechos musicales no abonados y explotados sin autorización de los autores. Si bien no era un espectáculo musical, durante el show y la espera se escuchaban temas disco de moda, desde Bee-Gees hasta Palito Ortega.
La empresa de Rio De Janeiro también se hizo escuchar. Y los licenciatarios estadounidenses del enorme simio pedían las cabezas de los argentinos. Eran estos mismos licenciatarios los dueños de los dos únicos modelos de King Kong que se mantuvieron intactos en los Estudios Universal de Florida hasta hace un par de años atrás, cuando fueron devorados por las llamas del incendio que azotó dichos estudios.
Por otro lado la codicia de los inescrupulosos empresarios que armaron este espectáculo en complicidad con gente del gobierno terminaron acrecentando sus deudas de locación de alquiler por el estadio Bristol. Los dueños del predio tuvieron que ingeniárselas para montar con una grúa a Kong y transportarlo a otro lado donde no moleste, pues nadie allí pagaba la renta. Así Kong viajó una vez más y ya sin levantarse fue depositado en las afueras de la ciudad de Mar del Plata a metros de una villa miseria y a cuadras de la cárcel de Batán. Allí, arrojado como basura, el artefacto de 3 millones de dólares, quedó mezclado entre los escombros y la inmundicia del lugar. Legiones de ratas se devoraron el pelaje y hasta el látex que cubría a la octava maravilla del mundo. La agonía de Kong duró un par de meses. Estoico, luchó como pudo, ya sin piel y dejando entrever su fisonomía metálica. Los lugareños de la humilde villa vieron en Kong un regalo del cielo; toneladas de metal para armar paredes y cubrir techos a sus ranchos. Los Niños descalzos jugaban en el interior del moribundo Kong arrancando cables y mangueras hidráulicas como inocente divertimento sin saber que yacía sobre sus desnudos y sucios piecitos el rey de los monstruos. El rey Kong, derrotado por la inescrupulosidad y codicia vergonzante, perdido, ultrajado y devorado por la miseria y la corrupción.

Primeros días de Noviembre de 1979. Aunque no hay una fecha exacta, quizás el día 8 sea la fecha en que el rey Kong murió. La misma en la que Willis O’Brien, el creador, animador original y padre de King Kong , falleció en 1962


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Mas info sobre " King kong ":el retorno del rey

La trascendencia alcanzada por King Kong como mito proviene de su definición como outsider cultural. Kong no es un héroe al uso (hombre y blanco) sino un mito de masas destructor proveniente del cruce entre el Primer y el Tercer Mundo. En este sentido, la imagen trágica de Kong cayendo del Empire State es uno de esos iconos absolutos, creados en Hollywood pero lanzados a toda la cultura mundial, que acabaría siendo absorbido en forma de plagio (toda la vertiente asiática de Godzilla), secuelas (El hijo de Kong –The Son of Kong, Ernest B. Schoedsack, 1933– la más memorable entre las menos) y versiones (la de 1976 por John Guillermin).

El remake de Peter Jackson (2005) es quizás (y con permiso de Parque Jurásico –Jurassic Park, Steven Spielberg, 1993–) lla obra más interesante inspirada por la ficción original. King Kong (Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, 1933) fue el fruto de las tres pasiones de Cooper: la exploración, la aviación y el cine. Consiguió grandes resultados en los tres ámbitos y con esta película reunió parte significante de las tres. Peter Jackson es el niño que ve King Kong con cinco años y graba en Super 8 una versión casera del mismo, alguien que sueña con hacer cine y expediciones, y que cuarenta años más tarde tiene la oportunidad de revisitar el mito y hacerlo fijándose más en las pasiones del anterior director que en los elementos de la historia en sí.

El cine siempre se ha aprovechado de las adaptaciones literarias para conseguir grandes éxitos, si bien el fenómeno de adaptación de una obra audiovisual preexistente es, si hablamos en términos de magnitud y cantidad, considerablemente reciente. ¿Qué es lo que ocurre cuando el remake se apropia no de un filme menor sino de la película fantástica por excelencia? Aun siendo increíblemente respetuoso con el material original, Jackson introduce cambios sustanciales en los sujetos del relato al mismo tiempo que modifica algunas de las estructuras más profundas.

La película

Si de algo peca la nueva versión de King Kong es de ser muy autoconsciente: sabe que la versión del 33 es un clásico intocable, es conocedora del fracaso del remake de Guillermin, y da por hecho que el público no va a asistir con los ojos limpios a ver el espectáculo. En consecuencia, no trata de descubrirles una historia, sino que intenta hacer una relectura de la misma. Tal como Casetti proclama acerca del intertexto, el cine dentro del cine es un juego de espejos, “un procedimiento gracias al cual (…) el discurso se insinúa en otro discurso; desenlaces con los que el mundo que se desarrolla en la pantalla llega a introducirse o a depender de un mundo que le es paralelo”

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Tal vez lo más llamativo del remake de King Kong es la importancia que se le da al propio cine dentro de la historia. Por un lado tenemos un nuevo villano (Kong nunca será el malo de la película), Carl Denham, que en esta ocasión no es ni el aventurero original ni el cobarde empresario petrolero de la versión de 1976: el Denham de Jackson, director de cine a lo Herzog, únicamente piensa en la captación de imágenes nunca vistas anteriormente. Podrá poner su vida (y la de sus amigos) en peligro, en medio de una estampida de dinosaurios, pero nunca dejará de sujetar él mismo la cámara. Así, el remake funciona como imitación del filme original, pero también como un fake making-of de la primera película.

Son curiosos todos los homenajes que Jackson perpetúa: menciona a la actriz protagonista del filme de 1933 (“Quiero a Fay Wray para la película”, anuncia Denham. “Eso es imposible, ahora mismo está rodando”, le contestan); utiliza la ropa de los nativos originarios cuando se recrea el paso por la isla en el teatro neoyorquino; fusila diálogos del filme original en la película que se rueda dentro del remake, etc. El director se sitúa así siempre por encima del espectador lanzando juegos de referencias.

Pese a lo discutible de la siguiente categorización, el cine narrativo clásico tiende a caracterizarse por ser “historia”. En King Kong (1933), el narrador se limita a mostrar la percepción de un personaje. La película facilita un intercambio imaginario por el cual el espectador tiene la sensación de controlar el espectáculo y la película parece contarse a sí misma. El King Kong de 2005 es (en términos igualmente discutibles) todo un ejemplo de “discurso”. La película está repleta de marcas de autor (esos primeros planos ralentizados, casi abstractos, en los que se plasma el miedo a la isla; un cierto afán gore a la hora de tratar las muertes de los nativos; la cámara haciendo movimientos imposibles, auténtica marca de fábrica de Jackson; el primer plano como máximo exponente de todos los personajes, incluido el gorila), reflexiona continuamente sobre los tres personajes principales y da instrucciones exactas al espectador respecto lo que debe sentir.


¿King kong murio en argentina?

Figuras

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Kong es siempre un villano sobrenatural que ha superado la inevitable expiración y ha alcanzado una suerte de inmortalidad. Skull Island es una tierra de seres míticos donde el tiempo parece haberse detenido y se ha vencido al sol y a la luna para implantar una oscura claridad. El gorila está condenado a una eternidad solo y espera superarla mediante breves compañías femeninas, aunque eso, en realidad, sólo sea un pequeño reconfortante en el tormento de un ser que se sabe fuera de lugar. Kong no es sólo un animal. Es un rey, un dios y un espíritu.

La versión de 1933 nos deja claro que es un monstruo destructor con fuerza sobrehumana. La versión de Peter Jackson no obvia las características extraordinarias del gorila, pero basa todo rasgo increíble del mismo en términos naturales, de modo que Kong es gigante y fantástico, pero también puede ser domado. El cine actual se obliga a sí mismo a tratar los temas fantásticos de la manera más realista posible (los efectos, el sonido, la ambientación histórica, los movimientos de los personajes ) y, en consecuencia, Jackson crea un King Kong más alejado del arquetipo y más cercano a los zoológicos. A diferencia de la película de Cooper y Schoedsack, aquí sabemos que King Kong es el último de su estirpe (asistimos al descubrimiento de la calavera de quien, tal vez, fuese su última compañera), luego apreciamos su carácter humano por encima de su condición mitológica.


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En el King Kong de 1933 el objeto de valor sería la chica, pero sobre todo el valor que reside en ella: la belleza rubia e insólita de la que Kong va a quedar prendado. Ann Darrow nunca será sujeto de una historia en la que aparece en prácticamente todas las secuencias, es un objeto de valor objetivo. Es “tenida” por los sujetos de la historia, pero nunca “es” por sí misma. Algo similar ocurre en la versión de 1976, sólo que aquí el valor de belleza es directamente sustituido por el del sexo.

La película de Peter Jackson, acorde con su época, incluye un objeto de valor subjetivo que no sólo es la mujer secuestrada e histérica, sino una heroína a su pesar que es capaz de calmar al mono, comprenderlo, divertirlo e incluso poseerlo. King Kong no protege a Ann sólo porque la quiera para él: la protege porque es la obligación que ha contraído con un objeto/persona a la que aprecia. La protección se efectúa para ella. En este sentido, la importancia de la chica como actante es capital para entender los cambios efectuados en la versión de Jackson. Toda la película está contada a través de sus ojos y es ella quien acaba siendo el sujeto máximo de la historia. Una vez que el gorila escape en Nueva York será Ann quien vaya en busca del mismo para calmarlo y no Kong quien la secuestre. Y es que, de alguna manera, el héroe del remake es el propio Kong.


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El King Kong de 1933 presenta a un John Driscoll a la conquista del tiempo. Se puede decir que John Driscoll es un héroe solar mientras que Jack Driscoll (2005) es básicamente nocturno. El héroe solar siempre es un guerrero violento y en esto se opone al lunar, que es un resignado. En el solar más que la sumisión a un destino lo que cuentan son las hazañas: a diferencia de Jack, en John la espiritualidad de combate no es sólo una característica, sino todo lo que da sentido a su vida.

Hombre de mundo aparentemente maduro, John Driscoll es en realidad un eterno adolescente que necesita moverse sin parar a pensar que el tiempo también puede acabar con él. Conseguirá a la chica pero “no sabemos qué sucedió en el matrimonio porque el héroe, como arquetipo, no sabe qué hacer con la princesa una vez que ha ganado” .

Como perfecto héroe del siglo XXI, Jack Driscoll (2005) es, ante todo, un romántico: el héroe sin sentimientos ha muerto y su lugar ha sido ocupado por un protagonista enamorado. Uno al que, por supuesto, no le ha costado en absoluto caer rendido ante los pies de la mujer porque es el devenir al que siempre había aspirado. Este Driscoll respeta las decisiones de Ann y no hay un solo momento en que maltrate al gorila. Tampoco asiste a la exhibición de Kong en el teatro, y cuando sube al Empire State su función no es la de salvar a la chica, sino la de acompañarla en un momento de extrema tristeza. Lo que para él es más importante no son las hazañas a llevar a cabo (siempre se efectuarán a regañadientes) sino el destino en pareja que le aguarda. Para ellos sí podemos imaginar un futuro en familia porque Driscoll existe en función de su enamorada. Sin ella, no es nada, con lo que en esta ocasión la eternidad se ve reflejada en el fin de la aventura en lugar de en el comienzo.


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Las dos versiones difieren en muchos más aspectos, pero el cambio central es el de estos tres elementos: Ann Darrow pasa de objeto a actante, Driscoll muta de héroe en lucha contra el tiempo a figura acomodada en la domesticidad y King Kong deja de ser villano para convertirse en un arquetipo de héroe condenado a desaparecer.

Ascensión y caída

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Nada más empezar el King Kong de 2005 nos encontramos con tres rasgos que definen a la perfección la película del ambicioso Peter Jackson. El primero se deduce de unos títulos de crédito deudores del original: vamos a asistir a una obra respetuosa con el primer Kong pero reciclada, en color y estilizada. El segundo viene en forma del primer plano de la película: un mono en Nueva York, en este caso en un zoológico, marcando la circularidad de la obra. No sólo eso: el mono husmea en el oído de su pareja, necesita el afecto y la compañía. El tercer rasgo no lo vemos pero lo escuchamos: mientras se produce una breve sinfonía de la ciudad y, en particular, de las diferentes consecuencias de la depresión del 29, escuchamos una canción que nos indica de manera autoconsciente que “I´m sit on top of the World”. Sabemos que ésta es la historia de un ascenso y una caída, del vértigo a la subida y la rapidez fulminante de quien cae desde lo más alto.

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Para entender bien alguna de las diferencias fundamentales entre los dos Kong, conviene detenerse en la muerte del gorila en el Empire State Building. Bachelard asegura que “imaginamos el impulso hacia arriba y conocemos la caída hacia abajo. La caída sería del lado del tiempo vivido.”[4] La ascensión vendría a ser el símbolo de la conquista, mientras que la bajada es el reconocimiento de la muerte y la toma de conciencia de la angustia temporal.

El King Kong de 2005 no cae al vacío, sino que desciende hacia lo absoluto. Aunque muera, ha conseguido lo que pretendía: el afecto de la chica, su preciado símbolo de intimidad. La ha protegido hasta las últimas consecuencias, y cuando se desploma desde lo alto del Empire State se sabe acompañado; es menos bestia, ha perdido el trono pero acepta su futuro. Podríamos hablar de una doble negación en su destino: el abismo se convierte en un objetivo, y la caída convertida en descenso acaba siendo placentera.

Mientras que en la versión de Cooper y Shoedsack Kong cae fulminantemente en un plano general para alegría de todos, Jackson se recrea en la lentitud del momento y ralentiza la imagen hasta el infinito. La despedida de Kong con la chica no implica, por supuesto, una necesidad explícita de querer morir, pero no se resiste y se deja caer de manera ligera, sin hacer ruido, porque la bella lo ha abrazado con lágrimas en los ojos y eso es todo lo que él podrá conseguir. Kong quiere una compañera, pero acaba consiguiendo una madre. La caída al abismo, la regresión nocturna, proyecta de algún modo la gran imagen maternal. En este sentido, no está de más resaltar el momento de felicidad plena que ambos viven antes de la tragedia patinando en un lago helado en Central Park.

En la película original, King Kong , animal monstruoso y símbolo de totalización, se acaba descubriendo mortal pero no humilde. Incapaz de sobrevivir a un mundo sin mitos o fábulas, es destruido por la implacable maquinaria de la urbe. Peter Jackson no traiciona la historia original pero sí la mirada sobre ella. De esta forma, el mono acabará cayendo igualmente del Empire State, pero quien queda arriba no es el triunfo, sino la derrota.


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