Mi reverencia a tu divino ser encarnado en esta Tierra. ¿Eres tú conciente de que has tomado forma humana por CAUSALIDAD y que lo has hecho en este planeta para algo más que trabajar, comer, gastar dinero, tener hijos, casarte o no, y morir? Si lo eres, enhorabuena porque has despertado al primer paso. Si no lo eres, por favor despierta, y quiera tu mente escuchar a tu alma que clama a gritos por despertar.
Alguna vez te dije que lograr la forma humana es un regalo de lo Alto, y si bien este globo no es de lo más evolucionado (según puedes comprobar en estos mismos días), el humano tiene el potencial de iluminarse. ¿Qué es esto de iluminarse de lo que tantas religiones y corrientes nos hablan? Iluminarse, es llenarse de luz. Tú sabes esto, claro está. Pero, ¿ de qué luz hablamos?. Veámoslo juntos: podría ser de la luz del conocimiento verdadero, tal vez de la luz que da el amor puro, o quizá la de la trascendencia espiritual. Pero ¿qué es esa luz, de dónde viene, quién o qué la da? ¿Tú que crees?.
¿Qué sucedería cuando nos iluminamos? ¿Tú que crees? Hay muchas posibilidades: enloquecer en un estado de éxtasis divino, levitar, ser un sabio, comprender absolutamente Todo, dejar este cuerpo y ascender a un estado inmaterial, uf, ¡y qué se yo cuántas cosas más se me ocurren!. Lo cierto es que el hombre tiene un destino común. Sí, como lo escuchas: el destino de todo hombre es iluminarse. No quiere decir que lo logra, o que no hay otras metas, pero ese es uno de los motivos de tomar forma humana y vivir la existencia en este plano.
¿Por qué, para qué hacernos tomar este cuerpo?. Algo de increíblemente inimaginable tendrá eso de tomar forma humana y pasar por semejante cantidad de pruebas, dolores, escollos, aprendizajes, etc, durante la vida, para que el objetivo final sea ese.
¿Y qué sucedería si derrumbo toda ilusión que te hayas formado y yo te dijese que el ser iluminado es aquel que se ha vuelto el ser más simple de la Tierra, quien es uno con el Uno y con Todo, tanto con un grano de tierra, como con un árbol, un pez o una montaña? Nuevamente te preguntaría entonces ¿ qué es iluminarse? Piensa, vamos! La respuesta yace en lo profundo de tu alma!
Muchas veces creí de pequeño que sabio era aquel muy inteligente. Pasaron los años, y descubrí que inteligente no era quien conocía muchas cosas, sino quien sabía vivir con sencillez y armonía. Luego supe que sólo era un verdadero sabio quien se había iluminado, y que no necesariamente era alguien plagado de conocimiento. Aún así, se puede llegar a distintas esferas de iluminación. Hay muchos grados de Luz. Míralo así: una chispa, la luz de una vela, una fogata, una hoguera, un incendio, un sol, una galaxia, en fin, hasta un Ser de Luz. Pasamos de lo material a lo inmaterial, de lo pequeño a lo infinito, de una chispa a Dios. Son grados de la misma esencia.
Y entonces ¿qué es la Luz?. Si sabes responder a eso, será porque miraste lo suficientemente profundo dentro de ti. Disculpa si crees que te subestimo, y disculpa si crees que te exijo mucho. Disculpa en cualquier caso mi torpeza, pero recuerda: yo soy sólo tu hermano, alguien que te ama y vino a aprender como tú. No soy maestro, soy alumno. Acéptame como tal, para que no me idealices ni condenes. Toda virtud que veas en mí viene de lo Alto, y todo defecto de mi ignorancia, así que te pido dos cosas para conmigo: piedad y amor. Y no sólo para mí: también para tu enemigo y para tu amigo, para un hombre o un pájaro, para una planta o una roca, y sobre todo PARA CONTIGO MISMO.
Ahora bien: he tenido este último mes la alegría de reencontrarme con una hermanita de otra vida, y con su pareja, a quien quiero mucho. Con él, hemos hablado de la mente. A veces he sentido que la mente como tal, o sea como parte activa de nuestro ser humano, es un instrumento de elevación o uno de nuestros máximos escollos. Tú bien lo sabes, y a modo de ejemplo voy a obsequiarte esta semana un cuento del Tibet muy educativo, llamado "El León". Presta atención:
En una ocasión, un león se aproximó hasta un lago de aguas espejadas para calmar su sed y, al acercarse a las mismas, vio su rostro reflejado en ellas y pensó: «¡Vaya!, este lago debe ser de este león. Tengo que tener mucho cuidado con él. Atemorizado se retiró de las aguas, pero tenía tanta sed que regresó a las mismas. Allí estaba otra vez el "león". ¿Qué hacer? La sed lo devoraba y no había otro lago cercano: Retrocedió. Unos minutos después volvió a intentarlo y, al ver al «león», abrió las fauces amenzadoramente, pero al comprobar que el otro «león» hacía lo mismo, sintió terror. Salió corriendo, pero era tanta la sed! Lo intentó varias veces de nuevo, pero siempre huía espantado. Pero como la sed era cada vez más intensa, tomó finalmente la decisión de beber agua del lago sucediera lo que sucediese. Así lo hizo. Y al meter la cabeza en las aguas, ¡el «león» desaparecìó !
¿Comprendes la enseñanza? La parte más substancial en lo que a mí respecta se destaca en la frase TOMÓ LA DECISIÓN SUCEDIERA LO QUE SUCEDIESE. Tantas veces tomamos decisiones materiales y vanales a cualquier costa, o lo hacemos cuando ya no nos queda más remedio! Pero como decía el Paramahansa Yogananda: ¿a qué esperar? ¿estarás mañana más listo que hoy?
Aquí, en Argentina, vino a enseñar un monje vedantista de la orden de Sri ramakrishna, llamado Swami Vijoyananda. Él contaba que cierta vez debió confrontarse con su mente, en la siguiente ocasión: se le había ordenado que se sumergiese y nadase en aguas heladas. Era necesario para su templanza de la voluntad espiritual. Cubierto sólo con una toalla, miraba indeciso las frias aguas. Siempre a punto de lanzarse, pensaba en el frio que sentiría, y no lo hacia. Por fin tomó una drástica decisión: tiró la toalla, lo único que lo cubría, al agua fria del lago. Viéndose desnudo y comenzando a sentir el frio de estar descubierto, se lanzó al lago a buscar su toalla, y lo logró. Esto es sólo un ejemplo. Para vivir la vida material no necesitas determinación conciente, sino inercia mundana e instinto. Para vivir la vida espirtual, requieres decidir constantemente. Eso te llevará a despertar inevitablemente. Es sólo tiempo, pero la Luz tarde o temrano brotará en ti. Créeme. O si quieres, no me creas, pero haz lo correcto. También aquí en Argentina, una encarnación muy amada por mí, dijo una frase drástica: Serás lo que debas ser, o sinó, no será nada...
Medita sobre esto y ten fe para que esta semilla fructifique algún día. Gracias, bendita sea tu alma, en paz sea tu mente, y en armonía tu cuerpo.
Alguna vez te dije que lograr la forma humana es un regalo de lo Alto, y si bien este globo no es de lo más evolucionado (según puedes comprobar en estos mismos días), el humano tiene el potencial de iluminarse. ¿Qué es esto de iluminarse de lo que tantas religiones y corrientes nos hablan? Iluminarse, es llenarse de luz. Tú sabes esto, claro está. Pero, ¿ de qué luz hablamos?. Veámoslo juntos: podría ser de la luz del conocimiento verdadero, tal vez de la luz que da el amor puro, o quizá la de la trascendencia espiritual. Pero ¿qué es esa luz, de dónde viene, quién o qué la da? ¿Tú que crees?.
¿Qué sucedería cuando nos iluminamos? ¿Tú que crees? Hay muchas posibilidades: enloquecer en un estado de éxtasis divino, levitar, ser un sabio, comprender absolutamente Todo, dejar este cuerpo y ascender a un estado inmaterial, uf, ¡y qué se yo cuántas cosas más se me ocurren!. Lo cierto es que el hombre tiene un destino común. Sí, como lo escuchas: el destino de todo hombre es iluminarse. No quiere decir que lo logra, o que no hay otras metas, pero ese es uno de los motivos de tomar forma humana y vivir la existencia en este plano.
¿Por qué, para qué hacernos tomar este cuerpo?. Algo de increíblemente inimaginable tendrá eso de tomar forma humana y pasar por semejante cantidad de pruebas, dolores, escollos, aprendizajes, etc, durante la vida, para que el objetivo final sea ese.
¿Y qué sucedería si derrumbo toda ilusión que te hayas formado y yo te dijese que el ser iluminado es aquel que se ha vuelto el ser más simple de la Tierra, quien es uno con el Uno y con Todo, tanto con un grano de tierra, como con un árbol, un pez o una montaña? Nuevamente te preguntaría entonces ¿ qué es iluminarse? Piensa, vamos! La respuesta yace en lo profundo de tu alma!
Muchas veces creí de pequeño que sabio era aquel muy inteligente. Pasaron los años, y descubrí que inteligente no era quien conocía muchas cosas, sino quien sabía vivir con sencillez y armonía. Luego supe que sólo era un verdadero sabio quien se había iluminado, y que no necesariamente era alguien plagado de conocimiento. Aún así, se puede llegar a distintas esferas de iluminación. Hay muchos grados de Luz. Míralo así: una chispa, la luz de una vela, una fogata, una hoguera, un incendio, un sol, una galaxia, en fin, hasta un Ser de Luz. Pasamos de lo material a lo inmaterial, de lo pequeño a lo infinito, de una chispa a Dios. Son grados de la misma esencia.
Y entonces ¿qué es la Luz?. Si sabes responder a eso, será porque miraste lo suficientemente profundo dentro de ti. Disculpa si crees que te subestimo, y disculpa si crees que te exijo mucho. Disculpa en cualquier caso mi torpeza, pero recuerda: yo soy sólo tu hermano, alguien que te ama y vino a aprender como tú. No soy maestro, soy alumno. Acéptame como tal, para que no me idealices ni condenes. Toda virtud que veas en mí viene de lo Alto, y todo defecto de mi ignorancia, así que te pido dos cosas para conmigo: piedad y amor. Y no sólo para mí: también para tu enemigo y para tu amigo, para un hombre o un pájaro, para una planta o una roca, y sobre todo PARA CONTIGO MISMO.
Ahora bien: he tenido este último mes la alegría de reencontrarme con una hermanita de otra vida, y con su pareja, a quien quiero mucho. Con él, hemos hablado de la mente. A veces he sentido que la mente como tal, o sea como parte activa de nuestro ser humano, es un instrumento de elevación o uno de nuestros máximos escollos. Tú bien lo sabes, y a modo de ejemplo voy a obsequiarte esta semana un cuento del Tibet muy educativo, llamado "El León". Presta atención:
En una ocasión, un león se aproximó hasta un lago de aguas espejadas para calmar su sed y, al acercarse a las mismas, vio su rostro reflejado en ellas y pensó: «¡Vaya!, este lago debe ser de este león. Tengo que tener mucho cuidado con él. Atemorizado se retiró de las aguas, pero tenía tanta sed que regresó a las mismas. Allí estaba otra vez el "león". ¿Qué hacer? La sed lo devoraba y no había otro lago cercano: Retrocedió. Unos minutos después volvió a intentarlo y, al ver al «león», abrió las fauces amenzadoramente, pero al comprobar que el otro «león» hacía lo mismo, sintió terror. Salió corriendo, pero era tanta la sed! Lo intentó varias veces de nuevo, pero siempre huía espantado. Pero como la sed era cada vez más intensa, tomó finalmente la decisión de beber agua del lago sucediera lo que sucediese. Así lo hizo. Y al meter la cabeza en las aguas, ¡el «león» desaparecìó !
¿Comprendes la enseñanza? La parte más substancial en lo que a mí respecta se destaca en la frase TOMÓ LA DECISIÓN SUCEDIERA LO QUE SUCEDIESE. Tantas veces tomamos decisiones materiales y vanales a cualquier costa, o lo hacemos cuando ya no nos queda más remedio! Pero como decía el Paramahansa Yogananda: ¿a qué esperar? ¿estarás mañana más listo que hoy?
Aquí, en Argentina, vino a enseñar un monje vedantista de la orden de Sri ramakrishna, llamado Swami Vijoyananda. Él contaba que cierta vez debió confrontarse con su mente, en la siguiente ocasión: se le había ordenado que se sumergiese y nadase en aguas heladas. Era necesario para su templanza de la voluntad espiritual. Cubierto sólo con una toalla, miraba indeciso las frias aguas. Siempre a punto de lanzarse, pensaba en el frio que sentiría, y no lo hacia. Por fin tomó una drástica decisión: tiró la toalla, lo único que lo cubría, al agua fria del lago. Viéndose desnudo y comenzando a sentir el frio de estar descubierto, se lanzó al lago a buscar su toalla, y lo logró. Esto es sólo un ejemplo. Para vivir la vida material no necesitas determinación conciente, sino inercia mundana e instinto. Para vivir la vida espirtual, requieres decidir constantemente. Eso te llevará a despertar inevitablemente. Es sólo tiempo, pero la Luz tarde o temrano brotará en ti. Créeme. O si quieres, no me creas, pero haz lo correcto. También aquí en Argentina, una encarnación muy amada por mí, dijo una frase drástica: Serás lo que debas ser, o sinó, no será nada...
Medita sobre esto y ten fe para que esta semilla fructifique algún día. Gracias, bendita sea tu alma, en paz sea tu mente, y en armonía tu cuerpo.