¿Cómo olvidar a Locomia? Nacidos en esa galaxia aparte que es Ibiza, los cinco melenudos españoles llegaron a la ironía máxima: usar (e institucionalizar en la moda) abanicos al mismo tiempo que unos trajes pesados e hiper calurosos.
Locomía nació en el año 1989 como grupo, si bien era un suceso que amenazaba las noches bailables desde el año 1984.
Su aspecto extravagante, cruza de piratas con diseñadores de modas, adornados por las coreografías acompañadas de abanicos, les dio mucha notoriedad al principio. De 1989 a 1992 los veranos sufrieron el síndrome Locomía, con esa mezcla de ritmos hispanos y música electrónica, que para muchos fue una muestra superlativa de mal gusto.
Prácticamente no había rincón en el mundo occidental en el que no se escucharan temas como “Rumba Samba Mambo” o “Loco Vox”.
En 1992, luego de haber editados dos discos y “conquistado” América Latina, en la que se desató un verdadero furor, se desató la tormenta. Uno de los cuatro miembros originales abandonó la banda y se inició un juicio entre su creador (y uno de los cantantes) Xavier Font y el ex manager Manolo Gil.
Este último quiso crear a Los Locomia II al verano siguiente, pero la idea fue un fracaso y los originales se disolvieron.
¿Qué se hizo de ellos? ¿Qué sucedió con los Locomia? La respuesta va a helar la espalda a más de uno.
¡Locomia regresó! Acaban de editar un disco llamado “Corazón” y están de gira. Aquellos que esperan ver a lo viejos Locomia, semi disfrazados, se llevarán una sorpresa.
Con un look que se asemeja más a las bandas de teen pop actuales, dejaron de lado la vistosidad conocida. De los integrantes originales en realidad queda uno solo y su creador Xavier Font.
Los miembros originales se hallan desperdigados y tuvieron diferentes destinos. Francesc Picas, el de pelo largo, intentó una carrera solista y aún sigue intentándolo, aunque estuvo a punto de volver a la formación original. También es escritor y poeta, en cuyos círculos artísticos no le fue fácil introducirse, de acuerdo a sus antecedentes.
Santos se convirtió en bailarín de la TV española, y prosigue esta carrera intermitentemente. Carlos Armas formó un curioso grupo llamado “Vatikano”, para luego abandonarlo dedicarse al rubro empresarial.
Locomia volvió, y a nadie le extrañaría que a lo largo de este verano alguna discoteca deje sonar algunos de los acordes inconfundibles. ¿Los abanicos? Bien, gracias.
Los Parchís
Estrellas pop de nuestra niñez, los Parchís tienen un gancho emocional directo para jóvenes y no tanto, en especial para cualquier persona que se encuentre entre los 25 y 35 años.
Fueron los primeros, junto a Menudo, en ayudarnos a comprender la futbolización de la música desde la niñez. O eras de Parchís o de Menudo. Que te gustaran los dos era muy difícil, o al menos muy raro. Y si bien a diferencia de lo que sucede con Redonditos Vs. Soda Stereo u Oasis Vs. Blur era poco probable que los escolares se trenzaran a trompadas en los recreos a causa de sus preferencias musicales, siempre hubo una rivalidad implícita entre estas bandas de niños.
Los Parchís, mucho antes que el teen pop de turno, que tiene sus raíces en los New Kids on the Block, supieron sacar jugo a la dinámica “niños-adolescentes-amigos con distintas personalidades que forman un grupo”, apadrinados por un productor oportunista.
Los Parchís estaban formados por niños españoles, tres chicos y dos chicas, en una carta “cromática” que iba del rojo al azul, con un color diferenciado para cada uno. Los nombres de sus integrantes, que sacaban suspiros entre vianda y merienda son: Tino (el mayor), David, Frank, Gemma y Yolanda.
En su carrera, que se extendió desde 1979 a 1986, editaron 14 elepés y filmaron siete películas, que versaban sobre la amistad, las aventuras, sus recitales, el descubrimiento del mundo desde la infancia y el crecimiento. Es decir, lo que quiere hacer Erreway pero infinitamente mejor, y con más capacidad lacrimógena en aquellos niños sensibles que supimos ser. Recorrieron el mundo en diversas giras y consiguieron suficientes discos de platino para hacer una estatua.
Algunos de sus clásicos, incluidos en discos como “Las locuras de Parchís” u “Hola amigos” eran “Hasta luego Cocodrilo”, “Pajaritos a bailar” o “Cinco amigos de verdad”.
¿Qué sucedió con todos ellos cuando se separaron en el ’86? Ya eran bastante grandecitos para seguir dedicándose a ser parte de una banda de niños.teens y el grupo se desbandó, una lección que deberían aprender varias bandas del norte,. Aquí hacemos un recorrido uno por uno.
Tino – Su nombre verdadero era Constantino Fernández, y era el que siempre vestía de rojo. Actualmente tiene 38 años. Está casado con Eva Artigas, a quien conoció en una empresa de la que es un alto ejecutivo. Vive en Barcelona, no tiene hijos, y actualmente intenta reunir nuevamente a los Parchís.
A los 16 años comenzó una carrera solista por la que obtuvo dos dicos de oro. Hace algunos años tuvo un accidente por el que debió serle amputado parte de un brazo.
Frank – Su nombre es Francisco Díaz Torres, usualmente vestido de azul (no ahora, esperemos, en épocas de los Parchís). Tiene 34 años, está casado y tiene una hjija llamada Ona. Se dedicaba hasta hace poco a la hostelería en Barcelona pero ahora tiene planes de volver a trabajar en publicidad, donde se desempeñó años después de la ruptura del grupo.
Yolanda - Su nombre real es Yolanda Ventura Román, tiene 37 años y representaba el color amarillo en Los Parchís. Vive en la Ciudad de México y sigue con su carrera artística, esta casada con el actor Alejandro Aragón, y tiene un hijo llamado también Alejandro. Actualmente participa como actriz en una obra humorística en torno al sexo, llamada “Monólogos de la Vagina”, que supo ser estrenada con otros artistas en varias partes del mundo, incluyendo Uruguay.
Gemma - Gemma Prratts Tremens representaba al color verde y tiene hoy en día 36 años. Vive en Barcelona, estudió puericultura y trabaja en su jardín de niños. Esta casada y tiene una hija de seis años que se llama Mireia.
David - David Muñoz Forcada hacía el papel de “dado” o “comodín”. Aparecía de blanco, negro o combinando ambos colores. Tiene 35 años. Se dedica a la publicidad y a la postproducción (hace retoque de imágenes para TV), y ha colaborado para la realización de videos del grupo Kabah, Miguel Bosé y Mecano. Vive en Barcelona y es el único de los cinco Parchís que no está casado.
¿Se reunirán los Parchís nuevamente, de acuerdo a lo que quiere Tino? Si lo hicieron los Sex Pistols, los Village People o Locomía, ¿por qué no podrán hacerlo ellos, que se encuentran entre los personajes más queridos de la década de los ’80? Por lo pronto lo único que han hecho es editar el disco “Parchís Generación 2000”, un compilado modernizado de 17 clásicos del grupo.
A mediados de la década de los ’80 muchos se disputaban el terreno de una mina de oro recién descubierta: el pop para niños y adolescentes. A lo largo y ancho de América Latina grupos como Menudo, Los Parchís o Tremendo arrasaban con los corazones sensibles de los niños y los bolsillos de los padres, produciendo discos y películas a rolete.
Argentina, que no pretendía quedarse fuera del fenómeno, dio a conocer en Festilindo, año 1984, su propia respuesta: un niño cantor con el mismo nombre y apellido que el pintor Picasso, Pablo Ruiz, aunque en realidad su verdadero nombre era Pablo Coronel.
Dos años después de esta aparición fulgurante, el enrulado niño prodigio saltó directamente a la fama de las arenas discográficas. Cantando “Oh mamá, ella me ha besado; oh mamá, estoy enamorado”, Pablito se puso al tope de las ventas. Es cierto, la letra no se caracterizaba por su osadía lingüística ni por convertirse en un profundo alegato sobre las pasiones y desengaños de la infancia, pero debemos recordar que se trataba simplemente de un niño cantando para niños (o niñas, en el mejor de los casos).
Del ’87 al ’97 Pablito Ruiz grabó siete discos, entre los que se cuentan “Pablo Ruiz”, “Un Ángel”, “Océano”, “Espejos azules”. A principios de los ’90, cuando el cantante contaba con unos quince o dieciséis años, decidió irse a un mercado mayor: México, a fin de engrosar su lista de fans y una cuenta bancaria que iba engordando proporcionalmente.
En esa época el dinero entraba a raudales, gracias a la candidez de su rostro y voz combinada con el furor del “children pop” de aquel momento. Para el año ’97, sin embargo, las cosas ya no eran las mismas. Pablito rondaba poco más de veinte años y sufrió un cambio de voz en forma más brusca de lo normal. Su sello de entonces decidió lavarse las manos. De un momento al otro, Pablito Ruiz ya no tenía carrera y tampoco cuerdas vocales.
El otrora niño prodigio archivó su carrera como cantante y se dedicó a la actuación y comedia musical en estos últimos años. Trabajó en obras como “Anastasia”, “La Cenicienta” o “La Máscara del Zorro”. Sin embargo, al igual que los zapatos de plataforma, los pantalones Oxford o los políticos latinoamericanos todo vuelve en la vida, más aún en esta época de revisionismo retro. Pablito decidió relanzar su carrera vocal con un nuevo disco, bajo el mismo sello que Cristian Castro y grabado en México, Nueva York y Los Ángeles.
Cuando Ruiz, bordeando los treinta años de edad, se disponía a dar la noticia bomba al mundo, un escándalo se le adelantó por escasas horas. Un programa de TV mexicano, del que se hizo eco “Intrusos” de Jorge Rial, mostró unas presuntas fotos en las que el cantante aparecía travestido, junto a varios acompañantes vestidos a tono.
Las imágenes y los titulares recorrieron el mundo: “Pablito Ruiz se hizo travesti”. Al mirar las fotos parecía imposible dudar sobre la identidad del cantante. Sin embargo, tanto el sello como el artista negaron muy presurosos el vínculo. Al parecer se trataba de un travesti muy conocido en el ámbito cultural mexicano, idéntico a Ruiz.
Con la presencia mediática que le dio el escándalo, Pablito fue recibido el mes pasado en Argentina, descubriendo que aún mantiene un grupo nutrido de fans. Allí se vio con Susana Carrizo, una doctora que en camino a los 40 años tiene el valor suficiente para presidir un cub de fans titulado “Pablo Ruiz y sus Pabliamigos”.
El futuro del ex niño mimado parece promisorio. Afirma que su sello apuesta a él como el “artista que va a resurgir”. Dijo a la revista Semanario: “Yo creía que había vivido todo, porque quemé etapas. Pero ahora me doy cuenta que la vida recién empieza”. Cuando escuchemos el nuevo disco podremos confirmar o negar la veracidad de este enunciado.
1977 fue el año en que la música punk hizo implosión en varias partes del globo. El año en que desde Londres los Sex Pistols y The Clash, entre otros, cambiaron el rumbo y la historia de la música. Pero como no solo del punk vive el hombre, ese año también hubo otros acontecimientos musicales que se convirtieron en hitos.
Uno de ellos fue el nacimiento de Menudo, la banda de pop infantil que junto a Parchís arrasó en ola conjunta los mercados discográficos latinos. En la década de los ’80 y parte de los ’90 no había niño o púber que no supiera al menos quiénes eran los Menudo. Los infantes más rebeldes no los toleraban, pero la mayoría los disfrutaba, era fanático o al menos no podía evitar silbar algunas tonadas pegadizas como las de Súbete a mi moto.
Los Menudo tenían una particularidad: como si estuvieran asociados a una tarjeta joven con vencimiento prematuro, los integrantes debían dejar la banda a los 16 años, lo que llevó como consecuencia que desfilara un increíble número de cantantes: más de 30, que desperdigaron 50 discos a lo largo de muchísimos años.
La primera formación del grupo incluía a los hermanos Carlos, Oscar y Ricky Meléndez más Nefty y Fernando Sallaberry, que sumado a los integrantes que ingresaron a la banda hasta mediados de los años ’80, como Johnny Lozada, Ricky Martin, Robby Rosa, René Farrait, Charlie Massó, Xavier, Miguel Cancel, Ruben Gómez y Ray Reyes se convirtieron en algunos de los íconos más representativos del grupo, especialista en arrancar suspiros a niñas y otras que no lo eran tanto.
Su primer álbum se llamó Los Fantasmas, título que no dejaban de recordar con sorna los niños fanáticos de Los Parchís, frecuentemente señalados como los rivales de los Menudo. La popularidad del grupo fue tan grande que los productores de TV también se avisparon, realizando programas semanales e incluso una película. En México el furor era mayúsculo, a tal punto que entraron al libro de los Guiness por la cantidad de espectadores en sus funciones.
”Quiero ser” y “Súbete a mi moto”, que se prestaba para todo tipo de rimas imaginativas en las tribus escolares, incluyendo dobles sentidos con alimentos en grano, fueron los dos temas más promocionados del grupo.
Como toda agrupación apadrinada por un productor, que generalmente es el dueño de los derechos del nombre, el grupo Menudo sigue existiendo a pesar del recambio permanente de sus integrantes, a cargo en este caso de la empresa Menudo Entertainment. Los integrantes actuales, con edades entre 10 y 16 años, editan discos bajo el nombre MDO. Los miembros más famosos, por su parte, se unieron en 1998 para hacer una gira mundial y editar el disco “Menudo: el reencuentro”, a tiempo que Johnny Lozada anunció sus deseos de reformar el grupo con otro nombre.-
¿Pero qué es lo qué hacen actualmente algunos de los integrantes, aparte de soñar con un reencuentro a sus treinta y largos? He aquí un breve resumen biográfico de sus figuras más carismáticas.
De Ricky Martin, el más exitoso de todos, es difícil agregar algo que el público no sepa. Es uno de los cantantes con mayor fama y ventas de América Latina.
Robbie Rosa se convirtió en un famoso compositor y productor de artistas latinos, como el propio Ricky Martin, siendo considerado como el más talentoso de todos los Menudo.
René Farrait, de 37 años, hace vida familiar. Abandonó Menudo en el ’82 y actualmente está casado y con dos hijas.
Ray Reyes, de 35 años, se convirtió en un productor musical sin gran renombre, está divorciado y tiene un hijo.
Ricky Meléndez, de 37 años, es el que estuvo más tiempo en la banda: 8 años, hasta ser sustituido por Ricky Martín. Casado y con dos hijos, es abogado y productor de TV.
Charlie Massó, de 35 años, es actor de novelas (“La gata salvaje” es una de ellas) y editó algún disco solista y un calendario. Actualmente se encuentra prófugo luego de que la justicia de Miami ordenara su arresto por negarse a pagar la manutención de su ex esposa.
Miguel Cancel, de 37 años, hizo una maestría en música y luego se convirtió en policía especial del Equipo SWAT, en Estados Unidos. Tuvo un accidente de tránsito hace meses del que pudo recuperarse.
Johnny Lozada, de 37 años, es también actor de telenovelas. Está casado y con cuatro hijos y hace poco actuó en “Amigas y rivales” y “Cómplices de un rescate”.
Allá por el año 1971 un sujeto llamado Roberto Gómez Bolaños y conocido como Chespirito por su afición a la escritura (diminutivo de Shakespeare pronunciado al estilo Penélope Cruz), inició un programa de TV que se metería en el corazón de varias generaciones latinoamericanas.
Se trataba del Chavo del Ocho, la historia de una típica “vecindad” mexicana, llena de estereotipos reconocibles, caricaturizados y que recorrían con humor y calidez las diferentes clases sociales del México de los ’70.
El Chavo, originalmente sólo un sketch del programa Chespirito, comenzó a nutrirse de los personajes que todos conocemos. Contextualizada en un barrio pobre de América Latina, la serie tiene una serie de personajes desarraigados y sin vínculos familiares fuertes (recordar a Ramón y Doña Florinda viudos y el Chavo como un niño abandonado) a tal punto que la propia vecindad se constituye en una suerte de grupo familiar.
Encerrados en este micromundo con pocas incursiones del exterior, el Chavo y amigos lograron a través del mecanismo del humor hacerse comprender perfectamente por decenas de países de habla hispana. A partir de 1971 la popularidad de la serie fue creciendo por toda Latinoamérica, al igual que sus personajes, lo que llevaría a los primeros problemas entre los actores.
Llegado 1978 Carlos Villagrán (Quico)decide retirarse para crecer artísticamente y trabajar por su cuenta. Planea llevarse consigo el personaje para realizar distintos shows, a lo que Roberto Gómez Bolaños se opone por considerar que se trataba de una creación suya. El asunto terminó en un juicio en el que Chespirito se quedó con todos los derechos del personaje, por lo que Villagrán debió rebautizarlo como “Kiko”.
Años más tarde sería la Chilindrina quien intentara una jugada similar, pero esta vez contó con más argumentos o al menos más dinero para contratar abogados, ya que el tema se saldó amistosamente, quedándose ambos con los derechos del personaje.
El show, a pesar de los cambios, retiradas de su impulso cuesta abajo, se mantuvo hasta 1994, llenando tanto el corazón como los bolsillos de Gómez Bolaños. El destino de los personajes y los actores que los encarnaban, entre tanto, siguió otro rumbo.
El Chavo – Roberto Gómez Bolaños
El Chavo es el niño abandonado de la vecindad. Nadie sabe dónde y con quién vive y cada vez que intenta decirlo algo sucede.
Roberto Gómez Bolaños, su doppelgänger real, es una figura con múltiples actividades culturales, desde escritor o guionista hasta productor. Produjo, actuó y dirigió cinco películas. Sigue escribiendo para teatro y cine. Se casó hace pocos meses con Florinda Meza, la actriz que hacía de Doña Florinda del Chavo. Siempre se dijo que la conoció siendo una auxiliar de limpieza (ella, no él) y la llevó luego al show, aunque esto fue negado por ambos.
Don Ramón – Ramón Valdez
Don Ramón es un pobre trabajador del vecindario que sin embargo nadie ha visto trabajando. Es el padre viudo de la Chilindrina, en eterno conflicto con Señor Barriga.
El actor Ramón Valdez era el más parecido a su personaje en la vida real, excepto por su aversión al trabajo. Se casó 3 veces, tuvo diez hijos y viajó con su propio circo por todo México hasta su muerte, en 1988.
Quico – Carlos Villagrán
Es el hijo de Doña Florinda, un niño envidioso, mimado y de cachetes mullidos que causa sin embargo simpatía.
Carlos Villagrán se fue en el ’78, según él echado por un envidioso Gómez Bolaños y respaldado por Ramón Valdez. Tiene 61 años y aún sigue haciendo el personaje de Quico; tuvo una serie de programas de televisión con el mismo personaje ligeramente modificado y luego inició El Circo de Kiko, con el que recorre toda Latinoamérica. Hace poco estuvo en Argentina.
Doña Florinda – Florinda Meza
La mamá de Quico, la típica doña de barrio con aires de suficiencia y eterna golpeadora de Don Ramón.
La actriz Florinda Meza es también escritora y directora y realizó varios guiones de telenovelas. Vive junto a su marido Gómez Bolaños y participa en varios de sus proyectos.
El profesor Jirafales – Ruben Aguirre
El profesor de la escuela, vanidoso, sabihondo y enamorado de Doña Florinda.
Ruben Aguirre parece hoy más Señor Barriga que Jirafales, de acuerdo a lo que engordó. Tiene 70 años, es productor de TV y sigue haciendo ocasionalmente su personaje en diferentes circos, un fenómeno común en México, por lo visto.
La Bruja del 71 – Angelines Fernández
Es la solterona de la vecindad, en el fondo buena y enamorada de Don Ramón.
La actriz Angelines hizo radionovelas, cine y fue actriz dramática de teatro hasta su muerte en 1994, a la edad de 71 años.
Señor Barriga y Ñoño – Edgar Vivar
El Señor Barriga es el capitalista del barrio, el dueño de la vecindad, siempre listo para cobrar la renta. El ñoño es su hijo acomodado y excesivamente gordo.
Edgar Vivar, el actor que personifica ambos personajes, bajó 50 kilos de peso luego de un problema glandular que lo llevó a engordar en forma desmedida. Abandonó la serie por problemas cardíacos y ahora actúa en telenovelas.
Chilindrina – María Antonieta de las Nieves
Es la niña más inteligente y pícara de la vecindad, quizá producto de su imaginación para compensar la pobreza de su hogar.
María Antonieta continúa haciendo este personaje en distintos circos, al igual que varios de los actores de la tira. Habría que investigar hasta qué edad se puede seguir interpretando un niño sin caer en una suerte de parodia de la parodia.
La vida de todos los niños rubios del mundo nunca volvió a ser la misma luego de la aparición de Macaulay Culkin en “Mi pobre angelito”. Cuando esta película –que cuenta las peripecias de un niño abandonado en su casa- se convirtió en la comedia más redituable de todos los tiempos, el “pícaro, simpático, tierno y candoroso” rostro del ocurrente niño se metió en todas las casas del mundo.
Como resultado, las tías paquidermas, las abuelas cargosas y las más temibles “amigas de mamá” solicitaban a todas las víctimas (blondos infantes con rasgos estéticos aceptables) que pegaran ambas manos a su rostro y pusieran cara de sorpresa y frescura, como el afiche promocional de la película. Luego de la décima repetición los niños deseaban conocer al propio Culkin para trenzarse a las trompadas limpias.
Corría el año 1990 y en ese entonces el actor Macaulay Culkin, conocido por el mundo como el “pobre angelito”, contaba con diez años. Ya había actuado en algunas producciones menores en Broadway, pero con el film mencionado saltó a la fama como el niño más célebre y mimado de Hollywood desde Shirley Temple (desde que Shirley Temple era niña, es claro). Se volvió tan famoso que todo tipo de celebridades lo idolatraban. Michael Jackson, como siempre que hay un niño bonito implicado, andaba por la vuelta, llevándolo en varias ocasiones junto a su familia al rancho Neverland.
Su manager fue su padre, un error frecuente en las carreras de niños prodigio, conduciéndolo a una verdadera esclavitud actoral en los años siguientes. Participó en más de una decena de películas en cuatro años, incluyendo “Mi pobre angelito 2”, “My girl” y “Ricky Ricón”. Para lograr el papel de niño diabólico en “The Good son” junto a Elijah Wood y ensanchar su carrera, su padre amenazó con suspender la secuela de “Mi pobre angelito”. Para 1994 había generado decenas de millones de dólares y el mundo ya no suspiraba tan encantado por su carita angelical.
Para rematarlo, allí sobrevino la debacle. Sus padres, que nunca se habían casado, decidieron separarse sin saber como repartirse la fortuna generada por su hijo. Una avariciosa batalla legal los mostró disputándose el botín como buitres del espectáculo. Macaulay Culkin se negó a aceptar cualquier rol hasta que el dilema de la custodia no se solucionara, lo que no aconteció hasta fines del año ’97 con victoria para el padre y cuando el ex niño star era casi mayor de edad. A esa altura, Macaulay ya había perdido el tren, dedicando sus millones de dólares sobrantes a excesos y fiestas impresentables con sus amigos, actividad con la que continuó durante varios años.
Se casó a los 18 años con la actriz Rachel Miner, de la que se separó en el 2000 cuando ella quiso formar una familia. Los años pasaron y el rubio sintió renacer tibiamente su vocación por la actuación. En el 2003 volvió a escena para encarnar un personaje que haría descomponer a las abuelas cariñosas de antaño: el desquiciado asesino Michael Allig en el semi desconocido filme “Party monster”.
Su vuelta a la primera plana de los medios se dio sin embargo por dos hechos: en primer lugar fue arrestado en el 2004 con posesión de marihuana y otras dos sustancias prohibidas en Oklahoma y debió pagar una multa de 4000 dólares. Segundo, recomenzaron las acusaciones a Michael Jackson por abuso de niños y su nombre se vio envuelto entre los posibles chicos con los que habría tenido un trato “inconveniente”.
Tanto él como su familia negaron terminantemente este punto, y de hecho Culkin será llamado a declarar para testificar a favor de Jackson en su juicio por pedofilia.
Decidido a comenzar de nuevo, Macaulay actuó hace pocos meses en una película llamada “Saved”, donde encarna a un joven minusválido y en la producción “El Síndrome de Jerusalén”. Cualquier cosa está bien antes de que a alguien se le ocurra refritar “Mi pobre angelito” y se venga la secuela de sus años de juventud.
”Hola Luke”, debían decirle cuando hacía la cola del supermercado. “Señor Skywalker, su documento está listo”, le mencionaban seguramente cuando hacía cualquier clase de trámite. “Qué tal, él es Luke Skywalker”, lo presentaban en cualquier reunión de actores. “Que la fuerza te acompañe”, lo despedían invariablemente de cualquier lugar en el que se encontraba. “¿Mark Hamill quién es?, se cuestionaban los productores de películas cuando su representante le buscaba trabajo sin mencionar la saga de Star Wars. De regreso en su casa, Mark Hamill debía enfrentar una verdadera crisis de identidad: miraría el tubolux de la cocina con el mismo cariño que a un sable láser y se preguntaría sobre lo que podría depararle el futuro si nadie lograba desdoblar su identidad real del personaje que encarnó en la primer trilogía de La Guerra de las Galaxias. La revelación le cayó como una bomba de plutonio: Mark Hamill era un actor condenado por su propio éxito, ligado indisolublemente a Luke Skywalker, el juvenil granjero de la galaxia que libera al universo devenido en Jedi.
Nacido en 1951, hijo de un capitán de la armada estadounidense, Mark Hamill pasó toda su infancia en varios lugares de los Estados Unidos. Estudió actuación y drama en Los Ángeles, debutando en televisión en 1963. Permaneció en las tinieblas de los actores de reparto hasta que un tipo rechoncho y con barba, con algunas ideas aparentemente impracticables, lo eligió para protagonizar su ambicioso proyecto Star Wars. Cuando la película estaba prácticamente terminada, Hamill sufrió un accidente de auto que le deformó el rostro y que inició algunas leyendas urbanas. Tuvo que someterse a una cirugía facial para reconstruir su cara, aunque el propio Hamill dice que sólo se rompió la nariz. Las versiones que circularon eran tan imaginativas como el propio George Lucas. De acuerdo a una de ellas, Mark se arrastró por la carretera componiéndose el rostro con una sola mano; según otra cayó con su auto por un alcantilado gigantesco, sobreviviendo con las consecuencias esperadas. Supuestamente sus cirujanos le aseguraron que podrían recomponerle el rostro a mediano plazo, ya que las heridas se irían manifestando más intensamente con el paso de los años, lo que lo llevaría a repensar su carrera actoral.
Lo que queda claro es que cualquiera que observe El Imperio Contraataca y El Regreso del Jedi notará que la cara juvenil de Hamill estaba efectivamente modificada, sin mencionar que luego de 1983 Hamill actuó solamente en escasos filmes de bajo presupuesto. Una de las escenas de la primera película de Star Wars debió entonces ser protagonizada por un doble, aunque el filme pudo terminarse correctamente. Al comienzo de El Imperio Contraataca, segunda parte de la trilogía original, Luke Skywalker es atacado por un monstruo wampa, que casualmente le destroza la cara con una garra, dejándole cicatrices indelebles. Hamill y Lucas juraron y perjuraron que esa escena estaba en el guión original, pero hasta el fan más despistado de Star Wars sospechó que se trataba de un tour de force de los guionistas para explicar el cambio facial repentino del actor con aspecto teenager.
Luego de El regreso del Jedi, Mark Hamill descubrió que nadie lo quería en sus películas, ya que el público no lograba desligarlo del papel de Luke Skywalker. Probó con varios castings, pero los productores siempre temían que no lograría convertirse en ningún personaje creíble. Imaginemos la situación: Hamill protagoniza alguna recreación histórica, ambientada -por ejemplo- en las Cruzadas de la Edad Media y el público aguarda que Mark empiece a repartir justicia rebanando y fileteando moros y otros paganos con el prodigioso sable láser de la Orden Jedi. Suponemos que eso era exactamente lo que estaba en la mente aterrorizada de los productores.
¿Qué hizo entonces Mark “Luke” Hamill? Logró triunfar, pero al no hacerlo a escala masiva muy pocos se dieron cuenta. Protagonizó exitosamente varias obras en Broadway, dirigió su propio documental sobre el mundo del comic (2004), también escribió y creó libros del mismo rubro (El Perla Negra fue el más conocido) y sobre todo se destacó en el doblaje de dibujos y largos animados. Hamill es responsable de las voces de varias producciones de Cartoon Network como La Vaca y el Pollito, Las Chicas Superpoderosas o Escuadrón del Tiempo, entre otros, mientras que sus créditos incluyen la caracterización de varios villanos en las series de Batman (El Guasón), El Hombre Araña (El Duende Verde), Scooby Doo, La Liga Extraordinaria, Los Cuatro Fantásticos, etcétera.
Su actuación en otros filmes es escasa, aunque pudo vérselo en el 2002 haciendo de él mismo en la película “Jay and Silent Bob Strike Again” de Kevin Smith, héroe del cine independiente norteamericano y confeso cultor y amante de los comics. Hace poco concurrió en compañía de Chewbacca, entre otros, a la premiére de la última entrega de la saga galáctica de George Lucas, “La Venganza de los Sith”. Se habrá arrebujado en la pantalla con un poco de nostalgia, mirando con extrañeza su “propio” nacimiento en la pantalla, soñando con las épocas en que el futuro de la Galaxia estaba en sus manos y el Imperio se resquebrajaba por obra y gracia de la Fuerza.
¿De qué estás hablando Willis? Alguno de nosotros todavía usa esa muletilla, denunciando que tiene más de 30 o anda cerca de esa edad.
Así le decía el pequeño Arnold Jackson a su hermano mayor en la serial que aquí se llamó "Arnold", en varios países vecinos "Blanco y Negro" y su nombre original fue "Different Strokes". Es más, con este último nombre se la puede ver de lunes a viernes a las 17.30, en el canal de cable "Retro".
Arnold fue una de las series más vistas de los 80, en la cual un millonario acompañado de su hija y su ama de llaves decide adoptar a dos niños negros de Harlem, uno de 8 años y otro de 13.
El papel del niño de 8 quedó a cargo de Gary Coleman cuya afección renal le impide crecer normalmente y lo deja midiendo 1.40m. para el resto de sus días. Después del éxito de la serie, la carrera de Coleman fue barranca abajo. Durante los 90 confesó dos intentos de suicidio además de golpear a una admiradora que buscaba su autógrafo. Su fortuna se fue rápidamente en gastos médicos y disputas legales de sus padres.
Volvió a los titulares cuando se presentó como candidato a gobernador de California, cargo en el que quedó el actor Arnold Schwarzenegger. Su trabajo fundamental es de guardia de un estacionamiento tarifado, aunque se lo ve de vez en cuando realizando notas para la televisión. Así se lo fotografió en el juicio contra Michael Jackson, donde el mismísimo cantante pidió que fuera retirado del lugar. Todavía no cumplió 40 años.
Lo que podría ser un "karma negativo" de la serie también afectó a los otros dos actores menores de edad.
Por ejemplo, Dana Plato, quien personificaba a Kimberly, la hermana mayor, falleció por sobredosis en 1999. Su vida después de la serie, estuvo marcada por el consumo de drogas y los intentos de suicidio, además de un embarazo a los 19 años que la alejó de la pantalla.
Un camino casi parecido llevó Todd Bridges (Willis), pero tras ser detenido varias veces por consumo de drogas, se recuperó y decidió fundar una asociación de ayuda para los más jóvenes.
Conrad Bain quien personificaba a Philip Drummond, el padre adoptivo de Arnold hizo algunas apariciones en películas (con rol secundario) hasta que se jubiló y se quedó tranquilamente en Los Angeles.
Charlotte Rae, la especial ama de llaves, siguió participando en seriales de TV y hoy se dedica al teatro, realizando unipersonales en la ciudad de Nueva York.
Más allá de la historia de sus personajes, la serie "Arnold" acompañó a muchos de nosotros en los 80, tanto como para repetir alguna vez que otra: "de qué estás hablando, Willis?".
Machito Ponce
No piensen en el trópico ni en un DJ nicaragüense, como se ha dicho, a la hora de recordar temas como “Ponte a brincar” y “Samantha” de Machito Ponce. Machito no era otro que un argentino muy inteligente y con gran sentido de la oportunidad. Su nombre es Gustavo Radaelli y supo divertirse mucho fingiendo acento centroamericano. En la realidad, Radaelli es cultor del rock sinfónico, y de hecho luego de pasar el “chiste Machito” integró dos bandas: 20+70 y La Rockestra, de la que es parte actualmente.