Registrate y eliminá la publicidad! Carlos López Puccio. Rosario, Santa Fe, 9/10/1946 Por influencia de su hermano mayor, a los siete años ya ahorraba plata para comprar discos. A los diez comenzó a estudiar violín. Más adelante cantó y tocó la viola da gamba durante ocho años en el conjunto Pro Música de Rosario. Cuando llegó el momento de transformar su interés por la música en una carrera, tuvo que negociar con su familia. “Yo quería ser director de orquesta; mis padres querían que tuviera un título universitario. La opción, entonces, era estudiar música en la universidad”, recuerda. Pero además de las orquestas, sentía pasión por los coros. Ya antes de graduarse como licenciado en dirección orquestal en la Universidad de la Plata, tuvo sus primeras experiencias como director coral, hasta que en 1969 fundó el grupo vocal Nueve de cámara, que dirigió durante diez años. A fines de ese mismo año, ingresó a Les Luthiers. Su rol inicial en el conjunto fue el de artista contratado. En enero de 1971, cuando la primera gira de Les Luthiers en la ciudad costera de Mar de Plata no generó los resultados económicos esperados, el grupo le propuso a López Puccio ser un miembro más. "Me invitaron a hacerme socio de una desventura, de una bancarrota. Y naturalmente, acepté", dice. Dirigió las orquestas que interpretaron Teresa y el oso (Volumen IV, 1976), El lago encantado (Volumen VII, 1983) y Cardoso en Gulevandia (Volumen VIII, 1991). En 1986, cuando Les Luthiers interpretó su Recital sinfónico en el Teatro Colón, López Puccio fue el encargado de dirigir a la orquesta sinfónica de dicho teatro. Los instrumentos que toca regularmente en el conjunto son el latín, la violata, los teclados y el bajo. Más allá de su formación esencialmente musical, Carlos López Puccio tiene una intensa y poco conocida actividad como creador de obras humorísticas para Les Luthiers, debiéndose a su labor muchas obras del repertorio del conjunto en las que ha creado no sólo la música sino también su texto. Paralelamente a Les Luthiers, siguió adelante con su actividad coral. En 1981 fundó el Estudio Coral de Buenos Aires, especializado en repertorio contemporáneo, que lo llevó a ser reconocido como uno de los más destacados directores corales de Argentina y con el cual obtuvo en 1999 el Premio Konex de Platino a la mejor agrupación musical de cámara de la década. Tampoco abandonó la dirección orquestal, aunque su trabajo en este campo haya sido menos frecuente. Entre otras obras, dirigió versiones integrales de La Traviata, de Verdi, Orfeo y Eurídice, de Gluck y más recientemente Alceste (2002) de Gluck en el Teatro Argentino de La Plata y Armida, también de Gluck, en el Teatro Colón de Buenos Aires (2003). También en el Teatro Colón dirigió a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. En junio de 2000, asumió la dirección del Coro Polifónico Nacional de Argentina, cargo en el que se desempeño durante cuatro años y con el cual preparó una gran cantidad de obras mayores del repertorio sinfónico coral, tales como los requiem de Verdi, Mozart, Faure y Durufle, la novena sinfonía de Beethoven y su Missa Solemnis, la Pasión según San Mateo de Bach, el Gloria de Poulenc y otras. Entre 2002 y 2004 fue consejero artístico del Teatro Colón de Buenos Aires. Jorge Maronna Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires, 1/8/1948 Es el más joven de los integrantes de Les Luthiers; tenía 19 años cuando participó en la fundación del grupo. La música era algo cotidiano en su hogar de la infancia, en Bahía Blanca. Su padre, un médico hijo de inmigrantes italianos, solía escuchar tango y música clásica. También tocaba el piano de oído, a diferencia de su madre, que había estudiado. “Me mandaron a aprender piano a mi también, pero la anciana profesora logró ahuyentarme”, recuerda Maronna. El auge del folclore, en los años 60, lo encontró en el colegio secundario. A los 13 años se inició en la guitarra. “Con un amigo aprendí los rasgueos y acordes básicos. Con él y otros compañeros del colegio secundario formamos un grupo que se llamó Los Coyuyos”. Así comenzaron a tocar en algunos colegios e inclusive hicieron algunas interpretaciones en la radio. Esa experiencia lo motivó a estudiar guitarra clásica, cosa que hizo durante tres años. A los 15 años, motivado por su hermano, ingresó al coro universitario de Bahía Blanca. Cuando finalizó el colegio se mudó a Buenos Aires para estudiar medicina. “Charlando con mi hermano acerca de en qué coro entrar, nos pareció que el de Ingeniería era uno de los mejores”, dice. Allí conoció a los futuros integrantes de Les Luthiers y participó con ellos en el estreno de la Cantata Modatón (posteriormente Laxatón), en 1965. Luego intervino en I Musicisti, y fue uno de los cuatros integrantes que se separaron del grupo en 1967 para fundar Les Luthiers. Allí dio sus primeros pasos en composición musical, colaborando con Gerardo Masana. Posteriormente inició estudios formales en la Universidad Católica Argentina, que luego completó con Francisco Kröpfl, y estudió guitarra con María Luisa Anido y Miguel Ángel Girollet Escribió obras que fueron estrenadas por diversos instrumentistas, y música para espectáculos teatrales y televisivos. Ha colaborado con Daniel Samper Pizano en el guión de Leche, serie televisiva de ficción emitida en Colombia en 1997, que era una divertida parodia de las telenovelas de ambientación rural. "Se desarrollaba en un tambo y era absolutamente delirante", recuerda Maronna, quien además compuso la música de las treinta canciones de la serie. Participó en el libreto de la obra teatral La fabulosa historia de los inolvidables Marrapodi, del grupo Los Macocos, y también escribió su música. Uno de sus últimos trabajos para teatro fue la música de Hombre y superhombre, de George Bernard Shaw, dirigida por Norma Aleandro. Ha publicado, en colaboración con Daniel Samper Pizano, tres libros humorísticos: Cantando bajo la ducha (1994), Confesiones de un espermatozoide (1997, en la Argentina se editó como El sexo puesto), y El tonto emocional (1999, publicado en Colombia con el nombre De tripas corazón). Y escribió la novela humorística Copyright (2001), junto con Luis María Pescetti. Como guitarrista, en los años 60 fue acompañante de cantantes y autores, entre ellos María Elena Walsh. En Les Luthiers, su especialidad son los instrumentos de cuerda, desde el cellato al nomeolbidet. Con el transcurso de los años, a su condición de cantante e instrumentista sumó un creciente protagonismo actoral. Durante la preparación de nuevos espectáculos está a cargo del manejo de los ensayos del conjunto. Desde los inicios del grupo, participa activamente en la creación de nuevas canciones, tanto en la música como en la letra. Marcos Mundstock Santa Fe, Argentina, 25/5/1942 Cuando en 1961 leyó en público por primera vez la biografía de Mastropiero -un personaje que había creado para entretener a amigos y conocidos del coro de la facultad de Ingeniería- Mundstock no sospechaba que estaba iniciando un ritual que se repetiría durante más de cuarenta años en los escenarios de 14 países. Había llegado a Buenos Aires a los siete años desde Santa Fe, ciudad en la que sus padres, inmigrantes de la Galitzia polaca, se habían establecido. “Mis padres hablaban en yidish y yo fui varios años a un colegio yidish, el I. L. Peretz de la calle Boulogne Sur Mer. Allí, aparte de las clases, tuve varias hermosas experiencias como actor infantil”. “A mi papá, que era relojero, le encantaba escuchar los programas de radio de la colectividad italiana. Así conocí a tenores famosos, como Beniamino Gigli y Tito Schipa”, dice. “Escuchábamos canciones napolitanas, arias de ópera y también cantantes litúrgicos judíos que tenían voces maravillosas.” Al terminar el colegio secundario en Buenos Aires, comenzó la carrera de Ingeniería (que abandonaría en tercer año) y estudió locución en el Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica (ISER). Simultáneamente, ingresó al coro de Ingeniería, donde conoció a Gerardo Masana y los futuros integrantes de Les Luthiers. Luego de obtener su carnet de locutor, trabajó un tiempo en Radio Municipal. Tras el golpe militar de Onganía en 1966, se quedó sin trabajo. Al cobrar los meses que le adeudaban, se compró un piano y comenzó a tomar clases. Poco después descubrió que no tenía la constancia y la paciencia necesarias para el piano. Decidió entonces seguir sólo con sus clases de canto. El 2 de octubre de 1967, día del debut de Les Luthiers, se dio el gusto de imitar a los cantantes líricos que había admirado de chico al intepretar una versión libre de Mattinata, de Leoncavallo. De allí en más, intervendría en las parodias operísticas del conjunto. En Les Luthiers pudo canalizar también su vocación por la escritura y el humor. Durante los primeros años del grupo escribió casi íntegramente los libretos de los espectáculos, y hasta el día de hoy las letras de muchas canciones y las historias de Johann Sebastian Mastropiero. Como instrumentista ha tocado el gom-horn, una especie de trompeta hecha con una manguera y un embudo que intervino en varias obras musicales de Les Luthiers y en el hilarante y absurdo Recitado Gauchesco. Paralelamente a Les Luthiers, trabajó como locutor de radio y comerciales de televisión y también de redactor publicitario. En 1974 hizo la voz en off de la película Quebracho, de Ricardo Wullicher. En los años 90 incursionó en televisión. Interpretó a Dios y al Diablo en varios programas del capocómico Tato Bores y realizó una recordada serie de películas publicitarias para el diario La Nación. Entre 2003 y 2005 participó como actor en cuatro películas: Roma, No sos vos, soy yo, Cama adentro, y Torrente III. También interpretó a un grotesco criminal internacional en el programa televisivo Mosca & Smith. Daniel Rabinovich Buenos Aires, 18/11/1943 Su nombre completo es Daniel Abraham Rabinovich Aratuz (alias Neneco) aunque su verdadero apellido paterno era Halevy. Su bisabuelo, que llegó a la Argentina desde Besarabia (hoy Moldavia) no había hecho el servicio militar porque era rabino, por lo cual compró el documento de un muerto -de apellido Rabinovich- para poder salir de su país. “De chico, me crié en el Palacio de los Patos, un complejo de viviendas ubicado en Ugarteche y Las Heras, en Buenos Aires, donde viví hasta los 18 años”, recuerda Rabinovich. “Allí había varios folcloristas, que me dejaban asistir a sus reuniones. Fue donde por primera vez escuché cantar a voces y tocar la guitarra”. Pero la música había estado presente en su hogar desde su nacimiento. Su madre había estudiado piano, y su padre –un abogado penalista que defendió a personalidades como Hugo del Carril y Tita Merello- tenía el hábito de cantar y silbar tangos. Desde los 7 hasta los 13 años estudió violín. Tomó clases con Ljerko Spiller, Vera Graf y Enrique López Ibels. “A partir de los 14 años, empecé a estudiar guitarra con José María de los Hoyos. Quería tocar como Ernesto Cabeza, el guitarrista de Los Chalchaleros” dice. En sus años de colegio secundario, formó un grupo folclórico que se llamó Los Amanecidos. A los dieciocho años, mientras estudiaba Derecho en la Universidad de Buenos Aires, ingresó al coro de la facultad de Ingeniería, donde conoció a Gerardo Masana y los demás futuros integrantes de Les Luthiers. Con ellos participó en la puesta en escena de Il figlio del pirata (1964) y la Cantata Modatón (posteriormente llamada Laxatón), en 1965. Luego intervino en I Musicisti y fue uno de los cuatros integrantes que se separaron del grupo en 1967 para fundar Les Luthiers. En 1969 obtuvo el título de escribano público (notario). En los comienzos del grupo cantaba y tocaba la guitarra y el latín (parodia del violín), aunque rápidamente fue ganando protagonismo actoral. Ese crecimiento fue percibido por la crítica especializada, que en los años 70 lo hizo notar en sus comentarios. Un cronista de la revista Panorama lo llegó a comparar con Peter Sellers. “Leí esa nota, pero creo que fue una exageración”, dice Rabinovich. “La transformación fue gradual. No tenía ninguna veta humorística previa. De a poco comencé a realizar algunas improvisaciones graciosas, y me salieron bien”. Paralelamente a Les Luthiers, efectuó algunas incursiones actorales en cine y televisión. Trabajó en Espérame mucho, de Juan José Jusid (1983). También participó como actor en las miniseries Los gringos (1984) y La memoria (1985), ambas dirigidas por David Stivel. Y actuó en la telenovela colombiana Leche, dirigida por Víctor Mallarino. Posteriormente participó en un episodio de la serie televisiva Tiempo final (2002) e hizo el papel de Néstor Craken en la serie La familia potente (2003). En los últimos años incursionó en la escritura. Es autor de los libros Cuentos en serio (Ediciones de La Flor, 2003), con prólogo de Joan Manuel Serrat, y El silencio del final, nuevos cuentos en serio (Ediciones de La Flor, 2004). Actualmente, está escribiendo una novela. Carlos Núñez Cortés. Buenos Aires, 15/10/1942 “Un día, en una reunión, mis padres me vieron tocando el piano con cierta soltura y se quedaron pasmados. No estaban enterados ni se lo imaginaban. Yo tenía siete años”, recuerda Núñez Cortés. Por aquel entonces vivía con su familia en Posadas, capital de la provincia argentina de Misiones. Su padre era relojero, hijo de españoles, y su madre tenía ascendencia turca. “Mi madre, si bien nunca había estudiado música, tenía un oído excepcional y cantaba como una soprano ligera. Recuerdo que de pequeños nos cantaba canciones sefaraditas en antiguo judeo español”, dice. Cerca de su casa en Posadas, vivía un compañero de colegio cuya familia tenía un piano. “Cada vez que iba a su casa, me encantaba sentarme ante ese instrumento e improvisar las canciones de moda”, evoca. La hermana de su compañero, que era profesora de piano, le dio sus primeras lecciones. A partir de allí nunca dejó de aprender. A lo largo de los años realizó estudios sistemáticos con diferentes profesores particulares. Fue así como se transformó en concertista de piano. De adolescente, se trasladó con su familia a Buenos Aires. Al terminar el colegio secundario, decidió estudiar ciencias químicas e ingresó a la universidad en 1960. Allí, se le ocurrió, junto con otros compañeros, formar un coro polifónico, lo que dio origen al coro de la facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires, que dirigió el maestro Juan Schultis. Más adelante ingresó como tenor en el coro de la facultad de Ingeniería, donde conoció a Gerardo Masana y a los demás futuros integrantes de Les Luthiers. Con ellos participó en la puesta en escena de Il figlio del pirata (1964) y la Cantata Modatón (1965). Desde fines de ese mismo año pasó a formar parte del conjunto humorístico I Musicisti, y en 1969 –dos años después de recibirse de bioquímico- se sumó a Les Luthiers. Allí pudo canalizar no sólo su habilidad como pianista, sino también su talento compositivo. Fue el creador de varias obras emblemáticas del conjunto, como el Teorema de Thales y el Concerto grosso alla rustica. Este último sería interpretado por Les Luthiers junto con el Ensamble Buenos Aires (1972), la Orquesta Sinfónica del Teatro Colón (1986), la Camerata Bariloche (2000) y la Orquesta Filarmónica de Madrid (2004). En Les Luthiers pudo canalizar también sus habilidades actorales. Fuertemente influenciado por Charles Chaplin, encarnó a distintos personajes que deleitaron a la audiencia del conjunto y, curiosamente, tuvieron un gran impacto sobre el público infantil. Desde un comienzo evidenció un gran interés en la construcción de instrumentos. A su propia autoría se deben el tubófono silicónico cromático, el narguilófono y el glamocot. En colaboración con Carlos Iraldi construyó varios de los instrumentos más espectaculares de Les Luthiers, como el órgano de campaña, la marimba de cocos, la gaita de cámara y la mandocleta. Fuera del conjunto, se destacó como concertista de piano y arreglador. Compuso canciones para distintas obras de teatro (entre ellas Corazón de bizcochuelo, de Enrique Pinti, y El fantoche lusitano, de Peter Weiss). Su pasión por la biología y el buceo lo llevaron a reunir una colección de caracoles marinos con más de 4.000 ejemplares de todos los mares del mundo. Junto con Tito Narosky, fue coautor del libro Cien caracoles argentinos (Editorial Albatros, 1997). Los juegos de ingenio y los acertijos son otros de sus hobbies. Colaboró con distintas revistas de estas especialidades y periódicamente organiza entretenimientos para las listas de Internet de amigos y fans de Les Luthiers. Les Luthiers: Origen y Trayectoria: A comienzos de los años 60, se desarrollaba en la Argentina una intensa actividad coral universitaria. Todos los años se realizaban festivales corales nacionales, cuya sede iba rotando entre distintas ciudades. Duraban una semana y representaban un importante acontecimiento cultural. En 1965, el joven arquitecto Gerardo Masana, quien cantaba en el coro de la facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires, compuso la Cantata Modatón, cuya letra estaba basada en el prospecto de un laxante. La idea era estrenar esa obra en el encuentro que se realizaría ese año en la ciudad de Tucumán, como parte de las humoradas informales que solían hacer los estudiantes para amenizar el cierre de los festivales. Se trataba de divertir a la audiencia con la parodia de una cantata al estilo de Johann Sebastian Bach, interpretada por solistas, coro y una orquesta de exóticos instrumentos construidos por los mismos estudiantes. La Cantata Modatón –que más adelante pasaría a llamarse Laxatón- reunió por primera vez en un escenario a cinco futuros integrantes de Les Luthiers: Marcos Mundstock, Daniel Rabinovich, Carlos Núñez Cortés, Jorge Maronna –de sólo 17 años- y Gerardo Masana, autor e impulsor del proyecto. El éxito fue rotundo; nadie esperaba semejante despliegue de originalidad y talento en un festival amateur. La revista Confirmado publicó un artículo donde resaltó a la Cantata Laxatón como el hecho más destacado del festival. Poco después, un periodista les ofreció contactarlos con el dueño de un teatro para realizar una serie de funciones. Pero para eso, necesitaban un nombre. Optaron por I Musicisti, parodiando al conjunto barroco italiano I Musici. ¿Música? Sí, claro, fue el título del primer espectáculo de I Musicisti, estrenado en 1966. El mismo fue decisivo para que, poco después, el grupo pudiera ser aceptado en la programación del célebre Instituto Di Tella, un centro cultural de vanguardia cuyas obras, llamadas a revolucionar las concepciones artísticas de la época, causaban una gran polémica. El nuevo espectáculo se bautizó IMYLOH (I Musicisti y las óperas históricas). La repercusión fue notoria, tanto entre la crítica especializada como entre el público. Pero una serie de desacuerdos entre los integrantes del grupo, motivaron que en septiembre de 1967 Masana decidiera separarse, llevándose sus partituras y sus instrumentos. Inmediatamente se fueron con él Mundstock, Rabinovich y Maronna. Carlos Núñez Cortés se les sumaría un año y medio más tarde. (Haga un click aquí para leer la historia de I Musicisti tras la escisión). Por sugerencia de Maronna, los “disidentes” adoptaron el nombre de Les Luthiers, y volvieron al Di Tella en noviembre de ese año, con el show Les Luthiers cuentan la ópera. A fines de 1969 se sumó al grupo Carlos López Puccio. Les Luthiers adquirió así su conformación definitiva, que sólo se vería alterada por el paso de Ernesto Acher (quien se incorporó en 1971 y se retiró en 1986) y el fallecimiento de Masana, en noviembre de 1973 (con tan solo 36 años), producto de una enfermedad terminal. Su desaparición fue un duro golpe para los luthiers. Hasta el día de hoy, en todos los programas de mano de los espectáculos del conjunto se lee: “Fundado por Gerardo Masana en 1967”. Los años 70 fueron sumamente prolíficos para el conjunto: lanzaron cinco discos, presentaron diez espectáculos, y realizaron giras internacionales que los llevaron a Uruguay, Venezuela, España, México, Chile y Brasil, país en que presentaron un show traducido al portugués. Los logros continuaron durante los años 80. Les Luthiers siguió sumando países a sus giras, tales como Colombia, Paraguay, Perú, Cuba, Israel y Ecuador. En esta década el conjunto realizó además tres funciones inolvidables. La primera (1980) tuvo lugar en el Lincoln Center de Nueva York, con un espectáculo traducido al inglés. La segunda –tal vez la más memorable- fue el 11 de agosto de 1986, día en que se presentaron en el Teatro Colón de Buenos Aires, uno de los grandes templos de la lírica mundial, lo que significó un importante reconocimiento a la trayectoria del grupo. Y dos años más tarde, el 26 de diciembre de 1988, con motivo de la celebración de los cinco años de la recuperación de la democracia en la Argentina, realizaron una actuación sobre un enorme escenario montado en las avenidas 9 de Julio y Libertador, ante más de 50.000 personas. En 1995 asumió la representación del conjunto Lino Patalano, un reconocido productor artístico, manager de destacadas figuras, como el bailarín Julio Bocca y la actriz Norma Aleandro. Patalano dio un renovado impulso a la proyección internacional de Les Luthiers. Como consecuencia, el grupo intensificó sus giras por España y las principales capitales latinoamericanas. El 21 de agosto de 2000 Les Luthiers volvió al Teatro Colón, con una función a beneficio del Collegium Musicum de Buenos Aires, acompañado por la Camerata Bariloche, con la que posteriormente presentaron otro espectáculo, El grosso concerto. La abrumadora demanda de entradas de Les Luthiers en la Argentina hizo que en 2004, el conjunto buscara un lugar de mayores dimensiones para sus temporadas en Buenos Aires. Así, cambiaron al Teatro Coliseo, que fue su “sede” durante casi 30 años, por el Gran Rex, con capacidad para 3.300 espectadores (casi 1.500 más que el Coliseo). La reacción del público superó las expectativas: Ese año hicieron 43 funciones. En enero de 2005, el grupo se presentó en el 45° Festival Nacional de Folclore de Cosquín, en la provincia argentina de Córdoba. Allí, 11.000 espectadores celebraron y aplaudieron el repertorio folclórico que Les Luthiers preparó para esa ocasión; fue otra función inolvidable para todos sus integrantes. Una de las primeras fotos de I Musicisti. Carlos Núñez Cortés, Marcos Mundstock, Daniel Durán y Gerardo Masana, quien interpreta el bass-pipe a vara. La formación se completaba con Guillermo Marín, Raúl Puig, Horacio López, Jorge Maronna y Jorge Schussheim. I Musicisti durante la grabación del jingle publicitario para las telas Finch, que se emitió durante el especial televisivo del conjunto Swingle Singers (1967). Escena de Blancanieves y los siete pecados capitales (1969). Rodean a Moira Bartoli (Blancanieves): Marcos Mundstock (izquierda), Núñez Cortés, Rabinovich y el actor Julio López. Les Luthiers durante un ensayo de Blancanieves. Rabinovich (arriba), Mario Neiman, López Puccio, Núñez Cortés y Mundstock.
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