PRIMER CREEPYPSTA:
El húmedo y oscuro callejón estaba débilmente iluminado por el celular de Sarah. Sus ojos exploraban la oscuridad y temblaba violentamente. Lo que le había sucedido la noche anterior era un misterio. Hizo memoria, recordó el bar. Acababa de encontrarse con unos amigos, iba a ser una noche de juerga cualquiera; nada podía suceder, o eso fue lo que pensó. Ahora estaba temblando, caminando de edificio a edificio a las tres de la madrugada, cerca de un área densamente arbolada.
Recorría la calle, cerrando sus ojos con fuerza cada tanto. Se acurrucaba en su abrigo para conseguir algo de calor mientras era bañada por la tormenta. Al instante en que sus párpados cubrieron su vista, notó algo por el rabillo del ojo. Abrió sus ojos de inmediato y sus pupilas se dilataron. Miró a su alrededor; pero nada se ocultaba entre la negrura y la lluvia. Se volteó y retomó su marcha, esperando poder llegar a casa.
En lo que estudiaba su entorno, recordó un atajo que solía tomar cuando era niña; involucraba ir por el bosque. Dudó, pero llegó a la conclusión de que cualquier camino que la llevase más rápido a su casa era la mejor opción. Sarah se encaminó al bosque. Cuando se acercaba a éste, el primer árbol que pudo vislumbrar había sido marcado. El símbolo que estaba grabado en el árbol la intrigó, consistía en un círculo con una equis dentro. No sabía nada de su origen o significado, por lo que asumió que debía de ser la insignia de alguna pandilla, o algo por el estilo.
Mientras se adentraba en el bosque escuchó el crujido distante de hojas, detrás de ella. Horrorizada, empezó a correr, desviándose de su camino. No se detuvo pese a esto, con la esperanza de encontrar una salida diferente. Su paso descuidado la llevó a tropezar con una raíz sobresaliente, y cayó al suelo. Tratar de levantarse le causó un dolor agudo; se había torcido su tobillo.
—¡Alguien ayúdeme… por favor! —exclamó.
El crujido de las ramas se hizo presente de nuevo. Desesperada, cerró los ojos por reflejo, y cuando los abrió, varios segundos después, un hombre alto y blanco vestido con un traje estaba de pie enfrente de ella. Apenas recuperó su aliento Sarah comenzó a gritar, pero fue pronto silenciada por el pálido hombre delgado.
Cuatro de la madrugada. Lo que alguna vez fue un niño, ahora era un asesino en serie. Jeff the Killer acababa de terminar lo que él llamaba su «rutina diaria». La matanza de personas inocentes; eso era básicamente lo único que atestaba su mente. Arrastró sus pies por el cemento mojado en lo que entraba a su casa, cargando dos botellas de whisky. Mientras la lluvia azotaba su deteriorado hogar, Jeff comenzó a recordar la noche en la que asesinó a su familia. Se rió por lo bajo ante ese pensamiento. Si no fuera por su locura, podría haber sentido remordimiento.
Cinco de la madrugada. Dio otro sorbo a su whisky.
—¿Qué carajos sigo haciendo aquí sentado? —se quejó.
Antes de levantarse e irrumpir en la oscuridad de la noche, maldijo un poco y pegó otro trago a su whisky. El alcohol tocó sus tibios y ensangrentados labios, y tuvo una extraña sensación. Una súbita necesidad tomó el control de él. Miró desde la ventana al bosque no tan alejado de donde estaba. Revisó sus bolsillos: un encendedor, cigarrillos y por supuesto, su cuchillo.
Salió de la casa hacia la húmeda y fría noche. Jeff se encontraba ahora en una calle oscura, apenas iluminada por el alumbrado público. La lluvia, aún cayendo, chocaba contra su espalda. Empezó a caminar en dirección al bosque. Se le dificultada andar, su consumo de alcohol había sido extremadamente alto. El asesino se aproximó al solitario bosque. Antes de entrar, dio un pequeño vistazo a su izquierda; Jeff estaba cerca del cementerio. Un pensamiento cruzó por su mente, casi como una brisa en una tarde airosa. Los restos de su familia yacían a metros de distancia, y eso lo atraía.
Apretando las botellas de whisky, estudió el bosque con su ebria mirada. Jeff idolatraba a la oscuridad, le recordaba a un pasillo oscuro, uno en el que el asesino fácilmente podría degollar a sus víctimas sin que nadie pudiese verlo. Mientras seguía su camino, sintió que algo no encajaba. El crujido de las hojas se escuchaba demasiado fuerte como para corresponder a las pisadas de una sola persona.
—¿Quién está ahí?
Una abundancia de sonidos pudo oírse, pero nada fuera de lo ordinario. El canto de los grillos se hizo más intenso a medida que Jeff inspeccionaba su entorno.
—Ven gallina; realmente no me gustan los juegos, y menos aún las escondidas.
Mientras Jeff decía eso, escuchó el breve crujido de un arbusto cercano. Él lo cortó incluso antes de que el sonido finalizase por su cuenta, y entonces vio lo que estuvo evitando su mirada.
—Malditas ratas, son una peste buena para nada —comentó al tiempo que un roedor se escabullía por el suelo.
Después de que viese lo que se ocultaba en el arbusto, siguió con su caminata nocturna. La lluvia golpeando su espalda fue cediendo poco a poco. Su visión se estaba haciendo borrosa, y un fuerte ruido se reproducía en su cabeza. Lo que oía era sólo una invención de su perturbada mente, pues el bosque estaba en completo silencio. Deambuló el área, arrastrando sus pies y maldiciendo al casi insoportable ruido.
A causa del dolor, Jeff cayó aturdido al pie de un árbol. Sus botellas cayeron al suelo, y una impactó contra la corteza, quebrándose y derramando su contenido. Su vista se entorpeció de nuevo al notar un objeto blanco con forma de óvalo flotando encima de él. Concentró su mirada en eso rápidamente por la sorpresa, pero lo que había visto hace unos segundos no parecía estar por ningún lado.
—¿Qué demonios fue eso?
Entonces comprendió que alguien lo estaba acechando desde la oscuridad, siguiéndolo desde la distancia.
—Ya estuvo, me harté de tu juego. ¡¿Dónde carajos estás, bastardo?! —gritó a pleno pulmón expectante de algún tipo de respuesta. Cuando empezó a caminar de nuevo, sintió un ligero cosquilleo en su nuca.
Rápidamente, empuñó su brillante cuchillo y empezó a batirlo contra los árboles adyacentes.
—¡Ven, ven perra! —vociferó—. ¡No te puedes esconder ahora, voy a cortar cada trozo de corteza hasta que te corte la garganta!
Jeff apuntó su cuchillo hacia un árbol alto y delgado a su izquierda, y lo apuñaló. Quedó estupefacto al ver que el árbol, o lo que había creído un árbol desapareció en cuestión de segundos. Sin saber qué hacer, se giró hacia su derecha y apuñaló a la negrura de la noche. Miró hacia una parte más interna del bosque, y vio algo que no esperaba. Lo que se postraba frente al joven psicópata era un hombre extremadamente alto y delgado, vestido con un traje negro. Su rostro pálido era de un color blanco casi puro. Mientras estudiaba su rostro, no tardó en notar la ausencia de facciones en el hombre. Su cara estaba completamente vacía, sin ojos, sin nariz, sin boca. Esto hizo sentir a Jeff incómodo, y de la nada se echó a reír. Aunque extrañado, Jeff se dirigió a la figura que tenía enfrente:
—Así que tú eres el bastardo que me ha estado persiguiendo por el bosque, ¿eh?
Miró fijamente a su rostro.
—Sabes, no sé quién carajos seas, pero como que me recuerdas a mí mismo. Tienes la apuesta cara blanca, ¡lo único que te falta es una sonrisa!
Jeff empezó a reír descontroladamente por su chiste; pero fue detenido, sus oídos fueron agredidos por el sonido de estática, y cayó al suelo. Como pudo, Jeff empuñó su cuchillo de nuevo y comenzó a atacar. Cada uno de sus movimientos era vano, pues el hombre se desplazaba en nada de tiempo, casi como si se estuviera teletransportando para evadir sus ataques.
El hombre alto empezó a contraatacar. Hasta ese momento Jeff advirtió los apéndices colgando de la espalda de su adversario. Atraparon a Jeff, y como respuesta él batió su cuchillo contra cada apéndice que se le acercaba. Jeff pudo cortar lo que parecía ser un brazo. Casi al instante, el miembro se regeneró desde su base. Jeff sintió como si el hombre fuera un árbol, y sus apéndices simplemente ramas. Huyó del bosque, sabiendo que no había manera en la que podría pelear con ese ser en lo que parecía ser su nicho.
Se escabulló de su atacante, hasta que se encontró en el mismo lugar por el que había entrado. A su derecha yacía el cementerio; un espacio abierto. Caminó hacia él, en donde esperó a su rival, empuñando su filoso y ensangrentado cuchillo. Su deseo le fue concedido cuando Slenderman se asomó desde el bosque. Parecía como si estuviese inseguro de sacrificar la ventaja que le brindaba el terreno. Una vez que estuvo lo suficientemente cerca, los instintos del psicópata regresaron y se precipitó hacia el hombre delgado; pero fue interceptado velozmente y arrojado contra un árbol cercano.
Jeff procedió a cortar con su cuchillo los apéndices que lo cubrían. Pudo rajar uno de los brazos principales de Slenderman; sangre brotó del profundo corte. La figura blanca no mostró ninguna emoción, y comenzó a agarrar a Jeff una vez más. Mientras lo continuaba estrellando contra árboles y rocas, Jeff perdió el agarre de su arma, y cayó al suelo junto con ella. Al colisionar con el suelo, el cuchillo de Jeff le atravesó su estómago en cuestión de segundos. Sangre brotó de la herida, y pronto la tierra estaba cubierta de líquido rojo.
Se levantó con una sacudida.
—¿Es lo mejor que tienes? ¡He recibido peores palizas del cinturón de mi padre!
Slenderman permaneció en silencio, pero continuó luchando. Se acercó a tomar un trozo de granito de una lápida; pero antes de que pudiera recogerlo, Jeff se arrancó el cuchillo de su estómago y lo arrojó directamente hacia él. La puntería de Jeff fue precisa, y mutiló el brazo derecho de Slenderman, el cual cayó al suelo con un golpe seco. Sangre abundante manó de su hombro, y Slenderman se desvaneció en la oscuridad y reapareció detrás de Jeff. En su mano derecha sostenía un trozo de granito, con el que procedió a golpear al asesino en la sien. Jeff cayó al suelo una vez más, casi inconsciente.
No estuvo ahí por mucho, pues su agresor lo tomó y lo arrojó contra una tumba. La roca se destruyó con el impacto. Poniéndose de pie, los ojos de Jeff se concentraron en el nombre de la tumba. En lo que sus ojos leían el nombre tallado en el granito, sus párpados se abrieron de par en par. Estaba escrito el nombre de su hermano, Liu. Algo recorrió el cuerpo de Jeff. La rabia lo colmó en un instante, y embistió a Slenderman con una velocidad impresionante. El cuchillo traspasó su traje, así como su pálida piel. Slenderman se empezó a teletransportar de vuelta al bosque.
—¡Ven perra, aún no he terminado contigo! —gritó Jeff—. ¡Te quiero ayudar a dormir! ¡Te ves horriblemente cansado!
Corrió tras Slenderman, tomando el mismo camino de antes, sin prestar la más mínima atención a su entorno. Se adentró en la espesura, sin perder de vista al hombre. Slenderman seguía teletransportándose hacia secciones más internas del bosque. La falta de cuidado de Jeff lo hizo tropezar con una raíz; dio de cara contra el suelo y varias esquirlas de vidrio se enterraron en su abdomen. Sus bolsillos se vaciaron. Cuando alzó su magullado y ensangrentado rostro, la esencia de alcohol lo deleitó. Comprendió que había estado ahí antes.
Jeff tanteó el terreno buscando su cuchillo. Sintió algo tibio, y creyó que era su arma. Jeff agarró su encendedor. Se apresuró a prenderlo, esperanzado de que la llama le proporcionara luz suficiente para localizar su cuchillo; pero antes de que pudiera hacer otro movimiento, Slenderman apareció frente a él. La inmaculada cara blanca que había visto antes ahora estaba llena de cortes y sangre seca. Aun así, Slenderman se mantenía firme.
Jeff dejó caer la pequeña llama al suelo, e intensas llamaradas surgieron en cuanto el encendedor hizo contacto con el alcohol. Ambos contrincantes se alejaron del fuego. En cuestión de segundos, el incendio abrasó el corazón del bosque. Jeff intentó ponerse a salvo, pero Slenderman no desistía de sus ataques. Jeff se defendió, ignorando el rojo y naranja que envolvía sus alrededores.
El monstruo delgado lo aprisionó con sus apéndices. Empezó a sacudirlo, y en tanto lo hacía, Jeff mordió su extremidad. Slenderman lo arrojó al suelo sorprendido, pero antes de que tocara la tierra un dolor agudo corrió por la espalda de Jeff, y lo continuó sintiendo hasta que vio una rama emerger de su torso.
Sangre brotaba de su boca y sus heridas mientras gritaba de dolor. Slenderman entonces huyó. Se teletransportó a un área más segura, que no hubiera sido alcanzada por las llamas. Estuvo atento de Jeff mientras intentaba escapar. Para este punto, sabía que no tenía escapatoria. El monstruo blanco podía escuchar a Jeff gritar, incluso a varios cientos de metros de distancia.
Las llamas crecieron, lo rodearon. Ya no había esperanzas para Jeff. Había perdido su sanidad hace mucho tiempo, pero en esta ocasión era diferente. Había llegado a su límite, y su juicio ardió justo como lo hizo el bosque.
«Una joven de nombre Sarah Burgess ha sido reportada como desaparecida. Fue vista por última vez en el bar Drop In Bar & Grill cerca de las nueve de la noche. Si usted sabe algo sobre el paradero de Sarah Burgess, por favor llame a la estación al 404-835-4357. En otras novedades, un gran incendio forestal se ha desatado en la zona. La causa aún no ha sido identificada, los investigadores siguen estudiando los restos del bosque. Esto afectará severamente a la fauna encontrada en el alguna vez densamente arbolado bosque. Les daremos más detalles conforme nos venga llegando nueva información».
Mark apagó la televisión, y se recostó en su sofá.
—Oye cariño, ¿quieres ir a darle un vistazo al bosque, o bueno, lo que queda de él? Acaban de apagar el incendio que arrasó con la jodida área. También hay una niña desaparecida, quizá la veamos mientras estamos allá.
—¿Lo podemos hacer en otro momento? Estoy algo ocupada Mark, y si la policía no pudo encontrar a esa niña, ¡mucho menos podremos nosotros! —protestó Julia.
—Vamos, no hará daño. ¡No será una caminata de más de cinco minutos! —argumentó Mark.
—Está bien, supongo… ¡pero no más de cinco minutos!
El hombre se puso sus zapatos, y partió de su casa con su esposa. Mientras se dirigían hacia el bosque incendiado, pudieron ver a alguien yendo en dirección contraria. Cuando estuvieron más cerca de él, notaron que tenía quemaduras graves en su rostro. Los párpados de la criatura habían desaparecido, y se cargaba una sonrisa antinatural. Era completamente blanco, con manchas grises en las partes de su piel que se habían quemado. Su largo cabello negro estaba chamuscado. Se acercaron más a él, y Mark lo llamó:
—Oye amigo, ¿necesitas ayuda?
—Mark, detente, ¡ni siquiera sabemos quién es! Podría ser un jodido asesino hasta donde sabemos —murmuró Julia, atemorizada.
Jeff se acercó a la pareja. Mientras lo hacía, sacó un gran cuchillo cubierto de un líquido rojo.
—No, pero me doy cuenta de que ustedes necesitan ayuda para dormir.
Jeff cortó el cuello del hombre, y éste se desplomó. Su esposa comenzó a gritar a todo pulmón. Fue incapaz de continuar, pues ella seguía. Jeff la apuñaló directamente en el corazón.
—No necesitas preocuparte por mí. Ve a dormir.
SUGUNDA VERSION:
Él se movía en el silencio, deslizándose sobre el suelo con los largos brazos que sobresalían de su espalda. Lentamente, se fundió en las ramas de un abeto grande y examinó un camping debajo de él. Los ecos de la risa y el crepitar de un fuego mezclado con el aroma de malvaviscos y repelente de insectos. Alguien gritó con enojo, algo acerca de un mosquito. Slenderman se río.
Él se dejó caer más abajo en el tronco hasta que pudo distinguir algunos detalles más a través del humo tenue. Una gran carpa verde, el círculo de fuego, y una familia de cuatro sentados alrededor de él. Le dio un pequeño escalofrío de placer. Eran tan insignificantes, tan ignorantes, tan fuera de lugar.
Slenderman levantó la vista. A lo lejos, tal vez unos pocos cientos de metros de distancia, le pareció oír a alguien - o algo - moviéndose entre los árboles. Los seres humanos inferiores, por supuesto, no se daban cuenta. Él estaba preocupado, seguro que quienquiera o lo que fuera no iba a venir aquí, a esta gente?
Los movimientos eran cada vez más cerca. Parecía humano, tal vez un adolescente. De repente, un destello de acero destelló en el claro. El padre, por supuesto - de repente levantó la vista, tal vez al ver el destello por el rabillo del ojo, pero para entonces ya era demasiado tarde.
El adolescente, corrió hacia el camping, aprovechando dos cuchillas largas y curvas. Con un grito, una mezcla de euforia, excitación y placer, él se abalanzó sobre el padre, enterrando una cuchilla en el pecho y otra en la cara.
Él gritó, retorciéndose, pero ya era demasiado tarde, había una grieta audible y él estaba sobre la madre, que estaba a medio camino levantando los brazos, a medio camino para proteger a sí misma, a medio camino de perder su tiempo como su último acto, porque una vez más sus cuchillas eran sólo una ráfaga de plata, arrancando todas las debilidades de la humanidad en un spray de color rojo furioso. Los dos hijos, un niño y una niña, gritaban, el muchacho hizo una pausa y la chica simplemente se echó atrás en su silla, temblando por los sollozos. El adolescente se hizo rápido, él le dio una patada en el pecho, y la envío a ella y la silla volando hacia un árbol que estaba a tres metros de distancia, los fragmentos rotos de la costilla se mostraban a través de su camisa y la sangre fluía desde las sienes y la frente.
Una pierna de la misma silla se había disparado el hermano, y al caer la mirada de horror al ver a su hermana aún estaba grabada en su rostro. El adolescente tuvo otra oportunidad como la muñeca se rompió al chocar contra el suelo del bosque, gritó de dolor y miedo, el adolescente lo arrastro por los pies de nuevo en el claro. Él le dio la vuelta y vaciló por un momento, elevo las cuchillas por encima de su cabeza, vacilante por una fracción de segundo, pero se había ido, y las cuchillas estaban cantando a través del aire, no dejo pasar esa oportunidad y clavo las cuchillas hasta atravesar al chico lo que lo mato instantáneamente
Slenderman no se sorprendió por los propios asesinatos, sino por el hecho de que el asesino era simplemente un adolescente.
Con cautela, pues no quería revelarse a sí mismo, se trasladó unos metros más bajo. Desde allí podía ver, a la luz del fuego, los destellos de la sangre - la sangre, que abarco todo y los
cuchillos del muchacho. Podía distinguir, claramente, las expresiones aterrorizadas de la familia. Entonces se dio cuenta del chico, su chaqueta con capucha blanca estaba casi completamente teñida de rojo, meciéndose hacia adelante y hacia atrás en el suelo, sollozando.
Él debe haber sentido el instinto habitual; para llegar, rápidamente, en silencio, para envolver a su víctima, con amor, con ternura y destruirla. Pero Slenderman sentía otra cosa, quería consolar al niño, para calmarlo. Por un momento había estado a punto se sentó en el suelo, a punto de salir de las sombras, antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo y rápidamente se retiró hacia las ramas.
Pero el chico se había dado cuenta, incluso por encima de sus sollozos, casi histéricos. Levantó la mirada, lenta y deliberadamente, y de repente todo lo demás que Slenderman había sentido se había disuelto, ya que fue sustituida por una sensación envolvente de temor. Por favor, pensó, por favor, no mires hacia arriba. No me mires. No mires...
El adolescente levantó la mirada, sus ojos hicieron contacto exacto con los lugares desde los que el Slenderman lo vio y se dio cuenta de que los sollozos del adolescente no habían sido sollozos en absoluto, sino que era la risa, aguda e histérica. Entonces finalmente se dio cuenta de que el rostro del muchacho no era una cara en absoluto...
Coriácea piel blanca, espesa y brillante brillantemente incluso en la luz del fuego, los labios de color rojo cereza, trenzado en una sonrisa siniestra y eterna, los dientes, casi fundido en un sólido, blanco brillante, y por último los ojos, blanco más brillante de todos los, los párpados quemados de modo que todo lo que quedaba era un anillo negro.
Slenderman se sentó en el suelo, una de sus copias de brazos rozaba la suciedad de su traje antes de hundirse en él con el resto. El muchacho lo miró como si observara un espécimen de laboratorio particularmente interesante; Slenderman lentamente inclinó la cabeza hacia un lado, calibrado a levantarse. El chico no tenía miedo. Igualmente Slenderman no tenía miedo tampoco. Ambos, sin embargo, fueron ligeramente intrigados por la otra.
"Placer conocerlo muy bonita noche, ¿verdad señor?"
Los labios del muchacho apenas se movieron mientras hablaba.
Slenderman discutiendo si o no responder pero Antes de que pudiera decidirse, el niño lleno el silencio por él.
"No es muy hablador, ¿eh? me llamo Jeff
"El hombre delgado bajó la mirada hacia los cuerpos
Se acercó al muchacho, todavía goteando sangre de su cuello.
"Esto me recuerda a Liu un poco..."
Jeff pareció detenerse por segunda vez, y Slenderman se preguntó quién o qué era Liu, o lo había sido. Jeff le dio una patada al muchacho, y él aterrizó junto a su hermana con un chasquido y un ruido sordo carnoso, con el cuello roto.
"Es mejor olvidar, ¿verdad? Además, son mucho más feliz ahora...”
"¿Quién es Liu?" la voz de Slenderman sono ronca por falta de uso
Jeff miró algo sorprendido.
"¿Quién es Liu?"
"era práctico para los trámites, por lo menos,"
Dijo él, riendo entre dientes.
"Liu fue mi hermano."
Él se río de nuevo, y luego añadió
"Está durmiendo ahora."
Slenderman hizo un gesto brusco.
"Su familia?"
"Se fueron a dormir también."
"¿Cómo has llegado hasta aquí?"
"El bosque?" Sus ojos se clavaron en la cara de Slenderman.
"No estoy muy lejos de donde yo vivía."
"No debería estar aquí."
La sonrisa de Jeff parecía dar una punzada. "¿Y por qué, señor?"
"Tienes que salir de este bosque. Ésta es mi noche forestal".
"¿Es así?'' Jeff estiró sus brazos, lo que indica que la gran extensión de árboles en todas las direcciones." Creo que hay espacio para dos de nosotros aquí esta noche, ¿no? "
"No. Usted ya ha robado mi primera cacería debe irse".
Quiero dejar algo claro para usted, señor..." Jeff sacó las cuchillas de su cintura y los levantó apenas unos centímetros de la cara de Slenderman, que estaba al nivel de la suya mientras él se agachaba hacia abajo. "Voy a donde quiero ir, ¿entiendes? Nunca me dirás qué hacer, ¿entendido? Vete a la mierda, ¿entendiendes?"
Slenderman arrastró una copia de seguridad en toda su estatura y miró a Jeff, sorprendido por su audacia.
"¿Te atreves ..." él gruñó.
"Sí, Tom Riddle, me atrevo. Ahora desenrosque". Se dio la vuelta y caminó a través del campamento, a punto de llegar a los árboles, cuando Slenderman saco sus brazos y levantó a
Jeff por los tobillos, golpeándolo en el tronco de un árbol con tal fuerza que fue arrancado de la tierra desde las raíces. Arrastró a Jeff de nuevo en el claro, rompiéndolo en el suelo periódicamente, dejando guiones en la tierra dura. Cuando por fin sacó a Jeff para enfrentarse a él, le dio un pequeño escalofrío de satisfacción.
La cara de Jeff estaba ensangrentada y en carne viva, sus ojos se dispararon y su piel curtida estaba desgarrada en algunos lugares.
Jeff se movió, tosió y se levantó tembloroso, limpiándose la boca y empujando el colgajo de piel de la espalda lo mejor que pudo.
"¿Es eso" todo lo que tienes? Usted lucha, como mi mamá lo hizo, y ella está muerta!" Él se echó a reír. Hombre delgado brazo de azotaba la cara de Jeff, y un corte nuevo apareció, sangrando profusamente. Jeff se rió de nuevo.
De repente, el Hombre Delgado sintió un dolor agudo en el abdomen, una de las hojas de Jeff fue enterrada hasta la empuñadura. La sangre como sustancia negra, goteaba grueso de la herida.
"El chico insolente!" Rugió, atacando de nuevo, con los tentáculos en la espalda en erupción y de nuevo tiro de él, lejos en las ramas de los árboles, llevando a Jeff con él. Lo levanto, lo cogió y lo llevó hacia arriba, levantándolo lejos sobre su cabeza, lo hecho abajo con toda la fuerza que pudo. El viento silbaba en sus oídos con el cuerpo de Jeff, estaban los sonidos de rotura ramas, susurro de las hojas, y, por último, un crujido fuerte y nauseabundo.
Slenderman se dejó caer de nuevo al suelo, haciendo una mueca cuando la chuchillas se clavaron en él un poco más. Un gran agujero se había abierto en el suelo a sus pies, a unos pocos metros hacia abajo yacía el cuerpo inerte de Jeff. Con gusto, SLENDERMAN se detuvo - y casi lo dejó caer de nuevo. por la sorpresa. Se sintió un latido del corazón.
Jeff miró hacia arriba, riendo aún más difícil que antes, todo su cuerpo estaba meciéndose hacia adelante y hacia atrás en las garras de Slenderman.
"Se necesita mucho, mucho más que eso, señor," dijo sin aliento.
Slenderman apenas tuvo tiempo de reaccionar, hubo un destello de plata y de repente su brazo derecho ya no estaba, y la sangre estaba por todas partes, negra y espesa, y allí en el suelo se podía ver claramente un largo y negro, retorciéndose, separado por completo, y el dolor era insoportable. Jeff se río y saltó sobre la espalda de Slenderman, poniendo sus brazos alrededor de su cuello y apretando. El hombre delgado se retorció, tratando de quitárselo de encima, pero su agarre era demasiado firme. Se concentró, canalizando su energía, y luego, de repente, estalló, abriéndose paso a través de Jeff, por lo que tenía una docena de agujeros amplios limpios a través de él, los brazos se retorcían, con la mancha de sangre, saboreando el aire, antes de retroceder en Slenderman. Jeff gritó y lo soltó, cayo los nueve pies al suelo y se rompió el brazo.
Slenderman lo recogió con su brazo izquierdo, todo el dolor de sus heridas se había ido, y era poco importante comparado con lo que están delante de él. Trajo a Jeff nivel con su propio
rostro y el muchacho trató de sonreír un poco más ancho en él. Slenderman bajó la cabeza, luego miró hacia arriba, el brazo volvió a crecer ya.
"Un placer conocerte, Jeff." Su voz era fría y limpia, y alto.
"Usted también, señor... dulces sueños..."
Slenderman apretó con más fuerza, no había un final solo un ensordecedor crack, y Jeff estaba muerto, roto, y finalmente se fue a dormir.