Grandezas, medianeces y miserias de la Feria del Libro
Siempre, en algún momento del año, se viene la Feria del Libro Provincial o Regional o Municipal o Barrial o Mundial o Universal y bla, bla, bla… Y si es una feria, hay de todo y al precio que busque, patrona. Por caso:
Las Vacas Sagradas:
Marcos Aguinis: es un facho, sí, pero va a todas
Escritores que por uno u otro motivo llegaron a tener chapa de prócer, de vecino ejemplar, de ícono de la cultura, etc. Como ejemplo, cada año para el Día del Escritor o el Día del Libro, los periodistas (los fiacas, ojo) los agobian con entrevistas que terminan siendo copiadas y pegadas de años anteriores.
En la feria, saludan a todo periodista o fotógrafo que ven, indefectiblemente ocupan la primera fila de cuanta presentación haya, no importa el libro que se presente; el asunto es estar, ser público, marcar presencia, ya que con lo que escriben no llegaron ni llegarán a la esquina. Íntimamente piensan: “Total…si acá nadie lee nada”.
Los Debutantes:
El libro de Cumbio te revienta la cabeza.
Alguna insospechada jugarreta del destino los avivó de que si juntan una luca (o menos) les pueden publicar una pilita de libros y presentarlos en la Feria y entonces…¡sííí, ya son escritoreeeeesssss!
La sala de la presentación está llena pero de parientes y vecinos, que en una feria de libro están más perdidos que Margaret Tatcher en Cosquín y con la única preocupación de que el batallón de chicos que trajeron haga silencio y dejen de mover el culo en el asiento. “Shhht, bueno, basta, callate que ahí habla la tía, mirá, mirá, saludala, hola tíaaa, decile”.
Los Consagrados:
Su raíz es más política que literaria (¡cuándo no!) y forman un selecto y cerrado círculo que, a medida que consiguen más poder, van determinando el espacio que les darán a los que pretendan estar en ese círculo. Tienen un parecido con las Vacas Sagradas, la gran diferencia es el poder político que manejan.
Cada año en la feria presentan algo, un libro propio (olvidable), el libro de otro (ídem), asisten a un debate o llevan al frente una conferencia (ambos intrascendentes), acciones que no le agregan ni le quitan nada a la feria pero son número puesto que le da lustre al “evento”. .
Para variar, siempre están recibiendo un premio poronga (muchas veces inventado) que nadie conoce y el cholulaje vernáculo le responde otorgándole un premio local sólo reservado históricamente a los verdaderos escritores.
Los Experimentados:
Federico Andahazi
Serían los Debutantes pero que ya tienen unos añitos en la feria. Con respecto al acceso a la publicación (contratos leoninos más o menos) el mecanismo es el mismo de años anteriores y se aseguran por esto un lugar en la feria.
Los parientes siguen yendo pero ahora son menos; sienten el agobio y la vergüenza por tener todavía los libros de presentaciones anteriores aún sin leer y quién sabe en qué cajón olvidado del placard de la pieza.
No importa, el Experimentado en estos añitos se hizo de un grupúsculo de fracasados de ídem “talento” que presenta y presenta y presenta libritos, que para lo único que sirven es para apoyar la pava del mate, nivelar la heladera o guardar las pelas de la mandarina. Pa’ pior, un día se les ocurre la idea de…¡armar una editorial propia! Un lanzallamas a mi derecha, por favor.
Los Talentosos:
Aunque siempre escriben, publican muy poco. Los encargados de la feria los tientan todos los años con ofrecimientos que van desde publicarles un libro, ofrecerles una mesa de conferencias, la presentación de otros autores, etc. Ante una negativa sistemática de éstos, los organizadores no entienden que exista alguien que, o tiene su ego en paz o vive en un termo.
Conclusión: este personaje se pierde de subirse a varios trenes, de tener una docena de libros por año, y termina olvidado por el inconsciente colectivo y los dueños de la feria. Un boludo digno, digamos.
Y ahora desde el otro lado, el público:
Público de adelante:
Vienen tempranito y calculan todos los movimientos de los famosos de la primera fila. “Se va a sentar acá, seguro”.
Una vez logrado el objetivo, se aseguran entrar en la foto de los diarios y los portales poniendo caras de ministro o de escritor famoso, pero no para no desentonar sino para que el poco ducho en el ambiente vea la foto y crea que es un notable más del grupo de la primera fila.
Público del medio:
Parientes, amigotes que no quieren aparecer en la foto y aprovechan ese espacio, donde las luces no los delatan, para criticar la ropa, el peinado, el discurso y etc. de los presentadores e inclusive algunos detalles que ven en las espaldas de los grosos de la primera fila.
Cuando se aburren, sacan el celu y mandan mensajes a los que todavía no llegaron: “Quedate nomás que esto es una garcha”.
Público de atrás:
Como hay varias salas de presentaciones, entran y salen de todas ubicándose en las sillas de la última fila y cerca de la puerta de salida. Le toman el tiempo al aburrimiento de la presentación y antes de dos o tres minutos se levantan y, previa nueva vuelta por los stands de libros y babearles a las promotoras mientras reciben folletos inservibles, se mandan a otra sala con el mismo sistema de asistencia.
Algunas veces optan por usar la última fila como oficina para mandar mensajes y hablar por el celu mientras gozan el fresquito del aire.
Los presentadores:
Mezcla de escritores fracasados y críticos fracasados; es decir, demasiado malos para ser escritores, entonces se afanan en criticar sin piedad al resto; y demasiado malos para ser críticos, así que nos “deleitan” desde sus libros y honran cada mesa con sus nuevos aires de críticos.
Está el del análisis erudito, que sólo consigue dormir al público y enredarse inclusive con lo que lleva escrito. El que no sabe un pedo del libro ni de la obra del tipo, pero lo recuerda muy bien de una vez cuando salieron de copas y el autor del libro hizo un chiste berreta que ameritó traerlo a consideración del público presente como única anécdota válida y jocosa para salir del paso.
Y por último el leído (guarda el pomo con éste), el que hace referencia a otros autores y libros exponiendo sutilmente la diferencia abismal entre el libro y el autor a presentar (ambos descartables) y el resto de la excelente selección que hizo para la ocasión (¡H d P!), lástima que en la sala hay dos o tres solamente que se dieron cuenta de lo que dijo, el resto, incluido el autor del libro, se desnucan a bostezo limpio.
A los tres casos, siempre les pasa lo mismo: deciden leer algo de libro del autor y no tienen mejor idea que ponerse a buscar el texto en ese momento, así que se ponen los anteojos con gran lentitud, hojean y hojean mientras largan un “a ver, por acá estaba, por acá…”. El público, feliz.
Los Insufribles marca Acme:
Revisan con minuciosidad de palentólogo cada libro de cada stand. Si hay alguien de la organización cerca, no paran de preguntarle obviedades o cosas imposibles de averiguar. “El autor de este libro se llama fulano de tal, ¿no?” (señalando el nombre del tipo en la tapa) o “¿La autora de este libro es A+ o 0 Universal?”Al final, no compran ni mierda pero mañana y pasado lo tenés revisando y preguntando todo de vuelta. .
En las presentaciones, a la hora en que el autor intenta “establecer un puente con el público” y ofrece el micrófono para alguna pregunta, estos plomazos intervienen con taradeces del tipo “¿Su libro está a la venta? ¿En qué parte de la feria está?”
Y para qué te cuento si ve a dos o tres Vacas Sagradas o Consagrados en una rueda de charla; a los dos minutos de haber metido su cara de kevlar en la conversación, ves cómo el grupo se desarma y lo deja sólo. Pero se recompone rápido del desaire y busca nuevas víctimas.
Total, gente dando vueltas al dope es lo que sobra en la feria.
http://www.angaunoticias.com.ar/variete/760-feriadellibro.html
Salute!!