InicioHumorLos Mejores Chistes Jamas Contados!
Hola taringueros hoy les traigo una lista con los 03 mejores chistes jamas contados. Primero les contare el chiste bonus : soy virgen te lo juro por mis hijos. jajjajajaja


Un tipo que decide comprar una mascota ve a un loro colgando, cabeza abajo, de un palo; se le queda mirando y dice en voz alta:

"Vaya, ¿qué le habrá pasado a este loro?"

"Yo nací así: soy un loro sin patas", dice el ave.

"¡Je, je! Me pareció como si este pájaro hubiera entendido lo que dije y me hubiera contestado".

"Claro que entendí lo que dijiste. Soy un loro sumamente inteligente y muy culto".

"¿Ah, sí? Entonces contéstame esto: ¿cómo te cuelgas del palo, si no tienes patas?"

"Bueno, verás, me da un poco de vergüenza, pero ya que has preguntado, te lo voy a decir: uso mi pene como gancho y lo enrollo en el palo, no puedes verlo porque lo cubro con mis plumas".

"¡Increíble! ¿Realmente puedes entender lo que dice la gente y contestar?"

"Claro que sí, hablo español e inglés. Puedo conversar sin mayores problemas casi sobre cualquier tema: política, religión, fútbol, química, filosofía... y soy especialmente bueno en ornitología. Deberías comprarme, soy un excelente compañero".

El hombre mira la etiqueta del precio ($200) y masculla:

"Ese precio es demasiado para mí".

"Pssst", le llama el loro moviendo un ala para que se acerque. "Nadie me quiere porque no tengo patas. Ofrécele al dueño $20".

El hombre ofrece los $20 y sale de la tienda con el ave. Pasan las semanas y el loro es sensacional, gracioso, interesante, un excelente amigo, entiende todo y hasta da muy buenos consejos. Su dueño está feliz con él. Un día, el hombre llega de trabajar y el perico lo llama:

"Pssst", moviendo un ala para que se acerque.

El tipo se pone muy cerca de la jaula.

"No sé si contarte o no, pero es acerca de tu mujer y el cartero".

"¡¿Qué?!"

"Bueno, esta mañana, cuando llegó el cartero, tu mujer lo recibió con un beso en la boca. Ella estaba vestida sólo con ropa interior".

"¿Y después qué pasó?"

"Después, el cartero entró en la casa y empezó a acariciarla toda".

"¡Dios Santo! ¿Y qué más?"

"Después, le quitó las bragas y el sostén. Se arrodilló y empezó a besarla por todas partes, empezando por los senos, lentamente, e iba bajando y bajando por el ombligo y seguía y seguía..."

El ave se queda callada un buen rato.

"¿Y qué pasó? ¿Qué pasó? ¡Habla maldito loro!", grita frenético el hombre.

"No sé, se me paró y me caí del palo".






[Un mexicano está tranquilamente tomando su desayuno, cuando un típico estadounidense, mascando chicle, se sienta a su lado. El mexicano ignora al yanqui, y el americano no muy contento con eso, trata de hacerle conversación preguntando:

"'Excuse me', ¿ustedes se comen todo el pan?"

"Por supuesto", contesta el mexicano.

"Nosotros no, sólo comemos la migaja de adentro del pan y la parte de afuera la ponemos en un 'container', la reciclamos, la transformamos en harina y la exportamos a México".

El mexicano escucha en silencio, imperturbable. El americano sigue mascando chicle e insiste:

¿Ustedes se comen la mermelada con el pan?"

"Por supuesto", contesta el mexicano.

"Nosotros no. Nosotros en el desayuno comemos fruta fresca, la cáscara y las semillas, las ponemos en otro 'container', las reciclamos, la transformamos en mermelada y la exportamos a México".

El mexicano, ya un poco alterado, le pregunta:

"Y ustedes, ¿qué hacen con los condones después de usarlos?"

"Los tiramos a la basura, 'of course'".

"Nosotros no, después de usarlos los ponemos en un contenedor. Los reciclamos; los transformamos en chicles y los exportamos a los Estados Unidos".

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[color=indigo]Juanita y Pepe estaban por comprometerse en matrimonio. Pero antes de aceptar, ella pensó que sería prudente confesarle que, debido a una enfermedad infantil, sus senos no se habían desarrollado normalmente y, debido a eso, se le habían quedado de un tamaño equivalente a los de una niña de doce años.

Al enterarse de su secreto, Pepe le aseguró que no tenía de que preocuparse, que el amor que sentía por ella estaba por encima de esa contrariedad. Y ya que estaban en eso de las confesiones, pensó que también sería propicio contarle un secreto que escondía por muchos años. La miro a los ojos y le dijo:

"Mi amor, tengo que decirte que tengo el pene del tamaño de un recién nacido. Espero que esto no sea problema".

Ella le contestó que el tamaño de su pene no sería ningún problema, porque lo amaba tanto que buscaría la manera de solucionar ese 'pequeño' problema.

Se casaron, y al llegar al hotel donde pasarían su luna de miel, inmediatamente comenzaron con los manoseos y caricias. En eso, al introducir Juanita su mano en los calzoncillos de Pepe, soltó un grito ensordecedor y salió corriendo de la habitación. Alcanzándola, Pepe, asombrado, le preguntó qué era lo que le había pasado. Todavía agitada, la chica le contestó:

"¡Me mentiste, me dijiste que tenías el pene del tamaño de un recién nacido!"

"Es verdad, cariño, lo tengo del tamaño de un recién nacido: pesa tres kilogramos y mide 48 centímetros de largo".

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