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Crónica del Show de Jonas Brothers




Desde que tuvimos aquel entredicho por mi análisis prematuro y prejuicioso de la tapa de Líneas, vides y tiempos de probar, las relaciones entre este humilde escriba y las fans de los Jonas Brothers han sido, cuanto menos, tirantes. Quisieron amenazarme telefónicamente pero llamaron a Rolling Stone USA, donde la recepcionista las instó a proceder con el desmembramiento de Mancusi, que total no tenía la más pálida idea de quién era (lo peor es que cuando llamaron a RS Argentina les dijeron lo mismo). Luego quisieron sabotear mi medio de transporte, pero descubrieron lo difícil que es pincharle las gomas o cortarle los frenos a un pony y desistieron. Teniendo en cuenta todo esto, me extrañó que El Jefe me mandara a cubrir el show de anoche, sobre todo sabiendo que ya había una colega asignada a esa tarea. Quizás de ahí vengan las risotadas que escuché en mi último paso por la redacción y la corona que dejaron en casa, sospechosamente firmada por "Jejeje... tus compañeros".

Con Miguel en el taller de equinos por alineación y balanceo, me dirigí a River en la Gilera de mi tío Cacho, la cual dejé encadenada al tobillo de Danilo Gerlo, toda una garantía de que la encontraría allí mismo cuando saliera. El siguiente paso fue encontrar, como no, a Roberto, el acreditador de prensa para todos los shows que se realizan en la Argentina, ya sea Iron Maiden en Vélez, Luciano Pereyra en el Colonial de Avellaneda, Superuva en el Colón u Ornette Coleman en Jesse James de Isidro Casanova. Una vez reunidos se produjo el siguiente diálogo:

- Hola Roberto, como estás. Quería preguntarte si tenés mi entrada.
- No.
- Dame la entrada, infeliz, o te corto las orejas y te las meto por el ocote para que escuches como te cago a patadas.


Y me la dio nomás, por las buenas. De modo que entré al campo, pasé por el puestito a comprarme un sambuche de mortadela de 357 dólares (ando dulce por estos días) y me dispuse a esperar a Demi Lovato, la telonera, a quien venía confundiendo con Zulma Lobato hasta que mi primita de cuatro años me dijo "no podés ser tan estúpido". Me sorprendió para bien Demi, un verdadero tifón made in Disney que conjuga la energía de un Bruce Dickinson con la contextura física de un tomate perita.

Entonces sí, las luces se apagaron y el trío de Nick, Kevin y "ahora no tengo Internet para fijarme cómo se llama el tercero" Jonas apareció en el escenario, dispuestos a rockear durísimo pero sin saber siquiera mínimamente cómo hacerlo. Ya desde el primer tema ("Don't You See We Are Robbing You, Idiots?", lado C de su single debut My Mom Told Me to Do This But I Wanted to Be an Architect, la banda se mostró versátil e inquieta, con Nick demostrando ser el líder sólo por estar parado 35 centímetros más adelante que sus dos hermanos.

Los gritos provenientes de mi derecha me impidieron escuchar las siguientes ocho canciones. Convencido de que encontraría una niña desaforada junto a mí, decidí chequear y, no, en realidad tenía a una señora de unos cuarenta años haciendo con la garganta sonidos similares a los que se obtiene frotando un telgopor contra un vidrio, mientras su hija de 13 se tapaba la cara con ambas manos y pedía que la lleve la muerte. Solidarizándome con la teen avergonzada, volví a meter mano en mi billetera y compré una Coca Light de 1315 euros que procedí a vaciar en la cabeza de la señora, a efectos de bajarle la excitación. No funcionó.

Párrafo aparte merece el momento emotivo de la noche, un mini set de baladas con una sección de cuerdas aportadas por la Camerusa Villa La Angostura, grupo que reemplazó a la Camerata Bariloche cuando este respondió a la invitación con un terminante "ni en pedo". Joe (ahí volvió la Internet) después de cantar al piano "Can't Poo", inspirada en el diagnóstico de su constipación precoz, forzó unas lágrimas, recordando aquellas largas e infructuosas sesiones en el excusado.

Pero pronto volvió el rocanrol, con el primer corte de su nuevo disco (y les juro que esto es verdad): "Paranoid", que por supuesto no es la de Sabbath. Tras ello llegaron "Inmigrant Song" y "Smoke on the Water", también homónimos de los temas de Zeppelin y Purple, pero nada que ver. Y por último "Black Metal", ahora sí cover de Venom, desmintiendo nuestra anterior aseveración de que se mantendrían alejados del género por un tiempo más.

El final fue abrupto e inesperado. Intentando perpetuar esa imagen de virginidad cachonda que los caracteriza, Kevin se sacó la camisa (como Manowar) y se echó un bidón de cinco litros de Levité de manzana encima, con tanta mala suerte que el líquido llegó a la línea de corriente y se pegó una electrocutada digna de un patíbulo texano. Tras el incidente barrieron sus cenizas y lo reemplazaron por otro Kevin, exactamente igual, quien cantó el último tema de la noche mientras sus hermanos se dedicaban a rascarse el pupo y jugar al Senku. Y entonces sí, se oyó una voz diciendo "tienen cuatro minutos para abadonar el estadio o centinela abre fuego", y todos salimos raudos hacia nuestros transportes. Danilo, obviamente, seguía inmóvil donde lo dejé, así que tomé mi Gilera y me dirigí a casa, donde escribí esa reseña en diez minutos y luego me dediqué a hacer lo que hago todas las noches: tratar de conquistar el mundo.


Diego Mancusi para RS




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