Ayer fui testigo de una "piña histórica" (caída o accidente) que se dio un ciclista justo frente a mí... y debo confesar que la inmediata sensación de correr a socorrerlo se vio ampliamente superada por el deseo (casi, casi) irrefrenable de reírme a todo pulmón, allí mismo hasta quedarme sin aliento, por lo que pasé a su lado con paso firme mientras el tipo se levantaba aturdido (más por vergüenza que por el golpe que se dio) y miraba para todos lados esperando sorprender algún gesto de burla para descargar su ira, conciente de que se la había dado solito, solito y de la manera más absurda... luego... desapareció como por arte de magia -como sucede habitualmente en estos casos- y más ganas de reírme sentía imaginándome al tipo detenido una o dos calles más adelante revisando su maltrecha anatomía, sacudiendo su orgullo y tratando de ponerlo en su lugar , lejos ya, de testigos que pudieran dar rienda suelta a sus más viles instintos de burla y escarnio... Al doblar e la esquina, se me dibujó en el rostro una mueca maliciosa que trajo a mi memoria viejas anécdotas de caídas propias y ajenas que me alegraron la mañana... y eso sí que estuvo bueno... ahora 24 horas después me sigo diciendo: pero cheeeeeee como te vas a reír del pobre tipo
Y ahora el Pobre Bala
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