
2 de junio
Salimos a la mañana para unos campos en el norte de un pariente del Ganadero, antes que el agua que estaba inundando la región nos tapara.
Nos fuimos para la hora en que había terminado la novela creemos, porque todos los que cruzamos en el camino estaban llorando. El agua había traído frío y algunos habían intentado calentarse como habían podido, uno de los hacendados al que se le habían inundado los campos se había prendido fuego.

El día de la inundación se enamoraron muchos, algunos agricultores llegaban, veían sus campos, se tomaban el corazón, se quedaban sin respiración y se caían al piso.
No sabíamos que estaban usando personas para alumbrar el campo, al final del partido había una persona colgada del cuello de un árbol prendida fuego. Estaba al lado de una camioneta que decía ingeniero hidráulico.
Cuando nos alejamos vimos al hacendado que tenía más campos en la región que a pesar de todo mantenía el espíritu pedagógico, le estaba enseñando a nadar al intendente, lo había metido en la laguna y le mantenía la cabeza abajo del agua con las dos manos.

3 de junio
Pasamos la noche en un establo de la granja de pobres del padre Alberto. Algunos niños desnutridos no tenían buenos modales, nos miraban y se le caían las babas, y más nos miraban y más se le caían.
Igual eran buenos, a pesar de que no tenían nos invitaban a tomar la leche, nos señalaban y gritaban ¡leche! ¡leche!. Parecía que les habíamos caído bien, se quedaban todo el tiempo al lado nuestro y cuando se los querían llevar a dormir no se querían ir. Antes de retirarse nos invitaban a comer, nos miraban y gritaban comida.

4 de junio
Cuando nos fuimos se notó que los desnutridos nos habían tomado cariño, nos veían irse y se largaban a llorar, algunos se colgaban de nosotras.
Con una se habían puesto a jugar cuando salíamos, la habían acostado en el piso y estaban haciendo una montaña encima de ella los niños, los viejitos, los perros y las aves carroñeras. Se ve que la estaba pasando bien porque se la escuchaba mugir.