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Posteo mío del 02/06/08.

La verdad de las fábulas

Mi cara de desolación mirando al cielo... razo... lo dice todo; leyendo una bioagrafía me enteré que Miguel Angel no es una tortuga ninja; sino que fue un pintor italiano. Luego de sucumbir ante tamaña revelación decidí desenmascarar a las engañosas fábulas que año tras año contaminaron nuestra psiquis infantil.
En una página, por ejemplo, di con la famosa historia de la liebre y la tortuga:

En el mundo de los animales vivía una liebre muy orgullosa, porque ante todos decía que era la más veloz. Por eso, constantemente se reía de la lenta tortuga.

-¡Miren la tortuga! ¡Eh, tortuga, no corras tanto que te vas a cansar de ir tan de prisa! -decía la liebre riéndose de la tortuga.

Un día, conversando entre ellas, a la tortuga se le ocurrió de pronto hacerle una rara apuesta a la liebre.

-Estoy segura de poder ganarte una carrera -le dijo.

-¿A mí? -preguntó, asombrada, la liebre.

-Pues sí, a ti. Pongamos nuestra apuesta en aquella piedra y veamos quién gana la carrera.

La liebre, muy divertida, aceptó.

Todos los animales se reunieron para presenciar la carrera. Se señaló cuál iba a ser el camino y la llegada. Una vez estuvo listo, comenzó la carrera entre grandes aplausos.

Confiada en su ligereza, la liebre dejó partir a la tortuga y se quedó remoloneando. ¡Vaya si le sobraba el tiempo para ganarle a tan lerda criatura!

Luego, empezó a correr, corría veloz como el viento mientras la tortuga iba despacio, pero, eso sí, sin parar. Enseguida, la liebre se adelantó muchísimo.Se detuvo al lado del camino y se sentó a descansar.

Cuando la tortuga pasó por su lado, la liebre aprovechó para burlarse de ella una vez más. Le dejó ventaja y nuevamente emprendió su veloz marcha.

Varias veces repitió lo mismo, pero, a pesar de sus risas, la tortuga siguió caminando sin detenerse. Confiada en su velocidad, la liebre se tumbó bajo un árbol y ahí se quedó dormida.

Mientras tanto, pasito a pasito, y tan ligero como pudo, la tortuga siguió su camino hasta llegar a la meta. Cuando la liebre se despertó, corrió con todas sus fuerzas pero ya era demasiado tarde, la tortuga había ganado la carrera.

Aquel día fue muy triste para la liebre y aprendió una lección que no olvidaría jamás: No hay que burlarse jamás de los demás. También de esto debemos aprender que la pereza y el exceso de confianza pueden hacernos no alcanzar nuestros objetivos.
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/euro/esopo/liebre.htm



Bueno, eso es todo mentira, acá te cuento la posta:

En Catamarca vivía una liebre muy orgullosa, porque ante todos decía que era la más veloz, la más facha ¿entendés?, la más goma. Por eso, constantemente le tocaba timbre en la casa de la tortuga y salía corriendo.

-¡Miren la tortuga! ¡Eh, tortuga, salame, no corras tanto que te vas a cansar de ir tan de prisa! -decía la liebre riéndose de la tortuga.
-Chupala -contestaba la parca tortuga.

Un día, en una luchita de gallos, a la tortuga le dio asco y se le ocurrió de pronto hacerle una rara apuesta a la liebre.

-A que me agarro a tu hermana -le dijo.
-No, muy facil, mi hermana es muy rápida.
-Tiene sentido, si es tu hermana es una liebre.
-Nonono, que es puta, eso te digo yo.
-Epa epa, ¿quién te enseñó esa palabra?
-Tu hermana...
-¿Qué estás queriendo decir?
-Que ella me enseñó esa palabra.
-Ah, me parecía, estoy segura de poder ganarte una carrera -le dijo la tortuga.
-¿A mí? -preguntó, asombrada, la liebre.
-No, al Tatú Carreta.
-Aah, pensé que a mí.
-SIPELOTUDOAVOS!!!
-Eeeeh, calmá las aguas tortuga, ahora te gano por canchero.

Todos los animales bien escaviados presenciaron la carrera y hubo desmanes en la cola; mataron a un ornitorrinco, Juan Carlos Ornito, su nombre. A nadie le importó y empezó la carrera.

Confiada en su ligereza, la liebre dejó partir a la tortuga y se fue a Multijuegos a jugar al Virtual Rally. Luego empezó a correr, veloz como el viento, mientras la tortuga iba despacio, pero, eso sí, sin parar. Enseguida, la liebre se adelantó muchísimo y se detuvo a descansar.

Cuando la tortuga pasó por su lado, la liebre aprovechó para burlarse de ella una vez más:
-Tortuga
-¿Qué?
-Sos feo buacho eh...
-...
-Tortuga
-¿Qué?
-Sos feo eh...
-...
-Tortuga
-¿Qué?
-...ah..bueno...importante lo tuyo...

De repente saltó un mono -lacaaa, dame el vinooo, dame the vinooo, la nutria se tomó todo el licooor locoo, muerte a la nutria...

A pesar de todos las burlas e incidentes, la tortuga siguió caminando sin detenerse. Confiada en su velocidad, la liebre se tumbó bajo un árbol, se puso la alarma del celular y se quedó dormida.

Mientras tanto, pasito a pasito, y tan ligero como pudo, la tortuga siguió su camino hasta casi llegar a la meta. A la liebre le sonó la alarma del celular, fue caminando hasta la meta y obviamente le ganó la carrera a la tortuga, ya que así es la naturaleza, la liebre es rapidísima, la tortuga es lenta, simple maestro, ¿qué querés?

Moraleja: Ponete la alarma del celular y listo.

Basta de mentirnos con estas cosas.




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