Una historia sin sentido de ese humor absurdo que sólo a mí se me podía ocurrir. Un virrey español en México (la que antaño se llamaba Nueva España) se aburre de las comidas de palacio. Entonces decide probar algo diferente. ¿Por qué no llamar a Pizza Hut y encargar una típica pizza mariachi mexicana?
La Luna lamía la fachada de la mansión, confiriendo una lumbre tétrica a sus volutas barrocas. En el salón D. Antonio de Toledo y Salazar, virrey de Nueva España, sentaba en el sillón. Sus ojos trepaban por suaves cumbres de nata; se perdían entre sinuosas formas frutales para ahogarse, mansos y apáticos, en el rojo de una copa de vino. Al final se quedó amodorrado, con la cabeza hundida en los hombros. Una puerta rompió el silencio a sus espaldas. Tras ver las comidas intactas en la mesa, la criada comenzó a retirar los platos. El hombre resopló bajo sus mostachos antes de levantarse.
Su silueta se diluyó en la oscuridad del pasillo. Detrás de él quedaban los retratos de sus antecesores, cuyas torvas miradas penetraban las tinieblas. Llegado a su alcoba, se aseguró de estar solo, sacó el móvil y tecleó un número. El tono fue interrumpido enseguida.
- ¡Pizza Hut, buenas tardes! Le atiende Manolo, ¿en qué puedo ayudarle?
- Una pizza mariachi con jalapeños, frijoles y doble de ternera, por favor.
La Luna lamía la fachada de la mansión, confiriendo una lumbre tétrica a sus volutas barrocas. En el salón D. Antonio de Toledo y Salazar, virrey de Nueva España, sentaba en el sillón. Sus ojos trepaban por suaves cumbres de nata; se perdían entre sinuosas formas frutales para ahogarse, mansos y apáticos, en el rojo de una copa de vino. Al final se quedó amodorrado, con la cabeza hundida en los hombros. Una puerta rompió el silencio a sus espaldas. Tras ver las comidas intactas en la mesa, la criada comenzó a retirar los platos. El hombre resopló bajo sus mostachos antes de levantarse.
Su silueta se diluyó en la oscuridad del pasillo. Detrás de él quedaban los retratos de sus antecesores, cuyas torvas miradas penetraban las tinieblas. Llegado a su alcoba, se aseguró de estar solo, sacó el móvil y tecleó un número. El tono fue interrumpido enseguida.
- ¡Pizza Hut, buenas tardes! Le atiende Manolo, ¿en qué puedo ayudarle?
- Una pizza mariachi con jalapeños, frijoles y doble de ternera, por favor.