InicioHumorEl día que Maicol dejo de ser Maicol.
El auto fantástico, fue una serie que se emitió durante la década del 80, en donde justamente un auto era fantástico y tenia la inteligencia de diez hombres inteligentes juntos. El auto se manejaba solo y atrapaba delincuentes. Los tiros no le hacían nada, porque era blindado y jamas se quedaba sin nafta, claro porque estaba la mayor parte del tiempo con su amigo y conductor Maicol. Amigos inseparables, diálogos muy pelotudos. Había que ver cuando Maicol le arrimaba el bochin a una mina! El auto fantástico desde atrás tiraba letra, con una tira de luces rojas que se prendían y apagaban mientras hablaba, también se enojaba y esa luz quedaba roja! Fue todo un furor, la gente compraba la luz del auto fantástico y se lo colocaba a cualquier catango que tuviese cuatro ruedas, inclusive llegue a ver esa maldita luz en una bicicleta, y la bicicleta de quien era? No se porque pregunto si el que este leyendo jamas sabrá que el negro Martín le puso esa luz pedorra a su bicicleta, una “Aurorita” rodado 20, a la que le había sacado los porta equipajes, los guardabarros y los frenos, porque quería ser un “Bici volador” y la termino de cagar por completo con la llegada del auto fantástico. Hizo estragos en la mente de Martincito, que ademas de “Bicivolador”, ahora se hacia llamar “Maicol”, y como si uno fuera boludo, cada vez que llegaba en su bici voladora, ahora fantástica, se bajaba y decía: “hola amigos” intentando imitar la voz de Maicol, con la luz encendida de su bicicleta, miraba para un costado, torcía la boca y cambiaba la voz y de verdad pensaba que eramos pelotudos, porque hizo la voz de la bicicleta que le dijo: “Maicol! Vamos al kiosco a comprar un naranju!” Si! Martincito no solo pensaba que eramos pelotudos, estaba convencido! Martincito era el típico puber lleno de granos, dientes hacia afuera, ojos saltones, morocho, muy morocho, bueno, no es una descripción muy típica, y poco se le entendía cuando hablaba. Su estado de locura y fanatismo por auto fantastico lo llevo a desconocer su propio nombre, ya no aceptaba un “Martin” como saludo, a partir de ahora era “Maicol”, y bueno, Maicol era como lo describí anteriormente. Aunque lo que estoy contando sea solo el principio de la locura, una locura que empezó en el kiosco de Ramirez cuando fue a comprar alfajores y la bicicleta le dijo: “no Maicol, de fruta no, de chocolate y dulce de leche”. Una escena para cortarse los huevos! Y así fue, para todo lo que hacia estaba la voz de la bicicleta que le recordaba todo, en la verduleria los tomates, en la librería el mapa político de la provincia de Buenos Aires. Jugando al fútbol, Maicol era un queso, pero la bicicleta desde afuera lo alentaba, lo incitaba a no bajar los brazos, diciéndole: “bien Maicol! Ya va a salir!” El problema de Maicol en el colegio, no era el de cualquier pibe que tiene problemas, estos eran graves realmente. Aducía la falta de estudio a que no tenia tiempo porque se dedicaba a combatir el crimen, y si bien no combatía directamente el crimen, lo que hacia era acrecentar cada vez mas su fama de boludo. Boludo importante, claro, no era un boludo cualquiera. En una de esas que el decía combatir el crimen, fue hasta el viejo cabaret del pueblo, que quedaba a unos cinco km por camino de tierra. Le hicieron creer que había tres chicas secuestradas a lo que para la misión, Maicol se puso las muñequeras, la musculosa, la vincha y se pinto la cara, debajo de los ojos con corcho quemado, simulando ser adivinen quien? Rambo! Una mezcla de Rambo, Maicol y bicivolador fue a rescatar a tres putas de 50 años con las tetas por el ombligo, y así volvió Maicol de su misión, en la camioneta de la policía derechito para el pueblo. Resulta que este trastornado, rayo los tres autos que estaban estacionados, les desinflo las cubiertas, y con una increíble patada voladora que no funciono quiso tirar abajo la puerta del puterio. Como no pudo, escucho la voz de la bicicleta que le dijo: “toma carrera Maicol”. Tomo cien metros de carrera y la quiso atravesar con el hombro, que por supuesto se saco de lugar. Lo escucharon por los gritos de dolor que emitía el pobre Maicol, que había dejado de ser Maicol cuando le preguntaron quien era para avisarle a sus padres que lo fueran a buscar. Termino la policía llevándolo al hospital. Después de ese episodio, Maicol, que había vuelto a ser Martincito, se corto del grupo y no apareció mas por los lugares que solíamos frecuentar. En el colegio se hacia el que le faltaba el aire. Algunos comentan que se había hecho fanático del hombre de la Atlantida.

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