Ella estaba un poquito enojada.
Ojalá que la leche se te congele en la heladera
Y cuando intentes abrir el sachet, lo rompas.
Que la berenjena te quede dura.
Que cuando estés por cambiar la bolsa de basura, se desfonde sobre tus pies.
Que el clavito de la puerta se salga cuando la estás abriendo
Y que no puedas gritar cuando te quedes encerrado.
Que la ventana quede abierta por las noches y te despiertes resfriado, con mocos y sin pañuelos.
Que la cocina se te llene de cucarachas, tu living de moscas, tu cuarto de babosas.
Que el gato te haga pis en la sábana.
Que te persigan las bacterias, los microbios,
Que a la noche te despierten las pulgas
Y que al amanecer un zumbido de mosquitos entre en tu oído.
Que cuando llueva te olvides el paraguas y cuando hagas trámites, el documento.
Que un día te des cuenta de que esa receta que te salía a la perfección ya la olvidaste.
Que el salero se te abra en la comida,
Que siempre haya que cambiar un cuerito.
Que te despiertes contracturado y con sueño.
Que tu café siempre esté amargo, sin importar todo el azúcar que le eches.
Que las porteras te bañen los tobillos a baldazos.
Que pises tres baldosas flojas empapadas en lavandina.
Que te pongan a lavar tu camisa blanca junto con los trapos.
Que tu vecina de arriba se compre un perro, y que la de abajo tenga un hijo, y que ambos griten a la noche.
Que pongan un jardín de infantes en el edificio de al lado, y que comience una ruidosa construcción en los aledaños de tu hogar.
Que las frazadas se te llenen de polillas.
Que siempre que quieras dormir, te llame tu mamá.
Que la cerveza no tenga nunca gas, el vino siempre esté picado, nunca hielo en la heladera y el pan siempre enmohecido.
Que cada vez que juntes tus dos manos al cielo, se te siente una paloma.
Que cuando salgas bien vestido, un perro te confunda con un árbol.
Y que cuando tires la cadena, te atrape ese remolino y te lleve para siempre.
Ojalá que la leche se te congele en la heladera
Y cuando intentes abrir el sachet, lo rompas.
Que la berenjena te quede dura.
Que cuando estés por cambiar la bolsa de basura, se desfonde sobre tus pies.
Que el clavito de la puerta se salga cuando la estás abriendo
Y que no puedas gritar cuando te quedes encerrado.
Que la ventana quede abierta por las noches y te despiertes resfriado, con mocos y sin pañuelos.
Que la cocina se te llene de cucarachas, tu living de moscas, tu cuarto de babosas.
Que el gato te haga pis en la sábana.
Que te persigan las bacterias, los microbios,
Que a la noche te despierten las pulgas
Y que al amanecer un zumbido de mosquitos entre en tu oído.
Que cuando llueva te olvides el paraguas y cuando hagas trámites, el documento.
Que un día te des cuenta de que esa receta que te salía a la perfección ya la olvidaste.
Que el salero se te abra en la comida,
Que siempre haya que cambiar un cuerito.
Que te despiertes contracturado y con sueño.
Que tu café siempre esté amargo, sin importar todo el azúcar que le eches.
Que las porteras te bañen los tobillos a baldazos.
Que pises tres baldosas flojas empapadas en lavandina.
Que te pongan a lavar tu camisa blanca junto con los trapos.
Que tu vecina de arriba se compre un perro, y que la de abajo tenga un hijo, y que ambos griten a la noche.
Que pongan un jardín de infantes en el edificio de al lado, y que comience una ruidosa construcción en los aledaños de tu hogar.
Que las frazadas se te llenen de polillas.
Que siempre que quieras dormir, te llame tu mamá.
Que la cerveza no tenga nunca gas, el vino siempre esté picado, nunca hielo en la heladera y el pan siempre enmohecido.
Que cada vez que juntes tus dos manos al cielo, se te siente una paloma.
Que cuando salgas bien vestido, un perro te confunda con un árbol.
Y que cuando tires la cadena, te atrape ese remolino y te lleve para siempre.