InicioHumorDichos habituales y sus origenes.


PARA ACOMPAÑAR EL POST




El castellano es un idioma antiguo muy divertido. A lo largo de la historia se han acuñado toda una serie de modismos y dichos que, cuando son analizados lógicamente, tienen muy poco sentido.




Sin embargo, nos hemos acostumbrado tanto a ellos que simplemente se nos escapan de la boca sin que nos pongamos a pensar de donde vinieron. ¿Alguna vez has querido saberlo? Bueno, hoy es tu día de suerte.





Romper el hielo.




En el ambiente náutico, romper el hielo originalmente aludía a los días en que todo el comercio existente se hacía por barco, sin importar el clima o las condiciones. Como es de imaginarse, no era nada raro que los grandes barcos quedaran varados entre el hielo espeso, y otros navíos más pequeños eran enviados con el fin de romper este hielo frente a los barcos en problemas para abrirles camino y que siguieran avanzando, de una manera similar que una broma o chiste puede allanar el camino para futuras relaciones.




A caballo regalado..No se le mira los dientes.




Mirar en la boca de un caballo para inspeccionar su dentadura era una forma tradicional de determinar su valor. Por lo tanto, si alguien te regalaba un caballo, mirarle los dientes sería el equivalente a ver la etiqueta de precio de la nueva baratija que alguien te había regalado. Esto era considerado algo verdaderamente grosero.




Dormirse en los laureles.




De vuelta en la antigua Grecia, no había nada que amaran más los griegos que copular o mostrar su destreza. No olvidemos que ellos iniciaron los Juegos Olímpicos, pero incluso antes de eso, ya se disputaban los Juegos Pythian, que eran premiados con coronas de laurel – cuyas hojas eran asociadas con el dios griego de la música y la poesía, Apolo. Se podría decir que los campeones se dormían en sus laureles cuando disfrutaban del resplandor de sus victorias – aunque en ese entonces la frase no tenía connotaciones tan negativas como en la actualidad.




Lágrimas de Cocodrilo




Artífices de la palabra como Sir John Mandeville, e incluso el viejo conocido Shakespeare, difundieron el mito de que los cocodrilos lloraban con el fin de provocar en sus presas un falso sentimiento de seguridad. Y aunque los cocodrilos son capaces de producir lágrimas, no lo hacen con el fin de engañar a sus presas, sino más bien para lubricar sus ojos. Pero aunque el mito es falso, la frase se quedó en el idioma.




Salvados por la campana




Por desgracia, antes de que la ciencia médica descubriera la diferencia entre la muerte y el estado de coma, un montón de pobres desgraciados fueron enterrados vivos. Así fue que, para evitar este acto tan desagradable, se puso en boga la práctica de enterrar a las personas con campanas atadas a los dedos de los pies, con el fin de que pudieran alertar a los demás de su regreso de entre los muertos. Entonces, si eran desenterrados a tiempo, habrían sido, literalmente, salvados por la campana.




No cuentes los pollos antes de que nazcan




Este dicho se lo debemos al viejo sabio Esopo. Él escribió un relato de una joven doncella que llevaba un jarrón de leche mientras contaba todo tipo de fantasías sobre lo que haría con el dinero de la venta de la leche. La mujer planeaba comprar huevos, que eclosionarían en pollos, que iba a vender para poder comprarse un vestido, lo que atraería a todos los hombres, a los que no tendría reparo en coquetearles. Atrapada en su fantasía, la mujer sacudió la cabeza olvidándose de que sobre esta se balanceaba la jarra de leche. Terminó derramando todo el contenido de la jarra, y con este sus sueños, por suerte, su madre estaba cerca y acuñó la famosa frase para la posteridad.




Hacerse el ciego




El oficial naval británico Horatio Nelson, fue famoso por lucir un parche en uno de sus ojos. También fue famoso por haber tenido un par de pelotas muy bien puestas. Cuenta la leyenda que, durante una difícil batalla naval donde todas las probabilidades estaban en su contra, un compañero oficial sugirió una retirada. A lo que Nelson respondió tranquilamente colocando el telescopio en su ojo malo, y a continuación comentó que no veía motivo de preocupación. Luego pasó a ganar la batalla contra una flota nórdica mucho más grande que la suya. Los historiadores actualmente siguen peleando por la veracidad de esta anécdota, independientemente, el dicho persiste.




OK




Al principio se decía que la palabra "ok" venía del numeral "0", que en inglés se pronuncia ou y que significa "cero", y "key" que es la pronunciación de la letra "k". La historia data del ejército estadounidense, que al ir a las batallas y ver que tenían cero muertes a su favor decían la palabra "ok", que es la abreviación de "0 killed", lo que en español significa "cero muertos", es decir, que no habían sufrido ninguna baja.




DAR EN EL CLAVO




En la Antigüedad, existía un juego infantil llamado "hito", que consistía en fijar un vástago o un gran clavo a cierta distancia de los participantes quienes, desde su lugar, arrojaban unos tejos anillados de hierro, de manera que el éxito en el juego lo lograban quienes conseguían acertar con el aro en el hito.Y como el hito solía ser de hierro -por lo general, se trataba de un clavo- la expresión dar en el clavo vino a significar lo mismo. Con el tiempo y como sucedió con casi todos los dichos populares, la gente comenzó a utilizarlo con otro sentido, en este caso, como equivalente de acertar en la solución de alguna cosa complicada y difícil.




VENDER GATO POR LIEBRE




Si hay algo que ha mantenido la tradición con el paso de los siglos, es, sin duda, la mala fama de las posadas, hosterías y fondas, respecto de la calidad de sus comidas. La literatura universal está llena de alusiones, muchas de ellas irónicas, acerca del valor de los alimentos ofrecidos en ellas.
Y era tanto el descrédito de estos lugares, que llegó a hacerse usual entre los comensales la práctica de un conjuro, previo a la degustación, en el que aquellos, parados frente a la carne recién asada, recitaban: Si eres cabrito, manténte frito; si eres gato, salta al plato. Por supuesto, este "exorcismo" nunca sirvió para demostrar la veracidad de la fama de la posada, pero dio origen a la expresión dar gato por liebre, que con el tiempo se incorporó al lenguaje popular como equivalente de engaño malicioso por el que se da alguna cosa de inferior calidad, bajo la apariencia de legitimidad, dada el parecido de la contextura de estos dos animalitos.




DORAR LA PÍLDORA




Desde siempre, los medicamentos (infusiones, polvos, brebajes...) se han caracterizado por tener un sabor amargo, lo cual los hacía molestos en el momento de tener que tragarlos, pero eso era considerado algo natural, tanto como lo era el hábito de tener que soportar el dolor.
Hoy, todos sabemos que esos botoncitos compuestos por distintas variedades de productos medicinales llamados píldoras suelen estar integrados -por lo general- por elementos de sabor amargo y desagradable al paladar.
De ahí, que los antiguos boticarios, tal como se sigue haciendo en el día de hoy en los modernos laboratorios farmacéuticos, para disfrazar o disimular ese desagradable sabor, acudiesen al recurso de dorar la píldora con alguna substancia de gusto azucarado y suave al paladar, de manera que se facilitara la acción de tragar el medicamento.
Ese es el sentido de la expresión dorar la píldora, que hoy aplicamos en el lenguaje diario para hacer o decir algo de una forma más suave y tratando de no herir a quien nos escucha.




EL ORO Y EL MORO




Esta es una locución bastante difundida en nuestro lenguaje coloquial y, por lo general, se la usa para ponderar el precio y el aprecio (a veces, bastante exagerado) de una cosa o persona.
El origen del dicho fue un hecho de armas protagonizado por un grupo de caballeros jerezanos durante las guerras de la Reconquista.
Sucedió que, durante una incursión afortunada, estos caballeros lograron capturar a unos cincuenta moros notables, entre los que se encontraban Abdalá, el alcalde de la ciudad malagueña de Ronda y un sobrino de éste, llamado Hamet.
El alcaide obtuvo muy pronto su rescate, mediante el pago de una fuerte suma de dinero, pero no así los demás -ni siquiera su sobrino Hamet-, pese a los enérgicos requerimientos del propio rey Juan II de Castilla.
Los caballeros -y particularmente, la esposa de uno de ellos- exigían la entrega de cien doblas (monedas castellanas de oro) por la liberación del cautivo.
En virtud de esto, el rey ordenó que Hamet fuese trasladado a la Corte, pero debido al forcejeo entre el soberano y los caballeros por el cobro del rescate, la malicia del pueblo no tardó en acuñar la frase quedarse con el oro y el moro, aplicada a la aparente intención negociadora (en su favor) del rey.
Con el tiempo, el dicho comenzó a aplicarse para censurar a toda persona que pretende retener más de lo que le corresponde por derecho, y así es comno lo usamos en la actualidad.




EL QUE SE FUE A LA VILLA, PERDIÓ SU SILLA




Cuentan que durante el reinado en Castilla de Enrique IV de Trastámara, un sobrino de don Alonso de Fonseca -arzobispo de Sevilla- fue a su vez designado arzobispo de Compostela, pero suponiendo el tío que, a causa de las revueltas que agitaban Galicia, a su sobrino le costaría mucho tomar posesión de su cargo, se ofreció para adelantarse a Santiago para allanarle las dificultades, pero a cambio, le pidió a su sobrino que lo reemplazase en los negocios de su sede en Sevilla.
Efectivamente, así se hizo y con el mejor resultado, de manera que una vez que don Alonso, concluida la gestión, regresó a Sevilla, se halló con la desagradable sorpresa de que su sobrino se resistía a abandonar la sede que regenteaba, alegando que el arreglo había sido permanente. Para reducirlo, se hizo necesaria la intervención del Papa y hasta la del propio rey Enrique.
El joven, una vez que regresó a Santiago, terminó preso y sentenciado a cinco años de condena por otros delitos, pero su carrera continuó y llegó a ocupar los más altos cargos eclesiásticos, teniendo que ceder su arzobispado a su propio hijo.
De aquel suceso, muy comentado en su tiempo, nació el dicho que seguramente en su origen debió ser el que se fue "de" Sevilla, perdió su silla y no como lo conocemos hoy, el que se fue "a" Sevilla, perdió su silla, porque en realidad, don Alonso no fue a Sevilla sino a Santiago de Compostela, para lo cual debió irse de Sevilla y... dejar su silla.




TIEMPO DE VACAS GORDAS




Según cuenta la Biblia (Génesis), cierta vez el faraón tuvo un sueño singular e inquietante: vio cómo siete vacas gordas eran devoradas por otras tantas vacas extremadamente flacas.
Desconcertado por tal visión, convocó a los adivinos y agoreros más afamados del país, pero ninguno de ellos supo interpretar satisfactoriamente la pesadilla.
Ante tal circunstancia, hizo comparecer ante sí a José, hijo de Jacob y Raquel, que se hallaba en prisión y éste le explicó que las siete vacas flacas simbolizaban "los siete próximos años, que serían de abundancia y prosperidad", mientras que las siete vacas flacas representaban la "escasez y penurias que harán que se olvide toda la abundancia de la tierra de Egipto durante otros siete años, y el hambre consumirá la tierra".
Con el tiempo, la frase el tiempo de las vacas gordas adquirió el valor de aludir a cualquier período de prosperidad material, pero con la advertencia implícita de que a ese período habrá de sucederle otro de necesidades y apremios.




ENTRAR CON EL PIE DERECHO




Esta es una expresión que desde hace mucho tiempo solemos utilizar para significar el comienzo favorable de una empresa, aunque comúnmente se sostiene que la locución es una forma residual de alguna práctica supersticiosa.
Lo cierto es que tiene su origen en la rúbrica de los Misales donde, por motivos arcanos se prescribe que el celebrante, una vez comenzado el introito y al disponerse a subir las gradas del altar, debe iniciar su marcha con el pie derecho, esto es, entrar con el pie derecho.
Curiosamente, esta costumbre se ha mantenido a pesar de su procedencia pagana.
Por extensión, comenzó a aplicarse el dicho para referirse a la acción que prenuncia la buena suerte necesaria en la iniciación de una tarea y su culminación con éxito.




HACERSE AGUA LA BOCA




Es por todos sabido que la presencia de un manjar apetitoso no sólo despierta el deseo de saborearlo, sino que activa de manera automática la secreción de las glándulas salivales, ubicadas en nuestra boca.
Tanto es así, que a veces, la sola mención de un plato determinado es suficiente para producir ese efecto; y lo mismo sucede cuando estamos presenciando una película o un programa de televisión y en la pantalla se nos presenta un delicioso platillo: automáticamente, nuestras glándulas salivales comienzan a secretar su líquido.
Este fenómeno que más de una vez hemos experimentado, da origen a la frase que metafóricamente utilizamos para aludir a algo que nos produce esa sensación de saborear cierto manjar.
Pero, atención, la expresión hacerse agua la boca no se limita a la ingestión y saboreo de una comida, sino que se extiende al sentido figurado y suele aplicárselo en referencia a un hecho muy deseado y de inminente realización, aunque no tenga relación alguna con la comida.




NO HAY MOROS EN LA COSTA




La historia relata que, durante varios siglos el Levante español (la zona mediterránea que abarca Valencia y Murcia) fue objeto de frecuentes invasiones por parte de los piratas berberiscos (habitantes de la región noroeste de África, entre el Mediterráneo y el Sahara).
Los pueblos que vivían en la ribera, a causa de ello, se encontraban en constante zozobra y para prevenir el peligro, se levantaron a lo largo de la costa numerosas atalayas de mampostería ciega, a las que se ascendía por medio de escalas de cuerda que luego eran retiradas.
Desde lo alto de esas torres se vigilaba el ancho horizonte y, no bien se avizoraban las velas de las naves berberiscas, el centinela de turno comenzaba a gritar: "¡hay moros en la costa!".
Sonaba entonces la campana, se encendían las hogueras de señal y la gente -alertada- se preparaba para la defensa.
El sistema perduró hasta muchos años después, cuando se firmó la paz con los reyes de Berbería, pero el proverbial grito de ¡hay moros en la costa! pasó a ser expresión de uso familiar para advertir a alguien sobre la presencia de quien representa cierto peligro, o bien no conviene que escuche algo de lo que estamos diciendo.
En sentido opuesto, se usa la expresión antónima no hay moros en la costa, para dar a entender que no existe peligro inminente para una persona que debe realizar determinada tarea.




LA TERCERA ES LA VENCIDA




Expresión de tono optimista que asegura que, luego de haber fracasado en dos intentos, la próxima vez se logrará lo propuesto, por lo que se exhorta a la persona a perseverar en su esfuerzo.
El origen parece estar en el vocabulario de la lucha cuerpo a cuerpo (y en otras clases de enfrentamientos), en la que el luchador que derribaba tres veces a su adversario ganaba, aunque algunos sostienen que, primitivamente, se consideraba ganador al que mejor se desempeñaba en un total de tres juegos. Como vemos, siempre era el número tres el elegido.
En el ámbito de la Justicia de los siglos XVI y XVII, en la práctica procesal del derecho penal, se establecía la muerte al tercer robo, con lo que para el reo, al igual que para el luchador, la tercera, era la vencida.




NO DEJAR TÍTERE CON CABEZA




Todos sabemos que los títeres son figuras hechas en pasta, madera u otro material que, revestidas y adornadas caprichosamente, se accionan con hilos mediante algún artificio manual.
En la actualidad, los títeres son un espectáculo para niños, pero en otras épocas, las representaciones se hacían también para recreo de los adultos, lo que explica que el célebre Don Quijote haya podido arremeter como lo hizo, contra el retablo del maese Pedro, en el que -en efecto- no dejó títere con cabeza.
La expresión quedó en el lenguaje popular para calificar el destrozo que, por motivos airados, se hace de algo o alguien involuntaria e indiscriminadamente, aunque por analogía, la frase puede aplicarse también en el caso en que no haya ningún daño material, sino una severa reprimenda manifestada en forma oral contra una o más personas.




PONER LAS MANOS EN EL FUEGO




Para explicar la procedencia de este dicho, hay que remontarse a la época en que se practicaba el llamado "juicio de Dios" u "Ordalía" que era una institución jurídica por medio de la cual se dictaminaba la inocencia de una persona o cosa (podía ser un libro u otra obra de arte) acusada de haber cometido algún delito, pecado o falta y de cuyo resultado se podía deducir qué juicio merecía ella de Dios.
Muchas veces, el juicio de Dios se practicaba para aclarar una desavenencia entre dos personas.
Originariamente, era una costumbre pagana practicada por numerosos pueblos antiguos -en particular, por tribus germánicas-, pero con la llegada del cristianismo, la costumbre fue asimilada por la Iglesia.
Estos juicios de Dios tenían muchas formas de ejecución, pero las que más se practicaban eran las que consistían en el combate y el fuego, forma ésta que consistía en tomar hierros candentes o poner en la mano (u otra parte del cuerpo) una hoguera o lumbre: si la persona salía indemne o con poco daño de la prueba, era considerada inocente.
La frase, con el tiempo, comenzó a aplicarse, en sentido figurado, para manifestar respaldo total por alguien o algo, dando a entender que uno estaría dispuesto incluso a poner las manos en el fuego, para dar testimonio de la conducta de una persona.




SALVARSE POR UN PELO




En tiempos remotos, el oficio de marino no hacía descontar -como en la actualidad- que este profesional supiera nadar; más aún, había muchos hombres de mar que no podían siquiera mantenerse a flote en caso de naufragio debido a que la capacidad de nadar no era una condición "sine qua non" para ingresar como tripulante.
De ahí que, cuando un día el jefe de cierto cuerpo de la Armada, quizá guiado por razones puramente higiénicas, dio orden de rapar la cabeza de todos sus hombres, estos se alzaron en clamor de protesta y rebeldía, llegando incluso a la superioridad, alegando que la medida atentaba contra su vida, debido a que de esa manera se les privaba, en caso de naufragio, de una forma de asidero, dado que muchas veces eran salvados de una muerte segura al ser tomados de los largos pelos de su cabeza.
Este pedido formulado por los marinos fue curiosamente atendido por los superiores que, a través de una Real Orden expedida en 1809, decretaron la caducidad de la medida de exigir el pelo corto a los marinos.
En la actualidad, la expresión salvarse por los pelos o la variante criolla salvarse por un pelito son usadas para dar a entender que alguien logra salir de un apuro extremo, justo en el último momento.




SE ARMÓ LA GORDA




La Revolución Unionista de 1868, a causa de la cual la reina Isabel II se vio forzada a abandonar el poder, vino precedida de un insistente rumor callejero, en el que utilizando la muy castiza expresión de la Gorda, se proclamaba a los cuatro vientos la inevitabilidad de los acontecimientos.
Es decir, la gente aludía a la Gorda como un hecho consumado, como una cosa ya hecha: la Gorda ya está en camino... se va armar la Gorda... hasta que, finalmente, en septiembre de ese año, verdaderamente, se armó la Gorda con el pronunciamiento militar del marino Juan Bautista Topete y Carballo en Cádiz y de Primo de Rivera en Madrid.
Históricamente, el hecho tomó el ostentoso nombre de La Gloriosa, pero su duración fue efímera; no así el castizo alias que el pueblo le adjudicó: La Gorda, expresión que luego extendió su uso al lenguaje familiar, cuando alguien quiere referirse a cierto hecho ruidoso o de mucha trascendencia, o bien ante una situación de extrema gravedad.




SE LE FUE AL HUMO




En la época de la Conquista del Desierto, los fusiles se cargaban por la boca del cañón. Se introducía la pólvora y las miniciones y se prensaba todo con una baqueta (especie de varilla larga).
Cuando los indios atacaban en malón, los soldados disparaban sus fusiles, lo que provocaba una gran humareda, lo que delataba la ubicación del militar. Entonces los aborígenes aprovechaban los instantes que le tomaban a los soldados, volver a cargar sus armas y literalmente "Se iban al humo", porque sabían que allí estaba el soldado indefenso.




¡VIVA LA PEPA!




La historia nos cuenta que la primera constitución española fue jurada en la ciudad de Cádiz en el año 1812. Pero dos años después, cuando se restableció el absolutismo, el rey Fernando VII la abolió, ayudado en gran medida por los Cien Mil Hijos de San Luis, nombre dado al ejército francés comandado por el duque de Angulema.
Pero la abolición de la Carta Magna no sólo suspendió su vigencia, sino que quedó terminantemente prohibida la sola mención de su nombre, por lo que los liberales no podían utilizar su tradicional grito de ¡Viva la Constitución!
Lejos de someterse a esa medida arbitraria, los partidarios de la constitución encontraron la forma de referirse a ella, sin necesidad de mencionarla: como había sido promulgada el día 19 de marzo -festividad de San José-, la bautizaron La Pepa (recuérdese que Pepe es el hipocorístico o diminutivo cariñoso de José) y así fue como surgió el grito de ¡Viva la Pepa! para reemplazar el de ¡Viva la Constitución!, considerado entonces subversivo.
Por supuesto, con el correr del tiempo la expresión habría de perder toda intención política para pasar a significar desenfado, regocijo y alboroto, tal como lo utilizamos actualmente, sobre todo para dar a entender que en algún lugar reina un total y completo desorden.




FUCK




Tiene un origen lejano. En la antigua Inglaterra, los matrimonios sólo podían tener sexo si el Rey los había autorizado a ello (salvo que se tratara, claro, de un miembro de la familia real). Quienes deseaban tener un hijo, pedían entonces permiso al monarca, cuyo consentimiento se materializaba en una placa que los amantes debían colgar en su puerta mientras tenían relaciones. La leyenda con que se declaraba conformidad al acto decía "Fornication Under Consent of the King" (cuyas iniciales dan "F.U.C.K.". Aparentemente, el acortamiento se lexicalizó, y hoy es una palabra usada mucho más allá de las fronteras inglesas.
Sin embargo, hay etimólogos que sostienen un origen menos pintoresco, pero más fundado. Argumentando que la práctica de convertir acrónimos en palabras aparece por primera vez en el siglo XX, plantean que fuck tiene que ser la derivación de la antigua palabra danesa fokken, que entre otras acepciones tiene, precisamente, la de copular.




Hay gato encerrado




Se dice cuando queremos afirmar que hay una causa o razón oculta. Era habitual durante el Siglo de Oro español la utilización de bolsas para guardar el dinero hechas con piel de gato y se les llegó a llamar popularmente con tal nombre, la gente escondía éstos bolsos entre sus ropas para proteger sus riquezas.




Tirar la casa por la ventana




Se dice cuando una persona comienza a tener grandes gastos, superiores a los que acostumbraba. En el siglo 19, cuando alguien ganaba la Lotería Nacional de España se estilaba a que los amigos y familiares del afortunado fueran a su casa y, literalmente, arrojaran todas sus posesiones por la ventana. Esto en señal de la nueva vida de dicha persona




Me lo contó un pajarito




En Grecia y Roma, sobretodo en la última, se creía que los pájaros, al ser dueños del vuelo, poseían características magnificas de percepción. Como con el tiempo comenzaron a ver que ante una tormenta severa las aves eran las primeras en evacuar la región, los romanos, las designaron como portadoras del saber futuro. De hecho el rito de los Augurios, donde se intentaba predecir el futuro, se basaba en observar el volar de los pájaros -al igual que lo hicieran Rómulo y Remo esperando ver 12 pájaros para fundar Roma-. De Aquí viene que el dicho “me lo contó un pajarito” signifique que nos enteramos de algo “misteriosamente”.




Cargar con el muerto




En varios territorios de la época medieval existía una ley que dictaba que cuando no se podía hallar al asesino de un cadáver encontrado, los pobladores del pueblo al que pertenecía dicha persona debían pagar una multa conjunta. Como a nadie, sea la época que sea, le gusta pagar impuestos… los pobladores al encontrar un cadáver se apuraban a cargarlo, y de común acuerdo, transportarlo y arrojarlo en un poblado vecino para salvarse de la multa.




Brillar por su ausencia




En los funerales Romanos se solía exhibir las efigies de los antepasados como señal del linaje. Durante la honra fúnebre a Junia -la cual era familiar de dos de los conspiradores que asesinaron a César: Casio y Bruto- las efigies de éstos dos asesinos no estaban presentes haciendo gala por su ausencia, algo que los concurrentes notarían rápidamente y sería el tema reinante entre los murmuros y chimentos del funeral. Utilizando esto como referencia en uno de sus trabajos, el poeta André de Chenier pondría esta frase de moda mas de mil años y unos cuantos siglos después.




Tirar manteca al techo




astar con ostentación. A principios del siglo XX, los "niños bien" de la alta sociedad porteña gastaban fortunas en los cabarets locales y de París. Tiraban panes de manteca al techo usando sus cubiertos. Ganaba quien tiraba más. La diversión era, también, ver cómo caían las bailarinas al pisar la manteca que chorreaba al suelo.




Pisar el palito




Caer en una trampa ideada por otros. Para cazar pájaros se usa una jaula con mucho alpiste y un pájaro cautivo, el "llamador", que atrae con su canto. La puerta se sostiene con un "palito", que cae y cierra la jaula cuando entra la presa. También se refiere a una danza picaresca parecida al fandango, "el baile del palito", prohibido en Buenos Aires en el siglo XVIII.




En Pampa y la vía




Quedarse sin plata, sin ningún recurso, ser víctima de un desastre económico. La metáfora viene del lunfardo, según los entendidos. Otros la relacionan también con figuras como "estar en la lona" o "estar en la vía". En el barrio donde se tocan la avenida La Pampa y las vías ferroviarias está el hipódromo. ¿Quién no recuerda aquello de "maldito seas Palermo, me tenés seco y enfermo"?. Los apostadores que jugaban su suerte a los caballos y lo perdían todo, acostumbraban a irse en un ómnibus que salía precisamente "de Pampa y la vía".




Ojo por ojo, diente por diente




Esta frase, que consagra la venganza como un procedimiento jurídico, figura en dos de los 282 artículos del código sancionado por Hammurabi (1792-1750 a. C.), fundador del imperio babilónico. La menciona también el Antiguo Testamento al referirse a los actos de violencia. “Quien cometiere e delito", dice el texto bíblico, "pagará vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano y pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida y golpe por golpe". Cuando el agredido prefería que se lo compensara con dinero, tenía derecho a una suma, fijada de antemano de acuerdo con la gravedad del daño. Así, según la ley del talión del derecho romano, quien recibía una cachetada podía canjear ese golpe por un monto equivalente a 5 ó 6 dólares de hoy. El dicho, con frecuencia abreviado como “ojo por ojo”, no pasa en la actualidad de un modo de hablar. Un desahogo para el rencor. Y prueba de que la idea de devolver mal por mal es siempre tentadora. Pero ningún código moderno autoriza a desdentar o volver tuerto al ofensor.




Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña




Mahoma convenció a sus seguidores de que a una orden suya se le iba a acercar una montaña desde la cual predicaría. La muchedumbre se reunió; Mahoma llamó una y otra vez a la montaña y cuando ésta no se movió de su lugar, el profeta dijo sin abochornarse: "Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma irá a la montaña". Este texto no pertenece a ningún libro religioso ni procede de Oriente. Figura en los Ensayos de Sir Francis Bacon (1561-1626), filósofo inglés y canciller del reino, quien fue precursor del método experimental en la ciencia y uno de los más firmes adversarios del conocimiento dogmático y supersticioso de la Edad Medía




Buscas la 5º pata al gato




Cuando se tienen reparos sobre la conducta o los dichos de terceros se utiliza esta frase, cuya forma correcta según algunos sería “buscarle tres pies al gato". Los diccionarios no se ponen de acuerdo. El de María Moliner, por ejemplo, prefiere esta última versión y la define como: “buscarle complicaciones a un asunto que de por sí no las tiene". La mayoría de la gente al citar el dicho menciona tanto al micifuz al que le falta una extremidad como al que le sobra.
Para ellos el sentido es idéntico. Y todavía están los que hacen distingo acerca de la aplicación del tres o del cinco. Los que la emplean en la primera forma sostienen que se refiere a lo fácil que resulta criticar: frente a cualquier minino, sea persa o atorrante, hasta el más torpe encuentra los tres pies requeridos. En cuanto a lo de la quinta en no querer aceptar, por mala fe o ignorancia, la realidad tal cual ES




MÁS VALE,,BORRACHO CONOCIDO QUE ALCOHÓLICO ANÓNIMO.

PORQUE ES LA POSTA.








ESO FUE TODO AMIGOS..GRACIAS POR PASAR..ESPERO QUE HAYAS DISFRUTADO EL POST..AHI TE VES...



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