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Un reptiloide en una convencion de anime

Humor12/26/2013
Un reptiloide en una convencion de anime

Nota aclaratoria: Antes de comenzar el post, me gustaría hacer hincapié en que estoy consciente de que la palabra correcta es VIVALES, tanto para su uso en plural como en sigular; y la cual significa “persona vividora y desaprensiva”; o en pocas palabras: tremendo hijo de puta. No obstante, la propensión de la lengua castellana es la de agregar la terminación -s ó -es al vocablo que se requiere pluralizar, por lo que nuestro cerebro se habituó a aplicar una regla homogénea sobre las palabras terminadas con -s y -es, tomándolas inmediatamente por plural, aunque en realidad no lo sean (como es el caso de la palabra vivales). Una aberración que, sin duda alguna, atenta contra la tranquilidad de la humanidad, confunde a la gente decente y trabajadora y además provoca el derretimiento de los casquetes polares. Por lo tanto, en este blog, para referirse a una persona del singular se dirá VIVAL en vez de VIVALES, creando así un neologismo puro y brillante, remendando el pasado y encaminándonos de la mano, y de manera no homosexual, hacia una evolución lingüística impoluta.



anime

Total que le había prometido a un amigo ir a una convención de comics llamada Expoanimex, que el mismo organiza; y como Reptiloide cumplen todas sus promesas (tarde pero las cumplen), el día lunes de la semana pasada acudí.

El evento resultó ser algo bien agradable, sobretodo porque vendían cosas cool y baratas, además de que sumé información a mis conocimientos sobre la vida y vi una que otra geek buenona vestida extravagantemente, pues en esos festivales se acostumbra que la gente vaya disfrazada de su personaje favorito.

Aunque, siendo sinceros, jamás había ido a un evento de este género. Al principio tenía un poco de miedo de que algún nerd me reconociera como uno de los abusones del pasado, y para vengarse o protegerse de mí, efectuara un conjuro nivel 45 de Calabozos y Dragones junto con los miembros de su clan, me rodearan y comenzaran todos a rociarme con su inhalador para el asma, a lanzarme sus afilados alfiles de ajedrez y a golpearme con su sable Jedi de juguete, o, peor aún, a invocar un monstruo con sus cartas de Yugioh que atacara directamente mis puntos de vida enviándome directamente al más allá.

Pero nada de esto pasó

Entré, pues, a un mundo totalmente desconocido hasta el momento, un mundo cuya atmósfera de fantasía envolvía a sus hijos raros concediéndoles la merced de vivir en ella, libres de ser como anhelan dentro de un cálido invernadero de irrealidad, y protegidos, todos ellos, de la burla inclemente de la gente y de aquella toxicidad que se encuentra afuera de la esfera protectora, la cual les amenaza constantemente: Así es, me refiero a aquél ente maligno llamado MUNDO REAL.

Para entender la mente nerd, tuve que seguir el protocolo tácito de todos o de la mayoría de los disfrazados; o sea, darme un sobre nombre como Bargnelarv, de la tierra encantada de Ragnal; integrarle una personalidad a mi personaje que haga armonía con el nombre y comenzar a interactuar con todos los demás como si estuviéramos dentro de un juego MMORPG llevado a la “vida real”. Así pues, sin dilaciones ni titubeos, allí me hallaba yo, compartiendo el mismo espacio vital con Obiwans, Narutos, Elfos de la noche, Gokús (que confundí con una piña, pues su cabello era como de plástico) y un sin fin de personajes que desconocía o que no iban con la imagen que tenía yo de ellos, como el Spiderman vestido como Juan Tenorio.

Me sentía desprotegido y vulnerable. Había nerds que en verdad me ponían nervioso, y hasta el momento no hubiera sabido cómo responderles en caso de una -muy poco probable- agresión, pues no logré distinguir si eran hombres o mujeres, o si acaso, humanos. Esta vez fui yo el sometido, el motivo de las burlas. Pregunté algo sobre un comic (que hasta el momento en que un vulcano me corrigió supe que no se llaman comics, sino mangas) y una especie de obispo-ninja de al lado se me quedó viendo como con cara de “jajajaja, pobre idiota, no sabe ni diferenciar un manga de un comic, jajaja”… Hecho que hubiera yo calificado como humillante si no hubiera sido tan raro… ¡Pero qué podía hacer yo, afligidos hijos míos! ¡Qué podía hacer yo en un reino dominado por geeks, donde el amable atleta no es bajado de tonto y no tiene el poder suficiente para defenderse, pues al entrar a la fortaleza geek corre sobre él un hechizo nivel 7 que le resta su ataque 700 puntos!

Y es verdad esto de que se merma la capacidad chingativa. Traté de bromear con un chavo disfrazado de “algo” quien esperaba en una muy larga fila (que después supe que era para la firma de autógrafos de alguien famoso), y decirle: “¿y bien? ¿esta es la fila para conseguirse una novia o qué?” ¡Pero no pude! ¡Ese maldito hechizo nivel 7 me detuvo!

Tal vez tuvo algo que ver también la impresión que me dejaron algunos geeks cuando el hombre del micrófono comenzó a aventar historietas, y pareciera que arrojaban carne en una jauría de hienas hambrientas, pues los brazos de los nerds se blandían hasta lo más alto tratando de atraparlos, se amontonaban y se empujaban tratando de conseguir con vehemencia su comic de edición limitada. ¡Carajo, cabrón! ¡No quisiera imaginarme el caos que ocurriría si les aventaran memoria RAM, novias o una vida social!

En resumen, me divertí y seguro que regresaré el próximo año, pues quería comprarme una Katana para poder cortarle la cabeza a mi vecino de un sólo tajo, pero no llevaba mi billetera.

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