Esta historia es sobre una mujer, a la que su novio le vendó los ojos antes de entrar a su casa pues le tenía una sorpresa preparada. Lo que tan inocentemente empezó se convirtió poco a poco en una catástrofe para esta chica. Después te vas a enterar porque esta historia fue encontrada en internet sin firma alguna, es decir total anonimato.
Durante el almuerzo en la hora de la pausa en mi trabajo la semana pasada, me comí 3 platos de frijoles que sabía no debía comerme pero que fue imposible aguantarme las ganas pues tenía muchísima hambre y es lo que en ese momento tenía a la mano. Así que cuando llegué a la casa después del trabajo, noté que mi novio estaba notablemente emocionado por verme y me dijo: “Querida te tengo preparada una sorpresa para la cena de esta noche”. Entonces me vendó los ojos y me llevó hasta nuestra mesa.
Yo tomé asiento y cuando el estaba a punto de quitar la venda de mis ojos, el teléfono sonó. Me dijo que tal vez era una llamada importante, así que me hizo prometer no quitarme la venda de los ojos mientras iba a atender la llamada. Yo le prometí hacer lo que me pedía y permanecer sentada y con la venda en los ojos justo como estaba en ese momento. Así que muy felíz él se fue a contestar la llamada.
Los frijoles que me había comido estaban empezando a afectarme y la presión que sentía bajo mi trasero se volvió incontenible, así que mientras mi novio estaba al teléfono en la habitación de atrás, vi la oportunidad y me dispuse; nivelé mi peso hacia un lado de mi cuerpo y levante la pierna dejando espacio suficiente entre la silla y mis posaderas y simplemente, ¡Lo solté! No hubo ningún ruido significativamente alto, ¡pero como apestaba!. El olor, no era olor, sino Hedor, era peor que si se hubiera cocinado repollo ó la combinación de un camión lleno de estiercol líquido y un vertedero de basura.
Rapidamente tomé una servilleta que tenía en el bolsillo y traté de aullentar el putrido olor, debía disiparlo apresuradamente. Pero entonces, sentí más retortijónes en mi barriga y tuve que inclinarme nuevamente y levantar la pierna para dejar en libertad a tres más que me estaban haciendo un nudo ahí abajo. El olor ya lo describí, solo que esta vez se hizo más fuerte al ser de los 3 al mismo tiempo, Dios mío, yo pensaba solo en que esa llamada tardara horas, para que el olor pudiera disiparse y confundirse pronto con el ambiente de la casa. No despegaba mis orejas pendiente del final de la llamada, solo fueron minutos pero el alivio fue indescriptible.
De repente escuché que la llamada había terminado y fue la señal del final de mi libertad, así que otra vez agité rapidamente la servilleta que me servió como abaníco. Me sentía increíblemente aliviada y estaba muy contenta por como había manejado la situación.
Mi cara tenía que haber parecido como la de una persona inocente, pues cuando mi novio regresó a mi lado se disculpó por que había tenido que esperar tanto por la llamada. Me preguntó si me había quitado al venda de los ojos, a lo que respondí con seguridad que no, pues se lo había prometido.
Así que contento, me quitó la venda finalmente y 12 invitados frente a la mesa y a su alrededor con la mano tapando su nariz gritaron en coro: ¡Felíz cumpleaños!
Durante el almuerzo en la hora de la pausa en mi trabajo la semana pasada, me comí 3 platos de frijoles que sabía no debía comerme pero que fue imposible aguantarme las ganas pues tenía muchísima hambre y es lo que en ese momento tenía a la mano. Así que cuando llegué a la casa después del trabajo, noté que mi novio estaba notablemente emocionado por verme y me dijo: “Querida te tengo preparada una sorpresa para la cena de esta noche”. Entonces me vendó los ojos y me llevó hasta nuestra mesa.
Yo tomé asiento y cuando el estaba a punto de quitar la venda de mis ojos, el teléfono sonó. Me dijo que tal vez era una llamada importante, así que me hizo prometer no quitarme la venda de los ojos mientras iba a atender la llamada. Yo le prometí hacer lo que me pedía y permanecer sentada y con la venda en los ojos justo como estaba en ese momento. Así que muy felíz él se fue a contestar la llamada.
Los frijoles que me había comido estaban empezando a afectarme y la presión que sentía bajo mi trasero se volvió incontenible, así que mientras mi novio estaba al teléfono en la habitación de atrás, vi la oportunidad y me dispuse; nivelé mi peso hacia un lado de mi cuerpo y levante la pierna dejando espacio suficiente entre la silla y mis posaderas y simplemente, ¡Lo solté! No hubo ningún ruido significativamente alto, ¡pero como apestaba!. El olor, no era olor, sino Hedor, era peor que si se hubiera cocinado repollo ó la combinación de un camión lleno de estiercol líquido y un vertedero de basura.
Rapidamente tomé una servilleta que tenía en el bolsillo y traté de aullentar el putrido olor, debía disiparlo apresuradamente. Pero entonces, sentí más retortijónes en mi barriga y tuve que inclinarme nuevamente y levantar la pierna para dejar en libertad a tres más que me estaban haciendo un nudo ahí abajo. El olor ya lo describí, solo que esta vez se hizo más fuerte al ser de los 3 al mismo tiempo, Dios mío, yo pensaba solo en que esa llamada tardara horas, para que el olor pudiera disiparse y confundirse pronto con el ambiente de la casa. No despegaba mis orejas pendiente del final de la llamada, solo fueron minutos pero el alivio fue indescriptible.
De repente escuché que la llamada había terminado y fue la señal del final de mi libertad, así que otra vez agité rapidamente la servilleta que me servió como abaníco. Me sentía increíblemente aliviada y estaba muy contenta por como había manejado la situación.
Mi cara tenía que haber parecido como la de una persona inocente, pues cuando mi novio regresó a mi lado se disculpó por que había tenido que esperar tanto por la llamada. Me preguntó si me había quitado al venda de los ojos, a lo que respondí con seguridad que no, pues se lo había prometido.
Así que contento, me quitó la venda finalmente y 12 invitados frente a la mesa y a su alrededor con la mano tapando su nariz gritaron en coro: ¡Felíz cumpleaños!