“La vida no es fasil”… Y menos aún con una horrible falta de ortografía en el tatuaje que acompañará para siempre
Hasta el más recalcitrante de los Pilkunnussija ha cometido una falta de ortografía en un Whatsapp. Eso tiene disculpa. Comerse una hache en un correo electrónico es un poco más grave, y hacer lo propio en un documento de Word o en un libro entra en el terreno de la herejía. Pero ¿en un tatú? Eso clama al cielo: has tenido tiempo de pensarlo, escribirlo, consultar la ortografía diez veces en AltaVista… De últimas, se lo has entregado escrito a un señor -el tatuador- que, presuntamente, habla y escribe castellano… En resumen: para una falta de ortografía quede inmortalizada en un tatú ha tenido que esquivar toda una yincana de sistemas control, bien es cierto que laxas.
A nosotros plim, que con estos dislates alimentamos el blog, pero que sepáis que ahí fuera hay Nazis de la Ortografía capaces de crucificarte por una diéresis mal puesta. Yo que tú pasaría el corrector de Word a tu frase lapidaria, forastero.