Oh, San Chucho, protégenos de aquellos bravucones que sólo mortifican nuestros días, quienes buscan pleitos sin razón alguna, quienes ostentan de soltar los meros guamazos como si fuéramos un saco de box, de aquellos que de plano no tienen nada mejor que hacer con su vida que molestar a los demás para hacerse sentir superiores.
Y es que si ya han visto el video de Chucho, el puberto de secundaría que derribó a un bravucón de forma excelsa, entenderán porqué creemos necesario santificarlo y que de ahora en adelante sea quien reciba nuestras plegarías en aquellos momentos de pánico.
Chucho caminaba tranquilamente a su casa, seguro pensaba en cómo disfrutar de aquel fin de semana que se acomodaba frente a su horizonte, pero de pronto sus sueños fueron interrumpidos por un porrazo en el rostro concedido por una bestia, que como macho alfa, trataba de intimidar y marcar su territorio como todo un animal. Pero aguanten, sólo dejen que Chucho suelte su mochila exótica de leopardo, y ahora sí sabrán con quién se metieron. El enviado por el señor… Chucho, el símbolo de la justicia, nuestro héroe más próximo en este mundo terrenal.
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Ay, el ser humano, tan digno su trato de socialización. Estamos seguros que el ‘motivo’ de esta pelea es tan absurda como ver a tremendo bravucón desplomado en el suelo -de donde son realmente toda esta tipo de calaña-.
Asi es como termina la pelea del chucho contra el Brayan