1. Para empezar, la única razón por la que te has arrastrado hasta el gimnasio es que sientes culpa por esos tacos que te devoraste la noche anterior.
No te arrepentiste en ese momento y tal vez no te arrepientas ahora.
2. Siempre te dices que hoy será distinto, que hoy TE. EJERCITARÁS. MÁS. QUE. NUNCA.
Una ejercitación del tipo “ESTO ES ESPARTA”.
3. Cuando llegas al gimnasio no sabes realmente qué hacer, de modo que holgazaneas 10 minutos en el vestuario “preparándote” para todo lo que vas a hacer ese día.
4. Te pasas una hora tratando de armar una lista de reproducción que te haga soportar todo el dolor.
Podrías haberlo hecho antes de llegar, pero hacerlo ahora te permite postergar el momento de hacer realmente algo.
5. Decides empezar suavemente y te subes a la bicicleta fija.
Nada demasiado extenuante aún. Debo guardarme para cuando active el #BeastMode (modo bestia) más tarde.
6. Pero la bicicleta fija tiene otras ideas y no para de decirte que “PEDALEES MÁS RÁPIDO”.
Lo cual no deja de ser justo porque básicamente has dejado de pedalear del todo para mirar a la chica de a lado.
7. Cuando ya la bicicleta fija te dio suficiente ánimo, pasas otros 10 minutos deambulando, haciendo de cuenta que haces un escrutinio de todos los equipos.
Sé lo que estoy haciendo, es que, ya sabes, me estoy preparando.
8. Llegado el momento adviertes que la gente se ha dado cuenta de que no estás haciendo nada, así que te metes en la caminadora porque es bastante fácil, ¿no es así?
JAJA, te equivocas.
9. No sabes dónde debes poner las manos, correr parece increíblemente incómodo y estás un 90% seguro de que todo el gimnasio está mirando cómo tratas de no caerte.
No te preocupes, porque 43 segundos después de subirte ya sales de la caminadora.
10. Habiéndote ejercitado taaaanto, usas las alfombrillas para darte cinco minutos de respiro.
Te quedas echado ahí durante una buena media hora, pero oye, descansar es importante.
11. Cuando te autoconvences de dedicarte un poco a la tarea que tienes ante ti, decides que tal vez un par de abdominales combatirán la flojera que se esconde en tus músculos.
¡Abdominales, claro que puedo hacerlos!
12. Luego de un ejercicio abdominal, ya estás listo por hoy.
13. Estás seguro de que los instructores te han estado mirando todo el tiempo, de modo que te convences de no irte sin hacer mas ejercicio.
14. Contra todo buen juicio, te desvías hacia la zona de las pesas.
Ya lo tengo.
15. Te quedas un poco en las afueras un minuto esperando que alguien te ofrezca un banco y sin dudas no te sientes increíblemente raro.
En este momento, me siento un 100% en mi zona de confort.
16. Cuando por fin consigues un banco para pesas, te pasas un rato tratando de regularlo para lo que necesitas. Esto sería algo simple, pero honestamente no tienes la menor idea de qué necesitas.
¿Para qué sirve esta perilla? Aguarda, no, no quería hacer eso, ¿cómo hago para ponerla como estaba?
17. No sabes bien qué puedes levantar, pero sin dudas no quieres quedar como un flojo, así que vas a las pesas que dan la impresión de que hablas en serio.
Lo cual está muy bien, pero apenas las sacas de su lugar, casi te caes con ellas porque son más pesadas que el demonio.
18. Contra todo buen juicio, llevas las pesas a tu banco y como que… te quedas sentado ahí un minuto, como preguntándote: “Bien, ¿y ahora qué?”.
Te dices que un simple press de banca estaría bien, así que te pasas cinco minutos moviéndote lentamente, tratando de quedar acostado.
19. Te pones en posición y llevas las pesas hasta abajo, pero luego te das cuenta de que es demasiado pesada para subirla y no puedes hacerlo solo.
Bueno, esto es incómodo.
20. Así que acabas por arrojar las pesas al costado y empiezas a frotarte el hombro esperando que todos piensen que tienes una lesión de hace mucho tiempo por hacer fisicoculturismo o algo por el estilo.
21. Cuando has estado en el gimnasio una buena cantidad de tiempo, te vas y no necesitas necesitas regresar durante al menos tres semanas.
Cumplí mi tiempo.
22. Pero siempre regresarás porque aunque odias ejercitarte, al menos hay bonitas chicas para comerse con los ojos.
Me comeré una de cada una.
23. Hasta podrías empezar a disfrutarlo.
Poco probable, pero los abdominales para el verano y todo eso.
24. Pero, de cualquier modo, aún odias ejercitarte.
SIGUEME PARA VER MAS POST DIVERTIDOS Y/O INTERESANTES.
No te arrepentiste en ese momento y tal vez no te arrepientas ahora.
2. Siempre te dices que hoy será distinto, que hoy TE. EJERCITARÁS. MÁS. QUE. NUNCA.
Una ejercitación del tipo “ESTO ES ESPARTA”.
3. Cuando llegas al gimnasio no sabes realmente qué hacer, de modo que holgazaneas 10 minutos en el vestuario “preparándote” para todo lo que vas a hacer ese día.
4. Te pasas una hora tratando de armar una lista de reproducción que te haga soportar todo el dolor.
Podrías haberlo hecho antes de llegar, pero hacerlo ahora te permite postergar el momento de hacer realmente algo.
5. Decides empezar suavemente y te subes a la bicicleta fija.
Nada demasiado extenuante aún. Debo guardarme para cuando active el #BeastMode (modo bestia) más tarde.
6. Pero la bicicleta fija tiene otras ideas y no para de decirte que “PEDALEES MÁS RÁPIDO”.
Lo cual no deja de ser justo porque básicamente has dejado de pedalear del todo para mirar a la chica de a lado.
7. Cuando ya la bicicleta fija te dio suficiente ánimo, pasas otros 10 minutos deambulando, haciendo de cuenta que haces un escrutinio de todos los equipos.
Sé lo que estoy haciendo, es que, ya sabes, me estoy preparando.
8. Llegado el momento adviertes que la gente se ha dado cuenta de que no estás haciendo nada, así que te metes en la caminadora porque es bastante fácil, ¿no es así?
JAJA, te equivocas.
9. No sabes dónde debes poner las manos, correr parece increíblemente incómodo y estás un 90% seguro de que todo el gimnasio está mirando cómo tratas de no caerte.
No te preocupes, porque 43 segundos después de subirte ya sales de la caminadora.
10. Habiéndote ejercitado taaaanto, usas las alfombrillas para darte cinco minutos de respiro.
Te quedas echado ahí durante una buena media hora, pero oye, descansar es importante.
11. Cuando te autoconvences de dedicarte un poco a la tarea que tienes ante ti, decides que tal vez un par de abdominales combatirán la flojera que se esconde en tus músculos.
¡Abdominales, claro que puedo hacerlos!
12. Luego de un ejercicio abdominal, ya estás listo por hoy.
13. Estás seguro de que los instructores te han estado mirando todo el tiempo, de modo que te convences de no irte sin hacer mas ejercicio.
14. Contra todo buen juicio, te desvías hacia la zona de las pesas.
Ya lo tengo.
15. Te quedas un poco en las afueras un minuto esperando que alguien te ofrezca un banco y sin dudas no te sientes increíblemente raro.
En este momento, me siento un 100% en mi zona de confort.
16. Cuando por fin consigues un banco para pesas, te pasas un rato tratando de regularlo para lo que necesitas. Esto sería algo simple, pero honestamente no tienes la menor idea de qué necesitas.
¿Para qué sirve esta perilla? Aguarda, no, no quería hacer eso, ¿cómo hago para ponerla como estaba?
17. No sabes bien qué puedes levantar, pero sin dudas no quieres quedar como un flojo, así que vas a las pesas que dan la impresión de que hablas en serio.
Lo cual está muy bien, pero apenas las sacas de su lugar, casi te caes con ellas porque son más pesadas que el demonio.
18. Contra todo buen juicio, llevas las pesas a tu banco y como que… te quedas sentado ahí un minuto, como preguntándote: “Bien, ¿y ahora qué?”.
Te dices que un simple press de banca estaría bien, así que te pasas cinco minutos moviéndote lentamente, tratando de quedar acostado.
19. Te pones en posición y llevas las pesas hasta abajo, pero luego te das cuenta de que es demasiado pesada para subirla y no puedes hacerlo solo.
Bueno, esto es incómodo.
20. Así que acabas por arrojar las pesas al costado y empiezas a frotarte el hombro esperando que todos piensen que tienes una lesión de hace mucho tiempo por hacer fisicoculturismo o algo por el estilo.
21. Cuando has estado en el gimnasio una buena cantidad de tiempo, te vas y no necesitas necesitas regresar durante al menos tres semanas.
Cumplí mi tiempo.
22. Pero siempre regresarás porque aunque odias ejercitarte, al menos hay bonitas chicas para comerse con los ojos.
Me comeré una de cada una.
23. Hasta podrías empezar a disfrutarlo.
Poco probable, pero los abdominales para el verano y todo eso.
24. Pero, de cualquier modo, aún odias ejercitarte.
SIGUEME PARA VER MAS POST DIVERTIDOS Y/O INTERESANTES.