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El duende de Simoca y otras zarandajas

Paranormal1/1/2018
Los pobladores de las afueras de la ciudad de Simoca en la provincia de Tucumán suelen contar diferentes versiones sobre las apariciones de un supuesto duende.

El duende de Simoca y otras zarandajas

Sería un niño que murió sin haber sido bautizado o que preso de posesión le pegó a su madre. Los que lo vieron lo describen como un ser de la estatura de un niño pequeño, con un gran sombrero en su cabeza y que su llanto sería como el de un bebé; que tiene una mano de hierro y otra de lana. Y que cuando se acerca a alguien le pregunta con cuál de las manos quiere que le pegue. Algunos aseguran que sin importar la elección pega siempre con la de hierro y otros dicen que al elegir la de lana, pensando que duele menos, resulta todo lo contrario. Tiene los dientes puntiagudos y los ojos como diablo. El duende siempre se presenta a la siesta.



LA LUZ MALA DE LOS CERROS

La Luz Mala es una luz que aparece en las quebradas de los cerros de Tucumán. Esta leyenda se fue transmitiendo de generación en generación y provoca temor en los pobladores porque se dice que podría tratarse de un alma en pena. La gente salió a decir que esta luz se producía por ciertos objetos enterrados desde hacía varios años y personas audaces se atrevieron a cavar para descubrir de dónde venía esa luz. Encontraron objetos de metal, huesos y urnas con restos humanos, pero hoy en día el miedo le gana a la curiosidad.

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EL JINETE ENAMORADO

Junto con la instalación de la energía eléctrica se hicieron otras obras en Simoca. Por esos tiempos se hizo la ruta de Tucumán a Bella Vista. Esta ciudad se unía a Simoca a través de una senda que corría paralela a las vías del ferrocarril. A un kilómetro y medio está el arroyo del Estero, paso obligado por esa senda. Dicen los pobladores que no se podía cruzar este pozo después de la media noche pues había apariciones: enanos, brujas y otros personajes.
Un jinete que regresaba a Simoca luego de ver a su amor le ocurrió que al cruzar ese pozo su caballo se enredó, desmontó para ver qué ocurría y como no encontró nada extraño montó nuevamente. Un acompañante subió en las ancas del caballo y sintió una sensación muy extraña. El caballo metió la pata en el arroyo provocando la caída del acompañante. El jinete ya olvidado de su amor se dio la vuelta para ver de quién se trataba y vio que era un enano que se reía a carcajadas, pero dicen que el amor es más fuerte así que el jinete continuó su camino.


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LA CARRETA FANTASMA

Hace muchos años, a comienzos del siglo pasado, no existía luz eléctrica en Simoca. Don Norberto, un empleado de la Municipalidad, era el encargado de encender los faroles a kerosene que se hallaban en la calle 25 de Mayo. Por eso, la gente del lugar solía acostarse temprano, y las calles quedaban vacías muy temprano.
Entonces aseguraban que sucedía algo muy extraño: se escuchaba el deambular de un carro que producía un fuerte sonido, todas las noches: este carro hacía un recorrido desde el antiguo lugar donde estaba el Matadero hasta el mercado y regresaba al mismo lugar. Algunos dicen que si uno lo miraba quedaba petrificado por el espanto que producía ver este vehículo espeluznante y otros afirman que lo escucharon claramente pero nunca pudieron verlo. Se comentaba que era un alma encantada o en pena, que en vida hacía ese recorrido. En 1945, cuando llegó la luz eléctrica a Simoca, la leyenda desapareció.


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EL PERRO FAMILIAR

Es una leyenda de las localidades como Villa Hileret, Santa Ana y Aguilares. Se trata de El Familiar, que en la provincia se lo conoce como un feroz y enorme perro negro con o sin cabeza que arrastra grandes y pesadas cadenas. Por las noches pasea por los cañaverales en una dirección, siempre en línea recta. Se dice que los dueños de los ingenios realizaban contratos con el diablo para que la cosecha de ese año sea próspera.
La manera de ahuyentarlo era con un rosario, una cruz, un puñal y mucha valentía o fe. El patrón esconde al Familiar dentro de su casa en un lugar que nadie conocería para que este vigile de cerca el cumplimiento del pacto, normalmente en sótanos o habitaciones donde se guardaban herramientas, ya que el peón seleccionado era engañado por el patrón, que le pedía que vaya a ese sitio, pero nunca regresaba. Normalmente el trabajar que desaparecía era el más rebelde y líder que siempre se quejaba sobre el sistema de trabajo. Podía presentarse en la forma de un perro, una gran víbora, un toro o un sapo gigante.




LA GRINGA MUERTA

Una noche tranquila unos pescadores se encontraban a la orilla del río Salí, en una zona conocida como El Paso de los Juárez. De pronto, divisan a la luz de la luna un cuerpo que flotaba en el agua. Inmediatamente se zambullen y llegan hasta el sitio donde estaba. Ahí descubren que se trataba de una mujer de tez blanca, adornada con joyas. Nadie reclamó el cuerpo ni se aclaró el motivo de su muerte. Pero se sabe que el hecho ocurrió alrededor de 1913 y 1914, cuando en el Castoral se celebraban fastuosas fiestas. Desde entonces, los pescadores lugareños se encomiendan a la Gringa Muerta cuando el pique es malo, ya que es muy generosa ante el pedido de pesca abundante.



El castillo de El Castoral

Las noches frías de invierno del castillo eran sólo para los valientes. Una vieja publicación de la Municipalidad de Simoca refleja el relato de Zenón Juárez, un viejo casero de El Castoral. Según este individuo, cuando el frío nocturno apretaba empezaban los sonidos extraños. Juárez aseguraba que se podían escuchar unas estruendosas pisadas en las escaleras. Pero que cuando iba a ver qué ocurría, no encontraba a nadie. "Una noche se nos apareció un joven extranjero y nos pidió que lo dejáramos pasar la noche en la casa. Le prevenimos que se escuchaban cosas raras. No sabría decir qué le pasó, pero amaneció en la puerta del Castillo muy asustado", relataba Juárez.

  • El cura

Cuando Pedro Oscar González empieza a enumerar las leyendas que rodean a El Castoral da la impresión de que no va a terminar nunca más. Es que en 100 años, el imaginario popular tuvo bastante tiempo para formularlas. Una de las historias fantásticas que le transmitieron sus mayores se refiere a que durante las majestuosas fiestas se solía ver la figura de un sacerdote que abandonaba la casona y que se internaba en el monte. La leyenda dice siguió apareciendo muchos años después.

  • El sótano

El casero Zenón Juárez relataba en una publicación de la Municipalidad de Simoca que, alrededor de la década del 30, cuando ya nadie vivía en el castillo, llegaban jóvenes de Río Colorado que se pasaban el día recorriendo los sótanos. "Buscaban lo que ellos llamaban el ?sótano encantado?, repleto de bebidas y de joyas de la época de esplendor. Golpeaban las paredes tratando de dar con la puerta que los llevara a ese lugar. Se decía que don Otto y un peón de confianza eran los únicos que sabían cómo llegar", relataba el viejo casero. Actualmente es imposible ingresar a esos sótanos, ya que se produjeron derrumbes.



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Y FIN
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