-No, che… Vos ponés un empresario en política y te aporta agilidad, pragmatismo, planes sustentables. Porque los tipos trabajan en la economía real, la de verdad, la posta. Y no en el populismo barato de andar regalándole migajas a los pobres.
Fue así, que la cruel leyenda del Empreso Político, en luna llena, nos dijo:
-Alegría, esperanza en los meses venideros, confianza en el futuro, ustedes pueden, amor, sentimientos, chistecitos, risa.
Snoopy Corazón, de haberse dedicado a la política, hubiera sido más pragmático y realista. Incluso, al frente de los comandos especiales y en tiempos de guerra.
-Ahora que el pueblo mostró su descontento… ¿Empezarán a tomar medidas a su favor?
-A nuestro favor, claro. Como empresario, he aprendido que los productos no se mejoran controlando los materiales de producción ni bajando el precio final. Se mejoran pagando publicidad en programas inmorales de la televisión y que salgan en horario central.
-¿No habrá alguna leyesita que favorezca a la mayoría, entonces? A los pobres, digamos, que son la mayoría aunque muchos no reconozcan su pertenencia a esa clase.
-Nopi, incluso va a haber más impuestazo. Porque ahora me enchinché. Y camine a cucha, señor periodista.
-¡Señorita periodista!
-Lo mismo a cucha, que yo no discrimino a la hora de humillar subalternos.
-Nuestra primera preocupación, apenas asumimos, fue instaurar el cambio de calidad. Les bajamos los impuestos a los ricos y a las compañías imperiales. Una vez hecho eso, al segundo día y mágicamente nos encontramos con un terrible déficit. Irónicamente, el monto ascendía al mismo valor de lo que dejaron de pagar los ricos. Pero bueno, ja, eso no importa. La cosa es que, y esto se lo digo con una mano en el corazón y la otra en su bolsillo, en ese segundo día comprendimos que la única solución para cubrir el rojo de los números, era aumentarle un poquitín los impuestos a los trabajadores. Mil o dos mil por ciento, nomás… en primera instancia, claro. Después, habría que ajustar más para ampliar los privilegios de la oligarquía, usted me entiende.
-Pero, si usted me dice que al llegar al poder las cuentas estaban niveladas y que lo que provocó el quiebre fue su retoque en las cargas tributarias, me está confesando que decidió darle más ganancias a los que ya eran muy ganadores cubriendo la falta de ingresos con la explotación de millones de gentes.
-Ah, pero… había funcionarios anteriores que eran corruptos. Y sino mire los canales que apuntalan nuestro Gobierno. ¿Acaso no ve siempre un delincuente del partido opositor?
-Ah, sí… todo el día. Pero lo suyo fue una decisión política, entonces. Es demasiado malvado para…
-Mire, se lo digo de una vez. ¿Quiere entender que el Gobierno anterior era corrupto y que se robaron todo, o prefiere ir preso?
-No, señor. Como ciudadano…
-Listo, que tanto. Repimporoteo en el calabozo para ese perejil.
-Marx fue un mantenido que no trabajó en toda su vida y me viene a hablar de los trabajadores.
-Y usted, justamente, lo ataca por las cosas buenas que hizo. ¿Por qué no pone en duda a Roberto del Prete que fue más vago y habló a favor de la explotación obrera?
-Y, porque soy empresario y eso no me conviene, señor. Volvamos a lo de que Marx era un vago y que con eso se olviden del aguinaldo y las vacaciones. Sea buenito, dele.
-No, no. Nopi.
-Está bien, me ha pillado. Le doy la derecha, hermano.
-No, señor. A quien puede dar la izquierda nunca le de la derecha.
-Por eso, le daba la derecha porque sabía que nunca la hubiera aceptado.