Dicen que en la vida llega un momento en que todo te empieza a pesar: las cosas cambian, todo se hace más lento, comienzan a dolerte partes del cuerpo que ni siquiera sabías que existían. Todo esto, lamentablemente, son señales de que “estás envejeciendo”.
Cuando llegan los temidos “veintitantos” las señales se empiezan a hacer más evidentes. Ya no eres el joven que se la pasaba en fiestas, pero tampoco eres el adulto en el que te debes convertir, pues la madurez no se trata sólo del desarrollo físico, sino también psicológico.
1. Cuando un viernes por la noche prefieres quedarte viendo películas que salir a bailar
2. Cuando la idea de ir de fiesta hasta el amanecer te parece espeluznante
3. Cuando tu cuenta bancaria y ahorros comienzan a preocuparte
4. Cuando tus amigos de clase se están casando
5. Cuando tu Facebook se convierte en un álbum de personas sosteniendo un bebé en lugar de una botella de vodka
6. Cuando no te importa “pagar más” por una bebida alcohólica
7. Cuando desconoces al 70% de los artistas de moda
8. Cuando comienzas a comprar productos para cuidar tu rostro
9. Comienzas a preocuparte de si la falda que quieres no es demasiado corta
10. Ese momento en el que comienzas a creer que debes vestirte más serio
11. Cuando, de forma voluntaria, comienzas a comer “más saludable”
12. Cuando el hecho de que esperes para entrar en un bar o por una mesa en un restaurante es casi imposible
13. Cuando te das cuenta que tener un seguro médico es indispensable
14. Cuando descubres que a nadie le importa saber los detalles de tu vida en las redes sociales
15. Cuando tu armario se divide en “ropa para trabajar” y “ropa para salir el fin”
16. Cuando dormir 8 horas no es una opción sino una necesidad para rendir durante el día
17. Cuando la resaca te dura más de un día
18. Cuando prefieres abrigarte de más antes que pescar un resfriado
19. Cuando piensas más antes de comprar algo
20. Cuando notas que tienes muchas cosas en común con los padres de alguien
21. Y finalmente, cuando te das cuenta que has crecido pero que aun te quedan miles de cosas por vivir