Ser el gigante de CONCACAF ya no basta. No sirve decir que gano todo ni que soy el más grande, porque no hay rivales que me puedan vencer.
Esas palabras son de una mentalidad muy retrógrada que no sirve más que para dar pena. Han pasado algunos 20 años y México ha dejado de ser ese gigante, ha disminuido su tamaño, porque tal vez se creen que ya no hay retos y los necesitan. Y se corre el rumor de que posiblemente se pasen a jugar las eliminatorias del mundial a la zona de CONMEBOL, donde juegan los grandes, donde juegan las potencias del mundo. Sí, tal vez sea un reto jugarle partidos a Argentina en el Monumental, a Brasil en Río de Janeiro y que vengan a jugar sus estrellas a México.
Se consideran esas posibilidades, pero al menos en una opinión personal, posiblemente algunos colchones le dejen la oportunidad a México para ir al mundial, y honestamente, lo dudo. Por colchones me refiero a Perú o Paraguay.
Ir a jugar a la altura de la ciudad de La paz, en Bolivia con la altitud que se sabe es mayor que la de la ciudad de Toluca, en México, o visitar el estadio Defensores del Chaco en Asunción, Paraguay, posiblemente, e incluso llegar a jugar en la ciudad de Montevideo en el estadio del Centenario, implicará viajes largos, cansados y de mucho desgaste mental.
Mientras esto sucede la selección mexicana de fútbol da partidos aburridos y de poca diversión, aunado a que en la confederación sudamericana solo otorga 1 boleto más que la Concacaf, la diferencia es que en la segunda es más fácil ir al mundial y casi (y enfatizo el casi) más seguro.
La pregunta que se lanza al aire, ¿México, te cambias de sede y no vas al mundial o te quedas donde estás y aseguras mundiales siempre?