-El tango es la amargura existencial, que hecha música lo hunde en la desgracia, le revienta el hígado y lo desarma como a un chancho y la rep…
-Ejem… Un sentimiento triste que se… baila.
-Bueno, si quiere lograr adeptos, sí. A otro cínico escritor lo recuerdan por su poema de amor y esperanza. Y a un gran cantor aguerrido, por sus versiones melodiosas. La memoria de la posteridad parece ensañarse con los que admira.
-Siempre lo recordaré por su insulto interrumpido, buen señor.
-Gracias mi amigo.
Antes no se podía alentar tranquilo a la selección nacional, por miedo a que el Gobierno usara como pantalla los triunfos deportivos para aprobar leyes en contra del pueblo. Hoy, es indistinto. Lo único seguro son las medidas destinadas al exterminio de la pobreza en sus formas visibles. Dale, dale…

Su memoria no guardaba más libros que todas las bibliotecas, sino que él mismo era un estante. Un estante con patas que podía llevar todo el conocimiento del mundo, tenerlo siempre presente y usarlo con la exactitud del arte y del sentimiento más fino y bondadoso.

-Todo el día hablando de política, usted me da asco, está muy politizado.
-Y usted está muy musicalizado, señor.
-Bueno, pero yo trabajo de músico por las tardes y necesito empaparme del repertorio.
-Y yo trabajo en un partido de izquierda.
-Oh… Disculpe, buen hombre. Olvidemos nuestras diferencias mientras tengamos que combatir el neo liberalismo.
-Ni lo disculpo ni me junto con la chusma, ya le dije que soy de izquierda.
-Está bien, me despido.
-¡Vayasé al carajo! Ah… Y si puede, vote a nuestra lista en las Nacionales.
-Ahora me enchinché. Voy a buscar al candidato más vil e inhumano, al más cínico y déspota y, luego de encontrarlo, le propinaré mi voto. Soy inimputable, hermano. Y encima, voy a hacer como que creo en su discurso y en la bondad de su alma para arrastrar conmigo a los indecisos.
-Pero usted es muy turrito, perdone que se lo espete.
-Vamos, si usted también hará lo mismo.
-Bueno, pero por motivos ideológicos.
-Venga ese abrazo, querido amigo.

-Esas orejas grandes, los ojos saltones, las patitas cortas… Usted debe ser un filósofo.
-No, no. Un salchi pensador, me defino como… salchi pensador.