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Miss Persefone T!







Buenas noches amigos y amigas de T!. Hace mucho tiempo que no posteo nada, y en esta oportunidad quiero compartir con ustedes un cuento propio, es un relato de terror que hice hace mucho tiempo, y no me animaba a subir, ahora se los comparto y espero que la pasen bien leyéndolo, como yo al momento de escribirlo! los dejo con el cuentito y les deseo buenas noches!









La señora Byron









La señora Byron vivía en nuestra familia desde hace cincuenta años.
En sus ojos color tabaco siempre reinaba una solemne calma, mezcla de su eterna juventud-vejez.

Se llevaba bien con mamá, la ayudaba de vez en cuando con los quehaceres domésticos, se entretenía con el hilado y la confección de vestidos.
Con papá mucho no se hablaba, solo de vez en cuando, o si era de lo más necesario.
Con Federico no se entendían, ella hablaba una mezcla rara de dialecto yugoslavo o serbio, con lo poco que sabia de castellano. A Federico le desagradaba su olor a colonia barata y a ella lo único que le importaba era que iba a comer y cuando.

A mi me apreciaba, siempre decía que yo era distinta, mas bien, mejor.
A veces me relataba historias interminables, tan interesantes como eternas, que siempre quedaban inconclusas.
Papá le decía la polaca, que la polaca esto, que la polaca aquello, y mamá renegaba.

La casa era lo suficientemente grande como para vivir sin molestarnos.
La señora Byron ocupaba un cuarto de huéspedes casi al fondo.
No éramos ricos, como mamá decía, sino simplemente estábamos bien.
En verano la señora Byron casi ni salía, decía que el calor, nena, el calor, el sol esta mortal, y largaba una risa.

Papá siempre venia tarde, llegaba de la fabrica a las once, el era el dueño. Mamá preparaba la cena, pero en esto la señora Byron nunca la ayudaba, a veces ponía la mesa.
Comíamos siempre en silencio, Federico miraba de reojo a la huésped, yo sabia que ella le daba un poco de asco, pero no decía nada.

Un día de mucho calor, la señora Byron no salio, ni de noche.
Se entretuvo en casa con mamá, leyendo revistas en la silla mecedora.

-Inés ¿no hay crucigramas?-
-No señora Byron, ya le dije, Camila los hizo todos-
-Que pilla que es esa-
-Es muy inteligente mi hija-
-Páseme la tela Inés, quiero bordar un poco-

Y así siguieron toda la noche.
A Federico lo sacaron afuera a papar moscas, como siempre que se ponía insoportable. Se fue al final con papá a pescar.

Yo me quede cerca de mamá, viéndola bordar. A veces ella y la señora Byron trataban de enseñarme, pero a mi no me salía nada, yo prefería recortar figuritas.

-No se consigue trabajo recortando figuritas, nena- me decían.

Un día que la señora Byron salio de noche, papá, mamá, Fede y yo nos juntamos en la sala a comer y Fede pregunto:

-¿Cuánto tiempo se va a quedar esta vieja?-
Y nadie respondió.
A mi la idea de tenerla en la familia no me molestaba, me caía simpática. Los abuelos la habían tenido, y ahora nos tocaba a nosotros el tenerla.

La señora Byron sabia mucho de todo, eso me gustaba. Un día le pregunte sobre la guerra de Vietnam y me dijo que ella había estado allí. Le pregunte que hacia y me respondió que era enfermera.

Yo mucho no le creía, pero me gustaban sus historias.
Al abuelo antes de morir yo sabía que ella lo podría haber salvado, pero que la abuela no quiso y que era mejor así, y que no se habla más del tema.

Yo siempre tuve la duda de que se sentiría que te salve la señora Byron, una vez se lo dije a mamá, pero me revoleo una cachetada.


El día que le tocaba a mamá o a papá nadie decía nada, pasaba y listo, pero si era a mí o a Federico, y sobre todo a Federico, en la casa reinaba una atmósfera de tensión, como un aura macabra tan densa que se podía cortar con un cuchillo.
A veces mamá lloraba. Yo la escuchaba desde mi cuarto.

A mi no me importaba, sabia que era lo correcto y lo normal, mas bien lo normal mas que lo correcto, y si apreciaba a la señora Byron, aunque sea por sus historias era algo que debía hacerse.

-Odio a esa vieja- me decía Federico en susurros, de noche, con miedo a que la señora Byron nos escuche.
- Siempre hace llorar a mamá.-
-No digas eso Fede- le decía yo- mamá llora porque es exagerada, aparte no es vieja, tiene la misma edad que mamá.-
-Los dos sabemos que no es así Camila.- Y no se hablaba más del tema.

Una noche que pase por el cuarto de papá y mamá, escuche que papá le decía:
- No deberíamos permitirlo Inés, esta bien que a nosotros…pero a los chicos…-
- ¿Y que podemos hacer Luís? Ha sido así por cincuenta años y lo será siempre.-

La señora Byron me decía que yo era diferente del resto de mi familia.
Mientras los demás solo se quejaban y actuaban que les caía bien, ella sabia que yo si la apreciaba de verdad.
Yo decía en broma que no era eso, es que no sabía actuar, y ella me pegaba jugando en la cabeza.

Cuando papá murió todo fue paulatinamente peor que antes.
Mamá se sentía sola, mal, cada día la veía mas demacrada.
Y por supuesto, Federico le echaba la culpa a la señora Byron.

A mi me hacia falta, era pues, mi padre, pero como la señora Byron siempre decía, la vida es muy corta, de un momento para el otro estas y luego desapareces, y me guiñaba un ojo.

Yo me reía, pero en casa a nadie la daba gracia.

Después de la muerte de papá, la señora Byron trataba de ayudar a mamá en lo que podía.
Mamá solo se dejaba ayudar por ella porque había estado en la familia por cincuenta años.







Era para mí un gesto cordial de su parte.

-¿No lo ves?- me decía Federico- ¡por la culpa de la vieja es que papá esta muerto!-
- No es así… y no le digas vieja-
Y nos agarramos a las trompadas limpias.

Mamá esa noche no nos dejo comer en la mesa, la señora Byron comió afuera.
Yo escuchaba como Fede lloraba desde el otro cuarto, pero no me importaba.

En otoño la señora Byron nos compro un perrito, se llamaba Cereza, aunque era macho.
A mamá no le gusto mucho la idea, pero tuvo que resignarse.
Le gustaba correr por el jardín y ladrarle a Federico.

-¿Señora Byron?- le pregunte un día yo- ¿usted de que país viene?-
-Soy serbia, pero no croata- me decía, como si le entendiera de que hablaba.
- Yo soy argentina- le decía.
- Ya se nena, te pensás que no se.-

Federico ya no quería vivir más en nuestra casa, ya no soportaba más la idea de que la señora Byron siguiera viviendo allí.
Mamá le decía, lo mismo:
- Ha sido así por cincuenta años y lo seguirá siendo por siempre.-
- Ya se pero…-
- Es un acuerdo que hizo con los abuelos y no se puede remediar, un techo donde vivir y comer de nosotros, nada más.-

Yo ya me imaginaba que Federico se suicidaría.
Mamá estaba devastada, yo no, a mi francamente ya me tenia harta.
Hasta la señora Byron lloraba.
Me dijo que ella no hubiese querido nunca que pasara eso, que hubiese preferido irse antes de hacernos daño, que con los abuelos tanto no se había encariñado pero que de nosotros un montón. Que ella nunca tuvo hijos pero que a mí y a Fede desde que nacimos nos quiso como tal, y por eso empezó con nosotros recién a los catorce.

- ¿Sabe lo que pasaba con mi hermano señora Byron?- le dije yo, desoyendo los llantos de mamá- a mi usted me cae re bien, pero a el no le hacia mucha gracia tener un vampiro en la familia.-


Fin





Bueno gente, eso fue todo por hoy! espero de verdad que les haya gustado mi relato, antes que nada, decir que comentarios desubicados o que desvirtúen el post serán borrados y el user bloqueado, nos vemos en mi próximo post. Cualquier duda o consulta manden un mje privado, les deseo buenas noches y espero lo hayan disfrutado!









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