BIENVENIDOS
A los mexicanos nos encanta compartir. Y decir sí, a todo. Si a eso le incluyes nuestra fascinación por comer y las maravillosas manos culinarias de todas nuestras amorosas madres, la fórmula está armada.
Compartir lo que sobró de la cena (porque, a ver, qué madre dice: "no, es mucha comida, vamos a hornear la mitad del pavo" o "sólo un empaque de espaguetti" o "este año nada de romeritos, ni bacalao, que se aguanten". Ninguna) es una costumbre que los padres de nuestros padres (y los padres de ellos) nos heredaron, a fin de que nosotros -a su vez- la transmitiéramos a nuestros hijos (y a los hijos de nuestros hijos).
Es momento de hablar de esa bonita tradición en la que los invitados vuelven a reunirse a la mañana siguiente, con la misma emoción (y la misma hambre)... Pero que, un par de semanas después, se ha convertido en un martirio.
Todo comienza el 24 de diciembre, toda la familia tarda horas preparando la cena.